Jueves, 05 de mayo de 2011

Este t?tulo pudiese ser un eslogan de la meditaci?n oriental, o del fatalismo musulm?n. Tambi?n pudiese ser parte del quietismo que algunos amantes de la predestinaci?n asumen como consecuencia de lo que creen. Si est?s predestinado a ser salvo, ser?s salvo. De la misma manera si no se est? predestinado para salvaci?n no importa lo que se haga, pues el destino es implacable y no se puede cambiar. ?Frente a estas conclusiones apuradas muchos han optado por confrontar el hilo implacable e irrompible del destino, argumentando que somos nosotros quienes lo forjamos,? en base a las consecuencias desprendidas en forma natural de todo cuanto hagamos.

Al comparar estas visiones encontradas nos damos cuenta de que existe una aparente raz?n en todas ellas. Es verdad que el destino no se quiebra, pero es verdad que el destino nos lo forjamos. ?Y c?mo encaja todo esto dentro del marco b?blico? Para muchos de los creyentes en la Biblia como la palabra inspirada por Dios, resulta evidente que un Dios soberano hace como quiere, y ha preordinado todo lo que acontece. Eso nos sumir?a en la visi?n de un destino implacable que no podemos romper. Otros creyentes, en cambio, asumen que nuestras intercesiones cambian la manera de actuar de Dios, es decir, que nuestras plegarias nos forjan un nuevo destino. Sin embargo, el Dios que ha preordinado el fin ha hecho lo mismo con los medios. Si Dios se ha propuesto conceder un favor determinado, coloca en nosotros el deseo por esa d?diva y nos mueve a orar para conseguirlo. All? se? conjugan las dos maneras de ver un mismo hecho: desde la perspectiva divina y desde la ?ptica humana.

Tambi?n existe el grupo de esc?pticos que supone que estamos sumergidos en un movimiento de causa y efecto, de manera que todo lo que hacemos genera consecuencias inevitables.? Desde esta perspectiva nosotros labramos nuestros destinos, aunque a veces lo hacemos involuntariamente, pues las fuerzas controladoras de nuestros actos nos fuerzan a una determinada actuaci?n.

1 Tesalonicenses 1: 4 expresa una verdad revelada a Pablo: Porque conocemos, hermanos amados de Dios, vuestra elecci?n. Sin embargo, Pedro expone: Por lo cual, hermanos, tanto m?s procurad hacer firme vuestra vocaci?n y elecci?n; porque haciendo estas cosas, no caer?is jam?s. Porque de esta manera os ser? otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Se?or y Salvador Jesucristo (2 Pedro 1: 10-11).? La seguridad de la elecci?n no quita el esfuerzo por hacerla firme, en el sentido de mantenerse en forma admirable, sin ca?das. La elecci?n no se pierde, porque depende de un Dios inmutable y soberano, pero podemos edificar sobre oro y piedras preciosas, o sobre heno, madera y hojarasca. Nuestra obra ser? pasada por el fuego, para ser probada, y solamente permanecer? lo que sea edificado en metales preciosos. Lo dem?s ser? consumido. Por eso el llamado a hacer firme nuestra elecci?n, de tal forma que se nos d? amplia y generosa entrada en el reino de los cielos. En otras palabras, a pesar de nuestra elecci?n somos llamados a la actividad.

Dios usa medios para lograr sus fines, de tal forma que la tesis del quietismo no funciona como respuesta frente al destino. Si Dios produce el querer como el hacer, entonces ?l hace el destino y nos introduce en ?l, aunque a nosotros nos parece que somos los autores de todo cuanto hacemos. Alguien podr?a preguntarse si esta visi?n b?blica deja al hombre fuera de toda culpa o responsabilidad por sus actos. La respuesta es un simple no, pues a?n el sentido de responsabilidad? tambi?n ha sido implantado en nosotros de tal manera que eso es lo que sentimos,? y por eso somos juzgados. Recordemos el tribunal de Cristo, el cual no es otro que el sitial donde cada uno de los creyentes elegidos recibir? de acuerdo a sus obras. El otro tribunal, en donde se env?a a la gente al castigo eterno, es el relacionado con la muerte segunda, de la cual hemos sido liberados a trav?s de Jesucristo.

Dios nos predestin? de acuerdo a su prop?sito. Dios nos escogi? y de no haber sido as?, nosotros nunca lo hubi?semos escogido a ?l. No me elegisteis vosotros a m?, sino que yo os eleg? a vosotros... para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, ?l os lo d?. (Juan 15: 16). No hay quien entienda, no hay quien busque a Dios (Romanos 3: 11). Pero ?cu?ndo nos escogi? Dios? ?Al o?r el evangelio, cuando nosotros cre?mos? ?Fuimos predestinados para ser como Cristo (conformes a la imagen de su Hijo). De manera que esa es la causa primera de nuestros actos: hemos sido elegidos para ser justificados, llamados, glorificados, semejantes a su Hijo. Porque a los que antes conoci?, tambi?n los predestin? para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que ?l sea el primog?nito entre muchos hermanos.?Y a los que predestin?, a ?stos tambi?n llam?; y a los que llam?, a ?stos tambi?n justific?; y a los que justific?, a ?stos tambi?n glorific?. ?Qu?, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ?qui?n contra nosotros??El que no escatim? ni a su propio Hijo, sino que lo entreg? por todos nosotros, ?c?mo no nos dar? tambi?n con ?l todas las cosas? (Romanos 8: 29: 32).

Una actividad que nos toca en esta cadena de gloria del cristiano, es el hacer morir las obras de la carne en nosotros. Pero a?n eso es una actividad causada por el Esp?ritu de Dios. Romanos 8: 12 - 13 lo expone claramente: ?As? que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne;?porque si viv?s conforme a la carne, morir?is; mas si por el Esp?ritu hac?is morir las obras de la carne, vivir?is. ?No hay quietismo en la elecci?n: somos llamados a pedir en el nombre de Jesucristo para que el Padre nos d? todas las cosas. Somos llamados a cuidar una salvaci?n tan grande, para llevar mayor gloria. Somos llamados a ocuparnos de nuestra elecci?n, pues recibiremos mayor entrada en el reino de los cielos. Por otro lado, Dios ha ordenado que cada creyente sea semejante a su Hijo. ?Romanos 8: 28 nos asegura que todas las cosas trabajan para bien en los que son llamados. Lo importante es que lo que Dios quiere que pase eso pasa, y no lo que la gente supone que debe pasar. Sin embargo, no somos m?quinas, sino que nos gozamos en el destino que nos ha tocado vivir, aunque algunos no pueden estar contentos con lo que les toca confrontar.

En el antiguo teatro griego se manejaba el concepto de tragedia bajo el fundamento del destino implacable de una fuerza que estaba incluso por encima de los dioses. Se llamaba La Moira o Destino, y sus eventos se acontec?an por necesidad. Esta percepci?n les fue manifestada a trav?s de su sabidur?a c?lebre en aquellos tiempos. Ya lo dec?a la Biblia: los jud?os piden se?ales y los griegos demandan sabidur?a. Ellos pudieron destacar que es materia tr?gica el saber que no podemos luchar contra la fuerza del destino, y as? lo plasmaron en sus obras de teatro. En el Edipo Rey, por ejemplo, result? frustrante el esfuerzo hecho por el rey Layo para condenar a una muerte temprana al ni?o que por orden del or?culo matar?a a su padre y se casar?a con su madre. El poder real no pudo evitar el cumplimiento del or?culo, y cuando se lee la obra nos da la impresi?n de que cada detalle sucedido suena muy natural en la vida del predestinado, as? como tan necesario deber?a ser. De manera que se conjugan las dos partes, los dos actores: el destino y la actuaci?n libre del elegido. Edipo cumpli? al pie de la letra su or?culo, aunque contra ?l lucharon sus padres y m?s tarde ?l mismo, cuando lo averigu? por su cuenta.?

Los griegos nos mostraron el efecto de lo necesario, de aquello que hab?a sido decretado sobre una persona en particular. Nosotros no hablamos de sus escritos, sino del escrito b?blico. En la Biblia no existe sino la declaraci?n de una divinidad soberana, que es absoluta, que ha hecho plenamente todo, que reclama su autor?a, pero que en su poder ha creado criaturas cargadas de responsabilidad. El deber no cumplido se denomina pecado, que no es otra cosa que errar el blanco.? Un pecador es una persona que falla el blanco continuamente. Y el blanco perfecto es Dios mismo, la comuni?n con el Creador. El hombre natural no puede restablecer esa comuni?n, pero hay algo m?s profundo que el simple no alcanzar ese contacto: se trata de su voluntad, pues sencillamente no quiere. Su naturaleza es enemistad contra Dios, se describe como muerto en delitos y pecados, con inclinaci?n continua al mal, como un habitante de la carne. La carne no es m?s que el conjunto de condiciones internas del alma y del esp?ritu en enemistad contra Dios. La Biblia habla de la concupiscencia de la carne, y nos dice que la humanidad est? esclavizada al error, al pecado. Tambi?n nos habla de un pr?ncipe del mundo, el que gobierna las tinieblas, el que remueve cualquier palabra sembrada en terreno no propicio para crecer.

Pero la Biblia tambi?n expone continuamente que todo lo que acontece es producto de la determinaci?n de Dios y no de la supuesta libertad de la criatura. Como Edipo estamos atados al or?culo divino. Simplemente que lo dicho por Pablo a los romanos nos alienta a los creyentes, pues hemos sido declarados m?s que vencedores. Dios pens? en nosotros antes de la fundaci?n del mundo, y a partir de entonces forj? un pueblo para s? mismo, para alabanza de su gloria, para que sea semejante a la gloria de su Hijo. ?Su pensamiento fue de paz y de bien, y no de mal. Ese pueblo pensado por Dios tambi?n ha sido predestinado, y en su debido momento es llamado para ser justificado a trav?s de la fe en Jesucristo. Pero la fe en Jesucristo no es simplemente creer que es el Hijo de Dios, pues a?n los demonios creen y tiemblan. La fe en Jesucristo implica creer que ?l es la propiciaci?n por nuestros pecados. De manera que cuando Jes?s muri? en la cruz lo hizo para expiar los pecados de muchos, de su pueblo, de sus ovejas. Recordemos que el Se?or le dijo a un grupo de personas que ellos no eran de sus ovejas, de manera que no muri? por ellos. Tampoco muri? por Judas, el cual hab?a sido escogido como hijo de perdici?n, para que la Escritura se cumpliese. Tampoco muri? por Esa?, al cual detest?, a?n antes de que sus obras fuesen buenas o malas. No muri? por los r?probos en cuanto a fe, de los cuales la condenaci?n no se tarda, seg?n mencionan Judas y Pedro en sus ep?stolas. No lo hizo por Ca?n, que era del maligno, no lo hizo por Fara?n, un vaso preparado para destrucci?n y para manifestar la ira y la justicia de Dios. La fe en Jesucristo presupone todo lo dicho ac?.

Dios escogi? lo m?s detestable del mundo para avergonzar a lo que es. Ese es otro punto de importancia, por lo cual nadie podr? tener orgullo en su presencia. Todos los seres humanos somos formados de la misma masa, pero el Alfarero hizo unos vasos para honra y otros para deshonra. La masa de arcilla no puede por principio reclamar porqu? ha sido destinada para un fin o para otro. No obstante, la raz?n humana siempre se pregunta por qu?, pues, inculpa, pues ?qui?n ha resistido su voluntad?? Eso es una gran verdad, una gran pregunta. Esa pregunta tambi?n se la hicieron los griegos y la manifestaron en sus obras teatrales, aunque no en la forma elocutiva que encontramos en la Biblia. La pregunta estaba impl?cita en el sentido tr?gico de sus representaciones teatrales. La respuesta dada por ellos fue muy variada, y quiz?s la m?s c?lebre pudo haber sido recogida fuera de la tragedia, en la famosa frase comamos y bebamos, que ma?ana moriremos.

La respuesta que da Pablo es la autorizada por el Esp?ritu de Cristo: ?y t? qui?n eres para que alterques con el Creador? ?Podr? decirle la olla de barro al que la form?, por qu? me has hecho as?? ?No tiene potestad el Alfarero para hacer un vaso para honra y otro para deshonra? Esta respuesta genera la consecuencia del silencio ante Dios. Hay algunos que llam?ndose hermanos, o creyentes, siguen luchando con esta interrogante, y lo que es peor a?n, con la respuesta dada por Dios mismo. Los que as? hacen buscan muchas v?as circunstanciales para desviar la atenci?n del p?rrafo, del cap?tulo y de la carta entera a los romanos. Algunos sostienen que Pablo hace referencia a dos naciones, que no se refiere a predestinaci?n para salvaci?n. Otros argumentan que eso no es justo, que el sentido del texto deber ser otro. Pero si usted le da una mirada global a la Escritura y luego una mirada global al libro de romanos, entonces entender? que el tema es el mismo. El de un Dios soberano que hace como quiere.

En el cap?tulo 9 de Romanos Pablo inicia con un lamento por sus parientes seg?n la carne, es decir, por su familia. Ellos son jud?os, como ?l. Son de la naci?n de Israel, como ?l. Sin embargo, el ap?stol asume con gran dolor y tristeza el hecho de que sus familiares no creyesen en Jes?s como el Mes?as enviado. El entend?a que a ellos les fue negado el creer, por lo cual deseaba ?l mismo ser anatema, esto es maldito, por causa de sus parientes, si en algo ayudaba. El sab?a que era in?til, pero eso no le alegraba, sino que le entristec?a. Luego particulariz? el caso de Mois?s frente a Fara?n, dos elegidos: uno para gloria y otro para destrucci?n. Jehov? endureci? el coraz?n de Fara?n, lo hizo desde el principio, sin que importase que en algunos momentos del relato b?blico fuese Fara?n el que se endurec?a a s? mismo. Jehov? lo anunci? y lo repiti?, y le pidi? a sus escritores que colocasen con descripci?n el hecho de que ?l ha sido el autor de todo. M?s tarde, tambi?n en el cap?tulo 9 de Romanos, Pablo describi? a los gemelos hijos de Isaac, el portador de la simiente. Uno de esos gemelos ser?a el objeto del amor de Dios, el otro ser?a el objeto de su odio o rechazo. A Jacob am?, mas a Esa? aborrec?. Pero por si? hubiese dudas, como las que todav?a presentan notables predicadores que anteponen la carreta al caballo, de manera que lo inmovilizan, la Escritura anuncia que Dios hizo esa operaci?n de escoger a uno para gloria y al otro para deshonra y destrucci?n mucho antes de que ellos hiciesen bien o mal. Si Pablo hubiese estado pendiente de las relaciones p?blicas de Dios para con la humanidad, a lo mejor se hubiese sugerido eliminar esa parte de la inspiraci?n. De igual forma si el resto de los escritores b?blicos hubiesen ponderado lo antip?tico de un Dios que condena antes de que la gente haga bien o mal, que predestina los acontecimientos humanos para que el mundo est? como est?, y luego inculpa a los hombres y mujeres por sus actos mal?volos, entonces la Biblia ser?a un libro m?s simp?tico de leer y de predicar.

Pero a Dios no le ha importado nada, y menos que nada, la opini?n de sus criaturas. No hay quien de su mano libre cuando hace como quiere. A?n al malo ha hecho para el d?a malo. Por eso Jesucristo nos advierte a temer a aqu?l que tiene poder para echar nuestra alma y nuestro cuerpo en el infierno eterno, y no a temer a los que matan simplemente el cuerpo, pero al alma no pueden da?ar. Para el creyente, la predestinaci?n de Dios es su consuelo, pues ?l sabe que si lo hubiesen dejado a la deriva de su naturaleza, hubiese sido como los dem?s: lleno de enojo contra su Creador, y con un sentimiento de tragedia como la del teatro griego. El creyente sabe que es m?s que un vencedor, porque lo que se ha hecho en su favor ha sido en forma absoluta, inmutable, eterna, sin miramiento a su condici?n humana. Por algo Dios nos ve escondidos en Cristo.

Entonces tenemos varios grupos de reacci?n al texto de Romanos. 1) Los que se oponen abiertamente a su interpretaci?n literal, y aducen que se habla en analog?a de pueblos. Estos ignoran que cuando la Biblia introduce analog?a la explica, como el caso de Agar y Sara expresado por Pablo. Ignoran, adem?s, el inicio del cap?tulo 9 cuando Pablo habla de su pesar por? sus familiares. Pablo no ten?a dolor porque sus familiares no fuesen jud?os, pues que lo eran, al igual que ?l. Su pesar no se basaba en el deseo de pertenecer a un pueblo en particular, sino en el deseo de que sus familiares hubiesen sido tambi?n parte del pueblo escogido por Dios. Hasta el momento no hab?an dado ning?n indicio de que as? lo fuesen, por lo que el ap?stol en su profundo pesar dese? ?l mismo ser anatema por causa de aqu?llos. 2) Los que a partir del texto rechazan a Dios por injusto, pues los que no hab?an a?n nacido, ni hab?an hecho ni bien ni mal fueron escogidos por el Soberano sin mirar a sus obras. Estos se creen m?s justos que Dios, por lo cual lo juzgan. 3) Los que aceptan el texto pero se averg?enzan de predicarlo abiertamente, alegando que la gente se puede confundir y que es un texto dif?cil, ambiguo y misterioso. Estos acusan a la palabra inspirada de abstrusa, pero sus mentes abstrusas le impiden ver la amplitud del texto mismo. 4) Los que aceptan el texto, lo predican y anuncian, pero a la final deciden que los que no creen as? es porque no tienen desarrollo intelectual suficiente, por lo cual son exonerados de creer de otra manera. Estos son terribles, pues suponen que la comprensi?n de la palabra inspirada es cosa de solo intelecto, dejando a un lado el hecho de que lo espiritual se comprende espiritualmente. No puede nunca haber dos grupos de creyentes basados unos en la comprensi?n y otros en la ignorancia. 5) Los que aceptamos tal cual el relato enunciado. Ac? vemos que la l?gica acompa?a para entender todos los textos ajustados en forma sist?mica a las estructuras coherentes y cohesivas del mensaje central de la Biblia, Jesucristo resucitado redimiendo por su sangre a sus ovejas. Jesucristo como la propiciaci?n por el pecado de muchos, de los que Dios am? desde antes de la fundaci?n del mundo, cuyos nombres est?n escritos en el libro de la Vida del Cordero.

Siempre puede que aparezca otro grupo con un nuevo estilo de reacci?n frente al texto de Romanos. M?s all? de que nos afecten las diversas formas interpretativas, lo trascendente es que seamos coherentes con el cuerpo doctrinal de la Biblia. Jesucristo un d?a dijo algo que sigue vigente: Escudri?ad las Escrituras, porque en ellas os parece que ten?is la vida eterna. ??

C?sar Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 21:09
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