Jueves, 21 de febrero de 2013

La palabra griega para designar al hijo de perdición está compuesta por la preposición anti y el sustantivo Cristo. La preposición traduce en lugar de, opuesto a, en contra de; el sustantivo significa el Mesías. En su conjunto, este vocablo implica el adversario del Mesías, en lugar del Mesías, contra el Mesías. Le tocó a Juan describir a este personaje con ese nombre, si bien Pablo habla de él como el inicuo, cuyo advenimiento es por obra de Satanás. El profeta Daniel hace mención de este sujeto en su libro, el cual es mencionado por Jesucristo.

Juan declaró que ya era el último tiempo y que así como la iglesia había oído decir que el anticristo vendría, ya habían surgido muchos anticristos. De esta forma el apóstol utiliza la idea del anticristo como el gran personaje singular que habría de venir, para oponer la nueva revelación de los muchos anticristos que acababan de surgir. La señal de estar en los últimos tiempos era sin duda la aparición de los anticristos en forma plural. Pablo se refiere a este sujeto como el inicuo, el hombre de pecado que viene por obra de Satanás (2 Tesalonicenses 2:3-10); Daniel lo describe con estas características y títulos: rey altivo y entendido en enigmas (Daniel 8: 23); el príncipe que ha de venir (Daniel 9:26); cuerno pequeño (Daniel 7:8); el desolador (Daniel 9:27); hombre despreciable (Daniel 11:21); rey ensoberbecido (Daniel 11:36); de ascendencia judía (Daniel 11:37, porque la palabra Dios -de sus padres- es Elohim, el Dios de los judíos); honrará al dios de las fortalezas, lo cual, unido a que será entendido en enigmas, en algún sentido refiere a su satanismo y ocultismo (Daniel 11: 38-39).

No cabe duda de que la Biblia menciona la venida del Anticristo como un personaje específico, masculino, gobernante, de ascendencia judía que hará pacto con muchos y que estará muy vinculado con su pueblo judío. El será el Mesías que muchos esperan, el que dará soluciones políticas y no necesariamente espirituales; en tal sentido será bienvenido y se le rendirá tributo en un momento en que al hacer su pacto habrá paz y seguridad sobre la tierra. No hará caso ni del amor de las mujeres (Daniel 11:37), como dando a entender que estará centrado en sí mismo y no se inclinará por el afecto.

Este personaje singular es contrapuesto a la gran cantidad de anticristos que ya han salido por el mundo, es decir, la gente que se opone a Cristo y los otros que han aparecido diciendo que ellos son el Cristo. En la época de Juan muchos negaban que Jesús había venido en carne, en el argumento que era un espíritu puro que no podía contaminarse; hoy día muchos niegan que Jesús sea divino, si bien admiten que existió un hombre llamado Jesús hacedor de maravillas. El negar las cualidades de Cristo es negarlo a Él, es ser anticristo.

En este sentido, dos categorías de anticristos se presentan en la Biblia: 1) el Anticristo propiamente dicho, modelo de los que habrán de venir; 2) los anticristos, todo aquel que niega o se pone en lugar de Cristo. La primera categoría viene definida con los títulos y características recogidas a lo largo de las Escrituras. Por ejemplo, Zacarías lo define como el pastor inútil, con una herida en su brazo y en su ojo derecho:  ¡Ay del pastor inútil que abandona el ganado! Hiera la espada su brazo, y su ojo derecho; del todo se secará su brazo, y su ojo derecho será enteramente oscurecido (Zacarías 11:17).  Ese ojo derecho seco es el mismo que representan los afectos al grupo illuminati, que exhibe a su gente con el ojo derecho tapado, para ilustrar el de la cúspide de la pirámide, el que todo lo ve. En la película de Mel Gibson, La Pasión, el Cristo presentado tiene el ojo cerrado, en clara alusión al pastor inútil. Se sabe del interés de Gibson por la visión de la mística católica Ana Catalina Emmerich, cuyo libro le proveyó del material para la película.  De igual forma, Pablo lo llama el inicuo, el hombre de pecado que viene por intermedio de Satanás, mientras Juan lo toma como el modelo de los muchos anticristos que ya estaban merodeando en su tiempo. La segunda categoría es la que más le preocupa para el momento al apóstol Juan.

¿Quién es este tipo de anticristo? Juan se pregunta en una de sus cartas ¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? De inmediato responde: Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo (1 Juan 2: 22). Para el apóstol, anticristo es toda aquella persona que se opone a Cristo, que lo niega o lo pretende sustituir. Por eso esta persona es mentirosa, pues está contra la verdad; asimismo, estos anticristos salieron de nosotros, pero no eran de nosotros (1 Juan 2: 19). Con esta expresión el apóstol da cuenta del origen de los diversos anticristos: son personas que han escuchado el evangelio, han militado en las iglesias, han tenido contacto con las Escrituras y con la congregación, de manera que su conocimiento les permite el argumento sutil para torcer las Escrituras y colocar su verdad subjetiva (interpretación privada) en contra de la verdad verdadera.

Es importante tener en cuenta que Juan no está negando en ningún momento que el anticristo (Anticristo) habrá de venir, sino que lo toma como una referencia de los muchos que ya están en el mundo. Pero en su libro Apocalipsis describe a este personaje con otros nombres, y al igual que Daniel lo llama cuerno, pero le agrega el nombre de bestia (véase Apocalipsis capítulos 13, 17 y 19). No cabe duda que con tanta descripción bíblica que hace referencia a un hombre en particular, que habrá de manifestarse dentro de un contexto específico como el descrito por Daniel, no tiene sentido el que a muchos les dé por interpretar al anticristo como a una institución, a un sistema o país. La bestia no es nada de eso, sino que habrá de ser la encarnación de Satanás (el inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, del que hablara Pablo). Las alusiones de Daniel, lo que dijo Zacarías, la abominación desoladora de la que habló Jesucristo, el anticristo que ha de venir, se llame la bestia o cuerno de Juan, son claros e inequívocos señalamientos a un personaje muy particular que en nada tiene que ver con una institución. Más allá de que se pueda servir de las organizaciones humanas -políticas, sociales y religiosas-, el anticristo es alguien que vendrá a dominar la tierra por un período corto de tiempo aunque con demasiada maldad. No es un sistema, es una persona; es alguien que representa un modelo del cual ya andan por el mundo muchos prototipos, aprendices del Anticristo que vendrá.

No tiene sentido tampoco el andar adivinando quién será este personaje, pues no se nos ha encomendado a estar pendientes de quién es. Simplemente se nos han dado las descripciones pertinentes para conocer lo que habrá de acontecer en un momento de la historia humana. Por cierto, conviene tomar en cuenta el contexto en que habló el profeta Daniel, pues cuando se le declaró la profecía sobre la abominación desoladora se hizo en referencia a su pueblo. Las llamadas setenta semanas de Daniel tienen la pertinencia en el contexto de Israel y Jerusalén. Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad (Daniel 9:24), con lo cual se entiende que la semana setenta, en la cual aparecerá la abominación, tiene lugar en ese marco conceptual. Por ello también fue llamado ese período como angustia para Jacob (Jeremías 30:5-7);  Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador (Daniel 9:27).

A pesar de que las Escrituras son claras al respecto, en razón de que describe las características generales y básicas del Anticristo, muchos se han dado a la tarea de torcer su enunciado para elaborar fábulas. El gran peso de las instituciones sobre el hombre contemporáneo ha hecho que algunos señalen al sistema que las une como el anticristo declarado en la Biblia; otros se ocupan de adivinar -como los magos y hechiceros denunciados en la Palabra de Dios- para satisfacer su propia curiosidad y causar impacto en los más incautos. Personajes de relevancia política internacional son puestos en los escenarios analíticos proféticos, con el interés de forjar la calza adecuada y que aparezcan como el anticristo que ha de venir. Uno de los problemas de este interés desmesurado por conocer la identidad del engendro de Satanás es que la gente actúa en la perspectiva-anticristo de que nos hablara Juan. Han colocado a Satanás antes que a Jesucristo como el objeto de estudio de las Escrituras; su primordial interés ha llegado a ser la satisfacción curiosa de la identidad a la que solamente llegan por adivinanza. Se actúa con mentalidad de anticristo cuando se coloca en lugar de Cristo a un personaje que es su opuesto; el objeto de interés primordial de las Escrituras es suplantado por uno antagónico.

¿Cómo puede ser llamado el rescate de Jesucristo a su pueblo la esperanza bienaventurada, si la esperanza está puesta en descubrir subjetivamente al desolador? Tal vez los medios de comunicación son corresponsables en despertar tal interés por este personaje macabro; las mismas iglesias se animan a elaborar listas de los candidatos a anticristo de turno. El que muchos hayan caído en ese error interpretativo desde épocas muy distantes -pues se creía que Nerón era el anticristo- no nos da pie para seguir en el desvarío casi esotérico de la adivinanza para identificar a este personaje. Se olvidan quienes tal hacen que la Biblia no nos conmina a descifrar quién es el anticristo, sino que lo describe para apuntar lo que habrá de acontecer sobre los que moran en la tierra durante el período de la semana setenta relativa al pueblo de Israel, descrita por Daniel.

Si predicamos a Jesucristo como la promesa cumplida de Dios hecha en el Génesis 3:15, lo hacemos para honrar su nombre; lejos esté de nosotros el estar comerciando con el temor que infunde un personaje tan macabro para ganar adeptos a las filas de la iglesia. Es preferible guardarse de tener la actitud de anticristo por el perverso deseo de descubrir al inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás. Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe (Hebreos 12:2); No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo (1 Juan 2:15).

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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