Martes, 11 de junio de 2013

En ocasiones nos encontramos con textos que sugieren todo lo contrario a la elección de Dios. Con estos versos muchos se enredan y caen en la contradicción, mientras otros se satisfacen porque suponen derrotada la tesis de la predestinación. Si esto es así, entonces la Biblia está plagada de contradicciones y pierde confiabilidad. A cada rato la gente que se goza en la soberanía de Dios en cuanto a salvación se ve disminuida en el ánimo porque lo asalta la forma en que está escrito el texto bíblico.

Urge entonces tener en mente la forma de interpretación que recomiendan las Escrituras, que no puede ser otra que el cotejo con ellas mismas. Fue Pedro quien relató que no puede haber interpretación privada de las Escrituras, porque ellas no fueron escritas por voluntad humana, sino bajo la inspiración del Espíritu Santo (2 Pedro 1:20-21).

Dada esta premisa, hemos de deducir que el Espíritu Santo no puede mostrar contradicción en aquello que ha inspirado, mucho menos llevar confusión a los lectores de su palabra, pues entre otras cosas es el Espíritu de verdad. Pero es norma científica de la lengua el conocimiento de la gramática y del contexto para poder llegar a conocer lo que está dicho en el texto. Alguien podrá saltar de asombro y proponer que eso no puede ser así, dado que el Espíritu de Dios se interpreta a sí mismo y no necesita de nuestro estudio gramatical ni contextual del texto bíblico. Sin embargo, es conveniente advertir que Jesucristo es el Logos y por lo tanto él también es razón pura, lógica, palabra, entendimiento. Mal puede el Espíritu andar en derroteros diferentes.

Por otro lado, si alguien no sabe leer no puede acercarse al texto, y nadie puede ver aquello como algo injusto. Fue el Espíritu el que inspiró a escribir, por lo tanto es nuestro deber el aprender a leer para conocer lo que está escrito. Hay excepciones, pues muchos no han llegado a tener el estímulo necesario para aprender a descifrar las letras, sin embargo, pueden oír la palabra porque otro se la lea o se la predique. No obstante, si la persona que oye no es capaz de entender los sonidos de la lengua, sin duda que no comprenderá lo que el Espíritu dice en esa lengua. Por lo tanto, se deduce que aunque no se sepa leer se conoce una lengua y por conocerla se conoce también su gramática. Al menos se entenderá un mínimo del orden gramatical y se entenderá de lo que se habla, es decir, el contexto de aparición de las palabras.

Pero en general, Dios constituyó maestros dentro de la iglesia, de tal forma que ellos deberían conocer la gramática y el contexto de la lengua en la cual tienen la traducción de su Biblia. Asimismo, hay otras personas más doctas en términos lingüísticos y podrían arrojar luz con su aporte intelectual respecto a los textos originales (Hebreo, Arameo y Griego), pues para ello han escrito diccionarios, textos interlineales y comentarios exegéticos muy variados. Todo lo cual nos llevaría de nuevo al texto bíblico para poder valorar mejor lo que el Espíritu ha dicho.

Cuando Dios escribió los Diez Mandamientos en el Desierto sucedió algo parecido. Muchos tal vez no sabían ni leer ni escribir, pero a todos ellos se les enseñaron los Mandamientos y la ley de Moisés. Ellos tuvieron que hacer un esfuerzo para memorizar y para comprender, y de igual forma tuvieron en tiempo posterior a los escribas y a los intérpretes de la ley que podían ayudar en ciertos casos.

Pero existe un elemento esencial en esto que decimos: el Espíritu de Dios nos guía a toda verdad, de manera que en nuestra indagatoria sabemos que llegaremos a la verdad. No es posible, como ya dijimos, que el Espíritu se contradiga, de manera que con ese principio en mente podemos seguir en la indagatoria de aquellos textos que para muchos suenan paradójicos, contradictorios, pero que tienen una sencilla explicación a la luz de la gramática y del contexto. Tal es el caso de Tito 2:11 que nos habla de la gracia salvadora de Dios manifestada a todos los hombres.

EL CONTEXTO

En Tito 2:11 tenemos por fuerza que volver al inicio del capítulo para saber de qué está hablando Pablo el autor. Primero que nada leemos que le está recomendando a Tito que hable de acuerdo con la sana doctrina.  ¿Cuál sana doctrina? La que ha señalado en el inicio de la carta (al comienzo del capítulo 1 y lo que ha desarrollado en ese Capítulo, así como lo que va a decir a continuación en el Capítulo 2). Pero el contexto de la carta nos define quién es el destinatario de la misma, que es Tito (por el verso 4 del Capítulo 1), pero también conocemos al autor, por su nombre y por sus credenciales (verso 1 del Capítulo 1): Pablo, siervo de Dios y apóstol de Jesucristo según la fe de los elegidos de Dios y el pleno conocimiento de la verdad -la cual es según la piedad.

El apóstol se ha definido a sí mismo como apóstol de Jesucristo según la fe de los elegidos de Dios. Esto es muy importante para comprender el contexto general de la carta. Habla de la fe de los elegidos de Dios, de manera que si hay elegidos es porque hay quienes no son elegidos. Es el mismo Espíritu que inspiró la carta a los romanos, con sus capítulos 8 y 9, en donde desarrolla el tema de la elección y reprobación de Dios, concluyendo que amó a Jacob pero odió a Esaú, antes de que hiciesen bien o  mal.

Si es el mismo Espíritu entonces no puede haber contradicción en el texto de Tito, ni en ningún otro texto de las Escrituras. Además,  las credenciales anunciadas de Pablo así lo demuestran, pues dijo que él era apóstol de Jesucristo según la fe de los elegidos de Dios. Por esta otra razón no podemos suponer que el apóstol va a derrumbar la tesis que siempre ha enseñado, la cual no es suya sino del mismo Espíritu.

Por eso, al inicio del Capítulo 2, Pablo le recomienda a Tito que hable de acuerdo con la sana doctrina, la que ahora conocemos. Esta sana doctrina la comenzó a enunciar a lo largo del Capítulo 1, la que refiere a los santos elegidos de Dios, la que además incluye un comportamiento ejemplar en la iglesia de Cristo. Los ancianos deben ser irreprensibles, maridos de una sola mujer, con hijos creyentes no acusados de libertinos o rebeldes; el obispo debe ser igualmente irreprensible, no arrogante ni de mal genio, ni dado al vino, no pendenciero ni ávido de ganancias deshonestas. Debe ser hospitalario, amante de lo bueno, prudente, justo, santo y dueño de sí mismo, retenedor de la palabra fiel para exhortar con sana enseñanza y para refutar a los que se oponen.

Repetimos, el apóstol le dijo a Tito que hablara de acuerdo a esa sana doctrina que había anunciado al inicio de la carta. Le añade en el Capítulo 2 algo acerca de los hombres mayores y su sobriedad, de las mujeres mayores que no han de ser calumniadoras ni esclavas del mucho vino, que amen a sus maridos y a sus hijos. Estas mujeres han de ser prudentes y castas. Los jóvenes deben ser prudentes, los siervos han de estar sujetos a sus propios amos en todo, porque la gracia salvadora de Dios se ha manifestado a todos los hombres, enseñándonos a vivir de manera prudente. Hemos de aguardar la esperanza bienaventurada, la manifestación de Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos (verso 14).

TODO DISTRIBUTIVO Y TODO COLECTIVO: TODO RELATIVO (LA GRAMATICA)

¿Quiénes son todos los hombres? Según el contexto de aparición son los ancianos, maridos, mujeres, hijos, jóvenes, obispos, la mujeres mayores y los hombres mayores según la fe de los elegidos de Dios, ya que Jesucristo se dio a sí mismo por nosotros, es decir, por Tito, por ese lote de gente de la iglesia y por Pablo, así como por todo aquel que tiene la fe de los elegidos de Dios.

Esta gracia salvadora ha aparecido a todos los hombres, no solamente a los judíos, sino al resto de la humanidad (los gentiles). Por eso se nos ordenó hacer discípulos en todas las naciones, predicar el evangelio a cada criatura. Recordemos que la predicación de Jesucristo era un secreto desde el comienzo del mundo, pues apenas Dios se le apareció con su gloria a los israelitas en el monte Sinaí, y a Pablo se le dio el dar a conocer el misterio escondido desde los siglos, el de la iglesia de Cristo. En ese sentido ha aparecido a todos los hombres, pero sabemos que ese todos no es un todos distributivo, sino colectivo.

Cuando hablamos del todo distributivo queremos decir que hace referencia a cada miembro del grupo: Reparto once naranjas a todos los miembros de mi equipo de fútbol, en forma distributiva; ha de entenderse que le doy una naranja a cada uno de ellos. Pero si digo: Toda Argentina estaba en el estadio de fútbol viendo el juego, me estoy refiriendo a un todo colectivo, dando a entender con ello que la gente que acudió al estadio representa a la nación  argentina. Es un tratamiento hiperbólico, exagerado, pero nunca pretendidamente distributivo, por cuanto todo el país no cabría en el espacio reducido de un estadio de fútbol.

De la misma forma la Escritura tiene innumerables pasajes de este tipo: 1) Entonces salían a él Jerusalén y toda Judea y toda la región del Jordán, y confesando sus pecados eran bautizados por él en el río Jordán (Mateo 3: 5-6); sabemos que ni Herodes ni  Herodías, ni Salomé acudieron al Jordán, como tampoco lo hicieron todos los fariseos y saduceos, ni muchos del pueblo. No lo hicieron los que estaban en la cárcel, ni muchos paralíticos sin forma de moverse, así como aquellos que tampoco se enteraron del hecho. 2) Sabemos que somos de Dios, y que el mundo entero está bajo el poder del maligno (1 Juan 5:19). Si todo el mundo está distributivamente bajo el maligno, lo está sin duda la iglesia de Cristo. Pero Juan dijo en el mismo texto que él y la iglesia de Cristo eran de Dios, por lo tanto hablaba de dos grupos de personas: la iglesia de Jesucristo y el mundo. Este mundo entero refiere a un todo relativo, no comprende a la iglesia de Cristo, pues nosotros no estamos bajo el maligno sino bajo la protección de Dios y bajo el cuidado del Espíritu Santo. Aunque estamos en el mundo, no somos del mundo ni amamos el mundo, así como el mundo no nos ama. Si fuésemos del mundo, el mundo nos amaría, porque el mundo ama lo suyo (esto significa que si el mundo no nos ama es porque no somos de él, por lo tanto no estamos bajo el maligno, el príncipe de este mundo). Esto no niega que Satanás sea el tentador y que esté puesto acá para afligir a la iglesia en mucho sentido, pero él no nos gobierna ni estamos bajo su inspiración. Si él es el príncipe de este mundo, el Señor es el Rey de reyes.

OTROS EJEMPLOS DE IMPORTANCIA

En Juan 12:32 leemos: Y yo, cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos a mí mismo. Este todos tiene que referirse a los creyentes, ya que la Biblia asegura que Jesús es el único camino hacia el Padre (Juan 14:6), además de que nos afirma que no hay otro nombre dado a los hombres en quien podamos ser salvos (Hechos 4: 12). Este todos no puede referirse a cada uno, no puede ser distributivo, pues ¿qué pasaría con todos aquellos que jamás oyeron hablar del nombre de Cristo? Todos aquellos que existieron antes de su primera venida y no conformaban parte del pueblo de Israel jamás escucharon acerca del Mesías. Incluso, muchos israelitas lo ignoraron, aún los que tenían gran celo de Dios pero no conforme a ciencia (Romanos 10:1-3). Este todos acá en este texto de Juan se refiere sin duda a los elegidos.

En Romanos 5:18 Pablo escribe:  Así pues, tal como por una transgresión resultó la condenación de todos los hombres, así también por un acto de justicia resultó la justificación de vida para todos los hombres. Este texto muestra dos categorías de todos los hombres. En el primer caso (todos distributivo) se habla de la consecuencia de la transgresión de Adán, la cual conllevó el juicio de Dios a la humanidad (todos están destituidos de la gloria de Dios, no hay justo ni aún uno), culpa a la que estuvimos expuestos los mismos hijos de Dios (pues éramos por naturaleza hijos de la ira, lo mismo que los demás -Efesios 2:3); el segundo caso (todos relativo a los elegidos) hace referencia a Jesucristo, quien por su sacrificio expiatorio se convirtió en la justicia de Dios (nuestra pascua) y vino a ser nuestra justificación (la de su pueblo que vino a salvar: Mateo 1:21). Entonces, la justificación de vida para todos los hombres habla de una distribución relativa a los elegidos de Dios. Mal podríamos suponer que Jesucristo justificó al malhechor no arrepentido en la cruz, a Judas, a Caín, al Anticristo, quien es el hombre de pecado, a los que adorarán a la bestia cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida desde la fundación del mundo (Apocalipcis 13:8; 17:8), pues no puede el Espíritu de Dios presentar una contradicción doctrinal en su palabra.

El estudio de los textos en su contexto y de acuerdo a la gramática que los construyen es de ayuda enorme a la hora de interpretar con la Escritura a la Escritura misma. No hay interpretación privada, por lo tanto no hay nueva revelación, sino un sustrato de coordinación en lo que el texto expone. Si el Espíritu es el autor de la Palabra de Dios, si él mora en los creyentes, entonces él nos guía a toda verdad, no a muchas verdades, como si hubiesen muchas interpretaciones. Pero no podemos descuidar que así como hace falta saber leer para ver lo que nos dice la Biblia, se hace necesario estar pendientes del contexto y de la gramática de los textos inspirados. No en vano el Señor dijo un día: esforzaos a entrar por la puerta estrecha, así como sugirió que el reino de los cielos lo arrebatan los valientes.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 11:57
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