Jueves, 15 de diciembre de 2011

Tal vez muchas personas esperan una época específica del año para volverse generosos con los regalos. Muchos están habituados a recibir y dar tarjetas de felicitación, presentes de diversa índole, con el objeto de sentir el placer de una sonrisa en el otro. Eso no es malo en sí mismo, sino que parece un acto decente de cordura y simpatía. Muy a pesar de esta realidad, el hecho de que se haya escogido el mes de Diciembre como la época especial de los regalos nos hace suponer que estos actos giran en torno a la Navidad.

Quizás la evidencia más temprana de la preocupación por la fecha de la Navidad se encuentra en Alejandría, cerca del año 200 de nuestra era. Le tocó a Clemente de Alejandría indicar que ciertos teólogos egipcios asignaban el año y el día real del nacimiento de Cristo como 25 pashons (20 de mayo) en el vigésimo octavo año de Augusto. Pero desde el año 221, en la obra Chronographiai, Sexto Julio Africano popularizó el 25 de diciembre como la fecha del nacimiento de Jesús.

La navidad o natividad es la época en que se celebra el nacimiento de Jesús, el Hijo enviado de Dios que salvaría a su pueblo de sus pecados. Se supone que nació en una época más cálida, tal vez en el mes de Septiembre, pues los pastores pastaban a sus ovejas en el campo, hecho inusual en pleno invierno. No obstante, la fecha fue movida por los intereses pagano-cristianos de la historia. Fue bajo el gobierno del emperador romano Constantino (306-337) de nuestra era, que se sancionó la cristianización de muchas festividades paganas.  Este emperador, como su Roma imperial, adoraba al Sol Invictus.  La influencia teológica cristiana del momento, aunada a la creciente religión nutrida por las clases populares, permitió que se relacionara con el Sol de Justicia del cual nos habla Malaquías. Mas á vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salud: y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada (Malaquías 4:2). Como en el solsticio de invierno se hacía un festival popular al Sol Invicto, entonces se propuso la fecha del nacimiento del Mesías para el 25 de Diciembre, lo cual acomodaba bien al universo pagano ahora cristianizado oficialmente, después de la supuesta conversión del pagano emperador Constantino.

Ahora la civilización occidental goza de la celebración mixta, pagano-cristiana, de la Navidad. En inglés el nombre no puede ser más propicio: Christmas, la misa de Cristo. La lengua inglesa también tiene la palabra Nativity, que significa nacimiento. No obstante, el colectivo religioso ¨cristiano¨ prefiere usar el vocablo relativo a la misa de Cristo. Hace varios siglos, en Inglaterra se prohibió celebrar esta fecha. Esto sucedió en el siglo XVII, bajo el gobierno de Cromwell, pero la fuerza activa del paganismo arremetió contra las puertas del mandato y ahora se hace una celebración casi universal.

Más allá de la combinación pagano-cristiana, la Navidad no tiene porqué celebrarse. No es un mandato bíblico, ni fue una costumbre en la iglesia primitiva. Todo lo contrario, Pablo se dirige a los Gálatas como insensatos, que celebraban los tiempos, los años y los días: Guardáis los días, los meses, los tiempos y los años. Me temo de vosotros, que haya trabajado en vano con vosotros (Gálatas 4: 10-11). Muchos suponen que porque los reyes del Oriente vinieron a ofrecerle al niño oro, incienso y mirra, entonces debemos participar en el intercambio de regalos. Pero el acto de los reyes no tiene nada que ver con el de los regalos; la costumbre pagana también proviene desde antes de Cristo, cuando se celebraban las Saturnalias y las Brumalias.

Durante estas dos fiestas se hacían banquetes y se daban regalos. La gente hacía adornos de ramas de laurel, lo que les traería buena suerte. Se intercambiaban comida, así como una diversidad de regalos. El uso de las velas era muy extendido en esa época, pues se quemaban en las noches de invierno, para venerar al Sol Invictus.

Interesante que en algunas iglesias protestantes también se encienden velas, en conmemoración del Adviento, en un uso confuso en el cual se mezcla el viejo cuento de las velas de estas fiestas con el nuevo cuento de la masonería. Tres velas se encienden en las logias masónicas: la luz que representa los tres principios de Sabiduría, Fuerza y Belleza.

Los presbiterianos tienen un calendario litúrgico que anticipa la llegada de Jesús. Toma lugar 4 domingos antes de la noche de Navidad. Se van encendiendo las velas los cuatro domingos antes del 25 de Diciembre, y tienen el color violeta, rosado y blanco.  La rosada y la blanca se colocan en el centro de una corona de ramas navideñas. Con la primera vela del Adviento se recuerda a María quien fue la primera en recibir la noticia del nacimiento del Hijo de Dios... De esta manera se encenderán todas las velas hasta recordar a Jesús en su nacimiento. Por supuesto, todo este encendido debe ir aderezado de lecturas bíblicas y pensamientos cristianos, con lo cual se cristianiza el símbolo que tiene su origen pagano.

Las Velas representan el fuego recién nacido de los dioses del sol, usadas en el paganismo en sus rituales y ceremonias. Ciertos colores se toman para representar poderes específicos (como se prefieren también en las iglesias Presbiterianas: morado, rosado, blanco, etc.).  Ahora se venden aromáticas y muchos las usan para ambientar el hogar. La excusa es válida, pero intrínsecamente también está el propósito pagano de servir al dios de las tinieblas. Existen ambientadores de mucho tipo y variedad, pero las velas de olor cumplen su doble propósito.

Cuando Jesús nació en Belén de Judea, en días del rey Herodes, vinieron del Oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el Rey de los Judíos que ha nacido? Y al entrar en casa, vieron al niño con su madre María y postrándose lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra (Mateo 2:1-12).

La palabra persa para sabio era magi, por eso tenemos la derivación de los reyes magos. La Biblia no dice que fueron tres, sino que los regalos que dieron fueron oro, incienso y mirra. Cada uno representaba un símbolo en la vida de Jesús. Los reyes no viajaban solos, sino en caravana con muchas personas que los cuidaban y acompañaban. Ni María, ni José ni el niño, intercambiaron regalos, ni los acompañantes de los reyes dieron ningún presente. Solamente los reyes le ofrecieron sus obsequios al  Rey.  Era costumbre en el Oriente, como lo demuestran múltiples casos bíblicos, el que a un rey se le ofrecieran regalos o presentes. Entonces, ¿de dónde la costumbre del intercambio de regalos? Precisamente de las fiestas paganas ya mencionadas y de otras que no se han citado acá.

La Biblia no nos sugiere celebrar el nacimiento del Hijo de Dios, sino más bien conmemorar su sacrificio (Haced esto todas las veces que lo hiciereis, en memoria de Mí). Esas fueron las palabras de Jesucristo con sus discípulos al darles el pan y el vino, que simbolizaban su cuerpo y su sangre sacrificado por su pueblo escogido. Sin embargo, como una manera de demostrar el error de cálculo hecho arbitrariamente por la Iglesia Institucional al servicio de Roma, es prudente demostrar lo que aportan los datos bíblicos acerca del nacimiento de Jesús. En Lucas 1: 5-14 se puede leer que cuando Juan el Bautista fue concebido, su padre Zacarías trabajaba como sacerdote en el Templo de Jerusalén. El trabajo del sacerdocio era repartido conforme a turnos. Zacarías pertenecía al turno de Abdías. Como nos narra Lucas, 1: 24-36, Jesús nació cerca de seis meses después de Juan.

Si miramos el libro de 1 de Crónicas, capítulo 24: 7-19, nos damos cuenta de que existían 24 grupos sacerdotales que servían por turnos semanales en el templo. Al grupo de Abdías le correspondía el octavo turno.  Cada grupo servía dos veces al año. Si contamos los turnos desde el comienzo del año, al grupo de Abdías le correspondía servir a comienzos de Junio (del 8 al 14 del mes del calendario lunar hebreo). Como Juan fue concebido cuando Zacarías su padre trabaja en su turno como sacerdote en el templo, Juan fue concebido en el mes de Junio. Nueve meses después nacería, es decir, en Marzo. Pero como Jesús nació seis meses después de Juan, entonces nacería en el mes de Septiembre.

Por eso la indicación bíblica de que los pastores apacentaban sus ovejas al aire libre, asunto casi imposible de hacer si hubiese sido durante el mes de Diciembre (Lucas 2: 8). Si recordamos que hubo un censo ordenado por el emperador Augusto César, época que coincidía con el nacimiento de Jesús, se ha de suponer que difícilmente se hubiera convocado dicho censo durante el invierno. Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David; para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta. Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento (Lucas 2: 4-6). Muchos no hubieran ni siquiera intentado movilizarse a pie o en bestia, bajo el frío propio del invierno.

En síntesis, la Navidad es un cuento pagano y funciona como tal. El nacimiento del Hijo de Dios es un hecho histórico, pero con un propósito teológico: le sería puesto por nombre Jesús pues salvaría a su pueblo de sus pecados (Mateo 1: 21).

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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