Lunes, 25 de marzo de 2013

La oración no es una vara mágica para hacer aparecer todo lo que deseamos; tampoco toca el extremo de la obediencia absoluta para obtener lo que pidamos. Fue Pablo quien dijo que él era un miserable porque lo que quería hacer no hacía, en cambio lo que no quería hacer esto hacía; sin embargo, él fue un hombre de oración. La plegaria modelo dejada por Jesús nos enseña a pedir que seamos santificados, que venga su reino, que la voluntad de Dios sea hecha en la tierra. Por eso Juan nos reitera que si pedimos algo conforme a su voluntad lo tendremos.

Estar en comunión con Cristo es necesario para poder pedir de acuerdo a su voluntad. Si nuestro corazón no nos reprende, dijo Juan, tenemos la confianza en Dios. Pero si nos reprende, mayor que nuestro corazón es Dios, es decir, mayor que nuestras faltas y ofensas, que nuestras incoherencias en la fidelidad, por lo cual procede la confesión con el corazón contrito y humillado. Si guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le es agradable tendremos lo que pidamos, pues en ese caso pediríamos conforme a su voluntad.

EL COMPROMISO CON SU COMUNION

Esto implica ser dependiente de los méritos de Cristo. El gran error es suponer que tenemos cualidades, o que las acumulamos  para exhibirlas como nuestras credenciales para ser oídos. Recordemos que Jesús nos escogió a nosotros, no a la inversa. Por supuesto que en esta vida tenemos deberes espirituales, cometidos de lucha, de manera que nos asiste la responsabilidad de la oración. Pero la oración comienza cuando iniciamos la plática con Dios, no cuando nos preparamos para ella. ¿Qué quiere decir esto? Sencillamente que podemos pasarnos la vida en esa preparación que nunca termina, pues jamás seremos perfectos como para comenzar a orar. Entonces lo que nos toca hacer, en tanto hijos de Dios, es comenzar a orar, pues el Espíritu mismo nos conduce a toda verdad y nos enseña. El alcance del Espíritu también toca el área de la oración. El Espíritu mismo ora e intercede por nosotros, pues no sabemos qué hemos de pedir como conviene.

Aún la cosas que parecen muy banales las tendremos cuando oramos en su nombre; entiendo que en la figura usada por Pablo acerca de la armadura del creyente, después de dar la descripción de ciertos implementos propios de los soldados romanos, hace referencia a la espada del Espíritu (que es la Palabra) y a la oración. En forma final expone: orando en todo tiempo. En otros términos, la Palabra y la oración son el combate mismo contra las fuerzas del mal. Lo demás que mencionó antes refiere a la vestimenta necesaria del soldado; pero la acción del combate se expone por medio de la Palabra (la espada del Espíritu) y la oración. Si nuestra vida espiritual es una lucha continua contra potestades espirituales en las regiones celestes, si no tenemos lucha contra carne o sangre, entonces el combate espiritual es continuo. Aún un soldado caído a tierra por culpa del enemigo es capaz de seguir combatiendo, aunque quizás no con la misma prontitud del soldado no herido. Por eso creo que la oración funciona en todo tiempo, como le funcionó al hijo pródigo que estaba en pecado en medio de los cerdos y de su vida oprobiosa. Allí pensó en volver a la casa de su padre y decirle un poco de cosas que consideró necesarias. Ese pensamiento fue su oración, pues el Señor conoce nuestros pensamientos y aún sabe las palabras antes de pronunciarlas. De esta forma se incorporó y salió camino de regreso a casa.

David fue escuchado cuando cayó a tierra (herido) por su pecado revelado por el profeta; susurró sus palabras y fue reedificado; Manasés oró en medio de su exilio y su desastre personal como rey esclavo; Saulo al caer del caballo se puso a conversar con el Señor, y fue oído; Jacob batalló con Dios y venció (en la metáfora que quiso usar el Espíritu con el escritor bíblico). Si miramos la vida de esos hombres mencionados sabemos que fueron grandes pecadores, pero oraron y fueron oídos porque eran hijos de Dios. ¿Qué nos enseña el escritor bíblico acerca de Elías, el hombre poderoso que vivía en la presencia del Señor? Dijo que era un hombre con pasiones semejantes a las nuestras. Algunos teólogos solamente hablan de su deseo de muerte, cuando Jezabel lo perseguía, diciéndonos que eso es un ejemplo de pasión semejante a las que tenemos a veces. Pero esa pasión es una breve debilidad en medio de un contexto humano y moral que la justifica; Elías se sentía solo, pues creía estar con un pueblo de Dios, sin saber que ya no era de Dios, sino de los Baales. Apenas 7000 hombres se había reservado el Señor para Sí mismo. Conocemos por el censo de David que Israel tenía mucho más pueblo que 7000 hombres. Pienso que cuando la Escritura habla de las pasiones semejantes a las nuestras hace referencia a que Elías era un pecador como cualquiera puede serlo, como lo fue Pablo el apóstol, que todavía se consideraba miserable con su cuerpo de muerte.

Las pasiones de Elías van más allá de su deseo de muerte por la persecución de Jezabel; pueden tocar todo aquello que nos compete a nosotros en nuestros días, pues la naturaleza humana es la misma.  El ejemplo dado por el escritor bíblico es que a pesar de sus pasiones Elías oró para que no hubiera lluvia y no llovió; luego oró para que lloviera y llovió. No siempre tenemos que pedir lo mismo que pidieron los profetas, sino de acuerdo a nuestras necesidades. La comunión con Dios es tan importante que Él nos dirá que eso que necesitamos debemos pedirlo, pues a pesar de que los intérpretes de nuestros corazones que se erigen como guardianes de nuestras almas nos sugieren qué cosa hemos de pedir y qué cosa no, es nuestro Dios quien pone en nosotros el querer como el hacer, por su buena voluntad.

DESTRUYENDO LOS IDOLOS

El pueblo de Israel tuvo una gran tarea una vez cruzado el Jordán. Tenía la comisión de destruir todos los ídolos que se hubieran erigido como imagen de la divinidad; además de la destrucción de los ídolos debían demoler los llamados lugares altos. Ha sido una preferencia anímica dentro del paganismo el acudir a las montañas para ser escuchado por los ídolos (o demonios, como los llama Pablo). Cuando en ocasiones perdían una batalla contra Israel, los paganos argumentaban que a ese pueblo lo ayudaban los dioses de los montes. Entonces procuraban pelear en las llanuras para evitar que el Dios de Israel los ayudara en el combate. Por lugares altos hemos de entender no las montañas, sino las Centros de adoración falsa. Son los santuarios que se le hacen a los ídolos; en ocasiones también se encuentran en los valles o en los arroyos, bajo los árboles, en forma de columnas (obeliscos) como bien lo señala la Escritura: Además quebrará las estatuas de Bet-semes, que está en tierra de Egipto, y los templos de los dioses de Egipto quemará a fuego (Jeremías  43:13). Estas estatuas eran obeliscos, como bien se desprende de la concordancia de Strong; allí se habla de pilares, monumentos, una variación de pirámide erigida como una columna. El Bet-semes es literalmente la casa del sol, en el cual se le adoraba. Aunque nació esta idea en la antigua Babilonia, fueron los Egipcios como imperio quienes más conservaron este tipo de monumento y se dieron a la tarea de edificarlos en gran medida. Porque ellos también se edificaron lugares altos, estatuas, e imágenes de Asera, en todo collado alto y debajo de todo árbol frondoso. (1 Reyes 14:23).

Muchos de los lugares altos se convirtieron en centros de prostitución y de ritos extraños, como el sacrificio de niños y las ceremonias de prostitución. ... ¿No sois vosotros hijos rebeldes, generación mentirosa, que os enfervorizáis con los ídolos debajo de todo árbol frondoso, que sacrificáis los hijos en los valles, debajo de los peñascos? (Isaías 57:4-5).

DIOS O LOS IDOLOS

Tal vez es tiempo de preguntarnos por qué razón para muchos Dios no responde las oraciones. A lo mejor ven con agrado que algo sucede en relación con lo que claman e interpretan erróneamente que esa es la respuesta del Todopoderoso. Pero la Biblia contiene advertencias contra este tipo de respuestas, pues en ocasiones el falso profeta predice algo que se le cumple, pero que es contrario a la Palabra de Dios, por lo cual es Dios quien está probando al que se dice su pueblo (Deuteronomio 13:1-3). Un ídolo es un constructo, un producto de la imaginación acerca de una divinidad.  Nuestra cultura es responsable de que tengamos la idea de un dios particular. Tal vez la cultura cristiana ha creado la imagen en su colectivo del Dios de la Biblia. El problema no es el Dios de la Biblia, sino cuando la imagen impartida o fabricada por nosotros mismos es parecida al Dios de la Biblia. Es allí cuando el ídolo confunde más y se torna más peligroso.

El Señor advirtió que antes de su segunda venida se levantarían falsos profetas y falsos Cristos. ¿Qué es un falso Cristo? Simplemente uno que intenta parecerse al verdadero, pero que difiere en cuanto a doctrina. Jesucristo se ocupó de enseñar la doctrina de su Padre (Juan 7:16), la iglesia nació con el fundamento de la doctrina de los apóstoles; Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo (Ef. 2:20); Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones (Hechos 2:42). Pero estos falsos Cristos anuncian variaciones de la doctrina de Jesucristo, por lo cual no son Cristo sino un ídolo. Y la Biblia ha sido clara también al decirnos que quien sacrifica a los ídolos, a los demonios sacrifica. Muchos creyentes van detrás de un muñeco a quien le dicen Niño Jesús, otros comen un pastel que se parte en su honor. Algunos celebran con música navideña el nacimiento de ese Niño al cual adoran, o le cantan villancicos diciéndole Niño lindo, ante ti me rindo. Respondiendo él, les dijo: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres (Marcos 7:6-7). Toda planta que no ha plantado mi Padre celestial será desarraigada (Mateo 15:13). Antes digo que lo que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios; y no quiero que vosotros os hagáis partícipes con los demonios (1 Corintios 10:20).

La Antropología Social y una de sus ramas llamada la Etnografía de la Comunicación nos han enseñado que es bueno respetar la diversidad cultural. En tal sentido los creyentes importan las costumbres culturales de adoración pagana que entra camuflada en sus templos bajo nombres bíblicos. Con eso se contentan y hablan de igualdad, y de que es mejor tender puentes que construir paredes. Pero no se dan cuenta de que ese fue el mismo engaño hecho por Constantino, el Emperador Romano que cristianizó al Imperio para unificarlo en uno solo: entonces paganos y cristianos eran uno y el Imperio quedó más fuerte. La forma de unión más emblemática consistió en darle nombres bíblicos o cristianos a las divinidades paganas. Incluso las fechas propias del paganismo fueron respetadas, pero en lugar de celebrar el nacimiento del dios sol ahora se celebraba el nacimiento del Niño Jesús. Así por el estilo, cualquier Enciclopedia Religiosa seria podrá dar la información que se requiera al respecto.

LA ORACION A DIOS

Orar a Dios implica conocer a Dios. No podemos entablar un diálogo ameno y próspero si no conocemos a la persona con quien pretendemos conversar y lo que piensa. La doctrina del Padre es la doctrina del Hijo, conocerla nos ayuda a tener celo de Dios conforme a ciencia, para que no nos suceda lo que les pasó a los judíos que tenían un gran esmero en las cosas de Dios, pero no lo hacían conforme a su doctrina o ciencia (Romanos 10:3). Para hablar con Dios tenemos que comprender que Él es absolutamente soberano, que no oye al impío, que está airado con él todos los días, que ha endurecido a muchos para que no lo busquen ni lo encuentren, que ha tenido misericordia de otros para adoptarlos como hijos y hacerlos herederos de Su gracia. Si vamos a Dios suponiendo que Él es el Padre de toda la humanidad, entonces nos encontraremos con un Dios que rechaza tal presunción. Él es el Creador de todos, pero el Padre de muchos, de sus ovejas, de sus escogidos.

La garantía de la oración a Dios es dada en calidad de estímulo a sus hijos, pues Él es quien produce en nosotros tanto el querer como el hacer, por su buena voluntad. Por eso nos dice que pidamos, que busquemos, que llamemos. Nos recomienda orar en todo momento, a pedir de acuerdo a su voluntad para obtener aquello por lo que hayamos pedido. ¿Pero cómo vamos a conocer su voluntad si no conocemos su doctrina (lo que piensa)? Entonces me invocaréis y vendréis y  oraréis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis porque me buscaréis de todo vuestro corazón (Jeremías 29:12-13).  Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho (Juan 15:7). Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado (Salmo 66:18).

En síntesis, la oración a Dios es un acto, pero es también una actitud. Una disposición de comunión porque le amamos y le conocemos; ¿cómo podemos amar lo desconocido? Esta actitud de oración se da a diario, a cada momento, en cada cosa que hacemos, pues en Él vivimos, nos movemos y somos.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 13:13
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