Jueves, 15 de noviembre de 2012

Uno de los grandes problemas de Abraham lo constituyó su sobrino Lot.  Dios le había dicho que dejara su tierra y su parentela, y se fuera hacia una tierra que Él le mostraría, pero su sobrino Lot se fue con él. Anduvieron juntos, o mejor dicho, Lot anduvo pegado de Abraham. En el libro del Génesis se puede leer que Abraham edificaba altares a Jehová, le daba gracias, y Jehová se le aparecía a este hombre escogido. No hacía lo mismo con Lot, su sobrino, con quien surgieron las contiendas. Había problemas por el pastoreo de los animales, ya la tienda de Abraham no era suficiente para que habitasen juntos y morasen en un mismo lugar. Abraham, mostrando sabiduría, no quería disputas con su sobrino. Le propuso que se apartara de él, pero le dio la ventaja de escoger primero a qué sitio ir: Si fueres a la mano izquierda, yo iré a la derecha; y si tú a la derecha, yo iré a la izquierda. Esta salida fácil implicaba el hastío del tío con el sobrino, pues el propósito del patriarca era seguir el consejo de Jehová y esperar la tierra que le sería mostrada. Para eso necesitaba su silencio interior, y el ruido de las disputas por el pastoreo del ganado no le era propicio.

Lot no fue tonto, pues sus ojos se alzaron para ver toda la llanura del Jordán, donde había suficiente riego. Sin contemplaciones, sin remordimientos por dejar al anciano tío despojado de las mejores tierras, escogió hacia el oriente, de tal forma que los dos se apartaron el uno del otro. Abraham acampó en la tierra de Canaán, lo cual suponemos era el plan de Dios. Pero Lot, quien se había ido hacia las llanuras orientales, extendió sus tiendas hasta Sodoma. Sabemos por la historia que los hombres de Sodoma eran malos, y que ellos practicaban ciertos hábitos sexuales que hoy día conocemos como sodomía. El Merriam-Webster's collegiate dictionary define Sodomía como la tendencia homosexual de los hombres en la ciudad que menciona el Génesis 19: 1-11, la cópula anal u oral entre los miembros del mismo sexo o de sexo contrario; también es la cópula de los humanos con los animales (2003. Springfield, Massachusetts). De allí que se decía que los habitantes de Sodoma eran malos y pecadores contra Jehová en gran manera.

Pero Jehová le dijo a Abraham, una vez que Lot se hubo apartado de él, que alzara ahora sus ojos y mirara hacia el norte y hacia el sur, al oriente y al occidente. Le dijo que toda la tierra que veía se la daría a él y a su descendencia para siempre. Le prometió que ellos serían como el polvo de la tierra, que si alguno lo pudiera contar entonces también podría conocer el número de su descendencia. Abraham continuó su camino, y siguió edificando altares para Jehová. Lot, en cambio, habitó en Sodoma y no se dice que haya edificado altar alguno al Creador. Esto muestra que mientras Abraham hacía amistad con Dios, Lot la hacía con Sodoma (el mundo).

El significado del nombre Lot es envuelto, como si fuese un sobre. Ciertamente su vida estuvo envuelta en una tragedia, por cuanto la misma Biblia lo menciona como el justo Lot, pero que habitaba en Sodoma. Mientras Abraham fue un continuo peregrino, edificando altares a Jehová, Lot fue un hombre sedentario, pero morador de la pecaminosa ciudad de Sodoma. Lot anduvo bien acompañado, mientras estuvo con su tío, el amigo de Dios. Su gran problema fue la ambición económica, sus pleitos por el pastoreo del ganado, su egoísmo al no importarle que a su tío no le tocara la zona con buen riego, junto al Jordán. Pero conocemos la historia final, ya que cuando vino el juicio contra Sodoma, allí mismo perdió todos sus bienes, todo aquello por lo que había luchado tanto, por lo cual se había separado del amigo de Dios.

Sabemos que Abraham fue gobernado por la fe, pues la Biblia nos dice de él que Abraham creyó a Dios y le fue contado por justicia. Pero Lot se guiaba por la vista: vio la hermosa llanura del Jordán con su riego natural y decidió ir hacia allá. Pasó su vida extendiendo sus tiendas, sinónimo de riquezas, hasta llegar a la gran ciudad de Sodoma. Después de haber llegado a ese destino, se convirtió en un hombre sedentario y se ajustó a la cultura del momento. A pesar de ello, la Biblia menciona que Lot también lamentaba lo que allí acontecía (2 Pedro 2:8). Pero era un lamentar sin acción, porque tenía profundas raíces en ese lugar. La vida citadina o urbana brindaban mejores posibilidades de desarrollo cultural y económico a su familia; sus hijas se habían casado con los sodomitas, él mismo llamaba a sus cohabitantes hermanos míos (Génesis 19: 7), y se sentaba a la puerta de Sodoma (Génesis 19: 1). De manera que por más que en su recuerdo habitara el ejemplo de su tío en relación con sus altares edificados a Jehová, la influencia de su mundo circundante apagaba cualquier llama que se quisiera mostrar al público para cambiar semejante vida pornográfica. Un poco de agua limpia no hace inocuo el veneno, y aunque lo diluye ella se convierte en tóxica. Esa era la vida de Lot, al punto de que lo que de él se recuerda es muy triste.

Por un lado, la tragedia familiar con los sodomitas cuando llegaron los ángeles a visitarlo para sacarlo del lugar que iban a destruir. El tuvo que ofrecerle sus hijas vírgenes a la gente lasciva para que fornicasen con ellas; por otra parte, su mujer fue un símbolo de desobediencia a Dios, pues miró atrás cuando se le dijo que no lo hiciera y se convirtió en estatua de sal. Esto es muy interesante, pues como se dice popularmente, la curiosidad mató al gato. Eso mismo sucede con la Ley, que fue introducida para que cuando ella dijera no codicies, el hombre llegara a codiciar más (así lo señala el apóstol Pablo). Existe algo en la naturaleza humana que hace que no deseemos de buena gana cooperar con la obediencia a Dios. Sus mandatos nos parecen a veces muy fútiles. ¿Por qué no se podía mirar atrás? ¿Qué tenía que ver la mirada hacia atrás con el castigo de Sodoma?

Todavía existe un lugar llamado La Montaña de Sal, relacionado con el lugar donde la mujer de Lot se convirtió en estatua salitre (Génesis 19: 26). También se le conoce como La montaña de Sodoma, en el Suroeste del Mar Muerto. El historiador Josefo dijo que este pilar de sal continuaba en su tiempo, y aseguró haberlo visto. Lo más interesante es que Jesucristo hizo mención a este hecho y nos conminó a acordarnos de la mujer de Lot:  Asimismo como sucedió en los días de Lot; comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban;  mas el día en que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y los destruyó a todos.  Así será el día en que el Hijo del Hombre se manifieste (Lucas 17:28-30). Luego, en los versos 32 y 33, leemos: Acordaos de la mujer de Lot.  Todo el que procure salvar su vida, la perderá; y todo el que la pierda, la salvará.

Pero Pedro habló bien de Lot. El dijo que era un hombre justo, quien afligía su alma en la medida en que veía y oía los hechos inicuos de ellos (2 Pedro 2:8). Esa impiedad sodomita tenía atormentado al justo Lot, pero sus raíces familiares, sus bienes de fortuna, su sedentarismo, lo tenían acostumbrado a una vida de rutina que creyó poder gobernar. Sin embargo, Jehová hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego desde los cielos. A la mañana siguiente, Abraham miró hacia el lugar y vio que solo había un humo que subía de la tierra, como el humo de un horno. Y Jehová se acordó de Abraham al enviar fuera a Lot de en medio de la destrucción, al asolar las ciudades donde Lot estaba. Esto nos da a entender, que si bien Lot vivía en Sodoma, también visitaba a Gomorra.

Lo que sigue de la historia de Lot es todavía más triste. Como vivió en una cueva, por temor a habitar la ciudad pequeña llamada Zoar, sus dos hijas con quienes había escapado de Sodoma le dieron a beber vino. Ya él dormido y ebrio no supo con quien había estado esa noche, en la que la hija mayor durmió con su padre. Así hizo al día siguiente la hija menor, y ambas concibieron de Lot. Los dos niños nacidos, de quienes Lot es padre y abuelo,  son dos grandes enemigos de los hijos de Abraham, hasta hoy: los moabitas y los amonitas.

Lot es el claro ejemplo del hombre justo que se sienta con los impíos, de alguien que pretende que su influencia moral será suficiente para transformar al mundo. Todo ese esfuerzo resulta tan vano como la pérdida de todos sus bienes, el dejar una perversa descendencia, y el contemplar el humo de todo lo edificado. Aún su mujer, de quien se dice por la historia que era de la ciudad de Sodoma, fue un símbolo de lo que no se debe hacer: mirar hacia atrás, cuando se es llamado a seguir hacia adelante. Y Jesús dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios (Lucas 9: 62).

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 17:37
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