S?bado, 12 de enero de 2013

Para interpretar la  Biblia han aparecido muchos métodos, el gran problema es recomendar el mejor. No obstante, a pesar de la cantidad de variantes interpretativas existentes, parece ser que se pueden reducir todos ellos a dos sistemas opuestos: el sistema literal y el alegórico. Empecemos por definir lo que significa cada uno de ellos.

LITERAL:

Es llamado también histórico-gramatical, ya que procura darle a cada palabra el sentido ordinario que el escritor u orador quiso hacer de los vocablos. De allí que cobre vigencia el aspecto gramatical del texto tanto como el momento histórico en que se produjo. De suma importancia es tener en cuenta desde ahora que el método literal no excluye el sentido alegórico que pueda provenir del discurso interpretado. En ocasiones se habla de tipo, anti-tipo, parábolas, figuras, pero todo ello deriva de la literalidad del texto. Fuera del texto no hay salvación, dijo un célebre semiótico (Greimas).

Todas las lenguas usan un sentido de aproximación literal a sus textos; los símbolos, tipos, alegorías, parábolas, dependen del texto en su aspecto literal o del sentido de sus términos; este método pone límite a la libre ocurrencia imaginativa; si la Biblia es la palabra de Dios, nadie mejor que Él para querer decir con sus palabras lo que pretendió decir. En otros términos, el Espíritu Santo guió a los hombres hacia la verdad y los apartó del error, mientras los inspiraba para que escribieran la palabra revelada.

Una de las más fuertes evidencias del método literal empleado en la Biblia es el uso que del Antiguo Testamento hace el Nuevo. Por ejemplo, la venida de Cristo se cumplió en forma literal, tal como se anunció desde siglos atrás; asimismo su vida y su muerte. Solamente el día de la crucifixión de Jesucristo se cumplieron literalmente alrededor de cuarenta profecías.

ALEGORICO:

Este es el método que interpreta un texto tomando lo literal como el vehículo que conduce a la vía del sentido profundo o espiritual. Acá las palabras originales tienen muy poca importancia, dando paso a la libre interpretación. Las dificultades teológicas pueden ser obviadas y por esta vía se acude a la alegoría para soslayar los problemas interpretativos que el texto genera. El contexto o historia y el análisis gramatical son puestos de lado al servicio de la imaginación del intérprete. Lo que hoy día se llama hermenéutica, dentro del análisis discursivo, es un ejemplo fidedigno de este método. En una obra de arte -que sería el texto o tesitura- el intérprete alegórico apela a los sentimientos subjetivos y puede decidir si la obra le gusta o le disgusta. Más allá de eso, logra realizar juicios de valor acerca de la manifestación artística, prescindiendo del interés del autor, de sus medios empleados y de lo que la ciencia artística pueda indicar. Para el intérprete libre la obra es un pretexto que le da rienda suelta a la manifestación de su imaginario cultural. De esta forma, la base de la exposición se encuentra solo en la mente del expositor, del que hace la interpretación.

A pesar de todo esto, la Biblia contiene en algunas ocasiones alegorías, pero eso no implica que el método de interpretación tenga que ser el alegórico. En algunas ocasiones la alegoría es simple, pura, directa, sin ninguna referencia externa, como el caso de la parábola del hijo pródigo. En otros casos la alegoría apunta a una  relación externa del texto, como cuando Pablo expone en los Gálatas la alegoría de Sara y Agar, representando dos pueblos: el celestial y el terrenal. Pero en general, la interpretación figurativa o espiritual vacía el sentido gramatical e histórico de las palabras, para cargarlas con el sentido arbitrario del intérprete o de la escuela interpretativa que pretende vender su ideología. El método alegórico puede ser usado para pervertir las Escrituras, pues añade privacidad al texto y no se atiene a lo que la letra, la palabra y su gramática así como su contexto histórico señalan.

Se argumenta que el Nuevo Testamento usa en forma amplia el método alegórico, por lo cual ese debe ser la mejor vía para la interpretación. En Gálatas 4:21 - 31, Pablo habla de la alegoría, como ya mencionamos antes. Pero apenas en todo el Nuevo Testamento se encuentra un caso de alegoría, y se menciona específicamente para interpretar lo que nos fue dado alegóricamente, por lo cual no parece que sea ésta la forma esencial de interpretación de los escritores bíblicos. Además, la historia entera referida a Sara y a Agar no se trastoca con la inferencia alegórica hecha por Pablo, respecto a que ellas representan dos grandes grupos de personas. Sin lugar a dudas, cuando examinamos esa historia acontecida en la época de Abraham, Sara era la mujer libre de la promesa, mientras Agar fue la mujer esclava al servicio de Abraham y de Sara. La historia entera queda intocable y no varía en nada cuando Pablo refiere que esas dos mujeres hacen alusión a nuestra libertad en Cristo, y a la esclavitud de la carne. Porque está escrito que Abraham tuvo dos hijos; uno de la esclava, el otro de la libre. Pero el de la esclava nació según la carne; mas el de la libre, por la promesa. Lo cual es una alegoría, pues estas mujeres son los dos pactos; el uno proviene del monte Sinaí, el cual da hijos para esclavitud; éste es Agar. Porque Agar es el monte Sinaí en Arabia, y corresponde a la Jerusalén actual, pues ésta, junto con sus hijos, está en esclavitud. Mas la Jerusalén de arriba, la cual es madre de todos nosotros, es libre. Porque está escrito: Regocíjate, oh estéril, tú que no das a luz; Prorrumpe en júbilo y clama, tú que no tienes dolores de parto; porque más son los hijos de las desolada, que de la que tiene marido. Así que, hermanos, nosotros, como Isaac, somos hijos de la promesa. Pero como entonces el que había nacido según la carne perseguía al que había nacido según el Espíritu, así también ahora. Mas ¿qué dice la Escritura? Echa fuera a la esclava y a su hijo, porque no heredará el hijo de la esclava con el hijo de la libre. De manera, hermanos, que no somos hijos de la esclava, sino de la libre.

Como dice el refrán popular: una golondrina no hace verano. No podemos decir que por una alegoría descrita por Pablo en forma muy específica, que no altera el sentido de los hechos ni la letra de los mismos, el Nuevo Testamento trabaje con alegorías. De la misma forma, la escasa referencia hecha por el mismo apóstol a algún poeta pagano citada en sus cartas no presupone la inspiración divina en tales poetas. El que Pablo o el resto de los escritores del Nuevo Testamento usen el griego como lengua vehicular, no implica que la lengua griega sea una lengua inspirada por Dios, ni que sea una lengua celestial. Debemos ser muy precisos a la hora de separar los elementos de la estructura discursiva, para no exagerar con la deducción equivocada de la alegoría como método interpretativo en la Biblia.

Ni Jesucristo ni sus apóstoles utilizaron este método, a pesar del uso de parábolas, metáforas o figuras discursivas. El empleo de una alegoría no presupone emplear el método alegórico como norma interpretativa, antes bien implica que es posible utilizar los recursos del lenguaje para la organización del discurso bíblico. La misma Escritura nos enseña que ella no es de interpretación privada, sino que el Espíritu nos ha de llevar a toda verdad y nos enseñará la palabra de Cristo. ¿Cómo podría esto ser posible si a cada frase correspondiera un abanico alegórico susceptible de cambiar, de acuerdo a la libre interpretación del lector?

Los tipos del Antiguo Testamento que encuentran sus antitipos en el Nuevo, o a la inversa, los tipos encontrados en el Nuevo que estaban como antitipo en el Viejo, no presupone el uso de la alegoría interpretativa. Cuando se interpreta a los tipos, la eficacia de esos tipos depende absolutamente de sus antecedentes literales. De no existir un paralelismo literal entre el tipo y el antitipo, para que haya verdadera concordancia y coordinación entre ambos, nos perderíamos en medio de la selva de la libre interpretación alegórica.

Si la Biblia dice que Dios nos escogió desde antes de la fundación del mundo, para hacernos objetos de su gloria, eso puede considerarse un tipo de lo que habrá de acontecer en esos escogidos. La predicación del evangelio, el nacer de nuevo (como obra del Espíritu), la fe -que nos ha sido dada- construyen el antitipo que se confronta con su modelo. De esta forma, la literalidad de ambas acciones, una en la eternidad y otra en la historia, contribuyen a la adecuada interpretación de la palabra revelada.

En el libro de Los Hechos de los Apóstoles podemos leer que el Señor añadía a la Iglesia cada día los que habrían de ser salvos. A pesar de que muchos (no todos) son los llamados, solamente son pocos los escogidos. Son precisamente esos escogidos desde la eternidad por el Padre los que aceptan con regocijo el mensaje de salvación, pues en su tiempo el pueblo de Dios actuará de buena voluntad. Los muertos en delitos y pecados, los que son hijos de la ira, lo mismo que los demás, los que eran seducidos por el príncipe de este mundo se tornan arrepentidos y creyentes cuando llegado su momento la palabra les es anunciada eficazmente. Recordemos que el Señor envía su palabra y ella hará lo que tenga que hacer; todo ello se da en una clara coordinación entre tipos y antitipos, entre propósitos eternos de Dios y conciertos históricos manifestados en el espacio y el tiempo. Unos son hijos de la promesa, otros de la esclava.

La relación de literalidad entre las promesas de Dios y su cumplimiento es de tal exactitud que la profecía en general se cumple a cabalidad. Esto no implica que la Biblia no contenga figuras, metáforas, parábolas o alegorías, sino que en cada momento en que aparecen es la palabra literal la que lo indica. Cuando en la Biblia se habla del cuidado de Dios para sus hijos y lo compara con el cuidado de una gallina que protege a sus polluelos bajo sus alas, está implicando un símil. Entendemos el símil gracias a la literalidad de las palabras, comprendemos el significado por medio del contexto y la gramática. Es gracias al contexto que no nos confundimos como para suponer que Dios es en efecto una gallina. El asumir la interpretación literal no nos evita el símil, la metáfora o cualquier otra figura literaria. Y en materia de profecía la palabra escrita en su contexto y de acuerdo al uso gramatical es el mapa con que nos orienta el Espíritu para la comprensión de la revelación.

Toma sentido, una vez más, las palabras del apóstol Pedro cuando exclamó que las profecías no son de interpretación privada, esto es, no se interpretan alegóricamente con supuestos o subterfugios subjetivos que dejan de manifiesto una orientación ideológica personal o de grupo. Ni una jota ni una tilde dejará de cumplirse en la Palabra de Dios, fue también una sentencia final de Jesucristo. Es más, también dijo que el cielo y  la tierra pasarían, pero sus palabras jamás. ¿Cómo puede ser esto posible si interpretamos sus palabras alegóricamente? Es por ello que el método literal es el adecuado para entender las Escrituras, pero esto no quiere decir, como muchos erróneamente suponen, que la Biblia no contenga alegorías, parábolas, símiles o cualquier otro tipo de figura literaria.

El camino de la interpretación literal no presupone descartar las figuras literarias, antes bien, el texto indica cuándo aparece tal figura y el contexto nos indica su intención. Asimismo, los parámetros gramaticales de la literalidad sirven de orientación lógica para que el intérprete se acerque a la verdad. El que la verdad a algunos o a muchos no les guste no es pretexto para echar mano del método alegórico, sino que es más bien deshonesto. No en vano se dijo que la verdad nos haría libres, pero que el enemigo de las almas es el padre de la mentira.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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