Domingo, 08 de julio de 2012

Recordemos que Jesucristo estuvo haciendo maravillas con sus discípulos porque esa fue parte de su misión. Los milagros relatados en los evangelios son señales que funcionaron para distinguir el ministerio del Mesías enviado. El Hijo vino con gran poder para impactar en sus seguidores y para que la gente conociera la omnipotencia del Padre. El echar fuera demonios fue una de esas señales.

Nosotros nos preguntamos, ¿siguen esas señales hoy en día? Es indudable que todavía nos acompañan, si bien no con la misma frecuencia ni con igual contundencia (no voy a hablar del don de lenguas, tan controversial, del cuan el apóstol Pablo dijo que cesaría, y que además fue definido como el hablar lenguas extranjeras, pues ellas eran parte de una profecía de Isaías contra el pueblo judío). En Mateo 17: 20 se menciona el tema de la fe, su tamaño y su poder. Cuando examinamos la Escritura, comprendemos que en materia de fe lo más importante es en quién se tiene depositada la confianza.

La certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve puede variar entre creyentes. El profeta Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, pero cuando oró y vio una nubecilla como del tamaño de un puño de mano le fue suficiente para seguir clamando, en espera de la lluvia. Jesús enseñó que si la fe fuere del tamaño tan ínfimo como lo es el grano de mostaza -una semilla realmente pequeñita que produce un árbol muy grande- podríamos decir a una montaña quítate de aquí y se quitará. De nuevo surgen preguntas: 1) ¿Ha sucedido eso en la historia humana?; 2) ¿Será necesario quitar un monte con oración?

Podemos responder que no hay registro humano de que alguien haya quitado una montaña con oración y fe. Tal vez porque eso no ha sido necesario. Sin embargo, metafóricamente ha sido hecho. Hay problemas como montañas, como poderosos gigantes que se yerguen en frente de nosotros y nos acobardan. Pero cuando estamos en la presencia del Señor, los poderosos gigantes desaparecen.  En los casos específicos de personas endemoniadas, cuando algún hijo de Dios es llamado a enfrentar esa situación, conviene estar seguro de ese llamado y haber estado en buena comunión de oración con el Señor, para no caer en la desgracia del ridículo frente a esa fuerza del mal.  Ese es el ejemplo mostrado en un momento de la vida en que los discípulos andaban con Jesús.

Lo que consuela del texto de Mateo es el tamaño de la fe requerida, algo muy pequeño pero suficiente. Poco importa que nuestra medida de fe sea muy grande o muy diminuta, lo relevante es que funcionará en todo momento. La idea de tener fe es depositarla en el Señor, y para eso hemos sido capacitados. Recordemos que no es de todos la fe, y que la fe es un don de Dios. Al ser una dádiva exclusiva de los hijos de Dios, siempre funcionará. Podemos ser de poca fe, dudar incluso acerca de que el Señor nos va a ayudar o de que esté con nosotros, pero podemos siempre exclamar como aquel hombre mencionado en el evangelio: Creo, ayuda mi incredulidad (Marcos 9: 24).

A pesar de la predestinación, pero como parte de la soberanía de Dios, somos llamados a mantener el contacto con nuestro Padre celestial. Eso es una actividad muy importante y suprema. Sin ese oxígeno espiritual nuestra alma se enferma. Bendice alma mía a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre, fueron palabras de David, en clara exhortación dada a su alma. Tenemos que procurar bendecir a Jehová, cantar salmos a su nombre, ya que en los íntegros es hermosa la alabanza, y de esta manera nuestra fe se recupera y se anima.

Veamos a continuación algunos textos relacionados con las características del incrédulo junto con sus consecuencias. Después veremos lo que le sucede a los creyentes, en materia de fe.

CARACTERISTICAS DEL INCREDULO.

El corazón malo, por la incredulidad: 1) su entendimiento espiritual es enceguecido por Satanás (2 Corintios 4: 3-6); 2) se aparta de Dios y por el engaño del pecado se endurece (Hebreos 3: 12-14); 3) produce pecado y no agrada a Dios (Romanos 14:23); 4) es de doble ánimo e inconstante en sus caminos y no recibe cosa alguna del Señor (Santiago 1: 6-8). Podemos entender que en 2,3 y 4, sucede tanto a incrédulos que son réprobos en cuanto a fe como a los creyentes, en clara consecuencia de su duda).  Por lo tanto, los incrédulos del punto 1, no verán la vida eterna y la ira de Dios está sobre ellos (Juan 3: 34-36); asimismo, serán destruidos (Judas 1: 5-6) y serán condenados (Juan 3: 16-20), etc.

PROMESAS PARA LOS QUE CREEN.

1) Vida eterna, salvación, gloria e inmortalidad (Romanos 2: 6-7); 2) al que cree todo le es posible (Marcos 9: 23); 3) verán la gloria de Dios (Juan 11: 40); 4) vencemos al mundo (1 Juan 5: 4), Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo;  y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe;  5) estamos bajo la conducción del Señor de lo Imposible: (Lucas 18:27).
En síntesis, ese regalo de Dios es muy valioso para descuidarlo. El ejercicio de la fe ha de ser una de nuestras prioridades en este recorrido de vida que tenemos que hacer. La fe se acabará un día, cuando hayamos conocido como hemos sido conocidos, pues lo que se ve no se puede esperar; pero ahora, en estas circunstancias de mundo en que tenemos que transitar, podemos disfrutar de la maravilla de los actos de fe. Tener la certeza de lo que sucederá forma parte de la definición de la fe. El acercarse a Dios se hace en un acto de confianza, pues es necesario creer que existe el Dios invisible y que es galardonador de los que le buscan. Por eso, los que no tienen fe no le pueden buscar.

Tomás fue un discípulo emblemático de la duda, pero le llegó el momento de ser sanado de su inconsistencia, cuando el Señor resucitado le llamó para que tocara las heridas de su cuerpo y se convenciera de que él había resucitado y estaba en medio de ellos. En ese momento Tomás adoró porque despejó todas sus dudas. Este cuadro bíblico nos ilustra la mejor forma de disipar nuestras incertidumbres: en la presencia del Señor, donde se producen las maravillas para el sosiego del alma y la paz de la mente.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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