S?bado, 12 de noviembre de 2011

No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo:  Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré (2 Corintios 6: 14-17).

Mirad por vosotros mismos, para que no perdáis el fruto de vuestro trabajo, sino que recibáis galardón completo. Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo. Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: !Bienvenido! Porque el que le dice: !Bienvenido! participa en sus malas obras (2 Juan 1: 8-11).

Y oí otra voz del cielo, que decía: Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas (Apocalipsis 18:4).

Muchas iglesias conforman grupos de trabajo bajo el supuesto de la fe común. Ellas dicen predicar un mismo evangelio y tal vez lo hagan, pero ¿cuál evangelio? A partir de los textos bíblicos citados podemos ver la clara advertencia que se nos hace acerca de los que se desvían tras la mentira. En una oportunidad el apóstol Pablo advirtió que si alguno predicaba un evangelio diferente, como si lo hubiera, debería ser maldito. Incluso se atrevió a sugerir que en el supuesto de que un ángel del cielo viniese con diferente mensaje al enseñado en las Escrituras, este mensajero debería ser también maldito.

¿Cuál evangelio aceptar y anunciar? ¿Es que acaso hay muchos evangelios? ¿No fue sólo un anuncio dado al pueblo de Dios? Cobra sentido la advertencia realizada en los textos de la Biblia mencionados, porque hoy más que nunca en la historia humana proliferan mensajeros de paz, que como lobos disfrazados de ovejas pregonan un mensaje diferente. Juan el apóstol nos dijo que no le diéramos la bienvenida a tales personas, pues participaríamos en sus desvaríos. Seríamos igualmente culpables con ellos de sus mentiras.

El mensaje de Jesucristo a través del libro de Apocalipsis indica que se ha de salir de en medio de la Babilonia mundial, el centro de las abominaciones religiosas. Dios tiene parte de su pueblo allí, por eso el llamado a salir de ese lugar. Es evidente que las ovejas escucharán la voz del pastor, pero las cabras nunca lo harán. Dondequiera que vaya la cabra va con sus cualidades innatas, con los instintos propios de su naturaleza. La cabra nunca podrá ser oveja ni la oveja será jamás una cabra. Pero hay ovejas atrapadas en el corral de las cabras, a las cuales Dios llama para que presurosos salgan de allí.

También sucede que las cabras asaltan el corral de las ovejas y comen sus verdes pastos. Es allí cuando se genera el problema que relata Pablo en su segunda carta a los Corintios. ¿Qué comunión tiene Cristo con Belial? Son dos pueblos separados desde la eternidad, pero en el tiempo y en el espacio se tienden a mezclar. De allí la advertencia para evitar la mezcla. La gota de agua limpia en el frasco del veneno no altera su contenido dañoso, pero el caso contrario es una catástrofe: una gota de veneno en un frasco de agua limpia.

¿Debe la Iglesia de Cristo unirse a todo movimiento que se etiquete como cristiano? ¿Es acaso la diversidad de evangelios un asunto de matiz interno de la Iglesia, como muchos suponen? ¿Cuál evangelio seguir, el de las obras o el anunciado por Jesucristo? El problema de Juan en su época lo constituían en gran medida los gnósticos, quienes todavía creen que Jesucristo no vino en carne. Él es un espíritu tan puro que no pudo encarnarse o rebajarse a una morada tan vil como la carne humana. Ese era su mensaje y Juan advirtió del peligro de su doctrina. Pero la amonestación hecha en ese momento tiene total vigencia hoy día, pues habla del extravío de la doctrina, no habla solamente de los gnósticos.

La doctrina que se asume como verdad, la doctrina que se predica como verdad es la que nos impulsa a vivir dentro de unos parámetros ideológicos que se suponen pertinentes y cónsonos con su filosofía. Pablo le dijo a Timoteo que se ocupara de la doctrina aprendida, pues eso le serviría a él mismo y a otros. La gente tiende a volverse religiosa y en sus atareos de vida se olvida de la parte intelectual del evangelio. El trabajo que se hace a través del estudio es una labor relativa al entendimiento. Debemos amar a Dios con toda nuestra mente, es otro de los llamados apostólicos, por lo tanto conviene repasar la doctrina de los apóstoles que son el fundamento de la Iglesia, si bien Cristo es su piedra angular.

Cada uno mire como sobreedifica, aconseja Pablo. Pero una cosa es sobreedificar sobre el fundamento que es Cristo y otra muy distinta es edificar sobre un fundamento parecido. Los parecidos no funcionan si no presentan igual garantía. ¿Qué garantía puede ofrecer un ídolo? Los ídolos son semejantes a quienes los hacen, de manera que la garantía ofrecida es la de las propias obras del hombre. Eso en nada aprovecha, por lo cual el mismo Juan advirtió también a que nos guardáramos de los ídolos.

Tal vez se suponga que los ídolos son los muñecos de yeso, madera, cobre o cualquier otro material, o que un ídolo tenga forma de animal, sea una figura humana, celestial o se refiera a cualquier elemento de la naturaleza. Sin embargo, un ídolo es ante todo una creación mental en sustitución del verdadero Dios. La humanidad ha vivido continuamente forjándose ídolos para darles la forma que mejor se ajusta a su extravío. Si nos molesta la doctrina bíblica, entonces la adornamos con interpretaciones amoldadas a nuestros sueños, intereses y propósitos. Así hicieron los fariseos en tiempos de Jesús en la tierra. Ellos creían en un Dios Todopoderoso, único, dador de las Escrituras. Ellos mantenían el propósito religioso de unificar a una nación en torno a ese Dios revelado. Tenían celo de Dios, pero no conforme a ciencia (Romanos 10: 2), lo cual en nada les aprovechaba. Es por eso que se nos recomienda a ocuparnos de la doctrina, de tal forma que resulte imposible el combinar la doctrina apostólica con la doctrina idolátrica.

¿Qué parte tiene el creyente con el incrédulo? Los que no traen la doctrina de Cristo no tienen a Dios, por eso si alguno intenta combinar doctrinas extrañas a lo explicado en las Escrituras, con el fin de propagar el evangelio, lo que hace es un trabajo inconveniente e innecesario. De la mezcla no resulta sino toxicidad perniciosa para el alma. Recordemos que Jesús dijo que no aprovecha al hombre en nada ganar el mundo (doctrinas, pactos de evangelización, prosélitos) y perder el alma.

Erráis ignorando las Escrituras (Jesucristo).

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 12:01
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