Martes, 26 de febrero de 2013

Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor (Efesios 5:17). No seamos ignorantes de la voluntad de Dios para nosotros, sino entendidos. Entender presupone percibir para poder discernir. La voluntad o el querer de Dios está revelada en su Palabra, pero en ella hay asuntos fáciles de comprender y otros que demandan mayor estudio para discernir. Pero a pesar de las cosas fáciles de aprender, en ocasiones nos resultan complicadas de cumplir. Sabemos que Dios habló por los profetas en diferentes maneras a través de los tiempos (Hebreos 1:1), por lo tanto, mientras más conozcamos su palabra más conoceremos de su sabiduría y de su voluntad.

Conviene referir un aspecto muy relevante en esta materia, ya que por diversas circunstancias estamos convencidos de que la Biblia pudiera semejarse a un manual del deber ser. Haga o no hagas, tómelo déjelo; y aunque a muchos esto les parezca lo ideal, la Biblia se presenta como un libro de referencias que nos va conduciendo a través de ella misma, para que nosotros podamos descubrir la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. Otro asunto de importancia es que no necesariamente, en condiciones semejantes, la voluntad de Dios es la misma para cada persona, sin que pretendamos afirmar que ella sea cambiante. Recordemos aquel momento en que el Señor hablaba con sus discípulos y comenzó a decirles que unos iban a morir de una manera y otros de forma distinta. Pedro preguntó respecto a Juan, pero el Señor le respondió que si él quería dejarlo hasta que él volviera eso no era asunto de Pedro. Vemos en ese ejemplo que la voluntad de Dios era diferente en relación a como habrían de morir sus discípulos.

Pablo le escribe a Timoteo y le aconseja que por causa de su estómago ya no beba agua sino vino; en otro momento nos recomienda a no casarnos o a no tocar mujer; pero habla de los obispos y diáconos que deben tener sus esposas en santidad, y no dados al mucho vino.  De manera que la voluntad de Dios no se encuentra escrita en forma de un código civil normativo, con una serie de artículos temáticos que ordenan o prohíben conductas; más bien es un libro total que presupone que el lector al profundizar en él va conociendo la mente del Señor hasta encontrar el justo medio para su vida.

LAS SECRETAS COSAS DE DIOS (Deuteronomio 29:29).

Pertenecen a Jehová esas cosas secretas, mas las reveladas a nosotros; pero algunos se dan a la tarea de descubrir lo secreto de Dios, asunto a lo que no hemos sido llamados (como por ejemplo, descubrir el día y la hora de su segunda venida).

La voluntad de Dios es nuestra santificación, dar gracias en todo y por todo, orar sin cesar, amar a nuestros enemigos, a nuestros hermanos, orar por los que están en eminencia, pedir que venga su reino, y eso ha sido revelado en forma muy clara.

¿Pero qué podemos decir acerca de dónde debemos vivir, o con quién debemos casarnos? Primero que nada, el matrimonio no es un mandato obligatorio para todas las personas. Para algunas eso es una necesidad que debe ser acometida y satisfecha; para otros es algo que resulta mejor no afrentar. Sin embargo, cada quien sabrá en su fuero interno si debe o no debe asumir tal empresa. La Biblia orienta y el Espíritu Santo también conducirá a toda verdad. Necesitamos tener presente que Dios es Providencia por esencia, ya que Él suple todas nuestras necesidades. En su creación ha provisto con abundancia que los árboles den fruto a su tiempo, que los ríos fluyan con peces y los mares den alimento. Pero también es un Dios que provee satisfacción artística con los escenarios que dibuja a diario en el amanecer o atardecer, en las noches con o sin luna; Dios es por esencia un Dios de providencia. Así como cerraba y abría puertas y cerraduras de hierro y bronce a un rey del Antiguo Testamento, de la misma forma lo hace para con sus hijos. El es un Dios que cierra una puerta pero abre una ventana, o que señala un giro en nuestra vida, para abrirnos nuevas perspectivas en ciertos aspectos de nuestra existencia que quizás nunca imaginamos.

Desde este ángulo comprendemos que Dios está muy interesado en darnos a conocer su voluntad para que la hagamos. Eso no es algo secreto, no es algo en lo que Él se oculte, más bien es una materia en la que anuncia publicidad. Dice la Biblia que la voluntad de Dios para nuestras vidas es agradable y perfecta. En nuestra lista del deber ser, en nuestras costumbres normativas que recibimos en las escuelas, en los centros de trabajo, aprendemos que existen cosas desagradables que debemos hacer para poder ser aprobados por nuestros supervisores; pero con el Dios de la Providencia no sucede de esa manera, ya que todo lo que desea para nosotros es agradable y perfecto.

No supongamos tampoco que lo agradable y perfecto es estar en un templo cantando todo el tiempo, pues el placer por la comida, por el amor conyugal, por las mejoras en los negocios son cosas de las que su alma también se agrada. Bastaría con dar un vistazo a la vida de Abraham, de Jacob, de José, de Daniel y de tantos otros a los cuales coronó de satisfacciones materiales y en los cuales encontró contentamiento. David fue un hombre conforme al corazón de Dios, y fue un rey muy exitoso, quien tuvo muchos placeres en la vida triunfante que llevó. Los apóstoles llevaron una vida de persecución especial por la tarea tan particular que les fue encomendada; el cristianismo se iniciaba con ellos y era una religión odiada especialmente por el imperio romano. Sin embargo, no vemos que los discípulos llevaran una vida de amargura, sino más bien de satisfacción, tanto que Pablo había aprendido a  vivir bien en escasez o en abundancia. Incluso, estando preso, recomendaba a la iglesia a regocijarse continuamente en el Señor. Otros apóstoles se casaron y se gozaban con su familia; de manera que somos llamados a tener una vida abundante, no a medias, pues esa también es la voluntad de Dios.

Hay un texto apropiado para recordar ahora, dice así: Deléitate asimismo en Jehová y él te concederá las peticiones de tu corazón (Salmo 37:4). Jesucristo nos recomendó a buscar primero el reino de Dios y su justicia, de manera que todo aquello que necesitamos nos vendría por añadidura. También nos conminó a orar siempre, pues si pedimos nos será dado, si buscamos hallaremos, si llamamos se nos abrirán las puertas. Dios es un Padre para sus hijos, por lo tanto es imposible que mienta o que nos trate como a bastardos; más bien nos dará todas aquellas cosas que necesitamos, y en muchas ocasiones lo que necesitamos es afecto, satisfacción personal, compañía, lo cual nunca nos será negado.

PRINCIPIOS GENERALES

1)    El Espíritu Santo nunca nos dirige contra la voluntad del Padre ni contra la voluntad revelada en la Biblia;

2)    Las promesas de Dios escritas en las Escrituras nos colocan de manifiesto su voluntad, de manera que resulta fácil entender qué es lo que desea para nosotros;

3)    La providencia de Dios es un indicio claro de la puesta en escena de su voluntad o querer. Como Él no es un Dios contradictorio, nunca podríamos imaginar a un Padre amoroso cuyo hijo le pide un pez pero recibe una serpiente. Del mismo modo, si se ha dispuesto a darnos algo no lo esconde ni juega con nosotros,  distanciándonos de la dádiva en una suerte de ejercicio macabro. La nube frente al sol o la columna de fuego en la noche de los israelitas en el desierto son claro ejemplo de su providencia. Asimismo lo fue el maná descendido del cielo; las aguas en Meriba, la división del Mar Rojo;

4)    Si pedimos algo en su nombre Él lo hará, de manera que esa es otra vía de conocer su voluntad. Tenemos que pedir y lo que recibimos es por causa de su voluntad, así de simple (Juan 14:14);

5)    Filipenses 4:6 nos dice que no debemos preocuparnos por nada, sino que nuestras peticiones sean conocidas delante de Dios con acción de gracias. De inmediato se producirá una consecuencia significativa: la paz de Dios guardará nuestros corazones y pensamientos en Cristo Jesús, lo cual sobrepasa todo entendimiento. Es muy importante tener en cuenta que la oración no pretende cambiar la mente de Dios o vencer su desgana, simplemente es el medio de cumplir su propósito en la acción de otorgar sus favores. Se perdería el tiempo en oración si pretendiésemos cambiar lo inmutable de Dios, pues nunca cambia el que es perfecto y eterno;

6)    También conocemos la voluntad de Dios por su paz. Esa paz que sobrepasa todo entendimiento es la que gobierna el corazón. ¿Por qué la paz es una característica de la voluntad de Dios? Estamos en un mundo bajo guerra espiritual, los demonios tienen gobierno en las esferas celestes, influyen en las decisiones de los administradores del mundo; las personas responsables de la economía se desquician y en ocasiones son corruptas; las medicinas están manipuladas para que seamos sus dependientes, los grandes laboratorios farmacéuticos tienen como meta fundamental su riqueza, no la cura de las personas; los que construyen viviendas ahorran en materiales nobles para lucrarse al máximo; la banca nos asalta con los intereses, en fin, la administración del príncipe del mundo es caótica, lo cual contribuye a que perdamos la paz fácilmente. La única forma de recuperarla es acudiendo a la presencia del Señor de señores, del Príncipe de Paz, el que venció al príncipe de este mundo; es en su regazo que su paz sobrepasa todo entendimiento. Por más que nuestra mente entienda con su lógica que el mundo que habitamos se ha convertido en un verdadero caos, la paz de Dios viene como consecuencia de entender que Él gobierna y puede hacer todas las cosas posibles. En Colosenses 3:15 leemos: Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos. El gobierno de su paz es el mandato y el deseo, nunca debe gobernarnos el caos o la angustia junto con la ansiedad; el descanso y reposo de Dios es precisamente saber que Él está al mando, que actúa de acuerdo a sus planes eternos y que tiene toda la providencia necesaria para sus hijos. Vienen a mi mente tres personajes bíblicos que pecaron horrendamente, que fueron castigados por ser hijos de Dios pero que también fueron restituidos a su antiguo estatus una vez que aprendieron de la corrección del Señor: David (con su pecado de adulterio y asesinato); Manasés, un rey que indujo a su pueblo a construir altares a dioses ajenos; el hijo pródigo, el cual dilapidó todos los bienes de su herencia. Cada uno de ellos hizo lo malo delante de Dios, todos se rebelaron contra sus reglas, pero una vez amonestados y reeducados fueron restituidos a sus antiguos cargos y posiciones. La paz de Dios los gobernó plenamente sobrepasando todo entendimiento, pues lo que uno entiende por haber actuado en la forma en que lo hicieron ellos es que no tiene más derechos delante de Dios. Pero estos ejemplos nos enseñan que el derecho a la restitución es un regalo del Padre en virtud de su amor eterno e inmutable, por lo cual la paz ha de gobernarnos por siempre; el que  la paz de Dios gobierne nuestros corazones no implica que nosotros no sintamos un poco de ansiedad frente a los enemigos o a las adversas circunstancias; más bien lo que quiere decir es que a pesar de la animosidad en contra tenemos la certeza absoluta de que Él hará lo que tenga que hacer en su debido momento.

Recapitulando, podemos conocer la voluntad de Dios por sus promesas recogidas en la Biblia; por su providencia que va delante, abriendo cerrojos y puertas de hierro y bronce; por nuestras oraciones respondidas en forma positiva o negativa; también por nuestra paz encontrada cuando oramos. Pero no debemos olvidar que la voluntad de Dios declarada en los principios bíblicos es otra de las tantas formas de conocer lo que Él quiere para nuestras vidas: amar a nuestros hermanos, orar por los que están en eminencia, no cometer adulterio, no robar, no codiciar ni desear la mujer del prójimo, etc.

Todas las preguntas acerca de lo que debo hacer tienen sus respuestas en este breve compendio acerca de la voluntad de Dios: si no vemos su providencia no es su voluntad; si violentamos cualquiera de sus principios, no es su voluntad; si no tenemos su paz tampoco es su voluntad; si no está en sus promesas no es su voluntad; si el Espíritu Santo está en contra es porque tampoco es su voluntad que pidamos aquello que violenta el designio de Dios.

LA VOLUNTAD DE DIOS Y SU SOBERANIA

El hecho de que Pablo haya orado por su aguijón en la carne y haya obtenido una respuesta negativa demuestra varios hechos de importancia: 1) oró conforme a la voluntad de Dios; 2) no siempre que se ora conforme a la voluntad de Dios se obtiene lo que uno considera la respuesta positiva; 3) siempre que se ora conforme a la voluntad de Dios se recibe respuesta. A Pablo le fue dicho que le bastaba la gracia de Dios para sobrellevar su carga, pues su debilidad permitía que el poder de Dios saliese perfeccionado en la ayuda ofrecida. En ocasiones oramos y rogamos para que Dios quite un gobernante diabólico que nos maltrata, sin embargo la respuesta que recibimos es bástate mi gracia. Dios no va a quitar las guerras ni los rumores de guerra, ni las hambres ni las pestes, ni los terremotos en diferentes lugares, ni la maldad aumentada, ni los falsos Cristos ni falsos profetas, pues todo ello conforma parte de un paquete horrendo profetizado que ha de acontecer en estos momentos de la cercanía de la segunda venida del Hijo a la tierra. Pero sí tendremos la paz por su providencia y seguridad en medio de esas pruebas a las que nos enfrentamos a diario.

Tal vez la mayor paz obtenida en la oración y comunión con Dios descanse en el hecho de que Él es soberano y está en control absoluto de cuanto sucede. Es en esa conciencia de su gobierno que podemos descansar a plenitud, ya que cada detalle de lo que sucede debe ser un motivo de alabanza a su gloria y a su capacidad en ejercicio. ¿Habrá acontecido algún mal en la ciudad, el cual Jehová no haya hecho? (Amós 3:6) Cuando aprendamos a comprender lo que dice este verso de la Biblia, entonces descansaremos en la paz que brinda el conocimiento de su soberanía. Como dijimos al principio, la Biblia se presenta como un libro de referencias que nos va conduciendo a través de ella misma, para que nosotros podamos descubrir la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 19:48
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