S?bado, 20 de octubre de 2012

Muchos se han preguntado si en realidad existe alguna diferencia entre Arminio y sus seguidores. Para responder adecuadamente debemos admitir que habría que examinar la obra escrita de Jacobo Arminio y comparar con la tesis de sus seguidores a través de varios siglos. En realidad, cuando uno acude a sus escritos, que son de dominio público, se encuentra con unas declaraciones que coinciden con las de muchos de sus discípulos. Llama la atención la frecuente aparición de dos vocablos, cuando hace referencia a la doctrina de la predestinación y a la de la gracia irresistible. Califica a ambas doctrinas como repugnantes y blasfemas. Si bien hay que reconocer que en el tema de la predestinación acepta una que otra variante, como la de que Dios previó la buena disposición de sus elegidos, se resiste a imaginar como posible el que Dios haya soberanamente decretado el destino de los réprobos sin miramiento alguno a sus obras. De allí nace su calificativo a dichas doctrinas: repugnantes y blasfemas.

Nos queda de seguida una implicación necesaria, la de que la obra sigue al autor. Si la doctrina de la predestinación y de la gracia irresistible son exposiciones del Dios de la Biblia, entonces el autor de ellas es tan blasfemo y repugnante como su propia obra. No puede haber independencia en materia de ética, moral y religión. No puede haber tal cosa como un crimen voluntario y horrendo sin criminal voluntario y horrendo. Las dos cosas van de la mano, por lo cual, de ser cierta la tesis de la predestinación y de la gracia irresistible, su autor es tan repugnante y blasfemo como su misma obra.

Dicho esto, es bueno señalar que uno de sus más fieles y apegados discípulos es Johh Wesley, quien también abjurara de tal Dios, el cual sería un tirano o un déspota, y ante el cual su alma se rebelaría sin cansancio. Pero aunque muchos se sorprendan en este momento, hubo otros seguidores ambiguos, de doble ánimo, llevados por cualquier viento de doctrina. Quizás el más célebre es el llamado príncipe de los predicadores (de los calvinistas, pues el otro príncipe es John Wesley, el de los arminianos). Spurgeon calificó a John Wesley como un hombre del cual el mundo no era digno de desatar o atar la trenza de sus zapatos. Para Spurgeon, Wesley era merecedor de tomar el lugar número 13, si lo hubiere, entre los apóstoles del Señor. Llama la atención el que un predicador que abjure públicamente y por escrito del Dios de la Biblia sea sugerido por Spurgeon como merecedor de tan alto galardón celestial. Pero Spurgeon, contrario a lo que muchos citan, también se vio seducido por la teología de Arminio. Sabemos que ridiculizaba la tesis arminiana, que la colocaba a nivel de lo irracional e ilógico, pero parece ser que la expansión arminiana y la fama de su archirrival John Wesley lo desesperaron tanto que al final también prevaricó. Para los que tuvieren duda de lo acá dicho, les recomiendo ir a buscar su sermón acerca de Jacob y Esaú. Allí hace gala de su palabrería a la que había habituado a su audiencia, un conocimiento extensivo como agotador, capaz de desviar el mensaje central de lo que explica hacia derroteros nefastos de perdición. Dijo que Esaú se merecía haber sido dejado de lado por la gracia divina, pues su testarudez o su falta de previsión por la salud espiritual -al vender su primogenitura- no merecía otra cosa que el castigo que él mismo se había buscado. De Jacob, la gracia era inmerecida (medio punto a favor) pero de Esaú la condenación era merecida. Con el texto de Romanos 9 en sus manos, analizando lo que el Espíritu había querido decir, pasa por alto el hecho de que la escogencia de Dios tanto para Jacob como para Esaú había sido antes de que hiciesen bien o mal. De manera que se equivocó a propósito, lo cual implica una doble falta, por lo cual el medio punto acumulado con su acierto en cuanto a Jacob todavía no le es suficiente.

Pero, por si fuera poco, en dicho sermón Spurgeon siguió los pasos de su admirado Wesley, aunque prefirió usar un vocablo menos atrevido. Si su inspirador John Wesley había dicho que abjuraba de tal Dios por tirano o déspota, Spurgeon dijo que su alma se rebelaba contra tal Dios o contra la idea de exponer la sangre de los condenados a sus pies. Ambos condiscípulos tropezaron en la piedra que era Cristo, ambos se rebelaron contra la revelación del Espíritu Santo declarada en Romanos 9, cuando se dice que Dios quiso escoger a Jacob y a Esaú para sus destinos eternos antes de que hiciesen bien o mal. El apóstol añade, como para despejar cualquier elucubración en contra, como para cerrar la boca de su objetor, que el propósito de Dios permanece por la elección, no por las obras. De manera que si no es por las obras, la elección para vida o para muerte eterna es un asunto de Dios, no de merecimiento humano.

Se dirá que quien va al infierno es porque lo merece. Eso es parte de nuestro juicio viciado por la historia humana. La revelación bíblica toca un terreno que nos parece escabroso y por lo tanto poco ético. De allí que los predicadores se hayan preocupado por desenlodar los pies de Dios, por presentar un Dios más cónsono con la justicia humana que con su propio criterio de Alfarero. Pero lo que han hecho es rebelarse, abjurar, declarar repugnante y blasfemo el decreto divino. Ellos se han autoproclamado cancilleres del Altísimo, a la usanza de los más terrenos y pecadores emisarios de los reyes de la tierra. Lo más grave aún es que Dios no ha pedido ayuda, no necesita y no quiere que lo defiendan. La concepción que Él tiene de su obra creada con sus manos y con la materia que Él mismo fabricó, es que no es nada y es menos que nada. Sin haber tenido consejero hizo los cielos y la tierra. Sin pedir opinión alguna hizo al malo para el día malo. Sin que siquiera hubiésemos sido creados ya había decidido que Jacob sería amado y Esaú aborrecido u odiado. Y esto es una voz pasiva, tanto ahora como en la revelación escrita. El complemento agente es Dios, el sujeto paciente es Jacob de un lado y Esaú del otro. De manera que así como Jacob es amado por Dios (sin merecimiento alguno), Esaú es odiado por Dios (sin merecimiento alguno). El que sus cancilleres voluntarios hayan salido a la palestra teológica con el argumento de que Esaú recibió un parte judicial está fuera de orden en el texto revelado. No dijo el apóstol que Esaú era odiado por lo malo que sería, sino que fue odiado antes de hacer bien o mal. Si eso es repugnante, o si eso es considerado como una auto-blasfemia, entonces quien así piensa y habla tiene planteado un pleito con su Hacedor.

El maestro de estos dos grandes pilares protestantes fue Arminio, quien lo aprendió en la escuela escondida de los jesuitas, cuya historia se remonta hasta Pelagio, hasta el Edén donde se encontraba la serpiente antigua. Es aquella simiente que provoca la rebelión, la abjuración, la repugnancia y la blasfemia contra el Dios revelado en las Escrituras. Veamos algunos ejemplos claves de la obra escrita por Arminio. Todas las citas son tomadas de The Works of James Arminius, D.D. (London edition of 1825, 1828, and 1875).

"Estoy completamente persuadido de que la doctrina de la gracia irresistible es repugnante a las Sagradas Escrituras." En relación a la predestinación leemos: "Afirmo que esta doctrina es repugnante a la Naturaleza de Dios, pero particularmente a aquellos Atributos de su naturaleza -sabiduría, justicia y bondad- por los cuales él hace funcionar y controlar todas las cosas. Es repugnante a su sabiduría por tres razones: 1) Porque representa a Dios decretando algo para un propósito específico nada bueno, esto es, que Dios haya creado algo para eterna perdición en alabanza de su justicia. 2) Porque establece que el objeto de su predestinación es demostrar la gloria de su gracia y de su justicia: Pero esta gloria no la puede demostrar, excepto por un acto contrario a su gracia y su justicia, que el hombre debería pecar y volverse miserable. 3) Porque cambia e invierte el orden de la doble sabiduría de Dios, como se nos muestra en las Escrituras. Ya que se dice allí que Dios se propuso salvar a los hombres por su gracia y su sabiduría, comprendida en la doctrina de la cruz de Cristo, sin haber previsto esta circunstancia, que fue imposible para el hombre (por su propia falta) ser salvo por la sabiduría revelada en la ley, la cual le fue impartida en la creación: Cuando la escritura asegura, por el contrario, que ¨quiso Dios salvar al hombre por la locura de la predicación¨, esto es, ¨por la doctrina de la cruz, después de que el mundo no conoció a Dios por la sabiduría¨ (1 Corintios 1:21)".

"La doctrina de la Predestinación es contraria a la naturaleza del hombre, ya que fue creado a la imagen de Dios, en Su conocimiento y en Su justicia, pues fue creado con libre albedrío, con la disposición y actitud de gozar de la vida eterna, con el constante deseo en él de hacer justicia a cada quien. Pues el decreto de predestinación asegura que Dios quiere salvar a ciertos individuos, de quienes decretó su salvación sin mirar su justicia ni obediencia. En otros términos, Dios amó a tales hombres mucho más de lo que ama su propia justicia."

Nos detenemos acá en las citas, porque son cuantiosas y ricas en improperios, aunque siempre repetidos: repugnante, blasfemo, etc. Al parecer, la tesis de Arminio acude al libre albedrío humano, a la presunción de independencia de Dios que le prometió la serpiente a Eva en el Edén. Si el hombre llega a ser como Dios, no necesita a Dios ni tiene por qué ser su dependiente, antes bien, habría ganado su absoluta libertad.  Tiene razón al decir que la doctrina de la Predestinación es contraria a la naturaleza humana, pero no por lo que aduce, que el hombre sea libre, sino porque el hombre no quiere sujetarse a la ley de Dios. Eso fue comprobado con lo que el mismo Arminio argumentó acerca de la ley de Dios impartida desde la creación en los corazones de los hombres. Pablo argumentó que la ley sirvió para hacernos más culpables, pero que fue nuestro Ayo para llevarnos a Cristo. Ciertamente, la ley no salvó a nadie, y mal puede Arminio sostener lo contrario. Por lo tanto, si la ley no salvó a nadie, no debe atribuirse a una falla del Creador el haber impartido su ley en los corazones de los hombres, porque de seguro ya sabía que eso no iba a funcionar a la manera en que Arminio lo figura. El propósito de Dios fue salvar al hombre por la locura de la predicación, la sabiduría de la cruz y del evangelio que es locura para el mundo. ¿Cómo cambia e invierte esto el orden de la sabiduría de Dios? ¿A qué viene la protesta de Arminio al respecto? Ciertamente en esto no es muy claro, como en otros contextos cuando expone abiertamente su repugnancia por la doctrina de la absoluta soberanía de Dios, la cual dice que Dios ejerce una gracia irresistible en los que quiere atraer hacia Cristo. Porque irrenunciables son los dones y el llamamiento de Dios. No hay quien detenga su mano y le diga, ¿qué haces? Todo lo que quiso ha hecho. Como nada y como menos que nada son los habitantes de la tierra. Yo hago la obscuridad y creo la luz, yo creo la adversidad, aún al malo ha hecho Jehová para el día malo. Dios es quien le dice a Satanás, ¿has considerado a mi siervo Job? Y más tarde el libro de Job relata que le consolaron de todo aquel mal que Jehová había traído sobre él (Job 42:11).

Para que se sepa desde el nacimiento del sol, y hasta donde se pone, que no hay más que yo; y ninguno más que yo, que formo la luz y creo las tinieblas, que hago la paz y creo la adversidad. Yo Jehová soy el que hago todo esto (Isaías 45:6-7). ¿Habrá algún mal en la ciudad, el cual Jehová no haya hecho? (Amós 3: 6). Dios no se anda con rodeos, ni necesita cancilleres que lo defiendan o representen ante sus criaturas. 2 Samuel 24:1 y 1 Crónicas 21:1 hablan del censo ordenado por David. En el primer texto se dice que Jehová airado contra Israel incitó a David a hacer el censo; en el segundo texto se afirma sobre el mismo hecho, pero que fue Satanás quien incitó a David. Entonces, ¿son dos fuerzas antagónicas e independientes? ¿O más bien el bien y el mal están controlados por el mismo Dios soberano, que hizo los cielos y la tierra, y aún al malo para el día malo? (Proverbios 16:4). De nuevo, Dios no necesita cancilleres, pero hay quienes ven repugnante su obra independiente de la voluntad humana. Dios no depende de sus criaturas para nada, y las ha hecho como ha querido (Romanos 9). De la misma masa hizo a todos, pero desde antes de la fundación del mundo, desde antes de que hiciesen bien o mal, escogió a unos para vida eterna y a otros para condenación eterna. Entiendo que los que se sienten condenados tienen derecho a protestar a semejante Dios. Semejante Dios les debe parecer repugnante y para disimular abogan por su defensa llamando blasfemo a todo aquel que cree la sencillez con que la Escritura habla.

Bien lo dijo Pedro, el apóstol, que los indoctos e inconstantes tuercen las Escrituras para su propia perdición. Ser inconstante en este contexto presupone la comprensión de la soberanía de Dios como ser absoluto que es, pero al mismo tiempo dar una respuesta humanista que conjugue con el parecer humano los textos repugnantes de las Escrituras de ese Dios. Repugnantes para ellos, por cierto, pero para los que se salvan el evangelio es poder de Dios y la única forma para el hombre caído. Los ministros de Satanás han penetrado los rincones del mundo, pero no pueden prevalecer contra la verdadera iglesia, ya que los escogidos de Dios no serán engañados por ellos ni seguirán la voz del extraño a quien no conocen. De manera que quienes han seguido al extraño no eran de nosotros, mas algunos salieron de nosotros para demostrar que no todos son de nosotros. A ellos les repugna la predestinación soberana de Dios y su gracia irresistible; pero para lo necio del mundo que fue escogido por Dios, para deshacer la sabiduría de los hombres, bienvenida sean la predestinación soberana y la gracia irresistible. ¿Cómo pudo Lázaro resistir el llamado de Jesús? ¿Por qué Jesús no llamó a todos los muertos a la vida? Porque él es soberano. De la misma manera no rogó por el mundo, sino por los que el Padre le había dado, cuya extensión incluye a los que habrían de creer por la palabra de aquellos. Al día siguiente de su oración sacerdotal Jesucristo dijo: Consumado es. Entonces, el mundo por el cual no rogó no fue incluido en su expiación sino solamente aquellos por los que había orado. Ahora está a la diestra del Padre intercediendo por los suyos (de nuevo, no por el mundo).

Siempre es bueno recordar lo que dice la Biblia en relación a la más temible soberanía de Dios, sobre el destino eterno de los hombres. En Romanos 9 Pablo escribió: (pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama),  se le dijo: El mayor servirá al menor. Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí. ¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera. Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca.  Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra. De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece. Pero me dirás: ¿Por qué, pues, inculpa? porque ¿quién ha resistido a su voluntad? Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así? ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?  ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción,  y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria,  a los cuales también ha llamado, esto es, a nosotros, no sólo de los judíos, sino también de los gentiles? (Romanos 9: 11- 24).

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 16:39
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