Martes, 07 de mayo de 2013

Los judíos blasfemaron ante Dios y ejecutaron al Mesías enviado, muy a pesar de que ellos pretendían adorar a ese Dios revelado y de que ellos se jactaban de entender Sus escritos. Este hecho histórico equivale a decir que aquellos judíos adoraban a un ídolo en lugar de al Dios verdadero. Se habían elaborado una imagen falsa de ese Dios bíblico, pues poco a poco le añadieron y le quitaron aspectos básicos de Su esencia. El apóstol Pablo fue uno de ellos -cuando era Saulo-, pero por la misericordia de Dios fue llamado y pudo dar fe de que sus compatriotas tenían un gran celo de Dios, pero no conforme a entendimiento o ciencia (Romanos 10: 1-3).

Podemos comparar al Dios Todopoderoso anunciado en las Escrituras con los ídolos construidos por el hombre en su historia. El Dios de la Biblia está en los cielos, todo lo que quiso ha hecho (Salmo 115:3); los ídolos son plata y oro, obra humana, con boca pero no hablan, con ojos pero no ven, con orejas que no oyen y narices que no huelen. De igual forma, tienen manos que no palpan y pies que no andan, ni hablan con su garganta (Salmo 115: 4-7). Pero lo más grave es que semejantes a estos ídolos son los que los fabrican y cualquiera que pone su confianza en ellos (Salmo 115:8). ¿No le sucedió eso a los fariseos del tiempo de la llegada del Mesías?

Hoy día muchos alaban a un dios llamado Jesús, pero que se asemeja a un ídolo que no puede ni oír ni salvar. ¿Y cómo puede ser eso posible? Sencillamente porque se han creado una imagen o han producido un ideal en su mente de lo que debería ser el Dios revelado en las Escrituras. Una cosa es el Dios revelado y otra muy distinta la percepción que tienen muchos acerca de esa revelación. Si recordamos la razón primordial de por qué Jesús hablaba en parábolas, podemos darnos cuenta de la razón por la cual muchos perciben lo que anhelan pero no lo que se revela.

Estos que reconstruyen a Dios celebran a un ídolo, más allá de que demuestren un gran celo por el Dios vivo, porque lo hacen sin entendimiento como los viejos judíos. Si Cristo murió por todo el mundo, sin excepción, entonces es un Cristo incapaz de salvar a todos sin excepción. Judas, Faraón, Caín, Esaú, el Anticristo (el hombre de pecado), la gran ramera (la falsa iglesia), los que cometen el pecado imperdonable y los que nunca escucharon la palabra de Dios, han sido excluidos del alcance de la sangre de Cristo, por lo tanto Su muerte les fue inútil. Quienes afirman que Cristo murió por toda la humanidad, sin excepción, creen en un Dios incapaz para salvar a todos estos que acabamos de mencionar en la lista.

De Esaú se dice que Dios lo odió (Romanos 9:13) desde antes de la fundación del mundo; de Judas que era el hijo de perdición (Juan 17:12); del Anticristo que es el hombre de pecado (2 Tesalonicenses 2:3); de la gran ramera que es la falsa iglesia (Apocalipsis 17:1-2); los que cometen el pecado imperdonable están mencionados en Mateo 12:32; los réprobos en cuanto a fe son mencionados en Judas 1:3-4, que dice: Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo; los falsos maestros que han aparecido a lo largo de la historia de la iglesia y que proliferan en nuestros días fueron reseñados en 2 Pedro 2: 1-3 ... que introducirán encubiertamente herejías destructoras ... Y muchos seguirán sus disoluciones ... Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme; y los que jamás escucharon la Palabra de Dios los menciona el Salmo 147:19-20: Ha manifestado sus palabras a Jacob, Sus estatutos y sus juicios a Israel. No ha hecho así con ninguna otra de las naciones; y en cuanto a sus juicios, no los conocieron. Aleluya.

Los que afirman que existe una expiación universal deben suponer que todos estos seres creados para un destino infernal pudieron decirle sí a Cristo pero no quisieron; pero tal suposición es una herejía destructora por cuanto revierte el propósito de Dios conforme a la elección y propone una salvación conforme a las obras (Romanos 9:11), además de que implica torcer las Escrituras para su propia perdición. Cuando hablábamos del ídolo creado a la imagen de la percepción humana del Dios revelado, queríamos referirnos a que ese dios quiso salvar a todos pero no todos quisieron. Entonces sería mentira que está en los cielos y todo lo que quiso ha hecho; además, el querer y no poder lo exhibe débil e impotente. Pero algunos, más osados, sostienen que en Su soberanía se debilitó para que el hombre decidiera por sí mismo. Esto no es lo que enseña la Escritura en ninguna de sus partes, sino que es doctrina de demonios. ¿Sobre qué base han podido decidir los que nunca oyeron Su Palabra? A esto responden que Dios mira los corazones humanos y escoge los de buenos sentimientos de entre todas las religiones. Pero sólo decirlo es contravenir las palabras de Jesucristo: Nadie viene al Padre sino por mí (Juan 14:6). La Biblia es muy enfática en definir el carácter y la voluntad de Dios: Yo soy Jehová, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí. Yo te ceñiré, aunque tú no me conociste, para que se sepa desde el nacimiento del sol, y hasta donde se pone, que no hay más que yo; yo Jehová, y ninguno más que yo, que formo la luz y creo las tinieblas, que hago la paz y creo la adversidad. Yo Jehová soy el que hago todo esto (Isaías 45: 5-7). Este Dios es verdadero y capaz de quebrar la voluntad humana para que nadie se le resista a Su voluntad, y no respeta privilegios ni voluntades de los hombres, por lo cual el objetor que se levanta en Romanos 9 exclama: ¿Por qué, pues, inculpa? Pues ¿quién ha resistido a su voluntad?

LAS FABULAS JUDAICAS

Una de las grandes fábulas artificiosas de los judíos era que ellos eran en su totalidad el pueblo de Dios. Asimismo, se jactaban en la ley de Moisés, la cual exigía hacer y no hacer ciertas cosas para guardar la perfección. Por eso se llamaban sus grandes maestros fariseos, pues eran perfectos ante la ley, al menos en su propia opinión. Pablo le dice a Tito que no atienda a fábulas judaicas, ni a mandamientos de hombres que se apartan de la verdad (Tito 1:13).

Unas de las cualidades exigidas al obispo es que sea retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen (Tito 1:9). El mandamiento que da Pablo es que aquellos que pregonan la circuncisión (la salvación por las obras, según el contexto de Tito) sean reprendidos duramente para ver si se sanan en la fe (verso 13). Resulta obvio que los que no se sanan en la fe es porque nunca les ha amanecido Cristo, sino más bien son aquellos que se filtran en las congregaciones para sembrar mandamientos humanos. Pablo dice que esos mandatos son fábulas, breves relatos ficticios, rumores, habladurías con relaciones falsas y mentirosas, de pura invención, carentes de todo fundamento.

FABULADOR MODERNO

No pensemos que todo este género de fábulas quedó atrás con los judíos; la lucha que dieron los primeros creyentes fue contra el judaísmo, la salvación por las obras, que se metía en las iglesias. Los judíos cristianizados querían tener un doble argumento a su favor, a Cristo por un lado y a la tradición de Moisés por el otro. No entendieron que uno anulaba al otro, pues después del sacrificio perfecto de Jesucristo por su pueblo no quedaba otro sacrificio posible por añadir. Hoy día sucede lo mismo en el común de las iglesias que se llaman cristianas. Demos un vistazo a unas declaraciones de John Wesley, un admirado evangélico líder de la Iglesia Metodista, seguidor de la fábula de Arminio y Pelagio, quien declara contundentemente contra la predestinación soberana de Dios. A él lo siguen y lo respetan muchos que se dicen calvinistas, como Spurgeon, el denominado príncipe de los predicadores. Spurgeon declaró en un sermón que si hubiera necesidad de anexar dos apóstoles más, uno de ellos sería sin duda John Wesley. Asimismo, hoy día hay quienes prefieren hombres puros y santos aunque sean de doctrina desviada, antes que a uno de correcta doctrina que haya caído en pecado o en la desgracia del pecado. Ellos olvidan que Pablo habló de sí mismo como un miserable que quería hacer el bien y no  lo hacía,  pero el mal que odiaba esto hacía. No obstante, Pablo estuvo siempre centrado en la doctrina de Cristo. Sin embargo, los fabuladores modernos prefieren lo contrario: la obra humana antes que la doctrina divina. Wesley dijo: ¡Qué! ¿Puede la sangre de Cristo quemarse en el infierno? Yo respondo ... Si las palabras de Dios son verdaderas, el que fue comprado por la sangre de Cristo puede ir allá. Porque el que fue santificado por la sangre de Cristo fue comprado por la sangre de Cristo. El que fue santificado por la sangre de Cristo, sin embargo, podrá ir al infierno, podrá caer bajo ese hervor de fuego que por los siglos devorará a los adversarios (The Works of John Wesley [Grand Rapids: Baker, 1996], vol 10, p.297).

En cuanto a la doctrina de la predestinación dijo: ¡Yo abjuro de la doctrina de la predestinación! ¡Cante, oh infierno, y regocíjate; atención a todos los que están bajo la tierra! ¡Porque Dios, el poderoso Dios, ha hablado, y lanzado a la muerte a miles de almas, desde el nacimiento del sol hasta donde se pone! ¡Aquí, oh muerte, está tu aguijón! Ellos no pueden escapar; pues la boca del Señor lo ha declarado así. ¡Aquí, oh muerte, está tu victoria! Las naciones que no han nacido, o que ni hayan hecho ni bien ni mal, ya están condenadas a nunca ver la luz de la vida, más bien serán roídas por siempre (vol 7: pp. 376-384).

Spurgeon llamó a Wesley el príncipe de los predicadores arminianos, pero los calvinistas han llamado a Spurgeon el príncipe de los predicadores (calvinistas). En Spurgeon se reconcilia la doctrina de demonios que pregonaba Wesley, el hereje. En un sermón publicado en la red, denomidado Jacoy y Esaú, Spurgeon afirma lo siguiente:  Mi alma se rebela ante la idea de una doctrina que pone la sangre del alma del hombre a la puerta de Dios. No puedo concebir cómo unas mentes humanas, al menos unas mentes cristianas, puedan sostener una blasfemia de ese tipo. Me deleito en predicar esta bendita verdad: la salvación es de Dios, de principio a fin, el Alfa y la Omega; pero cuando tengo que predicar la condenación, digo: la condenación es del hombre, no es de Dios; y si tú pereces, tu sangre será demandada de tus propias manos (Volumen 5 www.spurgeon.com.mx). Si miramos con detenimiento esta declaración notaremos que llama blasfema la asunción de que Dios es quien endurece y condena al hombre, aún antes de hacer bien o mal. Por esa razón él se rebela ante esa doctrina. Pues bien, miremos lo que dice la Escritura respecto a esa idea blasfema, y a quien la objeta rebelándose: (pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama), se le dijo: El mayor servirá al menor. Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí  (Romanos 9: 11-13). Al parecer, el autor de la supuesta blasfemia es el Espíritu Santo que inspira a Pablo a escribir tal declaración. De manera que Spurgeon se metió en grave problema con el Espíritu de Dios. Pero el apóstol continúa con el argumento de Spurgeon (el viejo objetor de Romanos 9): ¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera. Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca.  Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra. De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece (Romanos 9: 14-18). La única base para la rebeldía de Spurgeon ante la doctrina del Espíritu Santo es que él haya sido endurecido como lo fue el Faraón de Egipto. La prueba de que el argumento del Espíritu va en esa dirección que espantó a Wesley y a Spurgeon, junto a todos los seguidores de ambos, es que el objetor pudo argumentar contra Dios el por qué inculpaba, si nadie podía hacerle frente a Su voluntad. Pero me dirás: ¿Por qué, pues, inculpa? porque ¿quién ha resistido a su voluntad? Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así? ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra? (Romanos 9: 19-21).

Lo más interesante es la conclusión del Espíritu, en sentido desafiante al objetor que pretende reclamarle a Dios su decisión de aborrecer a Esaú antes de que hiciese bien o mal: ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción, y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria, a los cuales también ha llamado, esto es, a nosotros, no sólo de los judíos, sino también de los gentiles? (Romanos 9: 22-24). La expresión ¿Y qué? es desafiante, para decirle a los objetores de Dios que cuál es el problema si Él es soberano absoluto y hace como quiere. A Él en nada le preocupa que lo consideren injusto, pues ha hecho vasos de ira para mostrar su ira y hacer notorio su poder, a los cuales los soporta con mucha paciencia hasta que les llegue su día.

Dura cosa es dar coces contra el aguijón; tengamos cuidado con las falsas doctrinas enseñadas por los doctos en teología torcida como Wesley y Spurgeon, dos lados de una misma moneda arminiana. Poco importa que la gente se autocalifique de calvinista, al creer sus cinco puntos. Calvino tuvo errores y no fue primero que Jesucristo. Lo mejor es ocuparse de la doctrina, como le dijo Pablo a Timoteo, para salvarnos de estas herejías que abundan hoy en los púlpitos modernos. Si los cerdos lavados vuelven al charco lo hacen porque siguen siendo cerdos, por su naturaleza no transformada. Nadie que tenga el Espíritu de Cristo puede permanecer en una doctrina de demonios. Es muy simple, pues no hay comunión entre Cristo y Belial, entre la luz y las tinieblas.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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