S?bado, 01 de junio de 2013

La verdadera iglesia está hecha de aquellos que creen y alaban al verdadero Dios. Con esta premisa nos sostenemos para lograr el deslinde de la falsa iglesia. Podríamos sumar a la definición que existe un verdadero Espíritu de Cristo, un verdadero evangelio con verdaderos maestros, que enseñan la doctrina de Cristo. Entonces son varios los elementos que conforman la verdadera iglesia: Dios, el Hijo, el Espíritu, el evangelio y sus maestros, y el poseer la doctrina verdadera. Estos factores constituyen junto a la feligresía, compuesta por ovejas propias del Buen Pastor, la verdadera iglesia.

En contraposición, tenemos que caracterizar a la falsa iglesia: 1) Tiene un falso dios; 2) adora a un falso Cristo; 3) exhibe un falso Espíritu Santo; 4) proliferan los falsos maestros; 5) predica y asume una falsa doctrina; 6) su feligresía es apóstata.

Añadimos que la verdadera iglesia está conformada por aquellos que son el objeto del amor de Dios, demostrado en la cruz en la que Cristo padeció y dio su vida y derramó su sangre por el pecado de su pueblo. Esta verdadera iglesia es descrita como el cuerpo de Cristo, lavado y santificado, a quienes nadie puede condenar por cuanto han sido justificados por Dios. De esta iglesia se dice que ya está sentada en los lugares celestiales con Cristo.

LA VERDAD QUE HACE LIBRE

En la verdadera iglesia se predica la verdad doctrinal de Jesucristo, por medio de la cual nos volvemos verdaderamente libres. ¿Libres de qué? De la mentira de Satanás, el padre de la mentira, quien ha sido homicida desde el principio. Recordemos que fue él quien mató a Eva y a Adán en el Edén, fue él quien les dijo la mentira de que no morirían si desobedecían a Dios. Pero el decreto divino se cumplió a cabalidad, pues el hombre pasó a convertirse en un ser muerto en delitos y pecados, con una muerte física que le sucedió años más tarde. Pero el conocimiento de la verdad, que no es otra que Cristo, más el Espíritu de verdad, nos permiten ver fácilmente el engaño de la mentira.

Jesucristo se describió a sí mismo como el Buen Pastor, quien daba su vida por las ovejas. Además, aseguró que sus ovejas que le son propias oirían su voz y le seguirían, pero aclaró que jamás seguirían al extraño por cuanto no conocen su voz. ¿Quién es este extraño, al cual las ovejas propias del Pastor no siguen jamás? Es aquel que predica la falsa doctrina, el falso maestro que enseña las herejías, el que pregona un evangelio diferente al expuesto en las Escrituras. Hay hombres que pretenden ser pastores del rebaño de Dios, estos son extraños de la salvación que predican y profesan.

La oveja propia del Buen Pastor no se deleita en las enseñanzas extrañas de los falsos maestros, más bien huye de él con rapidez. Se podría hablar de un instinto proveniente de la enseñanza divina que hace que la oveja reaccione de inmediato ante cualquier enseñanza herética (de error). La oveja del Buen Pastor conoce que tiene vida en abundancia, por lo tanto huye del extraño, pues no conoce su voz. En otros términos, no conoce la mentira que les enseña: que Cristo murió por todos, que cualquiera puede decirle sí o no a Jesucristo, que el Padre está esperando por las ovejas para que manifiesten su buena voluntad al Hijo, que Dios no condena eternamente, que el infierno es temporal o no existe, que la predestinación no es como lo dice la Biblia sino que Dios previó quién se iba a salvar y quién se iba a condenar. Este conjunto de mentiras viene adornado en un paquete de moral y buenas costumbres, que actúa como melaza atractiva al paladar de la oveja. Sin embargo, esto gusta a las cabras y a las ovejas que no son propias del Buen Pastor, pero en cuanto a las propias disgusta. Esto sucede de esta manera porque el Espíritu Santo actúa en cada una de ellas y las lleva a toda verdad; de esta forma la oveja es preservada de cometer el pecado imperdonable y de irse tras el extraño (Juan 10: 1-5; 28):  y yo les doy vida eterna, y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.

LA FALSA IGLESIA

La iglesia apóstata proclama el yugo desigual con los infieles, se jacta de tener comunión con Jesús y con Belial, de tener miembros que pueden andar en la luz y en las tinieblas, en la justicia y en la falta de rectitud. Asimismo predica que se puede participar de la comunión del templo de Dios y el de los ídolos (2 Corintios 6:14-16). La falsa iglesia cree y proclama la mentira, de manera que no valora el evangelio de Cristo, su sacrificio expiatorio en representación por su pueblo. Esta falsa iglesia cree en la expiación universal, contrariando la tesis clara de la Palabra de Dios. Por ello también sostiene que muchos por los cuales Cristo murió están ahora perdidos por la eternidad, como si el sacrificio de Cristo fuese insuficiente para obrar la justicia de Dios.  Aparentemente esta falsa iglesia necesita un nuevo sacrificio para expiar los pecados de los que yacen en el infierno eterno, pues habiendo sido expiados por la muerte universal de Cristo aquellos pecadores siguen condenados. Según esta tesis, o la muerte de Cristo fue insuficiente o aún siendo suficiente la voluntad humana es superior a la voluntad de Dios.

Yo conozco tus obras ... y la blasfemia de los que se dicen ser judíos, y no lo son, sino sinagoga de Satanás (Apocalipsis 2:9). El Señor conoce a los que se dicen ser cristianos y no lo son, sino congregación del príncipe de la mentira. Esa mentira que se dijo en el Edén: no moriréis, la que continuó por siglos hasta la naciente iglesia, cuando Pelagio ratificó las palabras de la serpiente: el hombre no ha muerto totalmente. Sin embargo, la Biblia ha declarado todo lo contrario: a Eva y a Adán se les dijo que si desobedecían la voz de Dios morirían; el Antiguo y el Nuevo Testamento han declarado que el hombre está muerto en sus delitos y pecados y que no hay quien busque a Dios, ni siquiera uno. Hay quien busca algo semejante a Dios, algo parecido al Hijo, pero solamente imitaciones del verdadero y único Dios. Mas estos se congregan en la sinagoga de Satanás.

Al leer en Apocalipsis 14, 17 y 18 uno puede darse cuenta de que a esta falsa iglesia, congregación de Satanás, movimiento espiritual esotérico y demoníaco, es llamada la Gran Ramera, la gran Babilonia, la habitación de los demonios y guarida de todo espíritu inmundo, albergue de toda ave inmunda y aborrecible. Existe algo muy importante en esta declaración de la Biblia, es el llamado que hace el Señor a su pueblo: Salid de ella...para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis de sus plagas (Apocalipsis 18: 4). Pero esta Gran Ramera es madre de muchas pequeñas rameras que proliferan por doquier bajo distintas denominaciones. La fornicación de la Ramera bíblica se hace con los malvados, con los gobiernos de la tierra, con los mercaderes que comercian con ella, con aquellos a quienes fascina engañar al pueblo de Dios, diciendo: paz, paz, cuando no hay paz (Ezequiel 13:10).

PUEBLO CAUTIVO

Tal vez uno pueda preguntarse cómo es eso que el pueblo de Dios pueda estar engañado con Babilonia y la Gran Ramera. Recordemos que aún los creyentes verdaderos estaban en otro tiempo obedeciendo al príncipe de este mundo, lo mismo que los demás. Dado que no sabemos quiénes son los predestinados para salvación, nuestro deber es anunciar a todos el arrepentimiento y el creer en el evangelio. Dentro de estas iglesias -sinagogas de Satanás- es posible que exista pueblo de Dios que todavía no sabe que lo es. Hay gente engañada y prisionera de las falsas enseñanzas, por lo cual conviene anunciar el llamado del Señor a salir de ella. Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres (Juan 8:36); El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos y dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos (Lucas 4:18). El vino para destruir las obras del diablo (1 Juan 3:8).

Es muy importante entender que estos cautivos son llamados a salir de Babilonia, de la Gran Ramera y de en medio de sus hijas. No es posible ni viable el que una persona llamada por Dios se quede dentro de la cueva de los demonios. Una persona que ha sido llamada de las tinieblas a la luz, de la mentira a la verdad, no puede militar en el engaño doctrinal. Aún los judíos que tenían celo de Dios y creían la mayor parte de la doctrina bíblica fueron rechazados porque su conocimiento acerca de Dios y de la doctrina no era conforme a ciencia. Dado que el Espíritu Santo es llamado también el Espíritu de verdad, y dado que Él nos lleva a toda verdad, no es posible que nos deje en la mentira, que no nos instruya en lo que es verdadero. Todos aquellos que todavía comparten la mentira de la doctrina engañosa no son ovejas propias del Buen Pastor, sino que están siguiendo al extraño, pues conocen su voz (Juan 10:1-5).

Y esto no es un problema de tiempo, como si Dios necesitara de ello. Pensemos un momento en el ladrón en la cruz, el que le dijo al Señor que se acordara de él cuando viniera en su reino. ¿Cuánto tiempo necesitó este malhechor para llegar al conocimiento de la verdad? Fue en un instante, como en un instante ocurre también el nuevo nacimiento producido por el Espíritu. En un momento comprendió toda la teología necesaria para la salvación. Entendió que Jesucristo es el Señor, supo que él era pecador en tal magnitud que merecía el castigo que padecía, supo que de no clamar al Señor continuaría padeciendo por la eternidad. Pero también comprendió que él no tenía nada bueno que aportar para tener participación en el reino de Dios, sino que dejó todo en manos de Jesucristo.

El hecho de que Dios quiso presentar a este ladrón junto a su compañero de cruz es altamente significativo. El otro injuriaba a Jesús: Si eres el Hijo de Dios sálvate a ti mismo y a nosotros. Hablaba con las palabras de Satanás, cuando tentó al Señor: Si eres el Hijo de Dios di que estas piedras se conviertan en pan... Hoy día el objetor moderno continúa con el mismo razonamiento del hombre natural: Si Jesús es el Hijo de Dios que murió en la cruz, murió por todos (sálvame a mí); pero Dios tenía otros planes: salvar a uno y condenar al otro.

¿Cómo llegó el ladrón arrepentido a Jesús? De seguro fue obra del Espíritu Santo. Podríamos suponer que ambos ladrones habían escuchado algo en la cárcel acerca de lo que el Nazareno había hecho, acerca de un hombre hacedor de maravillas que se proclamaba como el Hijo de Dios, el Mesías esperado. Pero eso es una suposición de nuestra mente, no lo que la Biblia reseña. En el acto de la crucifixión se exhibe la labor absoluta del Espíritu Santo operando el nuevo nacimiento del que Jesús mencionó a Nicodemo. Pero lo hizo en uno solo de los ladrones, dejando al otro en las tinieblas eternas (A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí).

La soberanía absoluta de Dios es de tal magnitud, que hizo que Juan el Bautista estando en el vientre de su madre (siendo aún un feto) comprendiera la presencia del Señor en el vientre de María. No podemos decir que alguien se lo dijo, o que lo oyó en la calle, ni mucho menos que lo leyó en los papiros de Isaías. Simplemente el Espíritu obra como quiere, así como el viento de donde quiere sopla. Tenemos a la vista estos dos casos extremos, de dos personas que se regocijaron con la presencia del Señor: Juan el Bautista, siendo aún un feto, y el ladrón en la cruz, en estado mortal. Jesucristo vino a salvar a su pueblo cautivo, no a todo el mundo. Eso es parte esencial de la doctrina del evangelio.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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