S?bado, 01 de diciembre de 2012

Jesús comparó el tiempo de Noé y de Lot con los momentos que precederían a su segunda venida a la tierra. El reino que viene a instaurar comienza por el juicio, así como le sucedió a Sodoma, el lugar que habitaba el justo Lot. En otros términos, habrá un juicio que precederá a la entrada de su reino. Los fariseos le habían preguntado cuándo se habría de establecer el tan anhelado reino de Dios, pues estaban esperando ese evento desde siglos atrás. Por supuesto, ni cuenta se habían dado de que el Mesías que habría de venir estaba en medio de ellos y era aquél a quien le acababan de preguntar. No obstante, su preocupación era por el evento definitivo, el de su Dios gobernando la tierra políticamente, como el rey David lo había hecho en su tiempo. Pero como Jesús estaba también con sus discípulos, aprovechó para explicarles a todos acerca de la pregunta hecha: que su reino no habría de venir con advertencia, sino que sería sorpresivo.

Sin embargo, añadió unas pautas para conocer la época en que esto acontecería: el tiempo sería semejante a como fue en los días de Noé, cuando comían y bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta que Noé entró en el arca y el diluvio destruyó a los que estaban afuera. Este comer, beber y casarse puede significar el llevar una vida normal y habitual, sin que tenga una carga semántica de algo nocivo en sí mismo. Estas son cosas cotidianas y normales que siempre han sucedido en la tierra, de manera que este símil puede bien referirse a que la gente estará tan ocupada en sus asuntos cotidianos que ni le prestarán atención al hecho de que el reino de Dios habrá de venir a la tierra. Pero Jesús comparó el día a día de los pre-diluvianos con las actividades diarias de la Sodoma de Lot, poco antes de su destrucción. Entonces también comían, bebían, compraban, vendían, plantaban y edificaban, todos hechos normales de los habitantes de la tierra (Lucas 17 y Mateo 24).

Cuando miramos el contexto de lo que estaba diciendo Jesús, comprendemos el signo específico que se añadía a las dos épocas mencionadas. Noé se relaciona con el diluvio, el juicio de Dios sobre los que moraban en la tierra por causa de su excesiva maldad. Lot es vinculado con el juicio acontecido a la ciudad de Sodoma, sobre la cual llovió fuego y azufre en castigo por su malvada conducta sodomita y por la soberbia, saciedad de pan y no atender al afligido (Ezequiel 16:49). Sabido es que la humanidad ha mostrado la misma conducta de los pre-diluvianos desde hace muchos siglos; de igual forma la sodomía es una vieja costumbre que no desapareció con Sodoma y Gomorra destruidas. Pero, ¿cómo entender la pertinencia de esos signos en nuestro tiempo? ¿Cómo diferenciarlos de los tiempos precedentes?

En otra oportunidad Jesús también declaró que antes de su segunda venida la maldad en la tierra sería aumentada, el amor de muchos disminuiría y la fe tendería a desaparecer. De igual forma hizo mención al profeta Daniel, aclarando: el que lea entienda, para referirse a la abominación desoladora que habrá de venir (el Anticristo). Y a este profeta Daniel le fueron revelados una serie de eventos, algunos de ellos acontecerían en relación a la primera venida del Mesías, pero otros sucederían momentos antes de que el Mesías viniera por segunda vez. Dos indicadores específicos le fueron revelados, aunque se le ordenó sellar esas palabras hasta el tiempo del fin. ¿Cuáles fueron esos dos acontecimientos que connotarían la segunda venida de Cristo? Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará (Daniel 12: 4).  Daniel y sus inmediatos lectores no comprenderían todos los detalles de las profecías escritas en su libro. Tendrían que esperar ciertos acontecimientos históricos para percibir correctamente la manifestación de los signos indicados. Hasta el tiempo del fin el libro estaría sellado para sus lectores, en otros términos, no tendría referencia inteligible.

Para hacer un resumen de lo que Daniel no pudo conocer, y de lo que en consecuencia millones de  lectores también han ignorado por fuerza, basta con presentar algunas características del aumento de la ciencia y lo que significa correr de aquí para allá; esto último se resumiría en la navegación por aire, tierra, mar e inter-espacial o de estratósfera. Al período comprendido desde dejados atrás los comienzos de la humanidad hasta el siglo XVII de nuestra era, suele llamársele como el de la revolución agrícola, que supera la etapa de la caza y de la pesca. En ese ambiente histórico-cultural vivió Daniel el profeta, cuando florecían las primeras aldeas con nuevas formas de comercio. Su época se caracterizaría, además, por el cambio de la condición nómada a un estilo de vida sedentario; un desarrollo agrícola y ganadero por lo cual aparece poco a poco el concepto de trabajo y comienza el crecimiento demográfico. Pero fueron muchos los siglos que dieron vida a esta transformación en forma paulatina, de tal manera que en el momento histórico del profeta no se había consolidado este primer intervalo del desarrollo humano. Por la necesidad del cambio histórico, fueron madurando nuevas estructuras organizativas que mejoraron o innovaron la navegación, el comercio y la arquitectura. Se puede afirmar que la sociedad en la que vivió Daniel podía dividirse entre primitiva (pequeños grupos y tribus, dedicados a la caza y a la pesca) y civilizada (dedicada a la agricultura). El sistema de comunicación de su época era el de los mensajeros, que iban de un punto a otro con el propósito de dar y recibir información, y el de los escribas, quienes como Daniel dejaban testimonio escrito de su historia (la historia de Daniel implica también sus profecías).

Pero a mediados del siglo XVII surge la célebre Revolución Industrial, con dos hechos connotados: la máquina de vapor y la imprenta. Estos dos inventos desplazaron el trabajo manual en gran medida. En consecuencia, aparecen posteriormente los grandes centros urbanos, se activa la máquina y su producción en cadena, se acelera el crecimiento demográfico y se da una nueva relación comercial: la del productor y el consumidor, regidos por la corporación. Las escuelas intensifican su presencia con programas uniformes, preparando a sus estudiantes para el trabajo de la vida industrial. El sistema de comunicación es masificado, gracias a la imprenta, si bien más tarde aparecerá la radio para contribuir con el concepto de información masificada.

En los últimos años, el cambio ha sido devastador. La televisión, el satélite, los sistemas cibernéticos con programas informáticos que a su vez crean más programas, hacen que la comunicación se especialice. Podemos intervenir en las emisiones televisivas que miramos, o escribir comentarios en los diarios que leemos. Frente a estos hechos, debemos preguntarnos si el profeta Daniel tendría alguna idea de lo que dijo cuando se le ordenó escribir Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará (Daniel 12: 4). Es obvio que no, porque además se le dijo: Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Daniel fue un profeta escribano, cuya profecía fue entendida en parte, en lo concerniente a la primera venida del Mesías. Pero en lo que toca a la segunda venida de Jesucristo, fue un profeta escribano para un mundo globalizado que comprendería sus palabras gracias al aumento de la ciencia y al movimiento de aquí para allá, con la aparición del motor en los diversos medios de navegación. Se me ocurre que el turismo -hecho desconocido en su época- identifica muy bien el correr de un sitio a otro de la gente de hoy. La gente iba a la ciudad de Tour en Francia con sus procesiones religiosas y le daban la vuelta a la ciudad para regresar. Este hecho llevó a la creación del verbo Tourner (que significa dar la vuelta) en la lengua francesa, y por consiguiente al vocablo Tourisme (turismo) para representar el concepto de la masificación que se mueve de aquí para allá.

A la interrogante sobre la pertinencia de los signos dados por Jesús acerca de nuestro tiempo, se le puede responder con las revelaciones hechas a Daniel. Hoy más que nunca, gracias al avance de la ciencia, la maldad se ha visto motivada por la tecnología. Los signos que acompañaron a la época pre-diluviana y los que identificaron la maldad de Sodoma están multiplicados exponencialmente en nuestra generación. Basta con dar un vistazo a nuestro alrededor, en el vecindario, o con leer la prensa o ver las noticias por el internet. La dinámica del mundo ha cambiado el paradigma de la familia, de la privacidad, de la concepción de los valores. Ahora se cumplen más que nunca las palabras del profeta Isaías: llamamos a lo malo bueno y a lo bueno malo. Pero esto no preocupa al mundo que sigue comprando y vendiendo, entretenido con sus casamientos, por lo cual Jesús enfatizó en la necesidad de conocer los tiempos. Dejó la parábola de la higuera cuyas hojas retoñan previo al verano, para que aprendamos cuán cerca puede estar su venida. Hay textos en la Biblia que indican la relación de esta planta con el pueblo de Israel:  Asoló mi vid, y descortezó mi higuera; del todo la desnudó y derribó; sus ramas quedaron blancas (Joel 1:7), pero hay otros que hablan de la higuera y los demás árboles, por lo cual no podemos afirmar a ciencia cierta que cada vez que aparece el término higuera tenga que referirse a Israel. Pero lo que sí se desprende de la parábola, es que el brotar de sus ramas anuncia el verano, asimismo, el conjunto de señales dejadas por Jesús son el brote que anuncia su venida.

La referencia hecha al profeta Daniel nos indica la cercanía de la segunda aparición física de Jesucristo y del fin de los tiempos.  Cuando se hace mención en el Nuevo Testamento al diluvio universal se usa la palabra cataclismo (κατακλυσμός): antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos...y vino el diluvio y los destruyó a todos...trayendo el diluvio sobre el mundo de los impíos (Mateo 24:38-39; Lucas 17:27; 2 Pedro 2:5). La vida materialista de la gente de Sodoma, o de los pre-diluvianos (comiendo, bebiendo, comprando y vendiendo, sembrando y construyendo) hizo que no estuvieran preparados para seguir la recomendación de Dios de entrar en el Arca o de abandonar Sodoma (caso de la mujer de Lot que volteó hacia atrás). Hoy día se suma a estos signos el aumento de la ciencia y el viajar de aquí para allá, que mantiene al ser humano ocupado en el cúmulo de informaciones que adquiere a cada instante. Se cumple  la paradoja de Sócrates: Sólo sé que no sé nada. Algunos dicen que desde hace cierto tiempo cada cuatro años se duplica todo el conocimiento generado en la historia de la humanidad. La paradoja socrática implicaría que si un curso universitario dura cuatro años, al salir de él el conocimiento aprendido sería obsoleto. De allí que el paradigma educativo haya cambiado hacia el aprender a aprender, y que el proceso de deconstrucción de los conceptos, del que hablara Derrida, cobra mucho sentido. El hombre contemporáneo debe tener una nueva actitud ante el conocimiento, pues lo que conoce se le torna obsoleto por el nuevo conocimiento. El saber ya deja de ser denotativo y se convierte en connotativo, siempre referido al nuevo paradigma que vendrá a suplantar al viejo modelo aprendido.

Pero esta nueva sociedad que emerge perpetuamente de sus propias cenizas encuentra su contradicción en la Biblia, en donde la denotación permanece anclada como palabra revelada: El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán. Ese conocimiento no cambia, y la vida eterna es definida por Jesucristo como conocer al Padre y al Hijo (que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado -Juan 17). Si es eterna esa vida, el conocimiento será sin límites, pero con la salvedad de que el viejo conocimiento no se desecha, pues es conocimiento puro. ¿Cómo vamos a descartar lo que hemos aprendido de Dios en surevelación? Pablo habló de la falsamente llamada ciencia, de las vanas palabrerías, de las fábulas artificiosas de los hombres en estos tiempos: Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas (2 Timoteo 2: 3-4); Oh ... guarda lo que se te ha encomendado, evitando las profanas pláticas sobre cosas vanas, y los argumentos de la falsamente llamada ciencia, la cual profesando algunos, se desviaron de la fe (1 Timoteo 6: 20-21).

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 20:41
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