Viernes, 15 de febrero de 2013

El Dios hecho carne, el Verbo de Dios, dijo categóricamente que nadie podía ir al Padre si no es a través de él. Semejante declaración puede ser valorada como sectarismo absoluto. También puede ser considerada como una declaración de verdad, sin la cual nadie podrá ver al Señor. La proposición lingüística hecha por Jesús se puede cotejar por estas dos vías: 1) percibida como una declaración sectaria; 2) recibida como una manifestación de la verdad. Sin embargo, se podría argüir una tercera: 3) es una declaración metafórica en el sentido en que el Dios de amor no excluye culturas ni grupos humanos, y siempre está dispuesto a recibir a todos aquellos que tienen deseos de conocerle.

Los que sostienen que Jesús fue sectario tienen todavía dos opciones para continuar con esa proposición. En primer lugar estamos los que creemos que no hay otro camino para ir al Padre, sino es a través del Hijo. El sectarismo no es en sí mismo falso, sino que puede ser una evocación de la verdad. Ya lo dijo él mismo: Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre, sino por mí (Juan 14:6). En segundo lugar están aquellos que por considerar sectaria tal proposición se alejan del Mesías dogmático y en consecuencia juzgan al cristianismo como una religión insensata y enemiga de la creatividad espiritual.

Los que afirmamos que ésta es una declaración de la verdad podemos incluirla como sectaria, pero válida como se dijo antes. Pero ante esta aseveración aparece el otro grupo  que niega el sectarismo per se del Hijo de Dios, de manera que declaran metafórico el sentido de sus palabras. Por ejemplo, dicen que el Hijo es un Mesías enviado por Dios al mundo judío, de lo cual deriva el cristianismo. Sin embargo, muchas grandes poblaciones quedaron fuera de este anuncio, por lo cual han aparecido otros avatares, enviados de Dios que anuncian una ética mínima para que el hombre se redima. En este grupo están incluidos aquellos que sostienen que el afán de Dios por salvar el mundo amerita una variada metodología que no se circunscribe por fuerza a Jesucristo como enviado, sino a muchos Cristos o Mesías, a muchos ungidos a través de los tiempos.

Por supuesto, esta última interpretación es completamente humanista y más  aceptable que la proposición sectaria, a pesar de no ser verdad. El evangelista contemporáneo Billy Graham lo ha declarado de tal forma, pues sostiene que no se llega al cielo solamente a través  de Cristo, sino aún más allá de él. Tampoco el cristianismo como religión es fundamental, ya que Dios mira  en el budismo, en el Islam, en el sintoísmo, etc. Dios está pendiente de las buenas voluntades humanas para reunir aquellos corazones que le buscan y le adoran. Esta ha sido en alguna medida la tesis católico-romana, a pesar de que ellos sostienen que la salvación se adquiere solamente a través de la iglesia. Ellos están mirando al sincretismo religioso que presupone la convergencia de muchos caminos en uno solo, como la otra variable para alcanzar al hombre para Dios.

El problema de estas tesis desviadas de la declaración bíblica es que se confrontan con la revelación misma. Dios no está ansioso por salvar al hombre, no envió a su Hijo para que todo el mundo sin excepción sea salvo por él. Más bien, el ángel le dijo a José que le tenía que poner al niño el nombre Jesús, ya que él salvaría a su pueblo de sus pecados. El profeta Isaías anunció que el Mesías salvaría a muchos; nunca a todos. Los apóstoles declararon la soberanía absoluta de Dios en toda materia; Pablo resaltó que Dios había salvado a Jacob pero condenado a Esaú, mucho antes de que hiciesen bien o mal, a través de la elección.

Como la proposición bíblica es abundante y contundente contra los disparates interpretativos, se arremete contra la elección diciendo que ella existe porque Dios miró a través del tiempo y supo de antemano quiénes le habrían de recibir con agrado. Pero esto niega otras proposiciones bíblicas, como por ejemplo: 1) que la elección se hizo antes de la fundación del mundo, de acuerdo al propósito eterno e inmutable de Dios, quien había preparado al Cordero para tal fin (1 Pedro 1: 20); 2) que si el Cordero estuvo preparado antes de la fundación del mundo, la caída de Adán estuvo prevista, y no fue objeto de una respuesta tipo plan B; 3) que si por definición Dios es justo y santo, entonces no puede Él plagiar al hombre para pretender ser profeta. En este punto, es imposible que Dios mienta, y si Él ha declarado profecías, éstas no pueden validarse como tales si han sido un calco y copia de lo que el hombre iría a ser y hacer; al contrario, el hombre hará y será aquello que está profetizado que haga y sea, porque Dios ha creado el futuro y no tiene necesidad de mirar cual mago en una bola de cristal la voluntad humana para adivinar el actuar del hombre y después declararlo; 4) la Biblia ha dicho en Apocalipsis 13: 8 y 17: 8 que los habitantes de la tierra adorarán a la bestia, pero lo harán solamente aquellos cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida del Cordero desde la fundación del mundo. Esto presupone la planificación absoluta del destino humano, tal como Dios lo ha declarado; 5) que a lo largo de las Escrituras se enfatiza en que Dios hace lo bueno y lo malo (Amós 3:6), y aún ha preparado al malo para el día malo (Proverbios 16:4); 6) que a través del Espíritu, el apóstol Pablo presenta al objetor en el capítulo 9 de su carta a los romanos, lo cual implica que si objeta es porque valida la irresistible voluntad de Dios al declarar los destinos humanos aún antes de que el hombre hiciese bien o mal; 7) que ni el hombre ni los ángeles fueron consultados durante la creación, por razones obvias, lo cual deja por fuera el sentido democrático que se le pretende dar a Dios como Creador; 8) que Jesucristo no rogó por el mundo, sino solamente por los que el Padre le había dado -los que ya habían creído y los que habrían de creer por la palabra de ellos; 9) que la expiación de Cristo en la cruz es limitada a los que el Padre le dio -pues aún bajo el supuesto negado y falaz de que el Padre hubiese visto el futuro en los corazones humanos, no tendría sentido que su Hijo muriera en expiación por todos sin excepción, ya que en Dios no hay desperdicio ni tentativas fallidas, pues que es un Ser Perfecto.

No existe otro mediador entre Dios y los hombres, sino Jesucristo hombre. Es del todo falso y contradice las Escrituras el buscar a María como intercesora, pues ella fue un ser humano como cualquiera. Ninguno de los ángeles o apóstoles puede interceder a favor nuestro. No hay tal cosa como un acercamiento a Dios que conlleve a salvación, pues el hombre está en enemistad contra el verdadero Dios de la Biblia. Tan enemistado está que tiene que configurarse un dios a su medida para hacer el simulacro del acercamiento. Por eso el Dios de la Biblia resulta en muchas ocasiones totalmente distinto a los dioses que concibe la mente humana. No en vano se nos recomienda continuamente a guardarnos de los ídolos.

El círculo es completo: nadie va al Padre sino a través del Hijo, pero nadie va al Hijo si el Padre no lo lleva hasta Él. ¿Por qué, pues, no conduce a todos sin excepción? No es por falta de poder o de colaboración humana, pues nosotros no colaboramos mientras estuvimos muertos en nuestros delitos y pecados. Fue el nuevo nacimiento operado en nosotros el que nos capacitó para hacer de buena gana su obra. Nadie tiene de qué jactarse frente a otro, en el alegato de que sí colaboró con Dios; si le amamos a Él es porque Él nos amó primero. Entonces, ¿por qué, pues, inculpa? Pues, ¿quién ha resistido a su voluntad? Esta es la gran pregunta hecha en la misma Biblia, con una gran respuesta: ¿Quién eres tú para que alterques con Dios? ¿Podrá la olla de barro decirle a su alfarero, por qué me has hecho así? El alfarero tiene potestad para hacer un vaso para honra y otro para deshonra, uno para ira y otro para ser objeto de su gloria y misericordia. ¡Ay del que pleitea con su Hacedor! El tiesto con los tiestos de la tierra. Asimismo, a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. ¡Oh profundidad de las riquezas y de la sabiduría de Dios! Sus juicios son incontables y no tiene consejero.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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