Martes, 08 de febrero de 2011

Se nos ha encomendado juzgar no de acuerdo con las apariencias, sino con un juicio justo.? El gran problema para la humanidad en suestado natural es que si no tiene el Esp?ritu de Dios, entonces no puedepercibir sus manifestaciones, pues estando en la carne le parece locura todo lorelacionado con los asuntos espirituales de lo alto.?

Sin embargo, la humanidad entera se entrega a losjuicios.? A diario debe discernir acercade lo que considera m?s viable, mucho mejor, o lo que le suscita armon?a parasu intelecto o raz?n.? En la medida de loposible, el hombre natural busca una explicaci?n de las razones fundamentalesde las causas de los fen?menos que acontecen a su alrededor.? El fondo racional y equilibrado es sub?squeda, para garantizar la proporci?n y el fundamento de los procesos que desarrolla.

El hombre tambi?n hace cr?tica, discernimiento, ensus apreciaciones sobre el bien y el mal. Al parecer existe un est?ndar orasero por el cual juzgar la actividad de los humanos, as? como de los hechosocurridos en la naturaleza. Esto comprueba que nuestros rasgos internos utilizanla conciencia del conocimiento y la experiencia del sentido com?n. A veces seemite un veredicto de prudencia, otras de apreciaci?n falsa de los fen?menos.

Jesucristo nos aconsej? a hacer un justo juicio. En otro contexto recomend?no juzgar, pues con la misma vara con que medimos seremos medidos (Mateo 7:1-2).?Es esto una contradicci?n entre lo escrito por Mateo y lo escrito porJuan?? ??Y por qu? miras la paja queest? en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que est? en tu propioojo?? ?Oc?mo dir?s a tu hermano: D?jame sacar la paja de tu ojo, y he aqu? la viga enel ojo tuyo? !Hip?crita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entoncesver?s bien para sacar la paja del ojo de tu hermano (Mateo 7: 3).? En estas palabras se nos recomienda a noactuar como el hombre natural, que juzga seg?n las apariencias, y seg?n susconveniencias. En el texto de Juan, antes mencionado, se nos advierte que esmucho mejor juzgar con justo juicio.

No hay contradicci?n entre estos dos textos, sinoque existe una complementariedad. El justojuicio consiste en mirar primero dentro de nosotros antes de juzgar alpr?jimo, no sea que nuestros errores sean tan grandes como una viga, encomparaci?n con la paja del otro. Pero el justojuicio s?lo es posible cuando se domina al hombre natural, como lo aseguraPablo en Primera de Corintios 2: 14 - 15:?Pero el hombre natural no percibelas cosas que son del Esp?ritu de Dios, porque para ?l son locura, y no laspuede entender, porque se han de discernir espiritualmente.? En cambio elespiritual juzga todas las cosas; pero ?l no es juzgado de nadie.

Este ?ltimo texto exhibe la transparencia deljuicio que hemos de hacer, conforme al Esp?ritu de Dios. Una de las funcionesdel Esp?ritu en nosotros es llevarnos a toda verdad, ayudarnos en nuestrasoraciones, ense?arnos todas las cosas y recordarnos todo lo que Jes?s nos hadicho (Juan 14: 26). De manera que ac? estamos hablando de otro tipo de juicio- el de las cosas espirituales - con otro tipo de criterio - el del Esp?ritu deDios.

Entonces no hay contradicci?n entre no juzgu?is para que no se?is juzgados, yjuzgad con justo juicio. En sucomplementariedad estimamos el valor de la presencia del Esp?ritu en la vida delos creyentes (Y si alguno no tiene el Esp?ritu de Cristo, no es de ?l -Romanos 8: 9).? El hecho de que tengamosque juzgar con justo juicio proviene de la capacidad otorgada por el Esp?ritu,quien nos facilita la tarea de entender las cosas que son del Esp?ritu de Dios.No se trata del juicio com?n que podamos hacer acerca de si un helado es m?s omenos dulce que una torta de queso. No es cuesti?n de juzgar si ciertos delitosp?blicos merecen o no mayor pena que otros menos ofensivos. El ap?stol nos est?hablando de discernir las cosas espirituales.

Pasar por una criba, someter a un aventamiento,es una actividad que hacen los granjeros cuando separan la c?scara del grano. Esoes cernir, de donde viene nuestro vocablo discernir.? De manera que hemos de hacer un juicio pormedio del cual percibimos la diferencia existente entre varias cosas. De all?que cuando discernimos vemos la distinci?n de los aspectos que componen elobjeto del discernimiento, separamos el grano de la c?scara, lo que es relevantepara un cometido y lo que importa en otro cometido.

Interesante que en el mismo texto en queJesucristo recomendara no juzgar para no ser juzgados, agrega que nosotros nodebemos dar lo santo a los perros, niechar? las perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y nos despedacen (Mateo 7: 6).? Esta situaci?n manifiesta nos conduce a laobligaci?n de juzgar con justo juicio (Juan 7: 24), de tal forma que nuestrocriterio pueda identificar a los cerdos y a los perros de la met?foramencionada. El justo juicio evitar? que sean pisoteadas esas perlas y que nosotrosseamos despedazados por los cerdos y por los perros.

En el mismo cap?tulo 7 de Mateo que ya hemosmencionado, Jes?s contin?a su disertaci?n acerca de los juicios que hemos dehacer.? Ahora habla de los falsos profetas vestidos de ovejas, pero que son lobos rapaces. Nos da la pista clave para reconocerlos: por sus frutos los conocer?is. Contin?ahablando del ?rbol malo y del ?rbol bueno, y de c?mo los frutos de uno no sepueden intercambiar con los del otro. Esos perros, cerdos, lobos disfrazados deovejas, frutos malos, son los hacedoresde maldad a los cuales Jes?s nunca conoci? (verso 23).

En otro momento el Se?or nos orden? a no creer atodo esp?ritu (en el entendido de que cada persona es un esp?ritu), nos exigi? examinarlosy probarlos, para verificar si son de Dios. La raz?n de ello nos da la clave dela importancia de esa prueba y examen a realizar: porque muchos falsos profetas se han levantado por el mundo (1 Juan4: 1). Si recordamos a los cerdos, a los perros, a los lobos disfrazados decorderos, a los ?rboles malos, entonces pareciera ser que todo ello no es m?sque mirar el simulacro o enga?o que se intenta hacer dentro de la iglesia deCristo. Esos son falsos profetas, en el sentido de que intentan interpretar lavoluntad de Dios de acuerdo al rasero de las apariencias, del hombre naturalque no puede discernir las cosas que son de Dios. Son habladores que se erigena s? mismos como embajadores del Alt?simo, por lo que cabe bien comprender loescrito por Lucas en cap?tulo 6 versos 44 y 45, que tambi?n refieren a Jes?shablando del ?rbol que es conocido por su propio fruto.? Inmediatamente el Se?or dijo: porque de la abundancia del coraz?n habla laboca.? De manera que si ponemosatenci?n a lo que profesan esos esp?ritus, entonces podemos comprender c?mo sonsus corazones.

Los creyentes sabemos que la raz?n de nuestrasalvaci?n se cimienta en que hemos cre?do en el evangelio. El evangelio es labuena noticia de que Dios ha provisto redenci?n para su pueblo escogido desdeantes de la fundaci?n del mundo.? Por c?rcel y por juicio fue quitado; y su generaci?n,?qui?n la contar?? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes,? y por la rebeli?n de mi pueblo fue herido ...?Ver? el fruto de la aflicci?n de sualma, y quedar? satisfecho; por su conocimiento justificar? mi siervo justo a muchos, y llevar? lasiniquidades de ellos (Isa?as 53: 8 y 11).?Cristo es la propiciaci?n hecha para los escogidos (Muchos son losllamados, y pocos los escogidos - Mateo 22: 14). Su muerte expiatoria noincluy? a Esa?, a Fara?n, a Ca?n, a Judas Iscariote, ni a los destinados desdeantes para perdici?n. De haberse incluido ser?a una contradicci?n el queexistiese un infierno donde van los condenados - los excluidos de la expiaci?n,los vasos de ira preparados para el d?a de la ira (Romanos 9). De manera queaquellos falsos profetas interpretanla voluntad de Dios desde su naturaleza corrompida, pues no tienen el Esp?ritude Cristo.? Es a ese simulacro quedebemos juzgar, para apartarnos de los tales y no decirles Bienvenido.? Cualquiera que se extrav?a, y no perseveraen la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina deCristo, ?se s? tiene al Padre y al Hijo. ?Si alguno viene a vosotros, y notrae esta doctrina, no lo recib?is en casa, ni le dig?is: !Bienvenido! Porqueel que le dice: !Bienvenido! participa en sus malas obras (2 Juan 10 y 11).

Desde esta perspectiva expuesta a trav?s de los textos analizados,podemos decir con claridad que estamos capacitados para juzgar qui?n es salvo yqui?n no lo es. No estamos capacitados para decir qui?n lo ser? en el futuro,pero s? en el presente, pues por los frutos se conocen. Cualquiera que predicaotro evangelio diferente al que Pablo ense?? (el de la gracia) sea anatema(G?latas 1: 8 - 9). Y cualquiera que le dice Bienvenido a un falso profeta,participa de sus malas obras. Y curan la herida de mi pueblo conliviandad, diciendo: Paz, paz; y no hay paz... Y curaron la herida de la hija de mi pueblo conliviandad, diciendo: Paz, paz; y no hay paz (Jerem?as 6: 14 y 8: 11).Estos falsos profetas que simulan interpretar la voluntad de Dios, hablando palabras infladas y vanas, seducencon concupiscencias de la carne y disoluciones a los que verdaderamente hab?anhuido de los que viven en error (2 Pedro 2: 18).

Por lo antes dicho, juzguemos con justo juicio, no seg?n las apariencias,a los lobos que semejan ser ovejas, a los perros y cerdos para que se volteencontra nosotros y pisen las perlas, a los que se desv?an de la doctrina deCristo, a los que dicen paz cuando no hay paz (pues Dios sigue enojado contrael imp?o todos los d?as - Salmo 7: 11), a los que promueven un evangeliodiferente al de la gracia - como si hubiera otro evangelio.? Juzguemos con justo juicio para que podamosapartarnos de aquellos que promulgan un evangelio parecido en cuanto aapariencia al evangelio de Cristo, el que muri? por su pueblo escogido,dici?ndonos que muri? por toda la humanidad, incluyendo a los que ahora est?nen el fuego eterno.

Poco importa el celo que muestren los falsos profetas, pues si act?an enla ignorancia del evangelio, entonces es que no les ha amanecido todav?a (Romanos 10: 3; Isa?as 8: 20). Nuestro rasero para juzgar es la Biblia, y elcriterio para discernir es el Esp?ritu de Dios. Y si alguno no tiene elEsp?ritu de Cristo, el tal no es de ?l ( Romanos 8: 9).

C?sar Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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