Viernes, 31 de agosto de 2012

Este encabezado puede sonar temerario, sin embargo resume la idea de un predicador y profesor bautista, de nombre Noel Smith, que hace unos años dijo lo siguiente:  "¿Qué es infierno? Es la negación infinita. Es el caos infinito. Y es más que eso. Le digo (a usted), y lo digo con reverencia profunda, el infierno es un monumento horrible para el fracaso de Dios en salvar las masas que están ahí. Lo digo reverentemente, lo digo con cada nervio de mi tenso cuerpo; los pecadores van al infierno porque Dios mismo no puede salvarlos. Hizo todo que podía. Falló."

En realidad debemos honrar su perspicaz inteligencia, ya que fue solo lógica lo que pudo aplicar a la tesis que profesaba. Al ser un convencido arminiano en materia teológica, llegó por la vía más rápida a comprender lo que se implica de la doctrina jesuita implantada en la Reforma Protestante, a través del punta de lanza Jacobo Arminio. Sostener que el hombre coopera en su propia salvación, presupone violar un sinnúmero de afirmaciones bíblicas que fueron inspiradas. A esa postura se le conoce como sinergismo, pues son dos los que trabajan ahora: Dios y el pecador. Se dice que Dios hizo su parte al enviar a su Hijo a la cruz, pero que ahora le toca al hombre tomar la decisión de cooperar en su propio proceso salvífico.

En el esfuerzo del Creador por salvar a toda la humanidad surge su fracaso. La maldad cada día aumenta y el infierno tiene súper población. Claro, tiene razón el profesor bautista antes citado, pues el esfuerzo divino se ha nulificado ante la soberanía humana del libre albedrio. Ahora el hombre le dice no a su Creador y éste no tiene más nada que hacer que mirar perplejo el monumento de su negligencia.  Fue desidia, ya que al saber que muchos eran los que se perderían apostó a su éxito. Es doblemente torpe, por cuanto en su conocimiento previo de como actuarían sus criaturas se la jugó en una parada que sabía tenía perdida.  Por ello merece tal monumento como el infierno, en las palabras de Noel Smith.

Veamos quién está detrás de Smith. Arminio fue un holandés que pretendió en su tiempo seguir las enseñanzas reformadas en relación a la soberanía de Dios. Sin embargo, una vez encontrada la confianza en el seno protestante, enseñaba a escondidas la tesis católico-romana que data de Pelagio y de los semipelagianos. El hombre no heredó culpa de Adán, decía Pelagio, hecho condenado en uno de los primeros sínodos o concilios eclesiásticos. No obstante, llegaron los denominados semipelagianos, quienes adujeron que la humanidad había heredado la culpa de Adán como cabeza federativa, pero que el hombre no estaba totalmente corrompido, de tal forma que mediante su libre voluntad cooperaba en su salvación.

Para sortear todos los obstáculos escriturales encontrados, tanto Arminio como sus seguidores siguieron la tesis de Luis de Molina, jesuita que propuso la idea del espacio neutro, un término medio, donde Dios soberanamente se despoja de parte de su soberanía y concede libre albedrio a sus criaturas. A toda esta idea general se le denomina gracia habilitante, por medio de la cual el Dios bueno espera que su criatura se arrepienta.

Pero si estos son los defensores de Dios que salen de los seminarios teológicos, ¿para qué necesita enemigos? Llegan otros a tratar de solventar la situación y comienzan a negar el infierno. Ahora resulta que es una idea medieval, que un Dios de amor no puede ni siquiera imaginar tal castigo para la obra de sus manos. Al mismo tiempo, en la libre oferta y demanda del evangelio, la idea del marketing o del negocio aparece esparcida por los medios de comunicación modernos. Hay quienes proponen darle a Jesús un trato por 60 días, de manera que si no conviene se deja o se devuelve, si bien no se reembolsa el dinero invertido en libros, discos, revistas, ofrendas y otras contribuciones. Esta oferta de los sesenta días la hizo Rick Warren, el autor de una vida con propósito.

Smith parece olvidar que fue Jesús quien más habló del infierno en el Nuevo Testamento. Podemos añadir que aquellos teólogos y pensadores que sostienen la existencia de una diferencia entre el Dios del Antiguo y el del Nuevo Testamento se encuentran ahora con otra marejada de textos que cruzar. A ellos les parecía que Jesucristo tenía el rol de canciller de Dios Padre, pues había venido a suavizar la aspereza de la Ley de Moisés. Pero no resultó como los embajadores que llegados a nuevo territorio le dan la espalda a su gobierno y piden asilo. Jesucristo vino para hacer la expiación de la culpa de su pueblo, de sus ovejas, de lo que se había perdido, pero no pidió refugio ni se separó de las ideas de su Padre, por cuanto El y el Padre son uno. Pero tal parece que Smith pasó por alto los numerosos textos bíblicos referidos al infierno, no como monumento a la desidia de Dios sino como el lugar de punición eterna.

Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio...(2 Pedro 2: 4). El vocablo griego utilizado para expresar el concepto que nos ocupa es γέεννα  (Gehenna) y Jesús lo usó en muchas ocasiones: Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego... Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno (Mateo 5:22 y 29). Mas os digo, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, y después nada más pueden hacer. Pero os enseñaré a quién debéis temer: Temed a aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en el infierno; sí, os digo, a éste temed (Lucas 12: 4-5).

En cuanto a los que procuraban ganar almas para el servicio religioso, celosos de Dios pero no conforme a ciencia, les dijo: ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros (Mateo 23: 15). Poco le importó a Jesucristo el que esos escribas y fariseos ocupados con el servicio religioso judaico, metido en los asuntos de la Ley de Moisés, pretendieran expandir con fervor sus creencias. Tampoco le importó el que Judas Iscariote fuese el escogido para entregarlo al Sanedrín, pues no rogó al Padre para que Judas no fuese instigado por el maligno para el fin que Dios mismo se había propuesto. Al contrario, le dijo a Judas: lo que vas a hacer, hazlo más pronto (Juan 13:27).

Podemos llegar a una simple conclusión en lo expuesto, que el infierno no es un monumento al fracaso o desidia de Dios. Es un lugar de tormento, preparado para el diablo y sus ángeles, pero también el sitio donde entrarán todos aquellos cuyos nombres no estén inscritos en el libro de la vida del Cordero, desde la fundación del mundo (Apocalipsis 13:8  y 17: 8).

Tal parece que Noel Smith se equivocó, como consecuencia lógica implícita de su enunciado principal. Y por supuesto, el dios en quien él confió no puede salvarlo del verdadero Dios. El dios de Smith no era sino una figura, una imagen mental derivada de una teología humanista, inspirada en los pozos del abismo jesuita, embebida en la iglesia protestante bajo el yugo arminiano. El Concilio de Trento, en 1545, proclamó maldito a todo aquel que negare el libre albedrío en el hombre, a todo aquel que dijere que el hombre no coopera en su salvación. De esta forma, Roma es una con la tesis ecuménica del arminianismo.

Bien lo señaló Augustus Toplady (1740-1778):  ¨Cuando los escritos del arzobispo Laud fueron examinados se encontró una carta entre ellos, endosada con la propia mano del prelado: Marzo, 1628. Una carta de un Jesuita, enviada al Rector de Bruselas, sobre el subsiguiente Parlamento. El objetivo de esta carta era darle al Superior de los Jesuitas, entonces residente en Bruselas, un informe de las posturas civiles y eclesiásticas en Inglaterra; aquí anexaré un extracto de esa carta: Padre Rector, no permitáis que la humedad del asombro capture su alma ardiente y celosa, deteniendo el llamado no esperado y vaporoso de un Parlamento. Ahora tenemos muchas cintas en nuestro lazo. Hemos plantado esa droga soberana del Arminianismo, la cual esperamos purgue a los Protestantes de sus herejías; y floreció y lleva fruto a su debido tiempo... Estoy, en este momento, transportado por el gozo, de ver cómo felizmente todos los instrumentos y medios, tanto grandes como menores, cooperan para nuestros propósitos. Pero, para regresar a nuestro punto principal – Nuestro fundamento es el Arminianismo. Los Arminianos y los planificadores, como aparece en las premisas, producen mutaciones los unos en los otros. Esto secundamos y hacemos cumplir por argumentos probables...¨ (Escritos ocultos de la oscuridad, p. 89, 90. Edit. 1645).

Algunos dicen que el infierno está en la tierra, y bien vale la metáfora por la ardua lucha del cristiano en el mundo. En realidad, Jesús no vino a traer la paz sino la espada; vino a poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra. También agregó que los enemigos del hombre estarían en su propia casa. Con ello demostraba que tendríamos luchas por el testimonio del evangelio, si bien en otra oportunidad también dijo: Mi paz os dejo, mi paz os doy. No como el mundo la da, yo os la doy.

Hay teólogos y manadas de feligreses que los siguen por el camino ancho, que intentan cruzar un puente que sólo conduce hasta la mitad del camino. Ellos se llaman a sí mismos pacificadores, porque no quieren enemigos en su propia casa, ni pretenden disentir contra su propia gente. Al contrario, ellos se animan en pensamiento y acto ecuménico como bandera del siglo de las masas. A ellos también les conviene recordar las palabras de Jesús: Erráis, ignorando las Escrituras y el poder de Dios (Mateo 22: 29).

César Paredes

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