Domingo, 12 de agosto de 2012

Una burla fina o disimulada, el tono con que se dice una frase, puede definirse como la ironía, una vieja figura retórica que trata de dar a entender lo contrario de lo que se dice. Del griego εἰρωνεία (eironeia) y del latín ironīa, ha sido una figura de habla utilizada por grandes oradores, pero también por los escritores bíblicos. De igual forma, el Dios de la Biblia en determinadas ocasiones usa esta figura o tropo para burlarse de sus enemigos.

Cuando la ironía se torna más violenta o grave, la denominamos sarcasmo, del griego σαρκασμός (sarcasmós) y del latín sarcasmus, que se define como una burla sangrienta o una ironía mordaz y cruel utilizada para ofender. En general, la ironía y el sarcasmo (una variación de la primera) constituyen figuras de habla, y se manifiestan como un tropo (manera, vía, medio, método, actitud) de la expresión o del habla, sea esta escrita u oral. En síntesis, la ironía se revela como una cualidad lingüística para insultar, a través del uso de una palabra o expresión en un sentido opuesto del normal esperado. El sarcasmo se reserva para cortar con palabras, como se desgarra la carne en una pelea de perros.

...que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad (2 Timoteo 2: 25). En este texto de Pablo a Timoteo, se explica que Dios da el arrepentimiento y el conocimiento de la verdad en forma conjunta, que no es posible que exista un arrepentido que viva en la ignorancia de aquello de lo cual se arrepintió, y menos en el desconocimiento de la verdad del evangelio por el cual se arrepintió. De igual forma se expone el llamado a corregir con mansedumbre, con gentileza y cortesía, pero no nos impide el uso de la vieja figura del lenguaje, por cuanto la ironía es parte de la retórica normal producida en el habla cotidiana.

El objetor de Romanos 9:19 es sarcástico, pues supone que para ser responsable ante Dios se hace necesario ser libre. Por ello cuestiona a Dios, y presupone en sus palabras un discurso escondido, el de un hombre que pretende renunciar a su responsabilidad porque sabe que todo lo que acontece es la voluntad de Dios. Sin embargo, existe una falacia en su discurso, pues este objetor interesado en cuestionar a Dios pretende hacerlo a motu proprio, dado que no dijo que Dios le había obligado a refutarlo. El objetor parece interesarse en su responsabilidad si y solo si Dios no tiene nada que ver en ello, si y solo si él permanece libre de su Creador. Si es libre de su Creador, entonces a qué preocuparse, dada su libertad ya no es responsable ante él. He allí su oxímoron, su absurdo y contradicción.

Con la ironía se pretende disimular el contenido del acto de habla. Ya su origen griego denuncia su pertenencia natural al lenguaje. La εἰρωνεία (eirōneia) proviene del verbo εἴρειν (eirein), el cual significa hablar. Hay quienes sostienen que el lenguaje es una máscara que intenta ocultar nuestros sentimientos, esconder lo que somos. El temor que sentimos al desnudarnos frente a un desconocido, ese otro, ha permitido que los seres humanos usen el discurso como un blindaje de su personalidad. El lenguaje se ha convertido en un disimulo -o tal vez ha sido así desde su inicio-, un instrumento para ocultar lo que somos o tememos ser. Decimos que estamos bien cuando andamos deprimidos, preguntamos al otro cómo está, aunque eso no nos interese, pedimos disculpas en forma automática en un supermercado al tropezar con otras personas, pero lo que intentamos es evitar una disputa, por más que nos sintamos agredidos. En ocasiones, cuando la máscara se rompe o se quita a propósito, pasamos a otro estadio donde puede imperar la violencia de los hechos. De allí que la diplomacia ha desarrollado en alta forma el uso de esta cualidad humana llamada lenguaje.

Por eso, mostrado el origen del término, la ironía puede concebirse como lo más natural en nuestros actos de habla. De igual forma preferimos las falacias, esos argumentos no lógicos que forman parte de nuestra cotidianidad. Por ejemplo, si vamos en una autopista y nos encontramos con un desvío de los carros porque hubo un accidente, tendemos a generalizar. Decimos que en esa autopista siempre hay accidentes. Pero, no hablemos de falacias sino de la ironía en la Biblia.

Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre (Génesis 3:22).  Aunque el hombre se volvió malvado y pecador por su desobediencia, Dios dijo que se había vuelto como uno de ellos, si bien aclaró el área de coincidencia. Hay un tono irónico en sus palabras, pues dio validez aparente a las palabras de la serpiente, que el hombre sería como un dios.

LA IRONÍA Y OTRAS FIGURAS DE LENGUAJE

Yo había dicho que los esparciría lejos, que haría cesar de entre los hombres la memoria de ellos, de no haber temido la provocación del enemigo, no sea que se envanezcan sus adversarios, no sea que digan: Nuestra mano poderosa ha hecho todo esto, y no Jehová.

En esta referencia encontrada en Deuteronomio, Dios se presenta a sí mismo como alguien que teme la opinión de la gente, en especial la de sus enemigos. Esto es por supuesto una figura de lenguaje, en la que el antropomorfismo está presente. Una forma de sentimiento humano es presentada de parte de Dios. De igual forma es un oxímoron, el Dios temible siente miedo del enemigo. Pero el tono con el que se dirige en este contexto al pueblo de Israel es irónico, ya que se abstiene de raer la memoria de los israelitas por causa de la opinión de pueblos enemigos, como si eso le importase algo.

Porque son nación privada de consejos, y no hay en ellos entendimiento. !Ojalá fueran sabios, que comprendieran esto, y se dieran cuenta del fin que les espera! (ironía) ¿Cómo podría perseguir uno a mil, y dos hacer huir a diez mil, si su Roca (personificación) no los hubiese vendido, y Jehová no los hubiera entregado?  Porque la roca de ellos no es como nuestra Roca (símil, metonimia, personificación), y aun nuestros enemigos son de ello jueces. Porque de la vid de Sodoma es la vid de ellos,  de los campos de Gomorra; las uvas de ellos son uvas ponzoñosas (hipérbole o exageración), racimos muy amargos tienen. Veneno de serpientes es su vino, y ponzoña cruel de áspides. ¿No tengo yo esto guardado conmigo, sellado en mis tesoros (sarcasmo). Mía es la venganza y la retribución; a su tiempo su pie resbalará, porque el día de su aflicción está cercano, y lo que les está preparado se apresura (sarcasmo e ironía). Porque Jehová juzgará a su pueblo, y por amor de sus siervos se arrepentirá (personificación o antropomorfismo moral), cuando viere que la fuerza pereció, y que no queda ni siervo ni libre (ironía por un oxímoron, pues cuando ya no exista nadie por el castigo, Jehová se arrepentirá por amor a su pueblo que se supone se ha reservado para sí mismo. También puede entenderse como una paradoja, o una aparente contradicción que maravilla).  Y dirá: ¿Dónde están sus dioses, la roca en que se refugiaban; que comían la grosura de sus sacrificios, y bebían el vino de sus libaciones? Levántense, que os ayuden y os defiendan (sarcasmo puro).  Ved ahora que yo, yo soy, y no hay dioses conmigo; yo hago morir, y yo hago vivir; yo hiero, y yo sano; y no hay quien pueda librar de mi mano (Deuteronomio 32: 26-39).

El siguiente es un ejemplo de personificación: ¿A dónde subiremos? Nuestros hermanos han atemorizado nuestro corazón, diciendo: Este pueblo es mayor y más alto que nosotros, las ciudades grandes y amuralladas hasta el cielo; y también vimos allí a los hijos de Anac (Deuteronomio 1: 28). La pregunta retórica, de la cual se conoce la respuesta y se espera que no sea necesario responder, también es otra figura del lenguaje. Pablo la utiliza en gran manera y una de las veces es la siguiente: Pero me dirás: ¿Por qué, pues, inculpa? porque ¿quién ha resistido a su voluntad? Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así? (Romanos 9: 18- 19).

La personificación aparece mucho en los libros poéticos, por ejemplo: La misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron. La verdad brotará de la tierra, y la justicia mirará desde los cielos (Salmos 85: 10-11).  La sabiduría clama en las calles, alza su voz en las plazas; clama en los principales lugares de reunión; en las entradas de las puertas de la ciudad dice sus razones. ¿Hasta cuándo, oh simples, amaréis la simpleza, y los burladores desearán el burlar, y los insensatos aborrecerán la ciencia? Volveos a mi reprensión; he aquí yo derramaré mi espíritu sobre vosotros, y os haré saber mis palabras (Proverbios 1: 20-23).

Y a vosotros, oh casa de Israel, así ha dicho Jehová el Señor: Andad cada uno tras sus ídolos, y servidles, si es que a mí no me obedecéis; pero no profanéis más mi santo nombre con vuestras ofrendas y con vuestros ídolos (Ezequiel 20: 39). En forma irónica el Señor le dice a su pueblo que siga tras la mentira. Es como que si Dios hiciera un nuevo mandamiento, esta vez en contra de sus Diez Mandamientos, el de ser idólatra. El sentido es altamente irónico y se explica en el texto. Recordemos el sarcasmo del profeta Elías, quien le pide al pueblo que griten a sus baales, pues pudieran estar dormidos. Y aconteció al mediodía, que Elías se burlaba de ellos, diciendo: Gritad en alta voz, porque dios es; quizá está meditando, o tiene algún trabajo, o va de camino; tal vez duerme, y hay que despertarle (1 Reyes 18: 27).

Cuando Jesús hablaba con Nicodemo le dijo con un sentido altamente irónico: ¿Eres tú maestro de la Ley y no conoce estas cosas? (Juan 3: 10).  O cuando aseguró que no era posible que un profeta muriera fuera de Jerusalén, también demostraba ironía (Lucas 13: 33). Estaba hablando de los líderes de Jerusalén que siempre azuzaban al pueblo para que dieran muerte a los profetas que no les convenía, por lo cual Jesús de inmediato les manifestó que él había querido juntar a su pueblo como la gallina a sus polluelos, pero ellos (los líderes) no quisieron. Un acto volitivo del Todopoderoso se ve interrumpido por la voluntad humana regente en Jerusalén. Esto no es más que una forma de mostrar hiperbólicamente el crecimiento de la aversión de los fariseos contra Jesucristo. Era tal la aversión, que parecían ser más fuertes que Dios. Sin embargo, esto no es sino una figura hiperbólica del lenguaje, pues Dios siempre ha hecho lo que ha querido. Estos dos textos de Lucas 13 han de verse en conjunto: versos 33 y 34, pues demuestran ambos el destino trazado a ese pueblo hostil contra la palabra revelada. Por supuesto que los líderes de Jerusalén no quisieron ser acogidos como polluelos debajo de las alas del Todopoderoso, pues seguían a sus propios ídolos: las imágenes mentales que se habían fabricado acerca de la teología aprendida por la tradición de sus maestros. Para ello también fueron destinados, pues aún al malo ha hecho Dios para el día malo (Proverbios 16: 4), aunque por la figura del lenguaje parezca lo contrario, pues es la ironía resultante del contexto la que nos explica que el deseo de Jesús se manifiesta opacado por el actuar violento del pueblo de Jerusalén, pues no todo el que es israelita es descendiente de la promesa, como afirma Pablo en su carta a los romanos, sino que en Isaac le sería llamada descendencia.

Pablo dijo una vez que él no se atrevía a contarse ni a compararse con los que se alababan a sí mismos. Sin embargo, dicho esto, pasó a compararse en forma irónica y con mucho sarcasmo, quizás en la búsqueda del contraste y de la reflexión.  Lo que hablo, no lo hablo según el Señor, sino como en locura, con esta confianza de gloriarme. Puesto que muchos se glorían según la carne, también yo me gloriaré; porque de buena gana toleráis a los necios, siendo vosotros cuerdos. Pues toleráis si alguno os esclaviza, si alguno os devora, si alguno toma lo vuestro, si alguno se enaltece, si alguno os da de bofetadas. Para vergüenza mía lo digo, para eso fuimos demasiado débiles. Pero en lo que otro tenga osadía (hablo con locura), también yo tengo osadía. ¿Son hebreos? Yo también. ¿Son israelitas? Yo también. ¿Son descendientes de Abraham? También yo.  ¿Son ministros de Cristo? (Como si estuviera loco hablo.) Yo más; en trabajos más abundante; en azotes sin número; en cárceles más; en peligros de muerte muchas veces. (2 Corintios 10: 12, 17-23).

En resumen, la ironía y el sarcasmo son dos de las tantas figuras de lenguaje preferidas en la Biblia. El antropomorfismo o la personificación es la otra, cuando se pretende colocar en la divinidad aspectos humanos que permiten mejor la comprensión de la persona de Dios. No obstante, para la mente literal esto suele conllevar a muchos problemas. ¿Cómo puede Dios ser una roca, o una gallina? Entendemos que por la figura del lenguaje el símil o la metáfora son válidas en estos casos, y nos sacan de la duda. Pero en otros contextos muchos se complican la vida. Aún los discípulos de Jesús no entendían en su momento muchas de sus parábolas. Entiendo que la interpretación literal de la Biblia es muy importante, tanto que ella nos conduce a la metáfora, a la ironía, al símil y a cualquier otra figura de lenguaje. En cambio, cuando se asume una interpretación simbólica o una hermenéutica libre, la literalidad encuentra tropiezo en su interpretación. Una cosa es la mente literal y otra es la interpretación literal de las Escrituras.

Recordemos las palabras de Jesucristo al respecto: Escudriñad las Escrituras, porque ellas son las que dan testimonio de mí, o erráis ignorando las Escrituras.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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