Martes, 04 de junio de 2013

Dios es un Legislador sui generis porque no está sujeto a sus propias leyes. En el plano físico, la ley de la gravedad no le limita, más bien camina sobre las aguas y asciende al cielo y desciende de él sin máquina alguna; el tiempo no lo envejece y los terremotos no lo afligen; separa la luz de las tinieblas y las aguas de lo seco. A su voz crea la luz y ordena que haya fruto en el campo. En el plano moral da órdenes que tampoco tiene por qué cumplirlas. Por ejemplo, prohibió que se hiciesen imágenes de lo que está arriba en el cielo, en la tierra, en las aguas o debajo de ellas, pero ordenó hacer los querubines del arca de la alianza. Asimismo ordenó hacer la serpiente de bronce en el desierto, como símbolo para ser curado de las picaduras de estos ofidios. Sabemos que ninguna de esas imágenes fueron ordenadas para ser adoradas por su pueblo. De igual manera dijo: No matarás, pero se ha hecho llamar el Dios de los ejércitos y ha peleado muchas batallas para defender a su pueblo. También ha dicho en sus mandamientos que no debemos mentir, mas envió espíritu de mentira en medio de los profetas de Israel para confundir: Y Jehová le dijo: ¿De qué manera? Y él dijo: Yo saldré, y seré espíritu de mentira en boca de todos sus profetas. Y Él dijo: Tú le inducirás, y prevalecerás; ve, pues, y hazlo así (1 Reyes 22:22). 

La Escritura afirma que Dios no es Dios de confusión, sino de paz (1 Corintios 14:33). Según el contexto en que aparece este enunciado, Dios no aprueba la confusión generada por sus criaturas, en especial por su iglesia. Pero este texto también habla de la naturaleza de Dios, de su esencia, ya que Él no contiene en Sí mismo confusión alguna, sino armonía (paz). En esa medida hace un llamado a su iglesia, a mantener el orden y a no darse a la confusión.

Pero este mismo Dios soberano tiene la potestad de enviar confusión o discordia sobre quien Él quiere perturbar, de acuerdo a su voluntad soberana y en función de sus planes eternos e inmutables. Después que Abimelec hubo dominado sobre Israel tres años, envió Dios un espíritu de discordia entre Abimelec y los hombres de Siquem, y los de Siquem se rebelaron contra Abimelec (Jueces 9:22-23). Esta es una comisión a Satán, el espíritu del mal, el padre de la mentira y la discordia. De esta forma, Satanás (o cualquiera de los espíritus malignos que haya sido enviado) obedece servilmente a Dios y actúa inspirando celos, odio, sospecha enfermiza en los hombres de Siquem y Abimelec, sembrando la semilla de la discordia entre ellos.

El Dios de la Biblia es absolutamente soberano y no hay quien se le resista. El objetivo fundamental en hacer todo esto que hemos mostrado no es otro que el amor que siente por su pueblo. Más allá de mostrar su ira y hacer notorio su poder (como lo afirma en Romanos 9), el beneficio de toda esta impiedad, que es castigada en la tierra y que será motivo de su ira eterna, es a favor de sus escogidos.

Si miramos detenidamente el capítulo 45 de Isaías, vemos a Jehová ungiendo a Ciro para sujetar naciones delante de él. Sin embargo, esto lo hace Dios por amor de su siervo Jacob -no de Ciro-, pues el mismo rey no conoció a Jehová: te puse nombre, aunque no me conociste (verso 4). Esta profecía fue escrita en el año 720 a.C., ciento ochenta años antes de que surgiera el Imperio Medo-Persa junto a Ciro, su rey.  De esta forma el rey Ciro concedería por un decreto el permiso y la libertad a los judíos desterrados setenta años antes, y sometidos por el rey de Babilonia Nabucodonosor, para regresar a su patria a reconstruir la ciudad y el Templo de Dios en Jerusalén.

Isaías, inspirado por el Espíritu de Dios, añade que toda esta profecía declarada a través de su mano es para que se sepa desde el nacimiento del sol, y hasta donde se pone, que no hay más que yo; yo Jehová, y ninguno más que yo, que formo la luz y creo las tinieblas, que hago la paz y creo la adversidad. Yo Jehová soy el que hago todo esto (Isaías 45: 6-7). La luz y las tinieblas han sido señaladas en el libro del Génesis, el gran libro de la Creación; pero también han de entenderse en el sentido moral y no solamente físico. También puede hacer referencia a la obscuridad producida en Egipto en pro del pueblo de Israel para que el Faraón sufriera otra de las plagas enviadas por Su mano. Dios envía al hombre aflicciones, castigos, pruebas, así como también hace la paz y crea la adversidad.

La paz de conciencia proviene del Padre a través de Jesucristo, por el Espíritu Santo, pues ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús (Romanos 8:1). La adversidad que crea Dios puede ser tanto el castigo por el pecado como las calamidades y adversidades del maligno; pues Dios ha creado al malo para el día malo (Proverbios 16:4). Ese mismo Dios que hace la paz traerá al Anticristo para que gobierne en la tierra con plena maldad; de igual manera ha profetizado que los moradores de la tierra darán el gobierno a la bestia y dirán ¿quién como la bestia? También ha señalado en su profecía que a esa bestia la adorarán todos aquellos cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida del Cordero, inmolado desde la fundación del mundo (Apocalipsis 13:8)... porque Dios ha puesto en sus corazones el ejecutar lo que él quiso: ponerse de acuerdo, y dar su reino a la bestia, hasta que se cumplan las palabras de Dios (Apocalipsis 17:17).

Ante semejante declaración solamente quedan dos caminos: 1) Exclamar junto al objetor levantado en Romanos 9, y decirle a Dios ¿por qué, pues, inculpa? Pues, ¿quién ha resistido a su voluntad?; y 2) Decir como Jesucristo: Te doy gracias, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños. Sí Padre, porque así te agradó (Lucas 10:21).

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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