Jueves, 03 de enero de 2013


La epístola de Judas lleva una aclaratoria desde su inicio, para advertir al lector acerca de su autor. Se aclara por partida doble, bajo el oficio de siervo de Jesucristo y con el vínculo genealógico de hermano de Jacobo. Con esto por entrada, el escritor separa su nombre del otro connotado Judas, quien bien podría ser denominado traidor del Señor y el Iscariote. Quizás un nombre muy común en el mundo judío, que se llevaba con orgullo para exhibir ante el mundo gentil y entre sus similares israelitas el origen nacional, casi un gentilicio, pundonor de los ciudadanos descendientes de la tribu de Judá. Sin embargo, quiso Dios en su soberanía cortar esta tradición al escoger a uno con un nombre tan emblemático para ser el que habría de entregar al Señor.
Después de ese hecho histórico se hizo muy difícil volver a nombrar a los niños de esa manera, al punto en que los que en aquel entonces así se llamaban intentaban aclarar por vía de excepción su distanciamiento con el célebre traidor. Más allá de que haya podido existir una cantidad de honorables personas con esos apelativos, la connotación histórica peyorativa marcó la distancia necesaria como para desear colocarle a un niño semejante nombre.
No sucedió igual con el nombre Jesús, si bien es nombrado en muchas culturas, en otras es preservado como título de Dios, evitando que se le coloque a los ciudadanos, pues les suena extraño que alguien lleve por nombre Dios, reservado para denotar a la divinidad cristiana. Muchos se llaman Abel, pero creo que muy pocos llevan el nombre de Caín.
Pero más allá de la aclaratoria del autor de esta brevísima carta del Nuevo Testamento, el contenido de ella se relaciona en gran medida con una advertencia sobre la apostasía. Se habla de los que han entrado encubiertos en las iglesias para abusar de su lascivia y libertinaje: soñadores que mancillan la carne, rechazan la autoridad y blasfeman de las potestades superiores. Esta es la gran descripción de los desfilan en muchas congregaciones desde la época en que se escribió la carta, tal vez por los años 65 de la era cristiana. El autor hace una comparación con la gente de Sodoma y Gomorra, que habían fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza. La vigencia de esta advertencia es enorme hoy día, pues en la era del matrimonio homosexual en el mundo, no solamente las iglesias lo toleran, sino que aprueban en sus concilios el que sus propios obispos o pastores puedan vivir en semejante unión contra natura, siempre que se respete la santidad de la relación, lo cual equivale a un oxímoron en la práctica. En cuanto al rechazo de la autoridad, ha de entenderse que se implica por los vicios practicados, que estas personas van en contra de los mandatos eclesiásticos tradicionales enseñados por los apóstoles. Llama la atención que en lo referente a las potestades espirituales, el escritor refiere a un momento histórico en donde el arcángel Miguel contendía con el diablo por el cuerpo de Moisés, y a pesar de su poder y del bando al que pertenecía no se atrevió a maldecirlo directamente, sino que le dijo: el Señor te reprenda. Hoy día es natural en muchas iglesias el que sus miembros anden reprendiendo al diablo y a sus demonios, casi como un deporte oral, en un vano ejercicio de exhibición de un poderío espiritual pretencioso. Cada enfermedad es atribuida a un demonio, y a flor de labios salen los juicios de maldición contra Satanás alegando una supuesta autoridad que no necesariamente poseen. Estos son murmuradores, querellosos, que andan según sus propios deseos, cuya boca habla cosas infladas, adulando a las personas para sacar provecho.
En esta descripción prolija de los que desde aquella época han entrado encubiertamente en las iglesias, se hace una aclaratoria muy importante tocante a la soberanía de Dios. Si bien a la iglesia se le advierte para que esté atenta, ha sido Dios mismo quien ha ordenado que tales hechos sucedan. Dice el verso 4 de la siguiente manera: Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo. Esto nos recuerda la segunda carta de Pedro, en la que también se mencionan aspectos similares. Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme (2 Pedro 2).
En ambas cartas se menciona el desprecio del señorío o a la autoridad; estas personas han sido destinadas para tal fin, pues nacieron para presa y destrucción y su condenación no se tarda. También se dedican a hacer mercadería de los hermanos en las iglesias; se alude a la destrucción de Sodoma y Gomorra; la soberanía de Dios es tal, que reserva a los injustos para el día del juicio. El otro paralelismo encontrado es que son atrevidos y contumaces que no temen decir mal de las potestades espirituales superiores y son hijos de maldición.
La carta de Judas lleva por interés marcado el que sus lectores no sean tomados por sorpresa por parte de estos engañadores encubiertos; al mismo tiempo, ellos habrán de preservar la fe dada a los santos. El creyente tiene el deber de preservar esa fe correspondiente a nuestra común salvación y en ese sentido la advertencia general acerca de los intrusos, pero con la salvedad de que esta gente fue destinada para tal fin. No debe considerarse la apostasía como un elemento de sorpresa, sino más bien ordenado soberanamente por el Señor de la Iglesia. Es común que la cizaña sea sembrada junto al trigo, como una obra favorita de Satanás; de igual forma, las cabras cohabitan con las ovejas y generan malestar en su rebaño. Pero a su debido tiempo serán juzgadas y recibirán el castigo preparado para sus obras de impiedad.
No es la longitud de una carta lo que marca su relevancia, sino la pertinencia del tema. Además, el hecho de ser inspirada por Dios la hace cumplir un papel honroso en la literatura bíblica. La vigencia de su contenido se ha hecho presente a través de los siglos, pero mucho más hoy día, en que el matrimonio homosexual es la noticia predilecta y común en los medios de comunicación de masas. Casi todas las legislaciones del mundo van dando su paso al frente en apoyo a lo que ha de considerarse un hecho contra natura, más allá de que la sociedad contemporánea lo asuma como la libertad soberana del hombre de ejercer su potestad en materia sexual. La Biblia, nos advierten tanto Judas como Pedro, además de muchos otros de sus participantes escritores, condena como perversión el mancillar la carne. Por ello la alusión específica a Sodoma y a Gomorra, y la angustia expuesta del justo Lot que afligía su alma día a día por las fechorías que tenía que confrontar en la ciudad en que vivía. ¡Cuánto más afligidos no hemos de estar nosotros que habitamos la aldea global del planeta, por lo cual somos sometidos diariamente a la contemplación de semejantes hechos como si fuesen normales y naturales de la sociedad!
César Paredes
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destino.blogcindario.com


Tags: SOBERANIA DE DIOS

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