Jueves, 03 de enero de 2013

Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete. He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo (Apocalipsis 3: 19-20). Escrito a la iglesia de Laodicea, la que está apostatando, por lo tanto si no se arrepienten no habrá comunión con ellos. El que tenga sed, venga y beba; el que desea o quiera que venga a beber del agua de la vida gratuitamente (Apocalipsis 22: 17). El asunto es quién quiere, si Dios no pone el sentir como el hacer. ¿Cómo oirán si no hay quien les predique? ¿Cómo predicarán si no fueren enviados? Dios ordena que algunos hombres sean salvos, pero ordena la manera en que  esto acontezca. No puede ser de otra forma a como lo ha señalado, a través de Jesucristo, y a través del anuncio del evangelio.

La elección la hizo Dios en base al designio de su propia voluntad, sin consulta previa con el elegido, ni tampoco en base a las obras que se hicieren, pues todo es de gracia, incluso la fe que es un don de Dios (Efesios 2:8). No es de todos la fe, dice la Escritura en Segunda de Tesalonicenses 3:2. Cuando en la Biblia se menciona que Dios conoció quiere decir que Dios amó, pues no tendría sentido la idea de conocimiento intelectual, cuando el Señor dijo en Amós 3:2, referente a Israel, que a vosotros solamente he conocido de entre las familias de la tierra. Si esto fuese conocimiento intelectual, entonces parece ser que no conoce mucho, ya que no conoció al resto de la tierra. Cuando Adán conoció a Eva fue para tener comunión especial con ella, de manera que salió un hijo; ya Eva y Adán se conocían desde el principio en el Edén. Asimismo, Jesucristo dijo que en el futuro dirá a muchos: Nunca os conocí, a pesar de que ellos dirán que hicieron milagros en su nombre. ¿Cómo pudo no conocerlos, si ya sabía quiénes eran, por lo cual pudo decirles apartaos de mí, hacedores de maldad? La única razón es porque el conocer bíblico hace referencia al tener comunión con. Una cosa es saber, otra conocer. Cuando la Biblia habla del conocer de Dios se refiere a la comunión especial y de amor de Dios con su pueblo. Isaías 53: 11 habla tocante al Salvador de esta manera: por su conocimiento, justificará mi siervo a muchos. ¿Cuál conocimiento necesitaba El Salvador para salvar? ¿Acaso fue una carencia intelectual la acontecida para no poder salvar a toda la humanidad? ¿O más bien es una falta de amor por todos? Pues esto último es lo que se desprende de la Escritura, ya que Él mismo dice que tendrá misericordia del que tenga misericordia, y se compadecerá del que quiera compadecerse. De igual forma el Espíritu anuncia a través de Pablo que Dios amó a Jacob, pero que a Esaú odió (otras versiones  usan la expresión aborreció).

Sabemos que en Romanos 8 se lee que a los que Dios conoció también predestinó, en un enunciado conocido como la cadena dorada de la salvación, en donde todo comienza con su conocimiento, que no es otra cosa que su amor. De inmediato, en el capítulo siguiente, se escribe que amó a Jacob, pero no a Esaú, y esto lo hizo antes de que ellos hiciesen bien o mal. El propósito queda establecido al señalarse que se hizo para que prevaleciera la salvación por la elección (y por el Elector) y no por las obras. De esta forma, nadie tendrá de qué vanagloriarse, ni tendrá algo que le pueda dar el derecho de un poco de gloria. La misma Escritura lo dice de esta manera: a fin de que nadie se jacte en su presencia (1 Corintios 1:29).

El plan de Dios de amar a Jacob en vez de a Esaú demuestra la absoluta soberanía de Dios. El ser humano puede asumir a Dios como Todopoderoso, pero rechaza normalmente que decida por la criatura en materia de salvación. Sin embargo, no solamente lo hace en cuanto a la salvación, sino en el destino de la historia humana en esta tierra. Dios ordena cada cosa que sucede; lo hizo en forma libre, sin que mediara influencia en Él, con un decreto eterno e inmutable, ya que Él es perfecto. Nunca puede Dios ordenar algo que no suceda, sino que todo lo que quiso ha hecho (Salmo 115:3). Todo lo hizo para su propia gloria, pues tiene una gran pasión por ella, al punto que no la quiere compartir con nadie. Pero no nos puede preocupar que a la gente le disguste este plano teológico definido en las Escrituras. Si a Dios no le inquieta, al punto en que lo declara desde el inicio de su revelación hasta el final de la misma, no puede preocuparnos a nosotros que somos sus criaturas.

No puede haber un quizás o un tal vez en sus planes y decisiones. Todo es un sí y un amén. Aún un pájaro no cae a tierra sin su voluntad y los cabellos de nuestra cabeza están todos contados. En lugar de preocuparnos nos debe dar tranquilidad que así sea, ya que de otra forma no tendríamos chance alguno de acercarnos a su presencia. El nos declara como nada y como menos que nada; dice que todos nos hemos extraviado, que cada quien se apartó por su camino, que no hay quien busque a Dios, que no hay justo ni aún uno. Además, ha señalado que la paga del pecado es la muerte, y no sólo la física sino la muerte espiritual. Por lo tanto, estando muertos en delitos y pecados el hombre no tiene ni la más mínima oportunidad de agradarle, o de justificarse. Del impío dice Él que aborrece sus sacrificios y que son abominación ante sus ojos. Por lo tanto, la única forma de tener comunión con Él es a través de la expiación realizada por Jesucristo en la cruz, como el Cordero preparado desde antes de la fundación del mundo, quien vino a salvar a su pueblo de sus pecados (Mateo 1:21).

Sus decretos eternos trabajan en el tiempo; como Jesucristo, preparado desde antes de la fundación del mundo pero manifestado en el tiempo en que vino a esta tierra. A partir de allí hemos entrado el resto de las  gentes (los gentiles) y no solamente los israelitas. Más bien éstos han sido endurecidos por causa de nosotros, hasta que se cumpla la plenitud de los gentiles. En Efesios 1:11 leemos en la versión Reina de Valera Antigua, que hemos tenido suerte; pues no puede ser visto de otra forma el saber que Dios se haya fijado en nosotros. Desde nuestra perspectiva esto es de mucha alegría, pues no le sirve de nada al hombre el ganar el mundo y perder su alma. Pero nadie puede ganar su alma, si no ha sido enviado por el Padre a Cristo. En esa perspectiva Jesucristo le dijo a un numeroso grupo de discípulos que regresaron contentos porque hasta los demonios se les sometían, que no se alegraran por eso, sino porque sus nombres estaban escritos en el libro de la vida.

En Apocalipsis 13: 8 y 17: 8 leemos que muchos se inclinarán ante la bestia, le darán el poder y el honor, y exclamarán ¿quién como la bestia?, porque sus nombres no están escritos en el libro de la vida desde la fundación del mundo. Dios no nos llamó de acuerdo a nuestras obras, sino de acuerdo a su propia voluntad y para beneplácito de su gloria. Todos los días está Dios enojado con el impío (Salmo 7:11), de manera que si está contento con nosotros sus hijos es porque quiso darnos tan grande amor (1 Juan 3:1). Dios elige eficazmente, así como condena eficazmente. No hay injusticia en Él, solamente libre ejercicio de su soberanía. El lamento de Judas no estuvo centrado en el hecho de que Dios lo había escogido como hijo de perdición, sino en su propia maldad que lo desesperó al punto en que regresó el dinero de la venta del Mesías y fue después y se suicidó (se ahorcó). El Faraón no le dijo a Moisés que su dureza se debía a que Dios lo había endurecido, sino que satisfecho con su naturaleza pecaminosa disputó con el enviado de Dios y le argumentó ¿quién es Jehová, para que yo los deje ir? El impío no tiene congojas por su muerte, sino que se siente a placer con las obras del mundo (Salmo 73); por eso no hay injusticia en Dios cuando hace unos vasos para deshonra y perdición, soportándolos con paciencia para el día de la ira. De la misma manera, tampoco hay injusticia al hacer de la misma masa unos vasos para honra y para que sean objeto de sus beneficios.

El amor de Dios es para el Hijo y para todos los que estamos en Cristo. Pero el enemigo de las almas ha sembrado la droga del arminianismo en medio del trigo, para que las ovejas se intoxiquen y sufran en su tránsito por esta tierra. Mas el Buen Pastor ha dicho que sus ovejas oyen su voz y le siguen, que no oirán al extraño, pues desconocen su voz y más bien huirán de él. De manera que no puede haber sino un poco de susto cuando meditamos en la doctrina arminiana del libre albedrío, que no se inicia con  Arminio, ni con Pelagio, sino con la serpiente antigua, cuando le vendió la idea al hombre en el Edén de que él podía independizarse de Dios y ser semejante a Él.

Ciertamente, cuando examinamos toda la Escritura nos  damos cuenta de que el Cordero de Dios estaba preparado desde antes de la fundación del mundo (1 Pedro 1:20), de manera que la caída de Adán también estuvo preparada para que el Cordero se manifestara en su debido tiempo. Nada quedó al azar, ni siquiera la serpiente, pues Dios también hizo al malo para el día malo (Proverbios 16:4). En resumen, si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? ¿Quién nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús? Ni la muerte, ni la vida, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna cosa creada nos podrá separar del amor de Dios. ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica (Romanos 8). Cualquier voz contraria a esta declaración del Espíritu es la voz del extraño. Las ovejas huyen del extraño, no hacia el extraño. ¿Qué voz estás escuchando? El Buen Pastor es quien dio su vida por las ovejas, no por las cabras; él es quien llama a cada una por su nombre, quien va delante de ellas y éstas le siguen. A esas ovejas la Biblia les dice: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestro corazón (Hebreos 3:7-8 y Salmo 95: 8). Además, la Biblia no nos manda a averiguar primero si somos o no predestinados para salvación, sino que nos ordena arrepentirnos y creer en el evangelio. Por eso predicamos, porque no hay otro mecanismo dejado para los elegidos de Dios, sino escuchar la voz de Cristo y ser movidos por el Espíritu Santo para que se opere el nuevo nacimiento. De esta forma, el que comienza en nosotros la buena obra la terminará hasta el final; y Dios es quien produce en nosotros así el querer como el hacer.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 21:30
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