Martes, 13 de noviembre de 2012

Muchos han clamado ser sabios en el mundo, pero más bien se han hecho necios. Estos son los que han cambiado la gloria del Dios incorruptible en imágenes de hombres mortales, de diversos tipos de animales, que hasta incluyen reptiles. El autor de la  carta a los romanos dijo que como el hombre no tuvo en cuenta a Dios -el cual se manifestó desde antes a través de su creación- ese mismo Dios entregó a la humanidad a pasiones de estupor, haciendo que hombres y mujeres perdieran el uso natural del sexo y lo cambiaran por el que es contra la naturaleza. De esta forma la humanidad deshonra su propio cuerpo, la casa que habita su espíritu, como castigo por haber cambiado la verdad de Dios por la mentira, por haber servido a la criatura antes que al Creador (Romanos 1).

Pero la malicia humana trabaja duro y ha llegado a elaborar un constructo lingüístico y conceptual para disimular el castigo divino. Ahora ellos llaman a su padecimiento orgullo, de tal forma que pecan por partida doble: por su arrogancia contra Dios, al no tenerlo en cuenta, y por ser altivos, asunto que Dios odia. La Biblia dice que Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes (Santiago 4:6). Estos hombres castigados por Dios en sus concupiscencias declararon que su estigma es su jactancia y de esta forma festejan públicamente sus desfiles del orgullo gay. Sin embargo, a pesar de su odio a Dios, algunos se declaran cristianos, corrompiendo aún más el mandato y la palabra declarada de Dios. Por otro lado, la Biblia también denuncia a aquellos que apoyan tales actos (Romanos 1:32).

Alguien dijo una vez que la iglesia que no marcha con el mundo queda rezagada. Eso es verdad, pero a medias. Puede ser cierto en su relación con lo mundano, pero es incierto en su relación con lo divino. Hay quienes se gozan en llamar a lo bueno malo, y a lo malo bueno. Hay quienes confunden lo santo o separado, con lo inmundo o unido al mundo. En la Biblia se denuncia desde el Antiguo Testamento todo lo relacionado con las prácticas sexuales antinaturales. Se habla contra el bestialismo (relaciones sexuales con animales), asimismo contra la homosexualidad en cualquiera de sus formas (hombre con hombre o mujer con mujer). Pero en el Nuevo Testamento, la Biblia no guarda silencio. Antes, al contrario, puja por una descripción como nunca, indagando en las razones de esos hechos de ignominia cometidos por los seres humanos. Atribuye, fundamentalmente, la causa de ese padecimiento a que el hombre no quiso tener en cuenta a Dios.

Pero algunos argumentan que eso es una contradicción, pues ellos sí quieren tener en cuenta a Dios y practican tales actos. No obstante, Jesús es quien les responde:  ¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo? (Lucas 6:46).  Su obstinación continúa al pretender aseverar que Jesucristo no dijo ni una palabra en contra de tales actos, pero se equivocan. El es el autor de la Ley, él y el Padre son uno. Quien ha visto a Jesús ha visto al Padre. El es la Palabra, el Verbo hecho carne, por lo tanto su palabra inspirada habla por él mismo. Lo que el Espíritu inspiró en los escritores bíblicos no lo hizo a espaldas del Padre o del Hijo, sino que los tres concuerdan y son uno. De manera que todo lo que se expone en las Escrituras respecto al tema en cuestión ha de ser atribuido a Jesús como su autor. Además, en él y por él son todas las cosas.

Resulta obvio que si no tener en cuenta a Dios viene a ser la causa de la proliferación homosexual en nuestra época, entonces también es claro que la Biblia condena dicha práctica. Pues se deduce del argumento bíblico que Dios envió como castigo la deshonra corporal del espíritu humano, por haber sido ignorado y por no haberle sido atribuido el honor merecido. En el relato del Génesis vemos a un Dios que crea a un hombre y a una mujer, no a un hermafrodita. Su mandato fue creceos y multiplicaos, aunque primero se ocupó de que el hombre no estuviera solo. El acto de la creación presupone que exista el vínculo sexual como goce en la recreación del hombre y la mujer, así como el medio para la procreación. No es bueno que el hombre esté solo tuvo como consecuencia natural el advenimiento de una mujer, no de otro hombre. De manera que la compañía ideal para la soledad de Adán fue el sexo opuesto, al menos en la mentalidad del Creador. El que con ese acto se haya alcanzado otro medio para otros fines es un asunto también de importancia. Pero el hecho fundamental estriba en que la soledad del hombre en el huerto se vio resuelta con la compañía de una persona de distinto sexo.

Con esa solución se alcanzó también el propósito de la procreación. Pero cuando el pecado entró en el corazón de Adán y de Eva, entonces fue tomando las múltiples formas de lo que la Biblia ha dado en llamar los frutos de la carne. Existe una numeración cuantiosa en el libro de los Gálatas, que no termina ni se cierra, sino a la que se le añade una expresión muy peculiar, como un gran etcétera (y cosas semejantes a estas). Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios (Gálatas 5: 9-21). Dentro de las cosas semejantes, el mismo autor señala en otra carta lo siguiente: ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ... ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. (1 Corintios 6: 9-10).

Esto nos prueba que el Nuevo Testamento también declara pecado tales actos. Por supuesto, son pecados que pueden ser perdonados, pero la gente necesita nacer de nuevo para ser redimida plenamente. Una gran pregunta surge cuando alguien imagina posible que una persona verdaderamente creyente pueda incurrir en tales errores. La Biblia habla de casos de hombres de Dios que han caído en pecado y han sido restaurados por Dios mismo. Conocemos del pecado de David con Betsabé, una mujer ajena. Sabemos de su intención de simulación, cuando pretendió que su marido volviera de la guerra para estar con su mujer, de manera que se supusiera que el niño por nacer sería de él y no de otro. Como eso no le dio fruto, pues el noble hombre no quiso pernoctar con su mujer mientras sus coterráneos batallaban duro, David tuvo que pasar al otro plan, colocarlo en la vanguardia para que muriese lo más rápidamente posible. Sabemos que Dios castigó duramente a David por esos pecados, aunque después lo restauró espiritual y materialmente.

Uno pudiera hacer un inventario de los pecados por los cuales murió Cristo. Al parecer el único pecado imperdonable será la blasfemia contra el Espíritu Santo (referirse a las obras de Dios como obras de Satanás). Pero el mismo apóstol que escribió Gálatas y Corintios también refirió que en la iglesia muchos habían pecado muchos tipos de pecado. El dijo Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios (1 Corintios 6:11). Es decir, que muchos en la iglesia habían pecado de acuerdo a la lista nombrada anteriormente, lo cual incluía el pecado de homosexualidad y afeminación (Hacer que un hombre pierda la energía atribuida a su condición varonil; inclinarle a que en sus modales y acciones o en el adorno de su persona se parezca a las mujeres) - (Real Academia de la Lengua). De manera que por lo mencionado en estos textos, llegamos a la conclusión siguiente: 1) La Biblia sí considera pecado la homosexualidad y el afeminamiento; 2) sí son perdonables dichos pecados. Por lo tanto, hay esperanza para el que humildemente acude al Señor arrepentido de tal abominación.

Es interesante notar que en ningún lado se enseña que esos pecados han de ser declarados públicamente, para dar un testimonio de lo que uno era y ya no es. Esa costumbre es atributo de muchas organizaciones religiosas, pero no es un mandato bíblico. La Biblia nos recomienda la oración secreta: entra en tu cámara secreta, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en lo secreto, el cual te recompensará en público. Hay gente que está batallando con esos males, pero para los escogidos del Padre todo pecado es susceptible de perdón, pues se supone que si se es elegido es porque nunca habrá de cometer el pecado imperdonable. Y esto erais algunos es una expresión de esperanza para los que andan en prácticas de pecado que no desean perpetrar. El vicio y el medio ambiente en ocasiones inducen a la gente a errar en conductas indecorosas, pero lo peor de todo es llegar a sentirse orgulloso de tales hechos. Recordemos que Dios resiste a los soberbios, que no son otros que los que sienten orgullo por su pecado. Sin embargo, el mismo David escribió después de su amarga experiencia, que al corazón contrito y humillado Dios no lo desprecia. El corazón contrito está consciente de la forma en que el pecado degrada, y la contrición es más que el remordimiento. Judas tuvo remordimiento por lo que le hizo a Jesús, por eso fue y se ahorcó. Pero David se contristó por su pecado y se humilló ante su Señor para clamar por el perdón. Asimismo, reconoció la vileza (no el orgullo) de su pecado, pues llegó a exclamar que él había sido formado en maldad y en pecado lo había concebido su madre.

La garantía está dada en la Biblia. Dios ha prometido que no despreciará al corazón contrito y humillado, antes bien le mostrará su misericordia, pues es amplio en perdonar. El verdadero sacrificio a Dios es el corazón contrito y humillado (Salmo 51:17); la mujer adúltera fue perdonada por Jesús, quien le dijo: Ni yo te condeno; vete y no peques más. De manera que a Dios no le asusta el tamaño del pecado humano, ni Él tampoco desconoce su variedad. Él sabe de qué corazón o naturaleza estamos hechos, Él sabe el grave daño causado por el pecado en nuestra naturaleza humana, de manera que será amplio en perdonar. Lo más importante del perdón es que Dios dijo que nunca más se acordaría de nuestras faltas, y expresó que echaría los pecados al fondo del mar. Después del perdón, solamente el Acusador de los hermanos (Satanás) se atreverá a sacar nuestros trapos al sol, es decir, a querer recordarnos lo mal que hemos actuado en nuestra vida. Pero sabemos que eso lo hace por cuanto a él no le ha sido dado el perdón, sino que más bien él ha sido condenado. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios. Estas son las palabras gloriosas para después del perdón; y lo mejor es que la Escritura nos dice que siete veces caerá el justo, y siete veces será levantado (Proverbios 24:16), porque Jehová sostiene su mano. Si en nuestra relación con los hermanos hemos de perdonar muchas veces, cuánto más no nos perdonará aquél que hizo posible la reconciliación: Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete (Mateo 18: 21-22).

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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