Viernes, 28 de diciembre de 2012

La Biblia no es un tratado para los impíos, sino un escrito de esperanza para el pueblo de Dios. Un gran problema se ha presentado con la manera en que las técnicas evangelizadoras han asumido la doctrina de la predicación del evangelio. Sabemos que la reprobación viene antes del creer o no creer, como bien afirmó Jesucristo: vosotros no creéis porque no sois de mis ovejas. De manera que el afán por salvar almas es una de las razones del empleo de las perversas técnicas evangelizadoras. Cuando un predicador asume que su deber es salvar almas de las garras de Satanás, está en un grave aprieto. De esta forma ha caído en la trampa de las artimañas de su enemigo natural. El deber del evangelizador es anunciar el mensaje de salvación para todos los creyentes en el mundo entero. La lengua griega usa un participio presente (pisteuon) que se ha de traducir como creyente, en Juan 3:16, de manera que todo aquel creyente no se pierda, mas tenga vida eterna.

En Romanos, capítulo 9, Pablo expone lo que el Espíritu le ha revelado: que Dios en su soberanía decidió desde los siglos que unos serían salvos y otros condenados. Esa decisión ocurrió antes de que el hombre hiciera  bien o mal, si bien se entiende que el castigo eterno es consecuencia del pecado no perdonado del hombre. La salvación, de la misma manera, fue decidida antes de hacer bien o mal, pero se debe a que el pecado del creyente le fue imputado a Jesucristo. Lo que se discute filosóficamente es si Dios es o no es justo.
La respuesta del mismo Espíritu ha sido que Dios hizo todo para su propia gloria, que el hombre no tiene opción para el debate, pues no fue consultado, sino que fue creado de una misma masa y moldeado de acuerdo al criterio del Alfarero. La predestinación es doble, ya que no puede ser de otra manera. En la mente de Dios todo sucedió en un instante en la manera en que lo diseñó, de forma que no tiene sentido dar coces contra el aguijón. ¿Quiénes somos nosotros para discutir con Dios? ¿Puede un vaso de barro decirle a su alfarero por qué me has hecho de esta manera? Con estos argumentos, el Espíritu calla al objetor al destruir su queja, si bien ésta continúa por los siglos para que con mucha paciencia Dios tenga que soportar toda su perorata.
Pero dado que muchos predicadores desconocen voluntariamente la doctrina de la Predestinación, se han dado a la tarea de la técnica evangelizadora. A través de ella inducen a las masas a entrar en el rebaño de las ovejas, pero generan dolor y malestar en el pueblo de Dios. ¿Qué comunión tiene Cristo con Belial? ¿O qué armonía la luz con las tinieblas? La ignorancia de las Sagradas Escrituras es un error, por lo tanto el equívoco es muy grande.
Las ovejas perecen por falta de entendimiento, y sabemos que este perecer se da en muchos aspectos en esta vida. El desconcierto que supone la doctrina del libre albedrío, ajena a la Biblia, hace que muchas ovejas se atormenten al lado de las cabras que no tienen esperanza. Las ovejas pueden perecer intelectualmente, anímicamente, pero nunca serán arrebatadas de las manos de Cristo. 

Dijimos que las Escrituras se escribieron para provecho del pueblo de Dios, y esa debe ser una premisa seria. Aún al impío le es prohibido hablar de ellas. Por lo tanto, el llamado consiste en escudriñar aquello que se escribió bajo la inspiración del Santo Espíritu ya que nos parece que allí tenemos la vida eterna. Reconocer que todo cuanto sucede en nuestras vidas es producto del designio de Dios, honra a nuestro Hacedor, pero los que pleitean con Él reciben su reproche. Desde el Génesis se anuncia el plan de Dios concebido desde la eternidad; nosotros recibimos el beneficio del don de Dios. Otros tiene un destino contrario, porque Dios endurece a quien quiere endurecer, deja en el pecado a quien así ha dispuesto. Como nada es demasiado difícil para Dios, hemos de derivar que pudiendo salvar a toda la humanidad no quiso, pues su propósito permanece en todo lo que le place. Quiso mostrar la gloria de su justicia en unos y la gloria de su amor en otros. No hay sabiduría que sea igual o superior a la suya, de manera que sus planes son parte de su mismo Ser y no necesitan modificación alguna. 
Sin embargo, Dios manda que todos se arrepientan de sus pecados (como parte de su voluntad manifiesta); pero no todos los que oyen el mensaje están de acuerdo en su espíritu con el mensaje. ¿Por qué, pues, inculpa? ¿Para qué ordena que todos se arrepientan, si Él mismo no permitirá que lo hagan, no sea que tenga que salvarlos? Esto parece una contradicción en la mente del objetor descrito en Romanos 9, pero lo es también en los que asumen la teología del libre albedrío, por lo cual siguen un evangelio diferente. Ninguno de ellos es digno de decirles bienvenido, no sea que seamos castigados con sus plagas y miserias. Dios anuncia su evangelio a través de su pueblo, como único método para entrar en el reino de los cielos. El que cree su evangelio, es salvo, pues la fe que viene por el oír la palabra específica de Cristo operada por el nuevo nacimiento del Espíritu. 

Como consecuencia de haber nacido de nuevo, tenemos el Espíritu de Cristo, y quien no lo tiene no es de Él. Por lo tanto, todos aquellos supuestos cristianos que dicen creer en el evangelio, pero que descartan la doctrina de la Predestinación, han creído otro evangelio. Estos se glorían a sí mismos ya que agregan a la obra perfecta del Hijo en la cruz la suya propia. Estos añaden su voluntad, su libre disposición, y obtienen como derivación forzosa el ser superiores a los que no fueron suficientemente inteligentes, sabios o dispuestos a recibir a Cristo como su Señor. De esta forma combinan la salvación por gracia con la salvación por obras, como si eso fuese doctrina bíblica. Más bien es doctrina del pozo del abismo, doctrina de demonios, como lo llama La Escritura, ya que pretende despojar a Dios de su absoluta gloria que no quiere dar a ninguno, ni desea compartir como Dios Soberano. 

Para nosotros, los creyentes, la Predestinación es un plan eterno e inmutable, lo cual nos obsequia al alma la más absoluta calma, la más grande tranquilidad y paz, pues al estar en sus manos, no por nuestra propia disposición o fuerza, sabemos que estamos seguros para recibir la gloria venidera. Este regalo no obedece a mérito alguno hallado en nosotros, sino que descansa en el poder de su misericordia, en su amor eterno con que nos ha amado. 
Si el cordero de Dios fue preparado desde antes de la fundación del mundo para que se manifestara en los tiempos apostólicos, hemos de entender que la voluntad del Creador era que Adán cayera en el Edén, pues Dios no tiene planes B para solventar contingencias, ya que todo en Él es necesario. Si los que van a adorar a la Bestia lo harán porque sus nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero desde  la fundación del mundo (Apocalipsis 13:8 y 17:8), se deriva que todo fue planificado de la manera que sucede en el universo. No hay forma de escapar de la grandeza de Dios, no se puede detener su mano. Lo único que conviene es caer postrado ante su dominio perfecto y buscar misericordia. De nuevo, los que esto hagan lo habrán de hacer en virtud de la soberanía de Dios, no gracias a su inexistente libre albedrío. Pero tampoco conviene invertir la proposición bíblica, ya que se nos manda a arrepentirnos y a creer en el evangelio de Dios. No se nos exige adivinar o investigar primero si somos predestinados para salvación, sino que se nos recomienda creer en el Hijo para obtener las misericordias del Padre. Si esto hacemos, es porque hemos sido predestinados para esta salvación tan grande, la cual conviene cuidar con temor y temblor (no porque podamos perder algo decretado por el Padre para que sea nuestro, sino para demostrar agradecimiento y respeto por tan grande dádiva).

La Escritura nos recomienda leer y escudriñar todo lo que en ella aparece, pues hemos supuesto que allí se encuentra la salvación de Dios. A pesar de que Isaac amó a Esaú, prevaleció el amor de Rebeca por Jacob. De esta manera Jacob obtuvo la bendición de la primogenitura, cumpliéndose en el tiempo bajo las circunstancias terrenales cotidianas, como la preferencia de una madre sobre un hijo frente al otro, la desgana de Esaú por la primogenitura, su pasión por satisfacer el apetito con un plato de lentejas, todo aquello que estaba escrito en la mente de Dios y que le fue manifestado a los profetas. Pablo ha sido un gran intérprete del libro del Génesis, en este aspecto relacionado con la doble predestinación de Dios. Malaquías trata el asunto en el capítulo 1 verso 2, por lo tanto también conviene revisar allí el tema de Jacob y Esaú.  
Incluso el Mesías es llamado mi Elegido, por lo tanto no nos extrañe que Dios escoja gente para un objetivo determinado. Dios elige o pre-ordena lo que las personas habrán de ser y hacer. Sería imposible que se cumplieran las profecías divinas si tan solo dejara un detalle al azar o la libre voluntad humana, o la simple contingencia. Todos los actos contra el Mesías fueron programados de antemano por el Padre, asimismo, fueron mostrados a los profetas quienes escribieron los detalles de los mismos. A pesar de que estas cosas eran pecado, fueron ordenadas para que se cumplieran a la perfección en el tiempo adecuado, de tal forma que las personas también fueron compelidas a actuar de tal forma. Si ellos hubiesen sido dejados a su arbitrio, se hubiera corrido con el riesgo de que fallaran en su cumplimiento, asunto que un Dios soberano y Todopoderoso no puede permitirse por no estar en su naturaleza. 
Nuestra respuesta a la doble predestinación ha de ser la de dar gracias, pues así agradó a los ojos del Padre. El Cordero lo hizo en el Getsemaní, cuando se rindió una vez más a la voluntad del Padre en su dura hora de prueba. Nuestra actitud ha de ser de alegría, pues gracias a esa voluntad inmutable, que no se puede seducir, somos objeto del amor de Dios. De esta forma podemos preguntarnos ¿Quién nos separará del amor de Dios? ¿Quién nos acusará, si Dios es el que justifica? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por nosotros, ¿cómo no nos dará también con Él todas las cosas? No puede haber persona en los cielos, en el infierno o en la tierra capaz de levantar algún cargo válido contra los escogidos de Dios. ¿No fue Dios quien nos escogió a nosotros? Cristo está a la diestra del Padre en este momento e intercede por nosotros, de manera que ni el sufrimiento, ni la angustia, ni la aflicción, ni la calamidad, ni la persecución, ni el hambre, ni el peligro de muerte, ni NINGUNA COSA CREADA, nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús. Nosotros somos criaturas, por lo tanto hemos sido creados. De esta forma entramos en la categoría de lo creado, por ello ni siquiera nosotros mismos tenemos la potestad de separarnos del amor de Dios. 
La doble predestinación es doctrina bíblica y debemos enseñarla, sin ocultar ninguno de los consejos de Dios. Así lo hizo el apóstol Pablo, también lo hizo Pedro y todos los otros escritores de la Biblia. De alguna manera enseñaron la soberanía absoluta de Dios y la pequeñez del hombre. Si el Señor no hubiera separado un remanente, hubiésemos sido semejantes a Sodoma o a Gomorra, escribió el profeta Isaías. 

No hay salvación en otro nombre en quien podamos ser salvos, sino en el nombre de Jesucristo. Eso lo dice la Escritura, eso lo anunciamos, de manera que el que tiene oídos para oír que oiga. La salvación de Dios fue completa, por lo tanto no necesita de nuestra voluntad para que sea válida en nuestra vida. Simplemente Él cambia los corazones y hace que estemos atentos a su evangelio, para que creamos y estemos dispuestos a cumplir sus estatutos. En el momento, en el tiempo adecuado, las ovejas escucharán la palabra del Buen Pastor, le seguirán, no escucharán la voz del extraño sino que huirán de él.  El conocimiento de Dios hacia nosotros significa que tuvo comunión con nosotros: así sucedió con Adán cuando conoció a Eva su mujer; Dios ha dicho que a nosotros solamente nos ha conocido (lo cual supone que no se refiere a un conocimiento intelectual, pues como Omnisciente conoce todas las cosas); también Jesucristo anunció que dirá en el día final a un grupo: apartaos de mí, NUNCA OS CONOCÍ.  Si está separándolo del otro grupo es porque sabe, porque conoce intelectualmente, pero lo que quiere decir es que nunca tuvo comunión con ellos.  Por eso, a los que antes conoció (amó), a estos predestinó, y a los que predestinó también llamó, y a los que llamó también justificó (en la cruz), y a los que justificó también glorificó (Romanos 8:29-30). En estos textos vemos un sujeto activo que es Dios, un mismo sujeto pasivo en cuanto a que recibe la acción de cada verbo. Por lo tanto, el amado es predestinado, llamado, justificado y glorificado. Es el mismo sujeto en toda esta cadena verbal, pero es un sujeto pasivo  incapaz de hacer cualquiera de las acciones mencionadas para su propia salvación. No hay tal doctrina como que Dios hizo su parte y ahora al hombre le toca hacer la suya. Estos textos demuestran nuestra incapacidad y la actitud del Alfarero con la masa que Él mismo ha creado. No podemos poner en palabras la magnificencia de esta verdad, simplemente podemos maravillarnos y preguntarnos ¿por qué yo, y no el otro? A pesar de nuestras preguntas, solamente tenemos una sola opción a tomar: estar agradecidos porque esto nos sucedió. Bien lo dice Efesios 1:11 en la versión antigua, que traduce: en Él asimismo tuvimos suerte. Porque si lo miramos desde nuestras miserias humanas, hemos tenido suerte de que Dios se fijara en nosotros para mostrar su amor y hacernos objeto de su misericordia.

César Paredes

[email protected]

desstino.blogcindario.com


Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 9:04
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios