Mi?rcoles, 30 de enero de 2013

Esta interrogante cobra importancia en medio de un planeta social y colectivo. El énfasis colocado en las relaciones sociales de igualdad con oportunidades para todos ha hecho pensar que Dios debe tener un comportamiento similar al de sus criaturas. La humanidad marcha hacia una sociología igualitaria, en una lucha continua contra los que hacen inalcanzable su objetivo. Sin embargo, el planteamiento de las Escrituras no cambia, sino que se mantiene como un monumento a la soberanía absoluta del Dios invisible.

Hay gente que se molesta con la forma y contenido de la Biblia. Estos dicen que si Dios tuviese un jefe de relaciones públicas lo primero que haría sería retirar las Biblias del mercado. Se molestan con algunas expresiones contra la conducta de las mujeres en la iglesia, o a favor de su sujeción a sus maridos, que serían un ejemplo de la discriminación social en base al sexo (que ellos llaman género) exhibido en la palabra revelada. Asimismo, alegan que Dios tuvo que pedir conceptos prestados a ciertos pueblos para exponer la visión sobre Sí mismo.

En materia de predestinación la opinión no es diferente, más bien se acentúa la crítica por declarar que es injusto que la gente nazca con un destino a cuestas, sin oportunidades de cambiar. Da igual que uno argumente que el hombre no tiene potestad para cambiar -en materia del espíritu- aunque Dios lo hubiese hecho libre, lo que importa es que no exista infierno o castigo eterno. Por eso han surgido corrientes teológicas que proponen a un Dios que no castigará eternamente a sus criaturas, ya que eso contradiría la definición de Dios como amor (los adventistas).

Pero entre los que sostienen que Dios predestinó a unos para vida eterna y a otros para condenación eterna se está proponiendo un argumento acerca de la expiación ilimitada de Cristo en la cruz. En otros términos, el Hijo de Dios murió por todos sin excepción, haciendo posible la salvación a cada miembro de la raza humana que quiera aceptar esta oportunidad. Una ley de mercado se hace presente con la libre oferta de un producto para todo aquel que quiera demandarlo.  Con esta proposición se equilibra la paz social de una sociedad global y colectiva, cada día más dada a la equidad en materia de oportunidades. 

En apoyo a esta tesis sus defensores citan textos que convienen como elementos probatorios. Con ellos pretenden borrar las dudas, aunque se deje una estela de contradicciones con el resto de las Escrituras. Sabemos que la palabra de Dios no puede contradecirse, ni presentar paradojas; lo que es revelado ha dejado de ser un misterio, de manera que las proposiciones bíblicas han de mostrar siempre una transparencia lógica que es reflejo de un Dios a quien también se llama Logos.  Entonces, ¿es ilimitada la expiación?

Si la expiación fuese ilimitada caeríamos en el universalismo. En el entendido de que Cristo expió con su sangre y su muerte en el madero la culpa de su pueblo (Mateo 1:21), por extensión universal expiaría a cada miembro de la raza humana. Uno de los absurdos de esta tesis deja ver a un Dios que perdona a la humanidad pero después inculpa si la humanidad no acepta el perdón. En cualquier sistema judicial, la libertad otorgada al reo no depende de si éste la acepta, ya que es materia jurídica y procesal del Estado. Le guste o no el reo no puede permanecer más en prisión una vez que se la concedido la libertad plena. Es posible que no quiera irse de la cárcel, porque no sabe qué hacer en otro ambiente, pero el Estado no concederá que se quede detrás de las rejas. De la misma forma, si Dios perdonó a la raza humana representada en Su Hijo en la cruz, no hará depender este perdón absoluto de la voluntad del liberado.

La suposición del libre albedrío humano es de tal envergadura que se permite que prevalezca la opinión y la voluntad del preso liberado por el Estado, no al Estado que libera. De igual manera, el Dios de la Biblia se ve ridículamente derrotado en sus planes eternos, porque habiendo querido la liberación de su criatura ésta le detiene su mano y le dice: 'Epa, ¿qué haces?'. Sin el consentimiento del pecador no puede haber remisión de pecados, dice esta teología. Esta tesis no da cuenta de los muchos que han muerto sin siquiera escuchar acerca del perdón universal obtenido por Jesús en la cruz. En algún sentido habrá sido mejor para ellos, ya que se alegaría a su favor el hecho de que nunca rechazaron tal proposición de perdón. Pero de esta manera llegaríamos a otro absurdo: deberíamos dejar de anunciar el evangelio, ya que mientras más ignorancia haya del mismo menos chance habrá de negar el perdón otorgado.

LO QUE LA BIBLIA ENSEÑA.

1) El ángel le dijo a José qué nombre habría de ponerle al niño: se le pondría Jesús, porque él salvaría a su pueblo de sus pecados. Interesante que no dijo que salvaría a cada miembro de la raza humana, sino a su pueblo. Esto quiere decir que existe otro renglón de gente que no forma parte de su pueblo (Mateo 1:21). De la misma manera, Isaías expuso en su libro que este siervo vería el fruto de la aflicción de su alma, y quedaría satisfecho. Es muy importante esta otra parte: quedaría satisfecho con su fruto. Jesucristo no quiere más, simplemente quiere su fruto. ¿Y cuál es su fruto? Por su conocimiento justificará mi siervo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos. De nuevo, en el siguiente verso, se menciona el adjetivo que implica abundancia,  que excede a lo ordinario: habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores (Isaías 53:11-12).

2) Jesucristo dijo que había algunos que no creían en él porque no eran de sus ovejas (Juan 10:26). Ser oveja precede al creer, de manera que eso depende de una voluntad anterior a la oveja misma. La oveja no decide ser oveja, simplemente es lo que es. En este sentido, el pastor llama a las ovejas por su nombre y saca a las propias, para ir delante de ellas. Las ovejas le siguen porque conocen su voz, no la de los extraños (Juan 10: 1-5). Jesús le dirá en el día final a un grupo de creyentes cabras que se aparten al fuego eterno (Juan 10: 41), pero a sus ovejas las pondrá aparte para decirles: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo (Juan 10: 34 y 41).

3) La expiación limitada se demuestra también en el hecho de que Jesús pondría su vida solamente por las ovejas: Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas ...  así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas (Juan 10:11 y 15).

4) En la oración sacerdotal de Jesús, poco antes de su muerte en la cruz, dijo enfáticamente:  Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son (Juan 17:9). Si Jesucristo está a la diestra del Padre intercediendo por nosotros (su pueblo), ¿cómo es que poco antes de morir dejó afuera al mundo y rogó solamente por los que el Padre le había dado? Recordemos que aquellos que el Padre le había dado no eran solamente sus discípulos, sino todos aquellos que habrían de creer por la predicación de ellos (Juan 17: 20):  Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos. Es decir, Jesús rogó por un grupo, pero dejó claramente a otro grupo por fuera. ¿Por qué no aprovechó la oportunidad de incluir a todos sin excepción en su oración intercesora?  El sabía que el Padre siempre lo escuchaba, pero no rogó por todos porque esa no era la voluntad del Padre, la cual Él siempre se gozaba en hacer.

5) Todo lo que el Padre me da vendrá a mí, y el que a mí viene no le echo fuera. Pero nadie viene a mí, si el Padre que me envió no lo trajere (Juan 6: 44 y 37). Con esta claridad se expresó frente a un grupo de seguidores, que eran incluso sus discípulos, quienes tenían varios días escuchándole. Muchos de ellos habían comido de los panes y los peces y se habían quedado maravillados con sus milagros y enseñanzas. Sin embargo, parece ser que no era suficiente con ser discípulo voluntario ya que al oír sus palabras, acerca de que nadie podía ir a Él si el Padre no lo trajere, muchos de sus discípulos dijeron: Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír? (Juan 6:60). De allí que Jesús entendió que ellos estaban ofendidos por la predestinación y la soberanía absoluta de Dios (verso 61), ya que a pesar de su discipulado no podían creer (verso 64). De esta manera les reiteró: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre (verso 65).

Ciertamente, la Biblia dice mucho más acerca de la expiación limitada de Jesucristo. Baste con estos versos para comprender esta gran verdad; pero sirva también de ejemplo la realidad que vemos desde hace siglos: que muchos mueren en sus pecados y no aceptan la verdad del evangelio. Esto es prueba suficiente de que Jesucristo no murió por sus pecados, de lo contrario habrían creído y serían redimidos y no condenados.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 12:29
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