S?bado, 09 de febrero de 2013

La presente época es mala y está bajo el dominio de Satán, quien es su dios.   En este mundo el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios (2 Corintios 4:4). Esta era está marcada por oscuridad espiritual (Efesios 6:12), la cual produce su propia sabiduría y no tiene luz (1 Corintios 2:6-7). Este conjunto de características genera injusticia e impiedad.  No fue en vano que Jesucristo anunciara como profeta lo que acontecería en estos últimos tiempos: y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará (Mateo 24:12).

Pero ¿cómo conocer que estamos viviendo en los tiempos en que esta profecía habría de cumplirse? ¿Cuál es la diferencia entre la era presente y las anteriores, y qué la hace tan particularmente maligna? Anteriormente Cristo fue anunciado o anticipado, pero en la presente era él vino y padeció entre los hombres hasta la muerte. Si bien ha resucitado y está a la diestra del Padre, el hecho mismo de que se haya cometido el asesinato contra el Hijo de Dios marca a esta época como especialmente maligna. Por otro lado, sobreabunda la masa de los que continúan odiándolo por la acusación ética y moral que representa su luz. La era actual también está marcada por la presencia del Espíritu Santo en la iglesia, ya que en épocas anteriores solamente les era dado el Espíritu a ciertas personas (profetas y algunos reyes de Israel, por ejemplo) para manifestar una unción especial. Si anteriormente el anuncio de la redención estuvo circunscrito al pueblo de Israel, con Jesucristo se abre el lapso de los gentiles, el de las gentes no judías. Asimismo, el favoritismo para con el pueblo de Israel entró en un receso de reprensión, hasta que la plenitud de los gentiles se complete. Esto no quiere decir que Dios haya olvidado a su pueblo político o histórico, sino que por su desobediencia entró la gracia al mundo no judío, para provocar a celos a Israel (Romanos 11).

La revelación anterior a la venida de Jesucristo estuvo signada por ser incompleta. La misma iglesia fue un misterio hasta que fue revelado por vía apostólica a los hombres; ahora Cristo ha venido para dar a conocer al Padre, hecho que completa la revelación de Dios. Pero la razón fundamental por la cual en esta presente era existe tanta maldad radica en el antagonismo contra Dios y su Ungido. El hecho de que la luz haya venido al mundo hizo que el hombre se volcara con mayor ímpetu hacia las tinieblas, temiendo que sus obras malas fuesen exhibidas por esa luz. Sin embargo, en estos últimos tiempos, las malas obras de los hombres son exhibidas con orgullo, en un acto hipócrita donde se pretende que no importa la luz ni se teme a su brillo. En este sentido, muchos frenos sociales o legales han sido puestos de lado para validar como derecho elemental humano lo que ha sido condenado por la luz de Dios desde siempre.  Basta con mirar los medios de comunicación para comprender la exhibición del crimen, la lascivia, la mentira como mecanismos naturales humanos que han de ser respetados.

Como el Hijo del Hombre vino a esta tierra a buscar lo que se había perdido, el dios de este siglo también ha buscado lo suyo, lo que le pertenece. El libro de Apocalipsis en capítulo 13 y 17, versos 8 en ambos, resalta el hecho de la gente cuyos nombres no fueron escritos en el libro de la vida desde la fundación del mundo, gente que adorará a la bestia y le rendirá su tributo. Ellos dirán: ¡quién como la bestia!  En la célebre tentación de Jesús, el diablo le dijo que le daría todos los reinos de la tierra si postrado le adoraba. Jesús le respondió que era mandato bíblico el adorar solamente al Señor nuestro Dios, pero no le objetó el que los reinos y principados del mundo fuesen de él. Esto nos deja claro que Satanás es el príncipe de un mundo esclavizado por el pecado, entregado a la oscuridad enemiga de la luz, con gente que por naturaleza son hijos de la ira. En su feudo él gobierna como príncipe y los habitantes de ese mundo son sus súbditos y esclavos. No obstante, el rey de reyes no es Satanás; de manera que aún su principado tiene control soberano de Dios, quien ha hecho al malo para el día malo (Proverbios 16:4).

La iglesia  estuvo oculta como un misterio en las épocas anteriores, como lo anuncia Pablo en Colosenses 1: 26-27: el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria. En este sentido, no todas las eras fueron idénticas en materia espiritual, pues la época de la iglesia ha sido especial en cuanto al Espíritu Santo dado a cada creyente (quien no tiene el Espíritu de Cristo no es de él -Romanos 8:9). Asimismo, otros misterios han sido revelados en la presente era: de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas (Efesios 3:9). Estos misterios una vez revelados son manifestados a toda la tierra, no como los misterios babilónicos cuya revelación causaba la pena de muerte. Los misterios declarados en la Biblia para la presente era permanecen ocultos para el hombre natural, que no puede discernir las cosas espirituales: Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente (1 Corintios 2:14). Sin embargo, estas cosas del Espíritu son anunciadas por doquier, para que los que sean despertados por el mismo Espíritu obtengan el debido beneficio, si bien muchos de los que oyen no entienden porque estas cosas les parecen locura, o les resulta injusto (Romanos 9: 19) lo anunciado en la revelación.

Aún la maldad fue predicha que aumentaría y que traería como consecuencia el enfriamiento del amor. Todos andamos a la defensiva, pues no vaya a ser que por ayudar a otros nos metamos en problemas. Lo curioso es que esto sería visto como un indicativo de los tiempos del fin. Del Mesías dijeron que hacía milagros gracias al demonio; semejante acusación fue única y en extremo blasfema. Tanto lo fue que Jesucristo declaró que semejante pecado no sería perdonado ni esta vida ni en la venidera. En aquel momento histórico fueron los judíos quienes se lo dijeron, pero hoy día gente no judía sostiene igualmente que Jesús y Lucifer son la misma persona o tal vez sean hermanos. En otros términos, colocan a Jesús como a la diosa Juno, con dos rostros, ambos mirando en sentido opuesto.

El denominado sincretismo religioso busca juntar estas dos categorías contrarias. Por  ejemplo, se reúne en un grupo a las cuantiosas divinidades paganas, para darles después un nombre bíblico y hacer que las masas interpreten que se trata de las mismas personas mencionadas en las Escrituras. No obstante, ellos pasan por alto la prohibición de adorar a dioses ajenos a Jehová, así sean estos seres humanos. Es decir, que esta generación de estos tiempos muestra su perversión en forma similar a como lo hicieron sus predecesores judíos. Anuncian con sus proclamas y actos de adoración que Jesucristo es el mismo muñeco de cerámica o madera que adoran. De igual forma, la virgen María ha pasado a ser el centro de la religión oficial cristiana católico-romana;  una simple mortal convertida en madre de Dios (TEOTOKOS), corredentora, ascendida a los cielos en forma especial, reina de las regiones celestes e intercesora. Estos son apenas pocos títulos contentivos de cualidades divinas dados a una reina del cielo, como la antigua Astarté mencionada en las Escrituras. La Biblia dice que hay un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo; pero estos hombres de ahora le dejaron ese rol a la virgen María. La Biblia dice que Dios es eterno, pero estos le colocaron una madre. La Biblia también declara que todos los seres humanos somos pecadores, pero estos señores de la religión han proclamado que la virgen María fue sin pecado concebida. Aparte de los otros hijos que María tuvo (Mateo 13:53-58), ella dejó de ser virgen por haberse unido a José su esposo (pues José no se uniría a su mujer hasta que diera a luz al niño -Mateo 1:25); sin embargo, la religión del paganismo cristiano ha declarado que María siguió siendo virgen después del parto.

La claridad doctrinal se ha pervertido en forma de teologías torcidas. En muchas iglesias protestantes se declara que Jesucristo murió por cada persona del planeta, sustituyendo a cada habitante de la tierra en la muerte de cruz. Si Jesucristo expió sus pecados, ¿cómo es que muchos perecen eternamente? ¿Cómo es que muchos mueren sin siquiera haber escuchado el anuncio de que sus pecados fueron perdonados en la cruz del calvario? Ya que la Escritura ha declarado que Cristo anuló el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria (Colosenses 2:14), esto es una realidad para cada hermano representado en Jesucristo; pero si Jesucristo representó a todos los hombres, sin excepción, entonces el acta de los decretos que nos era contraria fue anulada en todos ellos, sin excepción. De allí que no se entiende como la Escritura declara que existe un infierno donde van los muertos cuyos pecados no fueron perdonados, si al mismo tiempo declara anulada el acta de los decretos contra nosotros. Pero aún así, aunque sea contra la lógica elemental, estos mentirosos de ahora sostienen que esa es la teología a seguir, pues es la que a la mayoría le agrada por parecerle más justa.

En síntesis, si quisiéramos corroborar las palabras de Jesús, acerca de la maldad aumentada en nuestro tiempo, bastaría con dar un vistazo a la discrepancia entre la doctrina bíblica y la doctrina eclesiástica. Son dos caminos opuestos como los rostros de la diosa pagana Juno. Son dos miradas contrarias que el hombre contemporáneo debe contemplar como si fuese una sola visión. Pero tal parece que para esto también fueron reservados, ya que la teología del disparate los gobierna, pues su ceguera espiritual no les permite discernir las cosas del Espíritu de Dios. Estos son los tiempos que imperan y debemos transitar con cautela en un mundo que distorsiona la verdad a su antojo, llamando a lo bueno malo y a lo malo bueno.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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