Mi?rcoles, 10 de octubre de 2012

¿Qué culpa tenían los judíos de creer una doctrina aprendida a través de los siglos, enseñada por sus rabinos en las sinagogas, explicadas en los distintos Talmudes, repetida como estricta disciplina en sus hogares? ¿Por qué arrastrar una culpa que tiene su origen en una errónea y antiquísima interpretación? A fin de cuentas ellos tenían celo de Dios. Recorrían la tierra en busca de un prosélito; se jactaban de su diferencia con los otros pueblos de la tierra, al punto en que dividían el mundo en judíos y gentiles (las demás gentes).  Con igual ímpetu, preservaron los escritos del Antiguo Testamento, con sus escribas estrictos, con su fervor religioso, en una eficacia sin parangón para no corromper la revelación. Realmente eran celosos de Dios.

¿Qué culpa tienen los fieles que siguen ciegos al pastor-lobo disfrazado de oveja? Ellos son celosos de Dios y entregan su vida al servicio de la concepción percibida de ese Dios. Pero el carácter piadoso de una persona no se mide por sus actos religiosos, ya que el sacrificio y el camino de los impíos es abominación a Jehová. Dios está airado todos los días contra los impíos (Proverbios 15: 8-9 y Salmo 7: 11). Y no todo el que le dice Señor entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de su Padre. Hay gente que en su nombre anuncia el supuesto evangelio, echa fuera demonios, hace muchos milagros, pero por igual serán dejados de lado (Mateo 7: 21-23).

¿Qué culpa tiene quien ofrece sacrificios de todo corazón? Mas a Jehová está hastiado de ellos, no los quiere. Más bien Dios exige que no le ofrenden más ese incienso de abominación, que no se convoquen más asambleas ni le dediquen fiestas solemnes (Isaías 1:11-14).  Pero hay gente que insiste con doctrinas contrarias a lo revelado en las Escrituras, y en base a ese falso dios confeccionado a su imagen y semejanza continúa en una alabanza inútil. ¿Acaso no hay un corazón altivo cuando se pretende alterar la verdad por causa del otro evangelio? Hay un evangelio que dice que Dios no sabe todas las cosas, que el futuro le es incierto, que su conocimiento depende de lo que haga el hombre. Hay un evangelio que anuncia que Dios votó a favor de la humanidad, pero que el diablo votó en contra, mas ahora la papeleta está en manos del hombre. Pero el Dios de la Biblia no anda en elecciones, pues desde la eternidad hizo la elección de los suyos y de los réprobos en cuanto a fe sin consultar a nadie. Desde los siglos amó a Jacob y aborreció a Esaú, por eso dijo que estaba airado todos los días contra el impío (contra los Esaú) y que amaba a Jeremías ( a Jacob o a sus escogidos) con amor eterno.

¿Qué culpa tiene en su adoración uno que es perverso de corazón?  Todos se desviaron y no hay quien busque a Dios, pero aún los perversos buscan adorarle, siempre y cuando ese Dios les sea propicio y se adapte a su imagen y semejanza . Proverbios 11:20 declara que Abominación son a Jehová los perversos de corazón, aunque igual hagan ceremonias religiosas contrarias a sus mandatos. La falsa iglesia ha declarado un día de perdón ante los abominables, ahora les dicen perdona por haberlos rechazado, ahora te amamos (Día del I'm sorry en los EEUU). Eso equivale a decir: Disculpa, Dios y yo estuvimos equivocados.

¿Qué culpa tiene alguien que es enseñado por sus antepasados a acostarse con las bestias? Pero Dios reclama que tales actos son abominación ante Él (Levítico 20: 15-16).  Hay quienes se jactan de tales prácticas y las hacen públicas y notorias, y hay quienes oyen a los que las anuncian y aún así los bendicen.  También Dios abomina las ofrendas mal adquiridas: es muy fácil echar mano del erario público y luego ofrendar en un templo para santificar el remanente. Hay quienes dan la bienvenida a las ofrendas que provienen de lo mal habido.

¿Qué culpa tiene alguien si ha sido enseñado a prestar atención a los adivinos y hechiceros? Ahora los llaman psíquicos, porque de esa forma se hace más científico el acto esotérico.  Pero Dios está en contra de quien practique adivinación, sea agorero, sortílego, hechicero, encantador, adivino, mago, o quien consulte a los muertos. Porque es abominación para con Jehová cualquiera que hace estas cosas (Deuteronomio 18:12).

¿Qué culpa tiene quien ha sido enseñado a manejar las pesas falsas? Pesa y medida falsa son abominación a Jehová, y la balanza falsa no es buena (Proverbios 20: 10 y 23). ¿Y qué culpa hay en los que son entrenados en la sodomía? La Biblia dice que hubo también sodomitas en la tierra, e hicieron conforme a todas las abominaciones de las naciones que Jehová había echado delante de los hijos de Israel (1 Reyes 14:24). El Levítico dice: No te echarás con varón como con mujer; es abominación (18:22); y Si alguno se ayuntare con varón como con mujer, abominación hicieron (20:13). Pero no es materia solo del Antiguo Testamento, pues en el Nuevo también leemos: ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, … no heredarán el reino de Dios (1 Corintios 6:9-10). Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombresdejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío.  Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen (Romanos 1:26-28).

Celo de Dios tienen muchos y adaptan sus creencias de acuerdo a los grupos que conforman. Ahora se permite la consagración de pastores homosexuales, por no hablar de la feligresía gay. En ciertas emisoras de radio también se lee el horóscopo bíblico, en fin, se practica una fe acorde a la usanza del mundo, para evitar que la iglesia se quede rezagada. Celo de Dios tiene mucha gente, en especial los que aman la religión y sus prebendas, pero parece ser que no se dan cuenta de lo que la Biblia enseña. Un celo de Dios que no es conforme a ciencia no sirve de nada (Romanos 10: 1-3). Eso es tan inútil como la más perfecta idolatría o el más arraigado ateísmo.

El problema principal radica en que muchos tienen una visión errada del Dios de la Biblia. Piensan que Dios algunas veces toma decisiones solo, en forma independiente del hombre; pero que en otros momentos el mismo Dios modifica sus planes para que el hombre pueda tomar sus propias decisiones.  De esta forma Dios reacciona a las acciones de sus mortales criaturas y está dispuesto a abaratar su ley para que sea tenida en cuenta. Cuando Dios creó el mundo sabía que estaba asumiendo el riesgo de fracasar con su propósito, por lo tanto está dispuesto a negociar un nuevo trato con el hombre que se muestra celoso de Él.

Tal parece que Dios está siempre aprendiendo. Por eso la vieja pregunta: ¿Cómo sabe Dios? ¿Y hay conocimiento en el Altísimo? (Salmo 73:11). A estos les parece aburrido para Dios haber fijado todas las cosas desde la antigüedad. Pero se equivocan, pues el que ellos supongan que eso ha de ser aburrido no implica que en la mente de Dios lo sea. Antes bien, el Señor se reirá de ellos porque ve que viene su día. De esta forma, un Dios cambiante conviene al de corazón perverso, pues al no serle cierto el futuro puede cambiarlo y puede negociarlo. Por esta vía se negocian los conceptos, y el pecado antiguo queda obsoleto por anticuado, por ser el producto de una visión estrecha de la vida. El hombre contemporáneo cuando comete todas las abominaciones antes señaladas las hace porque para él es asunto de tener una mente abierta, y, además, Dios debería agradecerle que, a pesar de esos actos por los cuales la vieja Biblia los acusa, ellos continúan celosos de Dios.

Si para Dios el futuro no le es cierto, tampoco le es seguro el conjunto de sus mandatos. Ellos hubiesen sido dados en virtud de una visión estrecha de Dios, pero ahora, con más información y gracias a las nuevas circunstancias, y a la opinión de la mayoría, sus viejos conceptos de pecado se ven forzados a cambiar. Y si acaso Él no cambia, entonces se reinterpreta Su palabra. Al final de todo, lo que importa es tener celo de Dios. Grandes herejes, falsos maestros, falsos pastores, han mostrado un gran celo por Dios. Grandes guerras se han levantado en nombre de ese gran celo. Pero de nuevo la palabra continúa como una sólida roca donde la gente gusta tropezar: de nada sirve el celo por Dios si no es conforme a conocimiento (Romanos 10: 1-3).

Forzar los términos para hacerlos cónsonos con asunciones establecidas no es sino torcer las Escrituras. El hombre reclama su independencia de Dios, desde el Edén, y presupone que tiene libre albedrío para decidir lo que es bueno y lo que es malo. Pero Dios dice que hizo a unos para fines nobles y a otros para fines innobles. El asume que ha hecho todo esto cuanto existe y como existe, aún al impío para el día malo. En esas dos corrientes de pensamiento el hombre religioso de hoy se debate, pero no habrá paz para el impío. La Biblia declara que no hay otro Dios fuera del Dios revelado, y que de su mano no hay quien salve. Dura cosa es dar coces contra el aguijón, y ¡ay del que pleitea con su Hacedor! Esforzaos a entrar por la puerta estrecha, porque amplio es el camino que lleva a la perdición.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 18:12
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