Martes, 12 de junio de 2012

El discernimiento de espíritus es un don que tiene el creyente, de acuerdo a como haya querido el Espíritu repartirlo. Así aparece en los textos bíblicos que recogen lo que sucedía con la incipiente iglesia. En 1 Corintios 12:10 leemos: A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus...  Por esto podemos entender que se puede discernir el corazón humano, su pensamiento, su propósito y designio, su secreto y disimulo e hipocresía, como señalara John Gill, el célebre pastor Bautista nacido en 1697 en Inglaterra.  Pedro discernió el espíritu de Ananías y Safira (Hechos 5), o el de Simón el mago.

En 1 Juan 4:1, el apóstol nos recomienda a no creer a todo espíritu, sino a probarlos, para saber si son de Dios. La razón estriba en que muchos de esos espíritus han salido por el mundo. Uno pudiera imaginarse si el creyente tiene que andar en una actividad espiritista, por cuanto tiene que ocuparse de los espíritus y probarlos. Pero es obvio que no es esto lo que el apóstol quiere indicar, pues en su mismo texto ha permutado el término espíritu por falsos profetas, los que han salido por el mundo. Entonces cuando nos ocupamos de los espíritus nos estamos ocupando de los hombres, quienes son tales por cuanto tienen espíritu.

Por supuesto que existe una multiplicidad de espíritus en la creación de Dios. Están los ángeles, quienes son espíritus ministradores para los santos de Dios (Hebreos). Están las huestes espirituales de maldad, en las regiones celestes (Efesios 6). Pero en el texto de Juan se puede entender que hace referencia a los hombres, en especial a los falsos profetas y a los que son de Dios.

Pero, ¿cómo vamos a saber si un espíritu es de Dios o no lo es? En la era apostólica el Espíritu repartía dones en la iglesia, de acuerdo a su propósito. Hoy día, muchos de aquellos dones siguen y otros amainaron su intensidad o tal vez desaparecieron porque así lo decidió Dios. Sin embargo, un texto encontrado en Hebreos 5: 14 nos alienta a comprender cómo resaltar este talento del cual hablamos. Dice así el texto:  pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.

El uso de un talento hace que los sentidos se ejerciten para un mejor desarrollo del don, regalo o talento que Dios ha dado a su gente. Una persona tiene talento musical y desde niño ha manifestado un oído brillante y una comprensión abstracta especial para comprender la representación del sonido musical en unas notas que parecen garabatos. Tal vez no todos nosotros mostramos tal habilidad para leer la música escrita, pero otros son especialistas en la materia. Lo que no se puede negar es que ese niño, joven o adulto que se ejercita en su talento logra desarrollar una gran habilidad para ejecutar la obra que tiene escrita en sus pentagramas.

El ejercicio de nuestras habilidades nos perfecciona para el uso oportuno de las mismas. No sucede en forma distinta con lo espiritual. Aunque todos somos llamados a orar en todo momento, la Biblia también señala que debemos ocuparnos de ella en todo tiempo. ¿No habéis podido velar conmigo ni siquiera una hora?, fueron palabras de Jesús a sus discípulos. Sin embargo, vemos en el relato bíblico cómo estos hombres fueron transformados y se dedicaban a la oración y a la palabra (Hechos). Se empieza con poco, pero se continúa con mucho. Si se es fiel en lo poco, en lo mucho nos pondrá el Señor. Es una promesa para la vida venidera, pero es también un principio para la era presente.

Juan recomienda a no creer a los hombres que vienen con doctrinas extrañas, por cuanto hay muchos falsos maestros que andan por el mundo. Pero Juan les recuerda a su iglesia que ella es portadora de un espíritu mayor: el Espíritu Santo: mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo. Pero hay una clave para reconocer a los espíritus: lo que hablan y quién los oye. Acordémonos de lo que Jesús enseñó y fue recogido por el mismo Juan en su evangelio. El Señor dijo que él era el buen pastor, que daba su vida por sus ovejas. También dijo que sus ovejas oirían su voz y le seguirían, pero que al extraño no seguirían porque no conocen la voz de los extraños.

Acá estamos en presencia del conocer intelectual y afectivo. La oveja no conoce la voz del extraño, sino la del buen pastor. Las cabras pueden oír voces distintas y seguirlas, las ovejas nunca lo harán. Entonces esta es una clave esencial para reconocer los espíritus (Juan 10: 5).  Mas al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños. El extraño, el falso profeta, el engañador, hablará del mundo y para el mundo. Se entretendrá en sus deleites, en la vanagloria de la vida, el engaño de los ojos, y tendrá multitudes alrededor.  Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los oye (1 Juan 4: 5). Pero en el versículo siguiente de su carta, el apóstol revela la clave absoluta:  Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error.

Conocer el espíritu de verdad y de error, eso es lo máximo a que podamos aspirar en el discernimiento de espíritus. Habíamos hablado de entrenamiento, lo cual supone costumbres, hábitos, repeticiones. Orar un poco hoy, mucho mañana. Es un ejercicio espiritual necesario y obligatorio. ¿Cómo sabemos si somos de Dios? Si tenemos el Espíritu de Cristo, pues si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él (Romanos 8: 11). Somos llamados a ejercitarnos en la verdad, de manera que si Cristo es la Verdad, entonces su palabra es verdad. Por lo tanto debemos conocer lo que dijo, escudriñar las Escrituras, no ignorarlas, porque muchos anticristos han salido por el mundo, hablándole al mundo y el mundo los oye. Pero las ovejas no oirán la voz de los extraños.

¿Cómo podemos conocer las miles de doctrinas heréticas enseñadas en el mundo? ¿Estudiando cada una de ellas, en sacrificio de un gran trabajo intelectual y una gran inversión de tiempo? Esa puede ser una vía, pero no la más inteligente. Hay un camino mejor, enseñado por Jesús. Escudriñad las Escrituras, porque ellas son las que dan testimonio de mí. Se dice que los cajeros de los bancos son entrenados para distinguir los billetes falsos, al nomás tocarlos con sus dedos. Sin embargo, su entrenamiento no pasa por evaluar cada tipo de billete falso, sino por reconocer un solo tipo de billete: el verdadero. Llegan a practicar tanto el tacto con los billetes válidos y legales que se acostumbran a ellos. Una vez que perciben en sus manos uno falso, les resulta fácil detectarlos.

Esa analogía es válida en la vida cristiana. Hemos de desarrollar el hábito de la comida sólida, como anunciara el autor a los Hebreos: para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal. El uso es la práctica del talento, del don, pero no en forma separada como si un tenista pudiera practicar con su raqueta sin que antes se alimentara adecuadamente. La clave está en el alimento sólido para alcanzar la madurez. Sólo en esas condiciones se puede tener el discernimiento del bien y del mal. Es así de simple: seguir al pastor del rebaño (al buen pastor) de manera que se desconozca la voz del extraño.

¿Qué sucede si una oveja está habituada a la voz de su pastor? Desconoce la voz del extraño. Pero en la vida humana-espiritual conocer la voz del Buen Pastor es conocer su palabra revelada. Una vez que nuestro entendimiento ha sido ejercitado con el alimento sólido podemos detectar la voz del extraño para no seguirla. Ese es el discernimiento de espíritus.

Juan en su segunda carta se regocijó al hallar a algunos de la iglesia andando en la verdad, conforme al mandamiento del Padre. Hace una rogativa a la iglesia para permanecer en el amor dado, porque existe una razón poderosa para amarnos. Al parecer ese es un gran antídoto contra el desamor, que no es otro que el mostrado por los engañadores. Dos grupos se confrontan: el de la verdad (la verdadera iglesia) y el del engaño del mundo (los falsos profetas). Un argumento circular o tautológico, una petición de principio se esgrime a continuación:  Y este es el amor, que andemos según sus mandamientos. Este es el mandamiento: que andéis en amor, como vosotros habéis oído desde el principio (2 Juan 1: 6).

El amor se refleja en andar en los mandamientos del Padre, pero el mandato del Padre no es otro sino andar en amor. De inmediato viene una conjunción causal que conecta lo dicho con la razón que se dará en forma inmediata:  Porque muchos engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Quien esto hace es el engañador y el anticristo (verso 7). Hoy día se agrava la situación, es un poco diferente a hace casi 2000 años atrás. Muchos anticristos han salido por el mundo pero han cambiado su estrategia: para ellos, Jesucristo vino en carne, no obstante traen la ponzoña del engaño en sus garras de lobo.

Pero a pesar de que los tiempos han cambiado y de que ahora es peor que antes (la maldad sería aumentada), el consejo de Juan es valedero: Mirad por vosotros mismos, para que no perdáis el fruto de vuestro trabajo, sino que recibáis galardón completo. Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo (versos 8 y 9).  El eje de todo este argumento es perseverar en la doctrina de Cristo. Como los anticristos se han multiplicado por el mundo en un lapso de 2000 años, a una tasa casi exponencial, el viejo consejo es el único que tenemos vigente y es el que debemos aplicar:  Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: !Bienvenido!  Porque el que le dice: !Bienvenido! participa en sus malas obras (2 Juan 1: 10-11).

Los falsos maestros de antes y de ahora, aunque hayan asumido ciertas doctrinas bíblicas para exponerlas como verdad (por ejemplo, que Jesucristo sí vino en carne y sangre), pretenden, sin embargo, tener un conocimiento especial y superior, distinto, a la doctrina apostólica. A pesar de pasarse en una iglesia todo el día, de lunes a domingo, su conexión con el Altísimo está cortada (nunca os conocí, les dirá el Señor). Ellos nunca han sido conocidos por el Señor, sino que salieron de nosotros, porque no eran de nosotros. Es necesario que el trigo crezca junto a la cizaña, porque los ángeles son los que separarán este sembrado y echarán al fuego que no apaga la paja. Pero Juan nos recomienda a apartarnos de ellos.

Los falsos maestros no están fuera de la iglesia solamente; sabemos que en el mundo son bienvenidos y tienen un público cautivo. Pero como en el mundo no tienen eco las palabras de la Biblia, aquellos prefieren el calor de las iglesias, donde hay gente propicia a escuchar palabras de Dios. Mentiras y engaños adornados con textos bíblicos, con doctrinas enrevesadas dentro de la falsamente llamada ciencia, son utilizados por los falsos maestros y falsos profetas, para torcer las Escrituras para perdición de ellos y de los que siguen la voz de los extraños.

Hay que cortar todo vínculo con los herejes, todo lo que pueda estimular su trabajo. Es fácil no abrirle la puerta de la casa a un mormón, o a un testigo de Jehová, porque sabemos que su palabra está contaminada. Pero, sin embargo, se las abrimos a los lobos disfrazados de ovejas, a los predicadores de la palabra que exponen un 50, 60, 80, 90 por ciento de verdad con un residuo de mentira. Los hermanos de la iglesia de Berea fueron un ejemplo para los de antes y lo son para los de ahora: todo lo que oían lo examinaban con las Escrituras. Esa es la regla de oro, lo espiritual con lo espiritual.

Los falsos maestros de hoy, metidos en su disfraz de oveja, proclaman que Jesucristo sí vino en carne, que es el Hijo de Dios, que murió en la cruz del calvario, que fue el Cordero que expió los pecados de la humanidad. Dicen que si escuchamos su palabra y creemos en nuestro corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, que si confesamos con nuestra boca que él es el Hijo de Dios, entonces somos salvos. Pero agregan que Jesús murió por toda la humanidad, pero depende de la voluntad humana el recibirle o el rechazarle. En otros términos, con este 90 por ciento de verdad enunciada aseguran que nuestra libertad decide finalmente quién irá al cielo y quién al infierno.

Bien, si usted no está acostumbrado como oveja a escuchar la voz del Buen Pastor, entonces tal vez sea engañado y arrastrado por sus palabrerías y falsa doctrina. Eso hace suponer que se viola el principio de Jesús cuando aseguró que sus ovejas no seguirían la voz del extraño. Entonces, ¿por qué siguió usted la voz del extraño? Si le creemos a Jesús, la única razón es porque usted no es una oveja sino cabra. No obstante, cabe la posibilidad que todavía no le haya amanecido Cristo, que todavía no le haya resplandecido la luz del evangelio, de manera que pudiera ser una oveja descarriada por la cual murió Jesús y ha de llegarle el momento de ir a su regazo.

Cristo no pudo morir por cada uno de la raza humana, por cuanto él expió el pecado de su pueblo, lo representó en el castigo como cordero sustituto, compró nuestra redención con su sangre, clavó en la cruz el acta de los decretos que nos era contraria. ¿Cómo pudo Jesús haber expiado los pecados de toda criatura y luego enviar a muchos al infierno de fuego, y decirles: nunca os conocí? ¿No es acaso la expiación la liberación completa de todos nuestros pecados, de los cuales dijo el profeta Miqueas que Dios nunca más se acordaría de ellos? ¿No dijo Jesús que nadie podría arrebatar de su mano a aquellas personas que el Padre le había dado? ¿No dijo que el Padre era mayor que todos, implicando con eso que ni siquiera nuestra voluntad nos podrá separar de su decreto eterno? Entonces, los falsos maestros y falsos profetas vienen con un 90 por ciento de verdad y tuercen un diez por ciento las Escrituras. A ellos no debemos decirles bienvenidos, pues participaríamos de sus malas obras y de sus castigos. Decirles bienvenidos es extraviarse de la doctrina, por consiguiente implica no tener al Padre ni al Hijo. En otros términos, es demostrar objetivamente que nunca se ha sido miembro de la iglesia de Cristo: salieron de nosotros, pero no eran de nosotros.

Jesucristo declaró que los que no creían en él no podían hacerlo, porque no eran de él, no eran de sus ovejas. ... pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho. Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.  Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre (Juan 10: 26-29).  Un requisito o condición para poder creer es ser oveja. El requisito del ser  para poder estar.  El ser es esencial, hace referencia a la permanencia: se es humano o animal, se es hombre o mujer, se es niño o adulto, se es oveja o cabra, trigo o cizaña. El ser no cambia. Por ser ovejas estamos inscritos en el libro de la Vida del Cordero, desde la fundación del mundo. Y con esto no se implica la pereza ni la no predicación del evangelio, simplemente que habrá de creer aquél a quien el Padre le dé vida a través del nuevo nacimiento.

Los falsos profetas nos dan el mote de calvinistas, como si eso fuese una gran ofensa. No obstante, la palabra de Dios no nos permite declararnos seguidores de hombres sino de Jesucristo. Calvino ha podido tener mucha razón en muchos de sus escritos, pero era un humano como nosotros, falible como todos. De seguro tiene errores, por lo cual no somos sus firmes defensores. Pero nunca predicamos a Calvino, o a Zwinglio, o a Lutero. Predicamos a Jesucristo crucificado, para salud de su pueblo elegido desde antes de la fundación del mundo para alabanza de la gloria del Padre, por el puro afecto de su voluntad. Si esto ofende a los falsos maestros y profetas, si esto les es repugnante, no nos llamen calvinistas sino creyentes en la palabra y sean honestos al menos una vez en sus vidas, en cuanto a doctrina se refiere, y hagan como sus homólogos hicieron cuando Jesús les preguntó si esas palabras habladas le ofendían (Juan 6). Dice la Escritura que al instante muchos de sus discípulos se fueron, porque les pareció que esas palabras eran duras y difíciles de oír.

Ellos fueron más honestos que los falsos maestros que enseñan la expiación universal en cualquiera de sus variantes. A ellos les pareció dura esta palabra y se fueron del lado de Jesús. Los falsos maestros de ahora se quedan dentro de la iglesia tratando de arrebatar ovejas para hacerles daño. Las verdaderas ovejas escaparán de sus colmillos, las que son solo cabras con apariencia de ovejas serán fácilmente devoradas por sus enseñanzas. Si Cristo murió por todos, entonces murió por Judas, por Faraón, por los réprobos en cuanto a fe de los cuales la condenación no se tarda. Por lo tanto, alguien miente: el Espíritu Santo que inspiró su palabra, o los torcedores de las Escrituras. Su respuesta le dirá a usted en qué lado está.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 14:46
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