Mi?rcoles, 05 de diciembre de 2012

Un área sin luz, el anuncio de la oscuridad o la falta de conocimiento suelen ser denominados sombras. También se dice que la sombra puede ser una zona o región a la que, por una u otra causa, no llegan las imágenes, o señales transmitidas por una estación emisora. Cuando una persona sigue a otra por todas partes se le llama sombra. Hay gente que anda triste por la carencia de lo que desea, entonces se dice que está en la sombra. Los diccionarios la definen como la proyección oscura que un cuerpo lanza en el espacio en dirección opuesta a aquella por donde viene la luz.

Uno de los cantores de Dios habló de la sombra del Omnipotente. Por las connotaciones geográficas del Israel mencionado en la Biblia, esta sombra tiene una valoración positiva. No significa tinieblas, ni carencia de alegría. No implica interrupción de la señal transmitida, ni las tinieblas del maligno. Más bien refiere a la protección generada por un árbol frondoso que nos alivia del excesivo calor del sol en el verano caliente. La cueva donde habitó el profeta Elías le protegía de los calores del desierto; una roca sólida y muy grande suele proyectar su sombra en dirección opuesta por donde viene la luz ardiente del sol.

El que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente, dijo el autor del Salmo 91 de la Biblia. El poder de Dios no conoce límites, no hay nada que le sea difícil, ni persona que detenga su mano. Él mismo se pregunta: He aquí que yo soy Jehová, Dios de toda carne; ¿habrá algo que sea difícil para mí? (Jeremías 32:27).  Más allá de lo que podamos responder a su pregunta, Él sigue siendo Omnipotente, de manera que la respuesta importa para nosotros, no para Él. En la medida en que conocemos lo que Él declara de Sí mismo, entonces vamos creciendo en confianza y seguridad. Conocer la omnipotencia de Dios como uno de sus atributos esenciales, sin los cuales no podría ser Dios, es de extrema importancia para el desarrollo de la fe.

Pero ¿qué es la fe y por qué importa en este tipo de conocimiento? La fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve (Hebreos 11). Hay quienes la definen como la certitud fundamentada en una experiencia obtenida, lo cual es una interesante definición. La razón estriba en que nuestra confianza se sustenta en hechos concretos, experiencias vividas que nos confortan. Ciertamente, hay un punto en el cual nos damos a la tarea de confiar por primera vez, pero después de esa experiencia la fe no es tan ciega. Ella se nutre de experiencias vividas bajo su bandera. Jesucristo dijo que su Padre siempre le oía, lo cual le brindaba la confianza suficiente para seguirle pidiendo. Cuando sabemos que Dios nos escucha, nuestra fe se convierte en certeza de aquello que pedimos.

Hubo personas que fueron gigantes de fe, como Job. Este hombre dijo: aunque Él me matare, en Él esperaré (Job 13:15). Pero aunque supongamos que lo dijo porque estaba en un momento de crisis con su prueba en hombros, Job había tenido la experiencia de la bendición de Dios. Eso era historia en él, por lo cual tenía la seguridad necesaria para seguir depositando su confianza en el Altísimo. Sabemos que la fe viene por el oír la palabra de Cristo, de manera que en la medida en que escuchamos la voz del Omnipotente la confianza nace y echa raíces profundas. Una vez que genera frutos -el obtener certeza de aquello que pedimos- éstos se convierten en la prueba objetiva de la experiencia de fe.

¿Qué sucedería si escuchamos la voz del extraño? Simplemente no la distinguimos como voz amiga, por lo tanto no podremos seguirlo. Ya lo dijo el Señor: mis ovejas oyen mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. Mas al extraño no seguirán, porque no conocen su voz (Juan 10). La voz del extraño nos hace huir de él hacia el Buen Pastor. Justo es reconocer, sin embargo, que en ocasiones recibimos los dardos de fuego del maligno, que hacen mucho daño. Pablo habla de la metáfora del escudo de la fe para apagar esos dardos; entonces esta observación nos conduce al círculo, a morar bajo la sombra del Omnipotente. ¿Cómo puede uno vivir bajo esa sombra? No se vive en Su sombra por la fe, sino que se obtiene la fe por vivir en Su sombra. En la medida en que oímos la palabra de Cristo, la fe viene y se instala en nosotros. La palabra de Dios es viva y eficaz, de tal forma que genera fe. ¿Y cuál es la palabra de Cristo?

Él dijo: Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres, pero recalcó también que Él era la Verdad. Conocer a Jesucristo es posible si tenemos el Espíritu de Cristo, quien conoce Su mente. Pero si alguno no tiene este Espíritu, entonces no es de Él. ¿Cómo obtener este Espíritu? Es necesario nacer de nuevo, pero ese nacimiento tampoco depende de nuestra voluntad, sino de Dios. El acto operativo del Espíritu nos hace nacer espiritualmente, de tal forma que aquella palabra escuchada produce fe en nosotros porque fuimos regenerados por la voluntad del Padre. No a todos les sucede lo mismo, y la diferencia no está en nosotros, pues tendríamos de qué gloriarnos. La diferencia está en Dios, quien decide el destino de los hombres.

Habitar al abrigo del Altísimo implica un sinnúmero de garantías. Dado que eso no puede ser un acto de disposición humana, sino más bien divina, se habrán de cumplir todas las promesas de Dios para sus hijos. Tendremos su sombra, en consecuencia. Es en este sentido que el salmista continúa diciéndonos que sólo Dios es nuestra esperanza, el castillo, el único en quien se puede confiar. El nos librará del lazo del cazador, de toda destrucción. Pero el cantor le agrega un sentimiento de ternura cuando lo compara con un ave cuyas plumas nos cubre, cuyas alas nos protegen. El plumaje de un ave es ajeno a toda aspereza, pero ésta ave en especial ofrece escudo y adarga. La Biblia menciona al escudo, a la adarga y al pavés. Los tres son elementos de protección, pero de diferente forma y en ocasiones de distinto material. Son usados para cubrirse y resguardarse de las acometidas de los enemigos. Su estructura solía ser de madera, reforzada con cuero y planchas metálicas. Los dardos o flechas se acuñaban en ellos, pero no lograban traspasar su textura, por lo cual brindaban gran protección a los guerreros.

Nuestra vida espiritual es de lucha contra las potestades de maldad que habitan las regiones celestes. No es contra carne o sangre, eso es muy importante recordarlo. Nuestros enemigos suelen estar en nuestra propia casa, porque no necesariamente todos los miembros de la familia son hijos del Altísimo. De allí que exista la recomendación de revestirnos de toda la armadura del creyente, para poder resistir en el día malo. El salmista declaró que Jehová era su escudo, pues ya él no temería a la saeta que vuela de día. La razón que dio fue porque había puesto a Jehová, su esperanza, al Altísimo por su habitación. El inicio del salmo descansa en esa misma frase cuya idea se repite, el hecho de habitar bajo la morada del Altísimo.

Satanás se sabía este canto y se lo citó en la gran tentación que le hizo a Jesucristo. Le recordó algunos de sus textos: tírate por este precipicio, si eres hijo de Dios, pues a sus ángeles mandará para que tu pie no tropiece en piedra. Esas fueron sus palabras, en sentido general, casi las mismas del Salmo 91:  Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos. En las manos te llevarán, para que tu pie no tropiece en piedra (Versos 11 y 12). Pero Jesucristo también le respondió con las Escrituras, ya que le dijo escrito está: no tentarás al Señor tu Dios. De esa manera pisó sobre el león y el áspid, holló al dragón, la serpiente antigua llamada diablo o Satanás.

El habitar bajo la sombra del Omnipotente implica poner nuestro amor en Él, conocer Su nombre. Precisamente, el significado del vocablo Jehová es Yo soy el que hace posible, Yo soy el que soy. La consecuencia de conocer, de amar, de estar cerca de su nombre es ser librado y puesto en alto, como si no bastara con la sola protección brindada. Nos responderá cuando le invoquemos, estará con nosotros en cuanto llegue la angustia, tendremos liberación y gloria, larga vida y la salvación de Dios. Una gran diferencia se establece por naturaleza entre vivir al abrigo de Dios y el vivir en el mundo. El mundo ama lo suyo, pero odia lo que es de Cristo; el mundo nos ofrece aflicción, persecución y rechazo. Sin embargo, al abrigo del Omnipotente estaremos a salvo de los dardos de fuego del maligno, el príncipe de este mundo; veremos la recompensa de los impíos, caerán a nuestro lado miles, pero la plaga no tocará nuestra morada ni tendremos temor de malas noticias. Siempre tendremos la fortaleza de su escudo protector, pero con la ternura similar a la ofrecida por las aves a sus crías.

Surge una interrogante, en la mente de los más preocupados. ¿Cuándo veremos la recompensa de los hombres malos? El Salmo 73 de Asaf habla del mismo tema, pero encuentra la solución del momento en que eso sucede. Dice que Dios los ha puesto en deslizaderos y que despreciará el alma de ellos; por otro lado, otro salmo -el 7:11- anuncia que Dios está airado contra el impío todos los días. Asaf estuvo preocupado porque los veía muy  prósperos, sin congoja por su muerte, logrando con creces los anhelos de su corazón. Pero una vez que hubo entrado en el Santuario, comprendió el fin de ellos y pudo entender que él mismo había sido como un necio delante de Dios.

El santuario es lo mismo que el tabernáculo, y significa morada. Era el sitio donde moraba Dios en la tierra, de manera que morar bajo la sombra del Omnipotente es también morar en su santuario; era el sitio de reunión de Israel con Dios, el camino apropiado para acercarse y relacionarse con el Creador. Anteriormente tenía cortinas o velos, y estuvo dividido en secciones que contenían el atrio, el lugar santo y el lugar santísimo. En este último estaba el arca del pacto y solamente una vez al año, en el día de la expiación, el sumo sacerdote entraba en él para rociar la sangre en el propiciatorio por sus propios pecados y por los del pueblo. Desde allí Dios daba sus revelaciones manifestando su presencia. Pero nosotros sabemos que Dios rompió ese velo a través de la muerte de Jesucristo, de manera que eliminó la enemistad con su pueblo y ya no necesitamos más sacrificio por el pecado ni otro sumo sacerdote que no sea Jesucristo, el cual lo será para siempre.

Estar al abrigo de Dios, bajo su sombra, quiere decir participar de su protección y consejo. No hay otro sitio en la tierra donde el creyente pueda estar más seguro que bajo la presencia de Dios. Hay personas que acuden a fuerzas extrañas y enemigas en busca de consuelo, de profecías, de consejos y de sanidades. Pero a ellos Dios les recuerda a través del profeta Isaías: ¿No hay Dios en Israel? Lo que traducido en nuestro tiempo significa ¿No hay Dios en medio de su pueblo? Dios azota y castiga a todos los que ama, por lo tanto es mucho mejor habitar bajo su abrigo, bajo su sombra, sin escapar hacia el mundo. Refugio y adarga es tu verdad, dice este salmo 91, porque ello implica que si Jesucristo es la Verdad es también nuestro refugio en la medida en que oímos su palabra. Habíamos dicho que la fe viene por el oír, de manera que escuchar lo que Dios nos dice es vital para tener certeza en aquello por lo cual oramos.

En unas pocas líneas de un canto encontramos una fuerte doctrina acerca de la protección de Dios para su pueblo. Eso es motivo de alegría y de sosiego, para no andar más con la cabeza caída por el peso de la depresión. Mientras Dios viva nosotros viviremos. Si alguien sabe cuándo muere Dios, entonces también sabe cuán cierta es su desesperanza. Hay muchos que dicen que Dios ha muerto; su literatura hablaba de ello constantemente. Un autor alemán, Friedrich Wilhelm Nietzsche, fue un filósofo, poeta, compositor y filólogo, cuyo canto desesperado es conocido dentro del mundo de los existencialistas ateos, célebre por su famosa idea de la muerte de Dios. Miles de universitarios en todo el planeta siguieron su bandera enarbolada a finales del siglo XIX, negando al Dios de la Biblia. Su mundo pesimista plagó a la juventud de las décadas siguientes con ideas que llevaron a muchos al suicidio: El Anticristo, fue uno de sus tantos libros leídos todavía, y en su pensamiento se inspiró Hitler para realizar algunas de sus metas. Era costumbre ver grafitis en las paredes de las calles con escritos tales como Dios ha muerto, Nietzsche. Pero después de su muerte desesperada -se dice que murió abrazado a un caballo- muchos creyentes escribieron la consigna Nietzsche ha muerto, Dios.

Este resumen de la eternidad de Dios nos muestra la futilidad de luchar contra el Hacedor. Ya lo decía siglos atrás el profeta Isaías: ¡Ay del que pleitea con su Hacedor! Recordemos siempre que el que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente. Esa es nuestra meta como cristianos, sin importar los juicios del mundo, sin que nos perturbe el razonamiento soberbio de los impíos. Estos se enaltecen y se extienden como laurel verde, pero al cabo de un tiempo miraremos y ya no estarán. Esa es nuestra esperanza en el justo juicio de Dios. No desesperemos preguntando ¿cuándo llegará? Porque de seguro en su tiempo se declarará la venganza, y habrá satisfacción para todos aquellos que tenemos hambre y sed de justicia. Asaf entró en el santuario de Dios y comprendió el fin de sus preocupaciones, pues no hay otro sitio donde podamos entender lo que sucede en el reino espiritual sino en la Biblia. Alejarse de la sombra del Omnipotente puede traer dolores innecesarios, como le sucedió al hijo pródigo mientras habitó en medio de las pocilgas.

La oración enseñada por Jesús nos recuerda que debemos pedir que Dios no nos meta en la tentación, sino que nos libre del mal. El tiene el poder para hacerlo, por lo tanto espera que nosotros se lo pidamos.

César Paredes

[email protected]

destino.blogcindario.com  

 


Tags: LA SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 9:32
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios