Mi?rcoles, 09 de enero de 2013

Dentro de la cultura cristiana ha existido una práctica de idolatría que supone una desobediencia abierta al mandato de Dios. El esculpir una imagen y darle un nombre bíblico no hace al muñeco formado la imagen de Dios. La prohibición bíblica a adorar imágenes es absoluta, si bien muchos intérpretes pretenden hacer distinción entre venerar y adorar. Dicen que ellos veneran pero no adoran. Ambas cosas están prohibidas, por similares.

El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua nos define de esta manera los dos términos:

Venerar:

(Del lat. venerāri).

1. Respetar en sumo grado a alguien por su santidad, dignidad o grandes virtudes, o a algo por lo que representa o recuerda.

2. Dar culto a Dios, a los santos o a las cosas sagradas.

Adorar:

(Del lat. adorāre).

1. Reverenciar con sumo honor o respeto a un ser, considerándolo como cosa divina.

2. Reverenciar y honrar a Dios con el culto religioso que le es debido.

3. Dicho de un cardenal: Postrarse delante del Papa después de haberle elegido, en señal de reconocerle como legítimo sucesor de San Pedro.

4. Amar con extremo.

5. Gustar de algo extremadamente.

6. orar (hacer oración).

7. Tener puesta la estima o veneración en una persona o cosa. Adorar EN alguien, EN algo.

Si después de leer las definiciones de estos dos términos usted todavía sigue pensando que existe una diferencia sustancial en ellos, entonces usted puede suponer que no existe pecado alguno en venerar una imagen. Sin embargo, la esencia de esa actividad es similar a la de adorar, como lo muestra su definición. La Biblia compara la reverencia obsequiada a los ídolos como la que se le da a los demonios. El apóstol Pablo lo dejó muy claro, pues escribió: Antes digo que lo que los Gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios: y no querría que vosotros fueseis partícipes con los demonios (1 Corintios 10:20). Recordemos que una de las actividades de Satanás es disfrazarse de ángel de luz, de manera que los demonios (ángeles caídos) hacen creer con sus doctrinas inspiradas a los hombres (sacerdotes o pastores, feligreses en general, religiosos de distinta índole) que celebrar la honra extrema a los personajes bíblicos, a los santos del Nuevo Testamento, a las imágenes supuestas del Hijo de Dios, es una actividad que honra a Dios. No podemos olvidar el rol fundamental de la Iglesia Católica con la adoración de imágenes, pues en sus concilios ha recomendado la idolatría, si bien la nombran de distinta manera. En la Suma Teológica, Tomás de Aquino recomienda la adoración de las imágenes en las iglesias, y los papas han seguido y recomendado este nuevo mandamiento. Pero aún antes de la época de Tomás, dicha Iglesia andaba en esos senderos.

La historia nos enseña también que una de las estrategias para conquistar fácilmente a los indios en México y en el resto de Centroamérica fue hacerles creer que una virgen se le había aparecido a un indio en forma milagrosa. Esa explotación teológica perversa generó la adoración a la virgen de Guadalupe. Ahora se extiende por el mundo como la gran vía de la evangelización. La llamada madre de Jesús (la virgen María), se ha convertido en corredentora, de ella han dicho que ascendió a los cielos, que concede milagros y favores, pues parece ser que se le hace fácil en su autoridad de madre el persuadir a su hijo para que otorgue favores. En los templos evangélicos se ven también imágenes del Cristo con corona de espinas, algunos lo colocan con pelo largo, como si él hubiese sido un Nazareo (el de los votos nazareos), confundiendo el que haya sido Nazareno (de Nazaret) con lo anterior. De igual forma, la idolatría no termina con las imágenes labradas con las manos de los hombres, sea en figuras planas o tridimensionales.

Las imágenes mentales de lo que debe ser un dios ha sido la manera moderna de hacer idolatría en los templos evangélicos. El Dios de la Biblia no gusta mucho porque su doctrina es demasiado soberana, y deja al hombre relegado a nada y a menos que nada, de manera que los factores sociológicos y antropológicos de las masas se ven afectados y minimizados. La lucha por lo que prevalezca se ha hecho presente en la feligresía, de forma tal que el sacerdocio evangélico ha dado paso a la imaginería mental y doctrinal de nuevos dioses.

El dios del libre albedrío es una de las más grandes imágenes elaboradas para que los fieles puedan seguir libremente a un dios que les suplica su adhesión. Dios ha sido reducido a un mendigo y el hombre es partícipe de su propia salvación. Por supuesto, esta forma salvadora también tiene su influencia terrenal en Roma, aunque su vieja data es el pozo del abismo. El Dios de la Biblia enseñó a su pueblo escogido a luchar contra esa costumbre, muchas veces seducido por los hábitos de los demás pueblos de la tierra. El Nuevo Testamento contiene advertencias contra la idolatría, como algo de suma importancia. La claridad del apóstol Pablo al declarar lo que es un ídolo y quién está detrás de él ha dejado una profunda huella en las conciencias de los verdaderos creyentes. Un ídolo no es nada, dijo, pero detrás de ellos están los demonios, ya que quien sacrifica a cualquier forma de ídolo a los demonios sacrifican (1 Corintios 10:20).

Si la gente quiere ser parte de la mesa de los demonios (por ende de Satanás, el dios de este mundo), entonces puede darse a la tarea de hacer cualquier tipo de sacrificio a las imágenes de lo que considera dios o afecto a la divinidad. Sabemos que sacrificar a los ídolos no siempre se hace con una libación, o con un carnero u otro animal. Hay quienes asesinan a personas en honor a los demonios, pero el concepto acerca del sacrificio puede ser muy amplio:

Sacrificar:

(Del lat. sacrificāre).

1. Hacer sacrificios, ofrecer o dar algo en reconocimiento de la divinidad.

2. Renunciar a algo para conseguir otra cosa, dedicarse, ofrecerse particularmente a Dios.

¿De qué sirve la escultura que esculpió el que la hizo? ¿la estatua de fundición, que enseña mentira, para que haciendo imágenes mudas confíe el hacedor en su obra? Ay del que dice al palo; Despiértate; y a la piedra muda: ¡Levántate! ¿Podrá él enseñar? He aquí él está cubierto de oro y plata, y no hay dentro de él espíritu. Mas Jehová está en su santo templo: calle delante de él toda la tierra (Habacuc 2:18-20). La consecuencia segura en una nación, o en un individuo o familia, al servir a los ídolos es su ruina (Salmo 106:36). La Biblia nos dice que en estos tiempos muchos escucharán al espíritu del error y seguirán doctrinas de demonios (1 Timoteo 4:1). Servir a un ídolo es ocuparse de quien está detrás de él, por lo tanto presupone recibir la influencia demoníaca. No basta con creer que Dios es uno, pues también los demonios creen y tiemblan (Santiago 2:19). De manera que nos llevan ventaja, pues temen ante la poderosa mano de Dios, ya que conocen lo que les espera.También las Escrituras nos enseñan que si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos.

En ocasiones Dios usa la ironía como parte de su estructura argumentativa. Asimismo, pasa al sarcasmo, pues harto de las costumbres paganas de su pueblo reacio a obedecer, les habla a través de su profeta escogido para el momento, en este caso Isaías, en el intento de anunciarles que todos serán destruidos debido a su tenacidad para desobedecer: su pueblo por seguir a los fabuladores, y éstos por vanidosos y mentirosos, quienes no lo apoyarán cuando estén en necesidad.

Estate ahora en tus encantamientos y en la multitud de tus hechizos, en los cuales te fatigaste desde tu juventud; quizá podrás mejorarte, quizá te fortalecerás. Te has fatigado en tus muchos consejos. Comparezcan ahora y te defiendan los contempladores de los cielos, los que observan las estrellas, los que cuentan los meses, para pronosticar lo que vendrá sobre ti. He aquí que serán como tamo; fuego los quemará, no salvarán sus vidas del poder de la llama; no quedará brasa para calentarse, ni lumbre a la cual se sienten. Así te serán aquellos con quienes te fatigaste, los que traficaron contigo desde tu juventud; cada uno irá por su camino, no habrá quien te salve (Isaías 47:12-15).

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 12:31
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