Mi?rcoles, 08 de agosto de 2012

Las iglesias en Holanda se aferraron a dos confesiones de fe: la de Bélgica y la Heidelberbg. Los seguidores de Arminio -teólogo holandés nacido en 1560- habían jurado apego a tales fundamentos de fe, pero al igual que su maestro y señor se apartaron en franca violación de su promesa solemne. Entonces ya todo se veía venir muy mal con líderes que de manera profana quebrantaban sus votos de creencia doctrinal.

Por esa situación urgía un sínodo, de tal manera que se discutiera la materia eclesiástica afectada. Se hizo la consulta a 86 miembros votantes, representantes de la iglesia de Bélgica, Alemania, Suiza, Inglaterra y por supuesto de Holanda (con cinco profesores universitarios). Francia fue invitada pero no asistió al concilio. En total hubo 154 sesiones y diversas materias tratadas en diferentes conferencias durante un período de seis meses, comprendidos entre el 13 de noviembre de 1618 y el 9 de Mayo de 1619, ubicados en la ciudad de Dort, Holanda.

La razón del sínodo estuvo centrada en el hecho del enfrentamiento de dos posiciones teológicas. Por un lado, el calvinismo, subrayando los hechos bíblicos que demostraban el sentido del sacrificio de Cristo. Del otro bando, los arminianos enseñaban que la justicia de Cristo era imputada a toda la humanidad. En principio, años antes del sínodo, esa fue una aparente simple discrepancia doctrinal. Sin embargo, con la muerte de Arminio en 1609, sus discípulos se reunieron en 1610 y prepararon lo que se ha conocido como la Remonstrance, que no es otra cosa que la protesta frente a la tesis central del calvinismo. En el latín medieval, los vocablos remonstrant y remonstrans son el participio presente de remonstrare, cuyo significado es hacer fuerte oposición, oponerse.

Pero no era una simple objeción a la doctrina bíblica calvinista, sino que la protesta conllevaba una suplantación de la tesis objetada. Ahora los opositores querían imponer su tesis en forma radical, sin tener en cuenta lo ilógica que era y sin preocuparles su oposición a lo que la Biblia enseñaba. Fue un asunto de querer triunfar a toda costa para imponer su punto de vista mucho más humanista, frente al contexto absolutamente soberano y divino del alcance del sacrificio de Cristo.

Al intentar establecer sus creencias, las resumieron en cinco artículos. Frente a ellos, el Sínodo elaboró un estudio y una contrapropuesta, lo que hoy se conoce como los cinco puntos calvinistas. Sin embargo, en realidad, mucho más allá de la nomenclatura que se le pretenda dar, el asunto doctrinal toca la esencia de las Escrituras, en especial lo relativo al alcance de la expiación y al significado de la misma. Es por eso que se ha preferido quitarle el mote de calvinista y revestirla como la respuesta bíblica a tan herética proposición.

Los cinco artículos de los arminianos decían lo siguiente:

1. La elección ha sido condicionada en una fe prevista;

2- La expiación es universal en su alcance, pues Cristo murió por todos los hombres y por cada uno en particular, de tal forma que llevó reconciliación y perdón de pecados para todos a través de la muerte en la cruz, a pesar de que nadie goza en realidad de este perdón, excepto el creyente;

3- El hombre necesita ser regenerado para ser salvo (aunque ortodoxo en apariencia, no lo es en la desestimación de la depravación humana, ya que para ellos el hombre es capaz de colaborar en su redención);

4- La humanidad entera y cada hombre en particular está capacitado para resistir la gracia (es decir, al Espíritu Santo generador del nuevo nacimiento);

5- El creyente no tiene seguridad alguna en cuanto a su perseverancia, pues puede caer en muerte eterna a pesar de haber sido salvado de la misma.

Esta es en síntesis la tesis de los 46 ministros arminianos que presentaron en su oposición a la tesis asumida por la Iglesia Reformada de entonces. Por ello, el Sínodo declaró a los arminianos peligrosos y herejes. Su doctrina fue llamada errónea, contraria al testimonio de las Escrituras, contradictoria a la Palabra, pelagiana (por Pelagio, el hereje del siglo IV y V d.C., quien sostenía que no había pecado original y en cambio existía el libre albedrío en todos los hombres). Al mismo tiempo, el Sínodo sostuvo que los artículos arminianos eran dardos del desespero contra la seguridad del creyente. Esta falaz doctrina causaba disturbio en la mente del pueblo creyente. El Sínodo rogó al Hijo de Dios que callase la boca que difamaba con tal doctrina.

El Sinodo de Dort, al rechazar los errores y las injustas calumnias promovidas por los arminianos, exhortó a su vez a abandonar los cinco artículos promovidos por los Remonstrants, pues por erróneos escondían caminos para nuevos desvíos. Los pastores y líderes, maestros y seguidores de tal doctrina herética, fueron culpables de corrupción religiosa y de escándalos dolorosos. El Sínodo los declaró como contrarios a la palabra de Dios, impíos y blasfemos, insolentes contra la majestad y verdad de Dios. Además, urgía a las iglesias a no ser más infectadas por esta mancha, ni con tales herejías ni opiniones blasfemas.

La vieja interpretación hecha por Arminio de Romanos 7:14-15, sugería que Pablo estaba hablando de un hombre no regenerado, contrario a la tesis de la Reforma, sujeta al texto y al contexto de la carta. Esta gota derramó el vaso en contra de su falacia interpretativa, pues el hombre en su estado natural es incapaz de querer el bien de su espíritu, de tal forma que no se corresponde lo dicho por el apóstol y lo interpretado por Arminio. Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo (Romanos 7: 18); por lo tanto, si tiene el querer entonces es un creyente, no un hombre no regenerado. En su conflicto con el pecado, el creyente exclama:  Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago (verso 15). De esta manera, si el mismo apóstol en la misma carta había dicho que no había justo ni aún uno, que no hay quien busque a Dios ni haga lo bueno, ¿cómo es que existe alguien que quiere hacer lo bueno? Sencillamente el apóstol habla de él y por extensión de los creyentes, quienes con el corazón de carne implantado ya pueden querer hacer lo bueno. Arminio buscó otra interpretación, para justificar que existe el libre albedrío y que el hombre no está totalmente corrompido, de manera que aún incrédulo desea en su naturaleza hacer el bien.

Esta tesis es altamente humanista, mas no bíblica. Por supuesto, tuvo y sigue teniendo muchos adherentes que ven al hombre como la medida de todas las cosas. Incluso desde el plano espiritual, pues el Dios revelado se le manifiesta de acuerdo a sus necesidades, de tal forma que adapta lo carnal a lo carnal. Por este camino, Cristo murió por todos, con una expiación universal que abarca a toda la humanidad en forma particularizada, aunque de hecho es ineficaz e ilógica. Pues si Cristo representó en la cruz a todos, y llevó el pecado de todos, entonces los todos son salvos y el infierno está vacío.

Por otro lado, la predestinación de Dios sería una contradicción en sí misma, ya que Él previó quién habría de aceptarle (salvarse) y quién no (reprobarse). Y si esto fue así, entonces no tiene ningún sentido que Jesucristo representara a todos en la cruz, que cargara con el pecado de todos, sabiendo que muchos le rechazarían y ocuparían el lago de fuego como lugar de su condenación. Ese absurdo divino se da dentro del ilógico pensar de Arminio, más humanista que ajustado a las Escrituras.

Pero el consenso general del Sínodo fue que solamente Dios puede salvar al hombre pecador. Y esto va en contra de lo enseñado por los arminianos, que Dios solamente hace la salvación posible. Ya sabemos del absurdo de esto, pues no es necesario hacer posible la salvación en alguien que ya se sabe va a escoger el rechazo a la libre oferta del evangelio.  Pero era necesaria dicha tesis, sin importar su falacia, por cuanto de esta forma el hombre coopera con Dios y se produce la sinergia, esto es, el trabajo conjunto entre Dios y el pecador muerto en delitos y pecados. Pero para resolver esta declaración de muerte espiritual decretada por las Escrituras, se inventaron con la ayuda de los Jesuitas (Luis de Molina, de donde viene la tesis molinista) la idea de un espacio neutro, una especie de término medio donde Dios dispuso no conocer del todo ni influir del todo al hombre, para que éste escogiera en plena libertad su destino final.

Esto suena más humano, más justo, más adecuado a la condición de la humanidad. Pero no por ello es veraz.  La compatibilidad entre libertad y responsabilidad no es un hecho necesario. Se puede ser responsable aunque no se sea libre. O se puede ser responsable aunque no se tenga capacidad de pago. Si tenemos una deuda, asumida o heredada, no por ser incapaces de pagarla dejamos de ser responsables del pago. Tal es la tesis bíblica, que también suena lógica.

Por supuesto, el planteamiento de las Escrituras es duro y anti humanista. Destruye por completo la independencia humana y al hombre en su vanagloria, por cuanto no le permite siquiera la posibilidad de querer o de correr, sino que es Dios quien decide por él. Esto se hace intolerable para la razón humana que exclama: ¿Por qué, pues, inculpa? Pues, ¿quién ha resistido a su voluntad?

En forma curiosa, el triunfo del arminianismo es elocuente. Fue condenado como herejía, como peligro y blasfemia, pero se ha propagado intensamente en las iglesias reformadas. Es la manera de pensar del 86 por ciento del conglomerado eclesiástico reformado o evangélico en los Estados Unidos. En el resto del mundo la tendencia es similar. Pero sólo nos queda recordar las palabras de Jesús cuando dijo: ciegos guías de ciegos. Dado que el hombre coopera en su salvación, esto destruye cualquier sentido de seguridad. Este es un evangelio diferente que no entiende ni comprende la justicia de Dios, que es Cristo, quien puso su vida por sus ovejas, y no por las cabras, que escoge y no es escogido, que acepta los que el Padre le da, que es el único camino hacia el Padre. Este evangelio diferente ignora dicha justicia y antepone una diferente, la del hombre con sus obras, con su voluntad, con su querer y su correr. Como todo ha sido reducido a un formulismo, se ha logrado confeccionar un método eficaz de evangelización, aquel capaz de manipular las emociones de los hombres para que decidan de una vez su destino por Cristo. Lo que importa es la decisión que uno haya tomado, de manera que acá existen variantes: los que creen que la salvación se pierde o los que creen que una vez que se cumplió con el formulismo se es salvo por siempre. Pero ciegos guías de ciegos, ambos caen en el mismo hueco.

Es la Escritura quien condena este falso evangelio, por idólatra. Lo condena y lo llama maldito (libro de los Gálatas), lo llama idólatra por cuanto sus practicantes han confeccionado un dios que no ve, ni oye, ni camina. Un dios a la medida de quienes lo fabrican, el cual no puede salvar. Su representación en el madero fue inútil, ya que millones de sus seguidores yacen en la eterna condenación, pues nada puede hacer un falso dios. El Dios de la Biblia se identifica como aquel que puede salvar, y fuera de Él no hay otro que salve (Isaías 43: 10-11).

Veamos, finalmente la tesis bíblica que contradice el planteamiento arminiano.

1-INCAPACIDAD TOTAL. Romanos 3: 9-20 demuestra que todos los hombres están bajo el manto y dominio del pecado, pero el verso 23 señala que están destituidos de la gloria de Dios.

La solución viene de arriba, sin ninguna cooperación de abajo, ya que un muerto no tiene siquiera capacidad de decisión: Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados (Colosenses 2: 1). Un esclavo del pecado (Juan 8: 34) necesita liberación. La libertad espiritual solo es posible con Jesucristo (si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres, Juan 8: 36).

2- ELECCION INCONDICIONAL.  En él tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad (Efesios 1: 11). ... según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad (Efesios 1: 4-5). Juan 6:44 asegura: Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere. Si estábamos muertos en delitos y pecados, si nadie hace lo bueno, si no hay quien busque a Dios, entonces urge que Dios dé vida y elija de acuerdo a su voluntad y para alabanza de su gloria. Nunca pudo ver algo bueno en nosotros, de manera que jamás eligió basado en nuestras obras.

3- LA EXPIACION LIMITADA. Es la consecuencia lógica de lo dicho anteriormente. En la economía divina no hay desperdicio, de manera que Dios se dispuso a salvar a un pueblo para Sí, a sus ovejas, a sus elegidos, por lo tanto la expiación, que conlleva la justificación y la redención, se hizo en base a ese pueblo escogido. Jesucristo dijo, pongo mi vida por las ovejas (Juan 10: 15), y en su oración célebre, poco antes de ir al madero, rogó por los que el Padre le había dado y por los que habrían de creer por la palabra de ellos. Pero en ese mismo momento clarificó aún más su oración, pues dijo No ruego por el mundo sino por los que me diste (Juan 17: 9). ...pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho.  Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano (Juan 10: 26-28). Es una condición sine qua non el ser oveja para poder creer. La condición de cabra impide creer, pues el árbol malo no puede dar frutos buenos, ni al contrario el árbol bueno dará fruto malo. Es un problema del ser y no del estar. Recordemos lo que dijo el apóstol Juan: Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros (1 Juan 2: 19).

4- GRACIA IRRESISTIBLE. El llamamiento de Dios es eficaz e irresistible. Observemos cómo Jesucristo llamó a sus discípulos y ninguno pudo argumentar en contra, sino obedecer. Asimismo, el Señor dijo que él nos había elegido a nosotros y no nosotros a él. Aunque se lo dijo a sus discípulos, por extensión pasa a nosotros, de la misma manera que sucede con su oración intercesora en Juan 17.  Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios.  Pues como vosotros también en otro tiempo erais desobedientes a Dios, pero ahora habéis alcanzado misericordia ... (Romanos 11: 29-30).  Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera (Juan 6: 37).  Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero (Juan 6: 44).

Pero los arminianos responden a esta verdad con la mentira, colocando un texto fuera del contexto: Pero en lo que respecta al modo de operación de esta gracia, no es irresistible, en la medida en que está escrito acerca de muchos, que han resistido al Espíritu Santo, Hechos 7 y en muchos otros lugares. En el libro de los Hechos se plantean dos casos interesantes referidos a un mismo personaje. En Hechos 7: 51 Esteban habla de sus antepasados en el desierto quienes sí resistieron al Espíritu. Pero en Hechos 6: 10 se dice que ...no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba (Esteban). En ninguno de los dos casos se menciona la resistencia para conversión, sino que en 6: 10 se refiere a la obra extraordinaria de la palabra, del poder extraordinario y soberano de Dios en Esteban, el cual era irresistible. En el otro caso, recordemos que Esteban narra los hechos sucedidos a sus antepasados, cuando Moisés estaba en el desierto con ellos y la multitud se hizo un becerro de oro y Dios se apartó de ellos para que lo hicieran (Hechos 7: 42). Después, casi al final de su discurso, Esteban compara a quienes lo tienen arrestado con sus antepasados, duros de cerviz, quienes resisten al Espíritu Santo, pues se entiende que Dios también se había apartado de ellos para que le apedreasen, lo que equivale a que Dios no ofrecería resistencia alguna en su designio de que Esteban fuese apedreado para su gloria. Acá se resiste al Espíritu (no para conversión) porque Dios quita su resistencia o impedimento para que su discípulo sea apedreado. En los dos textos referidos a Esteban se ve la obra soberana de Dios en su apóstol: de un lado se hace irresistible cuando Él así lo dispone, del otro se hace resistible cuando Él también lo dispone de esa manera. !Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros (Hechos 7: 51).  Ellos tenían la marca de la circuncisión en su carne, de lo cual se jactaban, pero no tenían la circuncisión de su corazón. En su corazón no existía el temor ni el amor a Dios, ya que no tenían oído para oír la palabra de Dios ni el evangelio de Jesucristo (John Gills), por lo cual resistían al Espíritu de Dios en Esteban, en sus ministros, en sus apóstoles, no en ellos mismos pues no lo tenían. Con esto se demuestra el gusto arminiano por aislar textos del contexto para aplicarlos a su tesis y hacer que aparezcan recortados a su medida.

5- PERSEVERANCIA DE LOS SANTOS (MAS BIEN, PRESERVACION DE LOS SANTOS).

La terrible contradicción arminiana llega a su cúspide en este punto, pues si en su primer artículo aseveraron que Dios había previsto quiénes se salvarían o dirían sí a la obra redentora de Jesús, entonces ahora sostienen que se pueden perder por voluntad propia. Esto deja ver a un Dios que en realidad no fue capaz de prever nada, porque la libre decisión soberana del hombre hace imposible que un Dios tan disminuido en sus capacidades pueda predecir a ciencia cierta la decisión de sus criaturas.

Pero ojalá y todo terminara allí. El asunto es más grave, pues contraviene un sinnúmero de textos de la Biblia que asegura todo lo contrario. Para empezar, Jesús dijo:  Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre (Juan 10: 27-29). El apóstol Pablo aseguró que nada ni nadie nos podía separar del amor de Dios en Cristo Jesús, ni ninguna otra cosa creada (Romanos 8: 39). Para los que se gozan en argumentar que uno mismo puede tomar la decisión de separarse de Dios o por negligencia o por voluntad, la expresión ni ninguna cosa creada ha de comprender a todo elemento de la creación. El hombre es parte de la creación de Dios, por lo tanto se implica que nosotros mismos no podemos separarnos voluntariamente del amor de Dios, porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios (Romanos 11: 29).

En conclusión, el arminiano llama mentiroso a Jesucristo cuando dijo toda su revelación en relación a la predestinación y redención hecha a los elegidos. El buen pastor puso su vida por las ovejas (no por las cabras), su expiación se limitó a su pueblo (salvará mi siervo a muchos, dijo Isaías, en 53: 11). El nombre del mesías sería Jesús, pues él salvaría a su pueblo de sus pecados (Mateo 1: 21). Jesús no rogó por el mundo, por lo cual no está intercediendo por el mundo sino por su pueblo. El Señor aseguró que nadie podría ir a él a menos que el Padre lo llevare hasta él, pero el arminiano asegura que el hombre es libre de hacerlo cuando quiera. Jesús dijo que quien va a él -enviado por el Padre- no será echado fuera, sino que le resucitará en el día postrero, ya que nadie podrá arrebatarlo de sus manos, pero el arminiano dice que uno se puede escapar de su presencia. David aseguró que no podía huir de Dios, pero el arminiano insiste en que eso es posible. Dios predestinó conforme al puro afecto de su voluntad, pero el arminiano dice que lo hizo basado en nuestra buena obra, la de querer aceptarle a él.  El Espíritu dice a través de Pablo que Dios escogió a Jacob y a Esaú para salvación y perdición antes de que hiciesen bien o mal, pero el arminiano habla de dos pueblos, y de previsión de lo que ellos harían. La razón del actuar del arminiano es la misma del objetor de Romanos 9: 19, ¿Por qué, pues, inculpa? porque ¿quién ha resistido a su voluntad?  Para el objetor Dios puede inculpar si hay libertad previa de actuar en el hombre, de allí que el humanismo cobra sentido con Arminio y sus seguidores, aunque se aleje heréticamente de la palabra revelada.

El dios de Arminio no salva a nadie, sino que lleva por un puente ancho, hasta la mitad del camino, que desemboca en el abismo. El Dios de las Escrituras asegura a su pueblo atravesar el camino angosto que conduce a la vida eterna. El Sínodo de Dort tenía razón al advertirnos del peligro de esta mala hierba que se esparce por los caminos de las iglesias, al declarar herética y dañosa la palabra de Arminio y los Artículos presentados por los Remonstrants.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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