Martes, 14 de mayo de 2013

He aquí, yo entrego de la sinagoga de Satanás a los que se dicen ser judíos y no lo son, sino que mienten; he aquí, yo haré que vengan y adoren delante de tus pies, y que reconozcan que yo te he amado. Resulta obvio que Juan se está refiriendo a la iglesia, ya que este es un mensaje a la iglesia de Filadelfia. En ningún momento pretende ensalzar al judaísmo como algunos presuponen sin acierto. Más bien, esta tesis concuerda con lo dicho por Pablo en Romanos 2: 28-29: Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios.

Podemos recordar la frase de Jesús referente al tema: generación de víboras (Mateo 3:7). Sabemos que la sinagoga representaba el centro de vida comunal judía, y era concebida como una congregación o asamblea de personas. De igual forma, Jesucristo dijo que la salvación viene de los judíos (Juan 4:22), significando con ello un tratamiento espiritual al término judío y no precisamente exaltando la condición de ser de la nacionalidad judía para ser salvo. Esto queda patentado con la revelación recibida por Pablo, quien escribe: porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús (Gálatas 3:27-29).

Por lo tanto, entendemos que cuando Juan refiere a la sinagoga de Satanás está hablando de aquellos que pretenden ser verdaderos cristianos, pero que no lo son. Esta congregación es una falsa iglesia, la cual había comenzado a aparecer escondiéndose en la Iglesia de Dios, en la época del apóstol Juan. De igual forma sus hijas son falsas iglesias (Apocalipsis 17), tan rameras como su madre.

Una de las actividades preferidas de Satanás es el engaño, pues se transforma en ángel de luz y trabaja con los falsos apóstoles y maestros, en la apariencia de ministros de justicia (2 Corintios 11:13-15). Estas sinagogas se reconocen por su fruto (Mateo 7:15-20), pues no se recogen uvas de los espinos, ni buen fruto de un árbol malo. Jesús advirtió contra la falsedad resaltando la cualidad de la autenticidad; él dijo que sus ovejas oyen su voz y le siguen, pero al extraño no seguirán, porque no conocen su voz, sino que más bien huyen de él (Juan 10: 1-5).

Resulta de vital importancia el que nos aseguremos que la iglesia local a la que acudamos esté siguiendo la doctrina que ha sido enseñada en las Escrituras, de tal forma que esté produciendo fruto de justicia. De lo contrario se estaríamos visitando a una sinagoga de Satanás. Si su iglesia está enseñando que la elección divina se ha hecho en base a que Dios supo de antemano que su pueblo le iba a escoger, gracias a su espontáneo libre albedrío, es porque enseña una falsa doctrina. Esta herejía es tomada del molinismo (por Luis de Molina), generada en el seno del catolicismo a partir de los Jesuitas, que a su vez la tomaron prestada de Pelagio y los primeros grandes herejes aparecidos en la temprana sinagoga de Satanás.

Por supuesto, una sinagoga que predique tal conocimiento previo de Dios, en base a la obra libre de los humanos, presupone creer que la humanidad no cayó del todo en la muerte espiritual. Para que el hombre elija a Dios libremente tiene que estar vivo o no totalmente muerto en delitos y pecados. En otros términos, no existiría tal depravación humana que impida el libre ejercicio de la voluntad del hombre para ver en Jesucristo el camino de salvación. Queda entendido, según esta falsa doctrina, que el pecado original no mató en forma total a Adán ni a su descendencia. Esa es la doctrina de Pelagio (siglo IV y V d.C), mediante la cual recogía la promesa que la serpiente había hecho a Eva: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal (Génesis 3: 4-5). La serpiente le dio a Eva la esperanza de que el dictamen de Dios no era tan severo, sino que solo era una recomendación para que no se convirtiera a semejanza de Dios. Pelagio enseñó que el hombre no estaba muerto del todo, sino que tenía la esperanza de salvarse a sí mismo. Más tarde, después de haber sido señalado como hereje, rectificó en parte su enseñanza diciendo que si bien el hombre necesitaba a Jesucristo para salvarse no estaba totalmente muerto (esta doctrina se ha conocido como semipelagianismo, por ser una variante de lo que había dicho en un principio).

Si uno examina el texto señalado del Génesis y lo compara con la declaración  de Pelagio y sus contemporáneos seguidores, encontrará fácilmente la similitud. Por ello, la oveja que es propia del Buen Pastor huye de tan extraña doctrina, como lo enseñó Jesucristo (Juan 10:1-5). Dado que con esta enseñanza se está validando el derecho del hombre por sobre el derecho del Creador Soberano, se supone que Dios envió a Su Hijo al mundo a morir por cada persona en particular. Esto es una contradicción con la oración intercesora hecha por Jesús, narrada en Juan 17:9, cuando en Getsemaní el Señor dijo específicamente: NO RUEGO POR EL MUNDO. Mal pudo morir al día siguiente por un mundo del que no había intercedido.

De allí que esta falsa doctrina continúa promulgando otra errónea enseñanza, que argumenta que el hombre está en la capacidad de resistir la gracia salvadora de Dios. La Biblia muestra los momentos en que el Señor llamó a sus discípulos y ninguno de ellos se le opuso, ni siquiera el hijo de perdición (Judas). De igual forma declara que irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios (Romanos 11: 29). Y como dicen que el propósito de Dios era salvar a toda la humanidad sin excepción, se ha de concluir que el hombre tuerce los planes de Dios, se le opone eficazmente y de esta forma le resiste soberanamente. Contrario a lo que la Biblia enseña: Pues ¿quién puede resistir a su voluntad? (Romanos 9:19).

Esta capacidad de oposición humana a Dios reduce el debate teológico al dualismo, en el que se supone Dios lucha contra el mal y se garantiza que un día lo vencerá. Sin embargo, la Escritura afirma que Dios ha hecho al malo para el día malo (Proverbios 16:4), que no ha acontecido ningún mal en la ciudad, el cual Jehová no haya hecho (Amós 3:6), que de la boca del Altísimo sale lo bueno y lo malo: ¿Quién será aquel que diga que sucedió algo que el Señor no mandó? ¿De la boca del Altísimo no sale lo malo y lo bueno? (Lamentaciones 3:37-38).

Esta salvación, según ese esquema erróneo, es un logro conjunto entre el sacrificio de Cristo en la cruz y la libre voluntad humana que la recibe (sinergismo). Por lo tanto, esta libre voluntad humana puede en un momento dado desinteresarse por el logro y olvidarse de la salvación hasta perderla. De seguro que quien haya alcanzado la salvación por sus méritos de colaboración con Dios tendrá que despojarse de ella, pues es solo espejismo. Pero van contra la Biblia los que tal afirman de los elegidos, ya que Jesús dijo: y yo les doy vida eterna, y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano (Juan 10:28). Ni siquiera la propia oveja tiene la potestad de irse por su cuenta, pues ¿quién escapa de las manos del Señor?

La Biblia es enfática en presentar el plan soberano de Dios para la humanidad: solamente los que Él ha elegido para salvación entrarán en la vida eterna. Pero esto no será hecho sin que los medios elaborados para tal fin se apliquen. ¿Y cómo sabremos que se habrán de aplicar? Porque no depende de nosotros, si queremos o corremos, sino de Dios que tiene misericordia. Dios tuvo comunión con sus elegidos desde antes de la fundación del mundo (los conoció en el sentido bíblico, como Adán conoció a Eva su mujer o José a María después de dar a luz al niño); luego predestinó a esos que había conocido, para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo. A éstos los llamó, los justificó y también los glorificó (Romanos 8: 29-30). Por eso tuvimos herencia (suerte) en Jesucristo, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad (Efesios 1:11).

En síntesis, los que pregonan aquel otro evangelio se oponen abiertamente a lo declarado en la Biblia. La sinagoga de Satanás enseña: 1) Que la elección de Dios estuvo condicionada en el libre albedrío de Adán (pero la Biblia dice lo contrario -Romanos 8: 29-30; Efesios 1:11; Romanos 9:11-24); 2) Que Jesús murió por los pecados de cada persona en el mundo, tanto por los salvos como por los condenados (pero la Biblia desmiente tal presunción, ya que Cristo no rogó por el mundo antes de su crucifixión, y no es posible teológicamente que el Padre demande doblemente el pago de los pecados. De igual forma, enviar al infierno a alguien que haya sido salvado por Jesucristo sería pisotear su sangre, como se afirma en Hebreos 10:29); 3) Que el hombre no murió totalmente, ya que está capacitado por una suerte de gracia preventiva (pero la Biblia dice que el día que Adán y Eva comieron del fruto prohibido murieron -espiritualmente-, aunque la serpiente les haya dicho que no iban a morir. Por ello, quienes pregonan esta mentira acerca de que el hombre natural tiene vida, se oponen frontalmente a la declaración acerca de la muerte total del hombre en sus delitos y pecados); 4) Que el hombre puede resistir la gracia de Dios (pero la Biblia dice que irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios -Romanos 11: 29); 5) Que la salvación se puede perder por el ejercicio de la libre voluntad humana (pero la Biblia anuncia que nosotros no tenemos tal libertad, sino que hemos pasado de muerte a vida y que nadie nos arrebatará de sus manos -Juan 10:28-; igualmente afirma que nada o ninguna cosa creada nos podrá separar del amor de Dios en Cristo Jesús-Romanos 8: 39).

Los que creen según la doctrina de la sinagoga de Satanás, no solamente se oponen abiertamente a las Escrituras, sino que violan cualquier trazo de lógica en el entendimiento de la Palabra de Dios. Resulta por demás obvio que el Dios soberano no tiene quien se le oponga y le resista. De igual forma, basta con mirar a nuestro alrededor para darse cuenta de que entre los hombres naturales no hay ni una persona justa, no hay quien haga lo bueno ni quien busque a Dios. Al contrario, lo que ha hecho el hombre es postrarse ante sus ídolos que son hechura suya, una imagen de lo que en su mente han concebido como dios. Jesucristo no pudo morir por todo el mundo, sin excepción, pues eso hubiera incluido a todos los que fueron condenados antes de su venida, a Judas Iscariote, a los réprobos en cuanto a fe mencionados en Judas (apóstol) y Pedro; habría incluido al Anticristo que es el hombre de pecado, a los que Dios preparó para que le dieran el poder y el gobierno a la bestia. Tampoco es lógico el suponer que la sangre de Cristo arderá y será pisoteada en el infierno, si allá va algún redimido por él (Hebreos 10:29). Y mucho más ilógico es que Dios haya predestinado en base a la visión que tuviera al mirar dentro del futuro de la humanidad, ya que esto hubiese hecho que Dios hiciera sus profecías basado en lo que el hombre iría a hacer, por lo cual Dios sería un plagiario y sus profecías inciertas.

En las sinagogas de Satanás se enseña a elaborar ídolos, fundamentados en la falsa concepción de lo que es Dios. El que alguien llame Jesús a un ídolo, no hace que sea el verdadero Jesús. Por supuesto, un ídolo no tiene la capacidad de salvar y es el producto del engaño del padre de la mentira. Huir de esas sinagogas implica igualmente desechar esas doctrinas para tomar el verdadero evangelio. Mis ovejas oyen mi voz ... mas al extraño no seguirán (Juan 10:1-5).

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 10:11
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