Domingo, 20 de noviembre de 2011

Cuán perverso es el corazón humano que Dios tuvo que prometer a través del profeta Ezequiel que les daría a sus escogidos un corazón nuevo, y un espíritu nuevo. Además de ello, aseguró que pondría dentro de nosotros a su Espíritu, de manera que pudiésemos andar en sus estatutos, guardar sus preceptos y ponerlos por obra (Ezequiel 36: 26-27). Pero le tocó al profeta Jeremías un canto distinto: Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? (Jeremías 17:9).   En el verso 14 dice este profeta: Sáname, oh Jehová, y seré sano; sálvame, y seré salvo; porque tú eres mi alabanza. Lo dijo porque Jehová había declarado por intermedio de él mismo que sería maldito el varón que confiara en el hombre, y ponía carne por su brazo, y su corazón se apartaba de Jehová (verso 5) y Bendito el varón que confiara en Jehová, y cuya confianza era Jehová (verso 7).

Jehová es quien escudriña la mente y prueba el corazón, de manera que cada quien recibirá según sus obras. Pero si Él ha puesto un corazón nuevo en nosotros, entonces se ha de entender que no somos absolutamente perversos, pues las cosas viejas pasaron, todas son hechas nuevas (2 Corintios 5:17). Pero ¿qué de nuestros pecados? El apóstol Juan dice que si hemos pecado abogado tenemos, a Jesucristo el justo. Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos. Si nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón es Dios. Estos son textos consoladores para la mente del creyente. El apóstol Pablo también nos relató su crisis personal que es semejante a la de cualquier oveja cristiana. Reconoció que la ley de Dios es espiritual pero él era carnal (Romanos 7: 14). Es más, asumió que él estaba vendido al pecado. Hacía lo que no entendía, lo que no quería hacer sino lo que aborrecía. Eso es algo terrible que sucede a veces en nosotros. Eso dice de la lucha dentro de nuestro ser, como si hubiesen dos entes dentro de nosotros mismos.

Es importante recordar que el apóstol Pablo ya había recibido ese corazón de carne, de que hablara el profeta Ezequiel. Ya Dios le había colocado su Espíritu dentro de él. Basado en ese Espíritu que le llevaba a toda verdad pudo decir que la ley era buena. Pudo entender por el Espíritu que quien hacía aquellas cosas horribles dentro de él no era él mismo, sino el pecado que moraba en él, pues en su carne no moraba el bien. Fijémonos que el hombre natural no puede llegar a la misma conclusión, por cuanto su corazón es engañoso y perverso, más que todas las cosas, es de piedra y él mismo está muerto en delitos y pecados. Pablo comprendió que deseaba y quería hacer el bien, pero no tenía poder en sí mismo para hacerlo, pues se debatía entre esas dos fuerzas: su vieja naturaleza y el Espíritu de Cristo. Y se refiere a él como creyente, no a su vida pasada como Saulo, por cuanto aseguró que según el hombre interior se deleitaba en la ley de Dios (verso 22 de Romanos 7), lo cual no aconteció nunca en Saulo de Tarso.  Lo que el apóstol reconoció fue que alguien lo liberaría de su cuerpo de muerte, de esa naturaleza perversa que todavía habita en nosotros. No obstante esa evidencia contra él y contra todos los creyentes verdaderos, queremos hacer el bien, hallamos que la ley de Dios es buena, nuestro hombre interior desea servir a Dios y finalmente comprendemos que seremos librados por Jesucristo de este cuerpo de muerte.

El hombre natural, el que continúa con su corazón de piedra, no puede dar el testimonio del apóstol. Ese está muerto en delitos y pecados, no desea a Dios, no busca hacer lo bueno y aún sus obras son contadas como maldad. Dios mismo está airado todos los días contra el impío. Recordemos que ya Pablo había hablado en el capítulo anterior, el 6 de la carta a los romanos, que nosotros los creyentes hemos muerto al pecado, de manera que no podemos vivir en él. Vivir en el pecado es lo mismo que dice Juan en su carta: practicar el pecado. La oveja que oye la voz de su Pastor no se va tras el extraño, porque no puede vivir en el pecado. Puede experimentar los aullidos del lobo, se puede dar sus escapadas en el desierto, hacia los montes, pero el buen pastor garantiza su búsqueda y su regreso. De esta forma el pecado no se enseñorea de nosotros y no le servimos más, pues estamos vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro (Romanos 6: 11).

La única razón por la cual el pecado no se enseñoreará de nosotros es porque ya no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia. Es en este tiempo en que Dios quitó nuestro corazón de piedra, ese que no late ante la vida porque está muerto, y nos dio su Espíritu prometido. Por supuesto que siempre la salvación obtenida por cualquiera en la humanidad ha sido otorgada por vía de la gracia de Dios, no por mérito alguno en el hombre. Nadie pudo cumplir la ley, por lo tanto todos quedaron bajo la maldición de la misma. Sólo Jesucristo vino a cumplir con dicha ley y no quebrantó ninguno de sus puntos, de manera que por sus méritos se hizo la justicia de Dios, y por su obra en la cruz representó al pueblo de Dios. Esa es la razón por la cual el pecado no se enseñoreará de nosotros, y esa es la razón por la cual tenemos el Espíritu de Dios.

La consecuencia de tener el Espíritu de Cristo es la santificación, la separación del mundo, junto con el fruto de la vida eterna (Romanos 6: 22). A pesar de la lucha del apóstol, a pesar del mal que no quería hacer pero hizo, del bien que deseaba hacer pero no hizo (porque era carnal, Romanos 7: 14) reconoció por el Espíritu de Cristo que no había ninguna condenación para los que estamos en Cristo Jesús, que no podemos andar conforme a la carne sino conforme al Espíritu (Romanos 8: 9). Fijémonos bien, Pablo no dijo en Romanos 7 que él hacía todo aquel mal que odiaba porque él andaba conforme a la carne. No, eso nunca lo dijo ni lo sugirió. El dijo que había descubierto una ley dentro de sus miembros que  se rebelaba contra la ley de su mente. Agregó que con la mente servía a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado. Esta dualidad la experimenta cada cristiano y no cada pagano. El hombre natural sirve a una sola ley, la del pecado, por cuanto tiene un corazón de piedra y no ha recibido el Espíritu de Dios. No lo ha recibido porque no se ha operado en él el nuevo nacimiento y nadie puede nacer de nuevo a menos que el Padre así lo ordene, pues es una labor que le pertenece, como bien Jesús le declaró a Nicodemo.

Pero el que se sirva a la ley del pecado no quiere decir que se ande conforme a la carne. Andar conforme a la carne es practicar el pecado, lo cual es muy distinto a pecar. Es desde esa perspectiva que Juan señaló que el creyente no pecaba.  El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios (1 Juan 3: 8-9). El nuevo nacimiento hace que el cristiano no peque, en el sentido de que no practica el pecado. Ese es el contexto donde aparece que no puede pecar, porque cuando se produce el nuevo nacimiento ya no practicamos el pecado. Jesús dijo un día: ya vosotros estáis limpios, y sólo necesitáis lavaros los pies. Hemos sido declarados justos, santos, escondidos con Cristo en Dios. ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién nos condenará? Cristo intercede por nosotros.

Somos deudores al Espíritu de Dios, pues si alguno no tiene el Espíritu de Cristo entonces no es de él. Es por eso que no podemos vivir conforme a la carne (practicar el pecado, como dijo Juan). Pablo no vivía conforme a la carne, muy a pesar de lo que dijo de sí mismo en Romanos 7. El ya era cristiano y había dejado de ser Saulo de Tarso. La prueba ya la hemos mencionado: se dio cuenta de que la ley de Dios era buena, quería servir al Señor con el hombre interior, pero encontró una ley en sus miembros que lo llevaba al pecado.  Sin embargo, es gracias al Espíritu de Cristo que no practica el pecado y que no muere espiritualmente. Por eso habla en su carta con un hipotético si que implica una condición: si vivís conforme a la carne, moriréis. Es cierto que le hablaba a la congregación de Roma y continúa refiriéndose a través de la historia cristiana a toda la iglesia reunida. Si vivís conforme a la carne no puede ser posible para las ovejas, que nunca perecen. La admonición la hace en forma hipotética porque si alguien llegare a morir por vivir conforme a la carne no sería un creyente verdadero, por cuanto practica el pecado (Juan) y la razón es que no nunca había sido de nosotros (Juan).

Hay un mandato que cumplir, el cual tiene todo creyente: hacer morir las obras de la carne, para poder vivir eternamente. El apóstol también introduce en el verso 13 de Romanos 8 el si condicional: si hacéis morir las obras de la carne. Pero entre la acción del verbo hacer y el si hipotético ha colocado el agente que opera en cada creyente para tal fin: por el Espíritu. Este es el Espíritu ofrecido por Dios a través de Ezequiel, es el que produce el nuevo nacimiento, el que se nos ha dado como arras o garantía de que somos de Dios, el que nos anhela celosamente, el que intercede por nosotros con gemidos indecibles, el que nos lleva a toda verdad, el que entiende la mente de Dios. El nos guía para que podamos clamar Abba Padre, en claro reconocimiento de que somos hijos de Dios.

De allí lo que sigue es un canto triunfal: El Espíritu mismo testifica ante nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. Todas las cosas nos ayudan a bien, de tal forma que ¿quién estará contra nosotros, si Dios está por nosotros? No habrá acusación que valga, ni condenación contra los hijos de Dios, ni quien nos separe de su amor. Dice el texto de Romanos 8: 39 que ninguna cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús. En esto deben reflexionar los que suponen que nosotros mismos podemos huir de su presencia y por lo tanto separarnos voluntariamente de su amor.  Nunca sucederá tal cosa, por cuanto nosotros también somos parte de su creación, y el texto bien dice: ninguna cosa creada. La razón para estar contentos es porque hemos sido declarados hijos de Dios (1 Juan 3: 1), de manera que ya no tenemos nunca más aquel corazón de piedra, de tal forma que hemos dejado de ser absolutamente perversos. Nuestro corazón busca lo bueno porque el Espíritu de Cristo lo habita. Más allá de nuestras batallas con el pecado que mora en nuestros miembros y en nuestro cuerpo de muerte, tenemos la garantía de que en nuestra mente y en nuestro hombre interior alumbra la luz del Espíritu que nos anima y provee para servirle al Señor. Sólo que hay algunos que llevan fruto a 30, a 60 ó a 100.

El corazón del inicuo sí que es engañoso, pero el de las ovejas es de carne y en él habita el Espíritu de Dios. ¿Podrá alguien llamar a este corazón engañoso y perverso, más que todas las cosas? Quien se atreva a hacerlo proclama perverso y engañoso al Espíritu de Dios. Nuestro corazón de carne es el recipiente del Espíritu de Cristo, una cosa va con la otra. No hay Espíritu de Cristo en un corazón de piedra, y no hay corazón de carne puesto por Dios que no contenga su Espíritu. Cuando el cristiano manifiesta sus luchas con el pecado lo hace porque existe una ley en sus miembros, de manera que es el pecado que mora en nosotros el que nos lleva a hacer lo que no deseamos y nos inhibe de hacer el bien que queremos. Pero en esa lucha el Espíritu garantiza el resultado en todos los llamados por el Padre, pues las ovejas oyen la voz del buen Pastor y le siguen, porque conocen su sonido, pero al extraño no seguirán porque no lo reconocen.

He allí el triunfo del creyente, he allí su preservación sobrenatural. De lo contrario estaríamos tan muertos como los que tienen todavía corazones de piedra. La diferencia la hizo Dios al cambiar el corazón, al darnos su Espíritu.  La diferencia la continúa haciendo Él, pues su Espíritu nos anhela celosamente y nos conduce a la vida eterna. El Espíritu es la garantía, las arras de nuestra salvación que ninguna cosa creada podrá separarlo de nuestro nuevo corazón.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 14:27
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