Martes, 27 de diciembre de 2011

Muchas personas se han caracterizado por autodefinirse como ateas, porque dicen no creer en ninguna clase de divinidad. Uno no podría estar más de acuerdo con ellas, dado que existe un sinfín de dioses a lo largo de la historia humana. Por supuesto que la razón sobra para esas personas autollamadas ateas, pues todos esos dioses no son más que producto de la imaginación humana. Son creaciones a nuestra imagen y semejanza.

Sin embargo, para todo aquel que es llamado a ser parte del cuerpo de Cristo, la noticia es otra. Muy diferente al ateo, el creyente se refugia en la esperanza infundada por aquel quien lo llamó de las tinieblas a la luz. En relación con el ateísmo, para el cristiano surge una pregunta con una respuesta contundente: ¿qué dice la Biblia de los ateos? Dice el necio en su corazón: no hay Dios (Salmo 14: 1). Al parecer no existe el concepto de ateísmo en las Escrituras, pues el Dios revelado llama necios a quienes se autoproclaman ateos.

El consejo de Dios continúa hablando: se han corrompido, hacen obras abominables; no hay quien haga el bien. Jehová miró desde los cielos sobre los hijos de los hombres, para ver si había algún entendido, que buscara a Dios. Todos se desviaron, a una se han corrompido; no hay quien quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno (Salmo 14). El salmista David dice en otro contexto que Dios nos hizo: Reconoced que Jehová es Dios; El nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos; pueblo suyo somos, y ovejas de su prado (Salmo 100:3). El ateo es un necio porque presupone que él se hizo a sí mismo, que él es producto de un azar de la Naturaleza, como si ésta existiese porque sí, como producto de razones eternas que permitieron la vida en la tierra.

La definición que la Biblia da del ateo es que simplemente es un necio. La palabra hebrea usada es nabal, que traduce igualmente insensato malvado. De esta forma se revela el origen de la insensatez, que no es otra que la maldad. O también pudiera inferirse que la maldad es una consecuencia de la insensatez humana. Pero en ambos casos el objeto es el mismo: negar a Jehová como creador supremo del universo. Sabidas son las palabras del Faraón de Egipto: ¿Y quién es Jehová, para que los deje ir? Para eso mismo fue levantado el Faraón, para mostrar en él ante toda la historia que Jehová es Dios. Fue creado para que dijera esas palabras como un nabal humano, como un insensato y malvado esclavista. Entonces el soberano sigue siendo el Creador del universo, nunca su criatura.

La insensatez humana parece no conocer límites. Suponer que lo creado es el creador equivale a colocar la carreta delante del caballo. El apóstol Pablo retoma esta idea del Salmo 14: 1, cuando escribe su carta a los romanos. Dice que la ira de Dios se pone de manifiesta desde el cielo, contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad. ¿Cuál verdad? La verdad declarada en la creación, y la verdad revelada en la proposición profética. Cualquier cosa que se conozca de Dios ha sido manifestada a todos los hombres, esto es: la referencia de que existe un Creador, de que el universo no apareció por obra propia, como producto de una explosión casual. Que la inteligencia exhibida en los designios arquitectónicos de las formas de existencia orgánica o inorgánica manifiestan un diseñador detrás de la obra.

De esta forma no hay excusa alguna, pues ...las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa (Romanos 1: 20). El problema humano radica en su insensatez, pues habiendo conocido a Dios -a través de la obra creada- el hombre no glorificó a Dios, ni fue agradecido, sino que se envaneció en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido (Romanos 1: 21).  Entonces el ateísmo es visto otra vez como necedad humana. El problema no acaba allí, sino que continúa sin límites, pues la humanidad profesa sabiduría pero se ha hecho necia. De esta forma Dios sorprende la sabiduría de los hombres (Job 5: 13), Porque la sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios; pues escrito está: El prende a los sabios en la astucia de ellos (1 Corintios 3: 19).  La razón de esta necedad tiene vieja data, pues desde tiempo inmemorial la humanidad cambió la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible. Un cambio semiótico muy atrevido: del Dios incorruptible al hombre corruptible. Esto lo hizo el ser humano al suponer que la criatura era el mismo creador: en semejanza de aves, de cuadrúpedos, de reptiles, de hombres corrompidos.

Una consecuencia terrible al deshonrar la imagen de Dios ha sido el hecho de que Dios entregó a su propia deshonra a quienes le negaron el honor, a la concupiscencias de sus corazones, de su inmundicia, de tal forma que deshonraron entre sí sus propios cuerpos (Romanos 1: 24). Y la razón la repite el apóstol Pablo, pues cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador. Y el apóstol enfatiza en los versos 26 al 32: Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican.

Este es un retrato de la época actual. Sin embargo, también lo ha sido desde los momentos en que se escribió la carta a los romanos, casi cerca de 2000 años. Pero es también una descripción de lo que ha acontecido mucho antes, desde que la humanidad se apartó de su Creador, pretendiendo su independencia. No obstante, todo esto ha tenido que pasar, pues así han sido los planes eternos e inmutables del Creador.  La piedra que los edificadores desecharon, 
Ha venido a ser la cabeza del ángulo;  y: Piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados
(1 Pedro 2: 7).   Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo (Judas, verso 4).

Como dato curioso resta decir que aún al cuerpo de Cristo ha llegado la idea de una creación distinta a la narrada en el Génesis, porque de esa manera podemos coincidir con la sabiduría del mundo que ha sido enloquecida por Dios. Pero como dice Judas, esto es negar al único Dios soberano. La soberanía de Dios es el objeto apuntado en su revelación, pues un Dios que no esté en control de todo cuanto acontezca no merece ser tal. Sin embargo, el Dios de la Biblia se autoproclama como el único soberano, el que no tiene consejero, el que salva a quien quiere salvar, el que endurece al que quiere endurecer. El dice de sí mismo que fuera de Él no hay quien salve, y no hay quien de su mano libre. ¿A quién, pues, le haremos semejante?

El ateísmo es un nombre más de los que orgullosos exhiben su insensatez. Así lo declara la Biblia, de tal manera que la sabiduría que exhiben es locura y necedad. La sabiduría de Dios también es locura para el mundo, de manera que quiso Dios salvar al mundo (a su pueblo) a través de la locura de la predicación. Por eso lo insensato de Dios es más sabio que lo sabio de los hombres. ¿No ha escogido Dios a lo necio, a lo débil, a lo vil, a lo menospreciado y a lo que no es del mundo, para avergonzar a los sabios, a lo fuerte y a lo que es?  La razón es que nadie se jacte en su presencia y pueda argumentar que gracias a su sabiduría, a su inteligencia, a su fortaleza y dignidad, a que era alguien, llegó a creer en el Hijo de Dios.

En síntesis: que el mundo nos llama insensatos, viles, despreciables, carentes de inteligencia, débiles, insignificantes. Pero Dios llama al ateo necio, insensato, vil, amador de lo malo, corrompido, abominable. Dios los entrega a pasiones vergonzosas para que deshonren aún sus propios cuerpos. Son dos perspectivas presentadas: la calificación que el mundo hace del universo de creyentes (las ovejas de Cristo), y la calificación que Dios hace de los que viven bajo el príncipe de este mundo. Pertenecer a una u otra categoría no depende de nosotros, pues podríamos jactarnos de poseer una inteligencia especial. Aún la fe que nos ha sido dada es un regalo de Dios, pues no es de todos la fe. Sin embargo, el mensaje del evangelio se sigue anunciando -entre otros objetivos- para que las ovejas dispersas lleguen a entender que el buen pastor dio su vida por ellas. Otros, al ser endurecidos, recibirán mayor condenación y mejor les hubiera sido no haber escuchado tal anuncio.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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