S?bado, 30 de junio de 2012

Cuando el apóstol habla de los débiles en la fe los contrapone al grupo de los fuertes y de estos dos deriva en forma implícita un tercero, el que habrá de dar cuenta a Dios por lo que juzga.

El verso 3 es reversible: Pablo les advierte a los dos grupos que si se juzgan el uno al otro se equivocan, no importa que uno sea fuerte o que el otro se llame débil. El asunto es que ambos sujetos (o grupos) cometen el mismo error si comienzan a juzgarse el uno al otro por  las trivialidades acerca de comer o no carnes o legumbres (De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí -dice más adelante, en el verso 12).

A ambos los recibió el Señor, al débil y al fuerte, si bien es el mismo Señor el que hace que estemos firmes, tanto al uno como al otro. Esa es la razón para no juzgar por estas trivialidades, pues somos siervos del Altísimo, por tanto es nuestro Amo quien nos habrá de juzgar en esas cosas, no son nuestros hermanos nuestros jueces naturales. La ventaja de que sea el juez nuestro Señor es la promesa que tenemos en el verso 4: porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme.

Muchos discuten si se debe celebrar o no un cumpleaños familiar, si debemos respetar los días patrios, o las fiestas solemnes relacionadas con los temas de la Biblia (Semana Santa, la Pascua, la Navidad, etc.). El problema va más allá de la celebración, pues habría que preguntarse si adornar una iglesia con símbolos paganos en la celebración navideña cumple con la ética bíblica. Sabemos que el árbol de navidad es parte de una tradición pagana que se metió en las iglesias, entonces una cosa es celebrar la Navidad recordando el hecho del nacimiento del Mesías y su significado para la humanidad y otro es el hecho de utilizar la simbología pagana para dicha celebración. En ese sentido hay quienes se inclinan por no celebrar esas fechas.

Aunque Pablo resalta que lo importante es vivir o morir para Cristo, pues somos de Él, nos advierte que todos compareceremos ante el tribunal de Cristo. La palabra griega usada es βῆμα /béma/  y algunos ven distinción con otro vocablo que significa lo mismo, κρίνω / krinō/, para argumentar que el primero refiere a los sitios de premio y el segundo al juicio eterno. Esto no tiene mucho sustento, pues vemos el uso de béma en otros contextos como el caso de Pablo cuando dijo: Ante el tribunal de César estoy, donde debo ser juzgado. A los judíos no les he hecho ningún agravio, como tú sabes muy bien (Hechos 25:10), y estaba en ese tribunal no para recibir algún premio. Por supuesto que los creyentes no vamos a ser juzgados para condenación eterna, sino para premiación, si bien algunos sufrirán pérdida total en cuanto a su obra, aunque el mismo sea salvo como del fuego ( Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego- 1 Corintios 3: 15). Entonces ese tribunal de Cristo no nos debe incomodar como le incomoda al impío el juicio de Dios.

Pero justo sea añadir que sí debemos ocuparnos de nuestra salvación con temor y temblor, pues no debemos descuidar una salvación tan grande. Estamos colocados en este mundo para llevar fruto, de forma que nuestro Padre sea glorificado. Tenemos un gran enemigo que obstaculiza la producción de los frutos: el pecado. 1) El pecado y la indiferencia nos roban el deseo de servir a Dios. Es por eso que Pablo nos exhorta a mirar con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos (Efesios 5:15-16). 2) El pecado entristece al Espíritu Santo y nos causa la perdida de oportunidades para servir, con las cuales seremos recompensados. 1 Juan 2:28 dice: Y ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de él avergonzados.

Porque escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla,
Y toda lengua confesará a Dios.  De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí.  Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros, sino más bien decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano
(Romanos 14: 11-13). Esto muestra un claro énfasis sobre lo dicho antes, que seremos juzgados por el Señor -aunque no para condenación eterna, de lo contrario ¿quién podría permanecer en pie, o cómo mantendría el Señor su palabra de que nadie sería arrebatado de sus manos? Está muy relacionado con el verso 15,  Pero si por causa de la comida tu hermano es contristado, ya no andas conforme al amor. No hagas que por la comida tuya se pierda aquel por quien Cristo murió. Comparemos este texto con Mateo 10: 28, para derivar la sana conclusión:  Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno. Debemos entender que acá no se refiere a destrucción eterna, pues no está en el poder de la voluntad humana el que podamos enviar a alguien al infierno. No tenemos tal poder para hacer que por nuestra actitud la gente se condene eternamente y mucho menos dentro de aquellos a quienes Cristo salvó para siempre. La condenación eterna no viene por comer vegetales o carne, por beber o no beber vino, pues nosotros somos su pueblo especial, sus amigos, sus ovejas adquiridas, su cuerpo -la iglesia-, los que nunca pereceremos. Y la muerte de Cristo nos procuró tales bendiciones a nosotros, como la justificación por su justicia, el perdón de los pecados, la paz con Dios y la vida eterna, todo lo cual durará por siempre sin destrucción alguna. Pues si alguno de estos pequeños fuese destruido eternamente, la muerte de Cristo hubiese sido en vano, sin suficiente seguridad frente a la condenación, sin satisfacer plenamente la justicia de Dios. Pues Dios no es injusto para castigar dos veces la misma falta: en la cruz con su Hijo y en el infierno enviando allí a sus ovejas.

Entonces, ¿qué significa que no hagamos que se pierda aquel por quien Cristo murió? Es perderse en la destrucción de su paz y armonía, por motivo de su ofensa y debilidad. Y si somos fuertes en la fe de Cristo no deberíamos estar apabullando a aquellos hermanos que son débiles, que necesitan mayor ejercicio y alimento espiritual para llegar a ser más resistentes. Los que nos consideramos fuertes debemos ayudar a preservar la paz mental de aquellos que son débiles, evitando vanas provocaciones. Supongamos que un hermano fume tabaco y para él eso no es ningún pecado, pues la Biblia no lo tabula como tal. El es feliz con su tabaco y poco le importa que le hayan dicho que eso daña los pulmones. Bueno, si su conciencia está tranquila, para el Señor lo está. No debemos criticarlo por lo que hace. Eso no quiere decir que yo voy a fumar tabaco, pues yo siento que a mí me hace daño. Pero hay más, hay quienes no fuman tabaco por causa del pecado pero comen salchichas manufacturadas con químicos cancerígenos. O beben Coca-cola, lo cual es muchísimo peor que una cerveza. La Coca-cola es usada en ocasiones por la policía norteamericana para limpiar la sangre dejada en la carretera cuando hay accidentes automovilísticos. Podemos destapar un lavamanos derramando una botella de Coca-cola en su tubería. ¿Cuánto daño no se supone que hace ese líquido dentro de nuestro organismo? Y así podríamos extendernos mucho más acerca del daño de tantos químicos añadidos en los alimentos. Pero si amamos a nuestros hermanos no vamos a zaherirlos con discursos por lo que hacen, si bien podríamos instruirlos para que no se hagan daño, pero con sabiduría (pedida al Señor) y con mucho amor. Si no hay sabiduría y amor en nuestras palabras es mejor callar.

Es texto enunciado en el verso 14 merece especial atención, pues es muy profundo o muy filosófico. Nada es inmundo en sí mismo sino para el que piensa que lo es, ofrece una relatividad de los hechos dadas las circunstancias en que se presentan. Por ejemplo: una banda de asesinos viene a buscar a un joven para torturarlo y matarlo. ¿Es el deber de un padre de familia delatar el escondite de su hijo para cumplir con el mandato de no mentir? En absoluto, la Biblia menciona muchos casos en que cuando se mintió se añadió bendición al mentiroso. Recordemos el caso de las parteras en Egipto y de cómo éstas escondieron a Moisés y mintieron diciendo que las israelitas parían antes de que ellas llegaran porque eran muy fuertes. Dice la Escritura que Jehová añadió bendición sobre ellas. O recordemos el caso de los espías y de cómo Rahab la ramera los escondió, mintiendo a la policía de su país, al decir que no sabía dónde estaban. Jehová añadió bendición a Rahab y la protegió junto a su casa. David se hizo el loco ante un rey extranjero cuando era perseguido por Saúl. Dice la Biblia que simuló ser un bobo que botaba saliva por su boca y el rey enemigo no lo reconoció (eso es una bendición, pues salvó su vida). Hay otros casos, pero no me voy a extender más. Esto no es un llamado a mentir, sino a considerar lo dicho por el apóstol, o por el Espíritu, de que nada hay inmundo en sí mismo, sino para el que piensa que sí lo hay. Beber una copa de licor no lo hace a uno un borracho. Los borrachos no entrarán en el reino de los cielos, pero el Señor Jesucristo comía y bebía con los hombres y por eso le decían, demonio tienes. Juan el Bautista no comía ni bebía y también le decían lo mismo. De manera que lo inmundo lo ve la gente porque tiene el corazón sucio o inmundo.

... porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo (verso 17). Acá el apóstol resume la razón de su discurso, establece el concepto del reino de Dios: justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. No es el reino de Dios la discusión estéril sobre coma o no coma, beba o no beba, haga esto o no lo hagas, pues el que en esto sirve a Cristo, agrada a Dios, y es aprobado por los hombres (Verso 18). Es muy importante esto último, el que haciendo esto seremos aprobados por los hombres. Esta es una de las pocas veces en que se nos dice que aún el mundo nos va a aprobar, si somos sensatos y dejamos los vanos juicios, porque comprendemos la dimensión del reino de Dios. Todas las cosas a la verdad son limpias; pero es malo que el hombre haga tropezar a otros con lo que come (Verso 20). Recordemos los textos: todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica;  y examinadlo todo, retened lo bueno (1 Corintios 10:23 y 1 Tesalonicenses 5:21).

Esta es la conclusión sabia que induce el apóstol en su escrito, el no hacer que nuestros hermanos tropiecen o se debiliten. Ah, pero si para nosotros aquello no es pecado, entonces hagámoslo para el Señor, pero sin que busquemos provocar o alterar la confianza de nuestros hermanos. Esto nos llevará a tener una conciencia limpia en lo que hacemos día a día, por lo cual se nos dice al final: Bienaventurado el que no se condena a sí mismo en lo que aprueba.  Pero el que duda sobre lo que come, es condenado, porque no lo hace con fe; y todo lo que no proviene de fe, es pecado. Por cierto, este último texto va dirigido también a los hermanos débiles, pues se supone que ellos también leen la Biblia. Si ellos se escandalizan porque los fuertes hacen esto o aquello, entonces también están juzgando a sus hermanos y son igualmente responsables de lo que hacen, de inhibir a sus hermanos maduros en la fe para que dejen de hacer aquello que se supone en ellos no es pecado alguno. Equivale a lo dicho desde el inicio en el verso 3 ya presentado: El que come, no menosprecie al que no come, y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le ha recibido.

En síntesis, parece que Pablo escribió este capítulo 14 de Romanos pensando en los dos grandes grupos: los débiles y los fuertes. Pero sabía el apóstol que tanto el fuerte como el débil irían a leer su carta. De esta forma, creo con firmeza que el regaño o reclamo va por igual para los dos grupos, aunque el cuidado principal se muestra en evitar que el débil tropiece. Pero no le da argumento válido al débil para que continúe en su debilidad, sino que ha de entender que ese otro hermano que come o bebe de una manera distinta a como él lo hace es llamado fuerte, y si se inhibe lo hace por causa de la debilidad del que juzga. De manera que el débil está conminado por la carta a dejar su debilidad, lo cual redundaría en la mejor forma de evitar la provocación haciéndose a sí mismo fuerte.

César Paredes

[email protected]

destino.blogcindario.com

 


Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 10:59
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios