Viernes, 25 de mayo de 2012

La soberanía de Dios incluye todas las áreas posibles para la imaginación humana. Aún en materia de suerte, la Biblia habla con claridad en numerosos pasajes. Por ejemplo: Proverbios 16: 33 lo advierte en forma tajante: La suerte se echa en el regazo; mas de Jehová es la decisión de ella. 1 Reyes 22: 20, 34 y 37 mencionan el caso del rey Acab y su muerte repentina: Y un hombre disparó su arco a la ventura e hirió al rey de Israel por entre las junturas de la armadura. También las acciones malévolas del hombre no le son extrañas a la soberanía divina: Génesis 45: 5 resume en pocas palabras la intención de Dios detrás de la venta que de José hicieron sus hermanos: Ahora, pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros. ¿Y qué tal este texto que habla de la intención de Jehová respecto a Faraón? Éxodo 4:21 relata: Y dijo Jehová a Moisés: Cuando hayas vuelto a Egipto, mira que hagas delante de Faraón todas las maravillas que he puesto en tu mano; pero yo endureceré su corazón, de modo que no dejará ir al pueblo. ¿Y qué decir de la testarudez de Sansón al proponerse escoger mujer entre los filisteos? Jueces 14: 4 lo resume: Mas su padre y su madre no sabían que esto venía de Jehová, porque él buscaba ocasión contra los filisteos; pues en aquel tiempo los filisteos dominaban sobre Israel. ¿Y con respecto a la ira humana, acaso no está también programada? Salmo 76:10 declara: Ciertamente la ira del hombre te alabará; tú reprimirás el resto de las iras. ¿Qué diremos del hombre malo? Escuchemos lo que nos dice Proverbios 16: 4: Todas las cosas ha hecho Jehová para sí mismo, y aun al impío para el día malo. El profeta Isaías también tiene palabra al respecto, cuando se refiere a Ciro, el futuro rey de Persia: que dice de Ciro: Es mi pastor, y cumplirá todo lo que yo quiero, al decir a Jerusalén: Serás edificada; y al templo: Serás fundado (Isaías 44: 28). Tal vez el siguiente texto pareciera no sacado de la Biblia, pero está en el libro de Amós, en capítulo 3 verso 6: ¿Se tocará la trompeta en la ciudad, y no se alborotará el pueblo? ¿Habrá algún mal en la ciudad, el cual Jehová no haya hecho?
El Nuevo Testamento también declara a este Dios soberano. En Hechos 2:22-23 leemos: Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis; a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole...O en el mismo libro, capítulo 4: 27-28: Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel, para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera. Aun los espíritus malos están bajo el poder soberano de Dios. En 1 Samuel 16: 14-15 se ve el control absoluto de Dios sobre estos seres espirituales de maldad: El Espíritu de Jehová se apartó de Saúl, y le atormentaba un espíritu malo de parte de Jehová. Y los criados de Saúl le dijeron: He aquí ahora, un espíritu malo de parte de Dios te atormenta. Se puede leer en 1 Reyes 22: 19-23 la manera en que un espíritu de mentira es enviado de parte de Jehová a los profetas para inducir al rey Acab al error. Compare 2 Samuel 24:1 con 1 Crónicas 21: 1 y entenderá dos maneras de entender el relato bíblico: desde la perspectiva divina y desde la perspectiva humana, como sucedió con el censo de Israel hecho por David: ordenado por Dios e incitado por Satanás.
Asimismo, las buenas acciones de los hombres son preordinadas: Juan 15:16 tiene un mensaje muy importante para dejarlo pasar inadvertido: No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé. Somos llamados a producir un fruto que permanezca, y a pedir al Padre en el nombre de Jesús, lo cual trasciende al mero formulismo. Esto implica antes que nada que se necesita ser enviado a llevar fruto, para lo cual es imperativo que uno haya sido escogido o elegido por Cristo. En consecuencia podemos orar con la garantía de la respuesta conveniente. La razón la expone Pablo a los Efesios (2: 10): Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. Dios mismo produce en nosotros el querer como el hacer, por su buena voluntad (Filipenses 2: 13).
Ahora bien, podríamos preguntarnos el porqué de la elección. Sin duda sobran las respuestas que la Biblia misma menciona: 1) Para y por su propio placer (Efesios 1:5; 2 Timoteo 1:9); 2) Para desplegar su gloria (Isaías 43:6-7; Romanos 9: 22-24; 1 Corintios 1: 27-31; Efesios 2: 4-7); 3) Por su especial amor ( Deuteronomio 7: 6-8; 2 Tesalonicenses 2: 13).
Jeremías 1: 5 nos habla de su especial amor antes de formarnos en el vientre, antes de nacer, pues aún allí ya nos conoció el Señor (conocer significa tener comunión). De igual forma lo hace el profeta Amós, en 3:2, cuando menciona el castigo de Dios sobre su pueblo, para corrección, porque solamente a su pueblo él ha conocido de todas las familias de la tierra. Si alguno ama a Dios es conocido por él (1 Corintios 8:3) y la 2 carta a Timoteo, en 2:19 declara: Conoce el Señor a los que son suyos. Por esa razón se nos recomienda y exige apartarnos de iniquidad a todos los que invocamos el nombre de Cristo. Jesucristo fue destinado desde antes de la fundación del mundo como Cordero Pascual, pero manifestado en los postreros tiempos por amor a su pueblo escogido (1 Pedro 1:20). Sin embargo, es notorio que no existe en nosotros alguna sabiduría, o poder y nobleza, ni escogencia o búsqueda que haya motivado a Dios para escogernos como su pueblo. No hay nada bueno en el ser humano totalmente depravado, de manera que su escogencia no obedece a las obras humanas sino a su propio placer y para mantener la elección como única motivación.
Dios amó a Jacob y aborreció a Esaú, antes de que hiciesen bien o mal, para que el propósito de la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama (Romanos 9: 11-13). Porque Jesucristo se manifestó a los que no preguntaban por él (Romanos 10: 20, citando palabras de Isaías). Tal vez debemos recordar otra razón más de la elección divina: sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia (1 Corintios 1: 27-29). Entonces uno se pregunta ¿dónde queda la jactancia? No hay opción para ello, pues no tenemos mérito alguno, sino que todo lo ha hecho Dios para sí mismo y Cristo es el autor y consumador de la fe, y el que empezó la buena obra en nosotros la terminará. Con esa garantía dispongámonos a la comunión con el Padre para producir el fruto reservado para cada quien.

César Paredes
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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 14:37
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