Mi?rcoles, 29 de mayo de 2013

En ocasiones uno predica el evangelio y estudia la Escritura con el fin de conocer bien la doctrina de Cristo. A medida que uno entiende bien el asunto doctrinal descubre que es una incongruencia el decirles bienvenidos a los que hemos considerado hermanos durante años. Cuando uno comprende que una gran parte de la congregación está anclada a un ídolo, a una idea de un Cristo que no existe más que en su imaginación, entonces el conflicto aparece.

Supongamos que soy un creyente que milita en una congregación donde se proclama a voces que Cristo murió por toda la humanidad, que pagó el pecado de todo el mundo, pero que la gente se condena porque no acepta la oferta gratuita de perdón. Pero luego de estudiar las Escrituras el Espíritu me aclara que eso es un error, una herejía, por cuanto está en contraposición con la enseñanza de Jesús. El dijo que ponía su vida por las ovejas, que nadie podía ir a él si no le fuere dado del Padre; que muchos no creían en él porque no eran de sus ovejas. Además es el autor de su Palabra, por lo tanto es quien ha dicho por el Espíritu que Dios amó a Jacob y odió a Esaú, antes de que hiciesen bien o mal. También un ángel enviado por el Padre anunció a José que debía poner el nombre Jesús al niño, porque él salvaría a su pueblo de sus pecados.

Por otro lado, Jesús en su oración intercesora oró por los que el Padre le había dado, pero fue explícito cuando dijo: no ruego por el mundo (de lo cual se desprende que no murió por el mundo por el cual no rogó). Dijo que él era el Buen Pastor, que daba su vida por sus ovejas; que conoce a las suyas y las llama por su nombre (son muy específicas), que éstas oyen su voz y le siguen. Las otras ovejas que no son propias del Buen Pastor, (y las cabras), no le conocen y siguen al extraño porque conocen su voz. Anunció lo que diría en el fin de los tiempos, cuando los cabritos a su izquierda los enviaría a la condenación eterna diciéndoles nunca os conocí (nunca tuvo comunión con ellos).

Los réprobos en cuanto a fe fueron destinados como vasos de ira para la alabanza de la gloria de su poder y de su ira; el mismo Dios pondrá en los corazones de los hombres el dar el poder y dominio a la bestia, a quien adorarán todos aquellos cuyos nombres no están inscritos en el libro de la vida del Cordero desde la fundación del mundo. Asimismo, uno lee que el Cordero de Dios estuvo preparado desde antes de la fundación del mundo para beneficio de su pueblo. De manera que todo lo que uno lee en la Escritura desmiente la gran falacia elaborada en las iglesias donde uno ha asistido por años.

Es la Biblia la que ordena y recomienda a los que son pueblo de Dios a salir de la Gran Ramera, de la Babilonia espiritual, para no ser partícipe de sus plagas y castigos. Entonces surge la pregunta inicial, acerca de ir o no ir y a cuál iglesia asistir. El problema es serio porque puede darse el caso de que solamente hermanos aislados que no se conocen entre sí estén en estos aprietos de soledad, con el sentimiento de culpa que supone desobedecer el mandato de congregarse. Pero estos tiempos son muy difíciles y en ocasiones cuesta mucho conseguir a otro que tenga la misma claridad del Espíritu.

Pues por cierto que no es posible que el Espíritu de verdad que tenemos los que somos de Cristo nos conduzca a la mentira. Mucho menos a la adoración a otro dios, bajo el pretexto de estar reunidos y cumplir con el precepto bíblico de no dejar de congregarse. La Biblia también nos dice que nos sujetemos a los gobernantes, que son puestos por Dios para nuestro beneficio; pero en ella encontramos la célebre defensa de Pedro cuando dijo que es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres. La Biblia condena la mentira, pero en ella leemos que Dios bendijo a las parteras que mintieron y escondieron a Moisés para que no fuese asesinado; también Dios protegió a Rahab la ramera, cuando mintiendo dijo que los espías no estaban con ella, y los descolgó por una ventana. David se hizo el bobo y el loco, mostrando cómo su saliva salía de su boca, de manera que un rey enemigo no lo descubriera. Y Dios lo protegió de tal rey usando ese método.

No se trata de hablar de la relatividad del mandato de Dios, pero sí de su contexto. En muchas ocasiones el profeta Elías no pudo congregarse en la asamblea de su pueblo, porque tuvo que estar huyendo de sus enemigos, oculto en cuevas y yendo de un lado al otro. Sin embargo, Elías fue un profeta que solía decir: vive Jehová, en cuya presencia estoy.

Creo que esa es la clave para hoy día, la misma que ha sido en muchos escenarios de la historia del pueblo de Dios. Estar en la presencia de Dios, ya que Él hará lo necesario para enviarnos compañía, pues donde hayan dos o tres congregados en el nombre de Cristo, allí estará el Señor en medio de ellos. Y eso no significa que si hay un solo congregado el Señor no esté, pues ha prometido acompañarnos todos los días hasta el fin del mundo.

Lo que sí es seguro es que la adoración mixta con los que andan en otro evangelio diferente lo que produce es un anatema, una maldición. Ya lo advirtió Pablo, y lo sugirió Juan, cuando nos recomendaron no seguir tal evangelio diferente al que fue enseñado en las Escrituras, así como no decirles bienvenidos a los que no traen la doctrina de Cristo.

Tiempos difíciles los de hoy, pero tenemos la misma solución que nos legara el profeta Elías: vivir en la presencia de Jehová. Lo demás vendrá a su debido tiempo por añadidura. Nuestro trabajo es probar los espíritus, para ver si son de Dios.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 13:35
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