S?bado, 01 de septiembre de 2012

Estudiosos han discutido si el nombre de Tarsis es una referencia a España. Tal vez proviene de Tartesus, una colonia fenicia a orillas del Guadalquivir. Se ha propuesto que el origen del nombre España es fenicio, con un significado alusivo a lo que mostraban sus estepas: tierra habitada por conejos.

Como los romanos la invadieron con el propósito de tomar sus minas de plata y oro, ciertos eruditos bíblicos hacen relación con los metales de Tarsis citados en el Antiguo Testamento: ...plata batida de Tarsis (Jeremías 10:9); Tarsis comerciaba contigo por la abundancia de todas tus riquezas; con plata, hierro, estaño y plomo comerciaba en tus ferias (Ezequiel 27:12). Llama la atención la observación del gramático Jesús Luis Cunchillos, quien expone en su Gramática fenicia elemental (2.000) que la raíz de span es spy y significa: forjar o batir metales. Este apoyo reciente de la filología pone de relieve la vinculación hecha por los estudiosos bíblicos en cuanto a la referencia del Tarsis de la Biblia con la colonia fenicia Tartesus.

En el libro de Abdías, verso 20 del único capítulo, leemos: Y los cautivos de este ejército de los hijos de Israel poseerán lo de los cananeos hasta Sarepta; y los cautivos de Jerusalén que están en Sefarad poseerán las ciudades del Neguev.  Gill (Exposición completa de la Biblia) señala que los judíos antiguos interpretaban por los canaanitas a los alemanes y Alemania, por Sarepta a Francia, y por los que están en Sefarad a España. De allí que los judíos cuyas familias tuvieron su origen en España son llamados Sefardíes, por Sefarad. Tal vez, continúa Gill, la profecía aludía a que el pueblo judío se asentaría fundamentalmente en esas regiones, en un momento de la historia.

Al parecer, del texto de Abdías algunos escritores judíos del Targum, Jarchi y Aben Ezra, llaman a este lugar con un vocablo hebreo que se pronuncia o traduce como Aspania, muy cercano a Hispania, el nombre dado por griegos y latinos. Un Targum es una traducción al arameo de la Biblia hebrea. Recordemos que el arameo fue por siglos la lengua franca utilizada en las comunidades judías que se movían entre Israel y Babilonia. Incluso hay libros del Antiguo Testamento que fueron escritos originalmente en arameo.

La mención más específica la hizo el apóstol Pablo en su carta a los romanos: ...cuando partiere para España...(Romanos 15: 24).  Pablo deseaba visitar a los hermanos en Roma, pero primero quería ir a España. Esa España de antes ha de entenderse junto a Portugal, como el país de los íberos. Los romanos la llamaban primero Iberia, en honor al río Iberus. No se sabe a ciencia cierta si Pablo en realidad llegó a esa región. Sabemos que sí visitó Roma, pero de su anhelo por La Península Ibérica no hay testimonio fehaciente. Algunas elucubraciones refieren que pasó dos años en España después de haber sido librado de la cautividad de Nerón. Esto supondría que fue hecho preso en Roma dos veces y que estuvo en España antes de la segunda visita a Roma.

En el plano de la soberanía de Dios, comprendemos que ella conduce a cada quien en sus pensamientos y acciones. El corazón del hombre piensa su camino; mas Jehová endereza sus pasos (Proverbios 16: 9). Del hombre son las disposiciones del corazón; mas de Jehová es la respuesta de la lengua (Proverbios 16: 1). En este contexto, recordamos que en otra oportunidad Pablo quiso ir a Asia, en su deseo de anunciar el evangelio en esa región. Sin embargo, el Espíritu de Dios se lo impidió. El libro de los Hechos de los Apóstoles (16: 6-32) nos narra unos acontecimientos curiosos en cuanto a la soberanía divina. Esta historia muestra que tras ser impedido por el Espíritu tuvo una visión en la que se le pedía que fuese a Macedonia.

En su recorrido pasó por pueblos y ciudades, una de las cuales es Filipos. Allí sucedió el milagro de Lidia, la vendedora de púrpura en Tiatira, quien era temerosa de Dios y escuchaba lo que el apóstol anunciaba. El milagro por cuanto Dios abrió su corazón y en consecuencia creyó y fue bautizada. También, en el mismo lugar, Pablo sostuvo el encuentro con una adivina que daba grandes ganancias a sus amos con su trabajo. Lo que decía esa mujer durante varios días desagradó a Pablo, a pesar de que era verdad. Ella anunciaba: Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, los cuales nos enseñan el camino de la salvación. Pablo le ordenó en el nombre del Señor Jesucristo a su demonio (un espíritu) que saliera de ella. La consecuencia fue ser detenido junto a su compañero por las autoridades civiles, acusados de alborotadores y de predicar costumbres contrarias a las de los romanos.

De inmediato, y después de los habituales azotes para tales casos, lanzados a la cárcel, Pablo y Silas oraban y cantaban himnos a Dios. Hubo un gran terremoto y las puertas de la cárcel fueron abiertas, también fueron rotas las cadenas de todos los presos. El carcelero al suponer que los presos habían escapado intentó suicidarse, pero Pablo clamó diciendo: No te hagas ningún daño, pues todos estamos aquí. El carcelero cayó a los pies de Pablo y de Silas y preguntó: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? Y ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo tú y tu casa. Y le hablaron la palabra del Señor, y a todos los que estaban en su casa.

Aprendemos de este viaje varios hechos de importancia: 1) Que a pesar de su deseo de ir a Asia, tuvo que hacer la voluntad de Dios, al ser impedido por él y conminado a trasladarse hacia Macedonia. 2) Que Dios los usó para salvar a Lidia, sin que importara cuán largo había sido el viaje para obtener una sola alma de ganancia. 3) Que aunque la gente de Satanás anuncie la verdad, como lo hizo la adivina, no es lícito tener comunión con los espíritus de las tinieblas, ni gozarse en sus verdades. 4) Que a la reprensión de Pablo, sin aspavientos, el espíritu fue expulsado de esa mujer. 5) Que en lugar de premio recibió azotes y cárcel, pero Dios tenía su propio guión. 6) Como resultado de ese guión divino, el carcelero de Filipo creyó y le fue hecha una promesa particular a él, el de que su familia también sería salva.

 Pero si él determina una cosa, ¿quién lo hará cambiar?  Su alma deseó, e hizo. (Job 23:13). Ese es el Dios soberano y, muy a pesar de que Pablo tenía un bonito y lógico plan, el apóstol hubo de ceñirse a lo establecido por el Señor, quien tenía la visión general de su propósito eterno. Por eso, cuando quiso ir a España, hecho que daba por seguro, no sabemos si ese era el plan de Dios, pues no hay registro escrito en las Escrituras de que así lo hiciese. No obstante, a los españoles les ha llegado el anuncio del evangelio desde hace siglos. La pregunta hecha al Señor por alguien en una oportunidad podemos hacerla nosotros ahora, en relación a España y a cualquier territorio del planeta: Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo: Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán (Lucas 13: 23-24). Porque muchos son llamados, y pocos escogidos (Mateo 22: 14).

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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