Mi?rcoles, 20 de junio de 2012

Este nombre suena a misterio para muchos. Sin embargo, más allá de la inquietud mostrada por algunos, la Biblia nos describe a este personaje como a un humano muy terrenal: era un rey de un pueblo o nación llamado Salem. Para gobernar una nación se necesita a un ser humano, no a un ser sobrenatural; además Melquisedec también era un sacerdote del Dios Altísimo.

Aunque suene raro, no todo sacerdocio viene de la línea de Aarón, o de la tribu de Leví. Pensemos por un momento en Abraham, quien no era judío (pues no existía ni la nación judía). El era de Ur de los Caldeos, pero fue llamado por Dios para establecer un pueblo en la tierra de donde saldría su Ungido como respuesta a la promesa hecha en Génesis 3: 15. Más tarde, Pablo aclara que no todos los de Israel son necesariamente israelitas, sino que en Isaac le sería llamada descendencia:  Esto es: No los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino que los que son hijos según la promesa son contados como descendientes (Romanos 9: 8).

Once veces aparece este nombre mencionado en las Escrituras, dos en el Antiguo Testamento y siete en el Nuevo. ¿Por qué aparece este rey y sacerdote como un paradigma de Jesucristo? No que sea una epifanía, una manifestación en la que Cristo se da a conocer, una aparición suya en la antigüedad. επιφάνεια significa manifestación, un fenómeno. Melquisedec no es el resultado de una aparición del Señor a Abram, sino que el rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo salió a su encuentro cuando venía de rescatar a Lot y a mucho pueblo de mano de unos reyes enemigos. En ese momento le dijo:  Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo (Génesis 14: 19-20).  Pero como dato curioso, previamente había sacado pan y vino, aquellos símbolos que usaría Jesucristo en el Aposento Alto cuando comió la cena con sus discípulos, al establecer su Nuevo Pacto.

Probado que Melquisedec era un hombre de carne y hueso, un rey y sacerdote, con aliados y enemigos en tiempo de guerra y de paz, pasemos a interpretar su valor como modelo del sacerdocio de Jesucristo. Fue David quien profetizó el tipo de sacerdocio del Mesías, en el Salmo 110: 4: Juró Jehová, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec. Después le tocaría al autor de Hebreos exponer con claridad el significado de este trabajo sacerdotal de Jesucristo. Allí se dice que fue declarado por Dios sacerdote según el orden de Melquisedec, pero se menciona que éste era rey de Salem, y sacerdote de Dios, quien recibió a Abraham y le bendijo (Hebreos 7:1). Pero lo que confunde a muchos que quieren mirar hacia el enigma y no al contexto en que es presentado es el verso 3, cuando el autor de Hebreos dice que Melquisedec era sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre.

¿Qué quiso decir con el hecho de no tener ni principio ni fin? ¿Quiso decir que Melquisedec era Cristo mismo, una Teofanía? De ser así, entonces no hubiese escrito el verso 26, cuando declara que tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos. El que Jesucristo nos convenía en esta forma implica que Melquisedec no era Cristo, de lo contrario no hubiese sido necesaria la expiación en la cruz.

La frase hecho semejante en 7:3 establece la semejanza establecida por el autor bíblico entre Jesucristo y aquel sacerdote:  

(1) Era un sacerdocio real. Melquisedec era un rey tanto como un sacerdote. La unión de estas dos funciones no se conocía entre los sacerdotes aarónicos, aunque fue profetizada de Cristo en Zacarías 6:13.

2) El sacerdocio de Cristo o de Melquisedec no tenía relación alguna con la descendencia, como el caso de los aarónicos o de los levitas, por cuya razón se dijo que era sin padre, sin madre, sin genealogía; ni principio de días, ni fin de vida. Nunca se dice en las Escrituras que Melquisedec no nació o no murió, o que no tenía padre o madre, sino que se da a entender por una figura hiperbólica retórica la exageración de la durabilidad del sacerdocio. Las Escrituras no muestran el nacimiento ni muerte ni genealogía del rey de Salem, y por esa analogía se traslada la figura a Jesucristo, como un sacerdote eterno e inmutable. Cuando decimos: Te llamé como un millón de veces o Toda la ciudad estaba en el estadio viendo el juego, equivale a una hipérbole, a una exageración intencionada para grabar en el interlocutor la idea que queremos nunca olvide. Acordémonos de Juan el Bautista y de lo que escribió Marcos en su evangelio: Y salían a él toda la provincia de Judea, y todos los de Jerusalén; y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados (Marcos 1: 5), aunque sabemos que ni Herodes, ni su mujer, ni su hija, ni los fariseos, ni los sacerdotes del templo, ni muchos otros fueron bautizados por Juan. Eso es una figura hiperbólica de Marcos, para dejar la impresión del impacto de Juan y su bautismo.  Los sacerdotes de la línea de Aarón dependían de su ascendencia (genealogía, principio y fin) para poder ejercer el sacerdocio. No le sucedió así a Melquisedec, a quien Dios lo levantó como su sacerdote en tiempos de Abram, y del cual profetizó a través de David diciendo que Jesucristo sería un sacerdote para siempre según este orden (sin genealogía, sin principio ni fin);

3) El sacerdocio de Melquisedec era superior al sacerdocio de Aarón, porque Abram reconoció la superioridad de Melquisedec cuando le dio los diezmos de lo que había ganado en la guerra, y Leví no había nacido, ni su descendencia, pero estuvieron implicados en este acto (en los lomos de Abram) que señaló a Melquisedec como un sacerdote de orden superior.

El autor de Hebreos no habla de ningún misterio del origen de Melquisedec, sino por el contrario aclara que su genealogía no es contada entre ellos (Hebreos 7: 6). Simplemente no fue narrada, contada, entre los contemporáneos del rey de Salem, como para dejar registro escrito que fuere trasladado posteriormente a las Escrituras.

Cristo funciona como un sacerdote según el orden de Melquisedec en el sentido de que él es un gobernante, recibe nuestra reverencia y nos bendice.  Su obra de redención ya está terminada, así que El se ve sentado, lo que indica que nunca tendrá que levantarse de nuevo para volver a efectuarla o para agregarle algo (Hebreos 1:3).  Aunque el acto de otorgar pan y vino a Abram no ha de considerarse como litúrgico, pues era costumbre dar refrigerio a los que venían cansados de pelear en la guerra, cuando leemos que el rey de Salem ofreció pan y vino a Abram lo comparamos con Jesucristo, cuando hizo el Nuevo Pacto con su cuerpo y su sangre e instauró esa simbología del pan y el vino en memoria de Él, para que se anunciase su muerte hasta que Él viniera de nuevo.  Salem fue luego conocida como Jerusalén. Cuando David hizo de ésta la ciudad capital de Israel estaba reconociendo su antigüedad como ciudad sagrada y apelando a la vieja tradición de Melquisedec (Sal. 110:4).

Por tanto, Jesús es hecho fiador de un mejor pacto...por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable; por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos. Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos; que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo. Porque la ley constituye sumos sacerdotes a débiles hombres; pero la palabra del juramento, posterior a la ley, al Hijo, hecho perfecto para siempre (Hebreos 7: 22-28).

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 12:54
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