Jueves, 16 de diciembre de 2010

Los textos sobre predestinaci?n y soberan?a de Dios son abundantes en la Biblia. Los enemigos de esta doctrina se han encargado de no leerlos, de esconderlos bajo el ropaje de interpretaciones buscadas, con el fin de prevalecer en sus concepciones err?neas, acerca del prop?sito del evangelio. Muchos pueden suponer que la buena nueva de salvaci?n es un llamado general para todos los habitantes del planeta. As? han querido leer el texto en el cual el ?ngel anuncia paz y buena voluntad para con los hombres, pues lo invierten y dicen: paz para los hombres de buena voluntad.

De igual forma, otros sostienen que Jesucristo muri? por todos sin excepci?n, lo cual hace la salvaci?n un acto universal. No obstante, vemos que millones desfilan hacia la perdici?n eterna, porque no le han conocido, o porque habiendo escuchado acerca de ?l se han endurecido. Pero cuando nos preguntamos qu? es realmente la justificaci?n o la expiaci?n podemos encontrar la respuesta en la misma Biblia.

En el Antiguo Testamento se muestra que la expiaci?n era un sacrificio, que buscaba que Dios fuera propicio, satisfaciendo su justicia, borrando la culpa, purificando el alma y reconcili?ndola con ?l. ?Se part?a de la base de un Dios airado contra el pecado, al cual se buscaba apaciguar, hacerlo favorable o propicio. Tambi?n el hombre reconoc?a su culpa y trataba de eliminarla o expiarla. ?El sacrificio, entonces, procuraba cargar sobre una v?ctima inocente la ira de Dios (expiar) y ponerle en actitud favorable hacia el hombre (propiciar). La justicia y santidad de Dios le obligan a condenar el pecado, pues ?l es un Dios airado a causa de la maldad, ya que la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres (Romanos 1: 18). En el Antiguo Testamento la expiaci?n era un s?mbolo de lo que habr?a de venir, ya que La sangre de los toros y de los machos cabr?os no puede quitar los pecados (Hebreos 10: 4). Simplemente su prop?sito era figura y sombra (Hebreos 8: 5) de lo que habr?a de venir: la muerte del Se?or en la cruz, pues que ?l es el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo (Juan 1: 29). Ya sabemos que el vocablo mundo est? colocado en un sentido colectivo y no distributivo, pues Judas no entra en ese paquete, tampoco Fara?n, Ca?n, Esa?, ni miles de millones que fueron dejados en su pecado sin que esta expiaci?n les fuera propicia. La expiaci?n de Jesucristo fue la salida buscada por Dios desde antes de la fundaci?n del mundo (como dijera Pedro en su primera carta), la ofrenda expiatoria y propiciatoria. Dado que la iniciativa parte de Dios, entonces eso demuestra su amor para con sus elegidos, pues si le amamos a ?l, fue porque ?l nos am? primero.

Pues que nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia (Isa?as 64: 6), era imprescindible que la expiaci?n se realizara en forma sustitutiva o vicaria, con una v?ctima sin culpa. Ya lo dijo el Se?or cuando instituy? la cena como s?mbolo de su nuevo pacto: Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisi?n de los pecados (Mateo 26: 28). La muerte de Cristo no fue la de un m?rtir, sino la de una ofrenda por la expiaci?n de los pecados de muchos.

La propiciaci?n es un acto parecido a la expiaci?n, pero que tiene otras variables muy interesantes para la vida del creyente. El propiciatorio era una l?mina cuadrada de oro, que en la ley antigua se colocaba sobre el arca del Testamento, de suerte que la cubr?a toda. Debajo de esa l?mina estaba el arca que conten?a los libros de la ley, ?por lo cual el propiciatorio era como un escudo que nos proteg?a de esa acusaci?n.? Como la ley nos se?alaba la culpa por nuestras imperfecciones, cuando se ofrec?a el sacrificio una vez al a?o, en el gran D?a de la Expiaci?n, el sumo sacerdote entraba al lugar sant?simo con la sangre del sacrificio. En ese lugar, asperjaba delante del?propiciatorio la sangre,? con la esperanza de que Dios la aceptara como reconciliaci?n, por la evidencia de la confesi?n de sus pecados, a fin de que obtuvieran misericordia aquellos por los que hab?a sido derramada. Era la acci?n agradable a Dios, con que se le mov?a a piedad y misericordia.? De esta manera se ten?a a Dios en forma propicia.? Por sobre el?propiciatorio?aparec?a la gloria, llamada en el hebreo la Shek?n?h, la se?al visible de la presencia de Dios entre su pueblo. Todas estas cosas sirven a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales, como se le advirti? a Mois?s cuando iba a erigir el tabern?culo, dici?ndole: Mira, haz todas las cosas conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte. (Hebreos 8: 5).

De manera que el sumo sacerdote ofrec?a sacrificio por su pueblo anualmente, por un grupo que previamente hab?a acordado durante el a?o traer sus palominos y ovejos y dem?s animales para expiaci?n personal. No hac?a sacrificio por el resto del mundo fuera del Israel de Dios. Pablo dice que nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros (Primera de Corintios 5: 7). Su magnificencia y su reconocimiento es tal, que se le rinde homenaje especial. Veintiocho veces se llama a Cristo el Cordero en el libro del Apocalipsis. En el cap?tulo 5, verso 5, a Juan se le anuncia el Le?n de la tribu de Jud?, la ra?z de David, que hab?a vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos. Pero cuando el ap?stol se vuelve para mirarlo, ve en medio del trono y en medio de los ancianos a un cordero como inmolado, a quien se le rinde el mismo homenaje que a Dios. ?

Por otro lado, como la evidencia contra la expiaci?n ilimitada es apabullante, pues muchos se pierden, entonces los seguidores de ese otro evangelio han argumentado que Cristo muri? por todos los pecadores, pero que depende de cada quien si le sigue o no. En este punto es conveniente preguntarnos qu? ha pasado con aquellos que nunca han o?do el evangelio,? y han muerto en sus pecados. Qu? ha pasado con los millones de seres que vivieron antes de la muerte de Cristo y no fueron alcanzados por esa muerte universal, pues que no tuvieron el chance de decidir si le aceptaban o no.? La respuesta apunta o a un Cristo de fracaso o a una expiaci?n limitada y con prop?sito definido.

En la oportunidad cercana a su muerte, Jesucristo se encontraba orando a su Padre por la situaci?n que le aflig?a. El Dios de amor que iba a dar su vida en rescate por muchos agradece al Padre por los que ?l le hab?a dado, y no s?lo por ellos, sino por los que habr?an de creer por la palabra que ellos esparcir?an. Si la oraci?n hubiera concluido all?, los del otro evangelio hubiesen argumentado que esos otros son el resto de la raza humana, pero que la libertad de expresi?n no se viola jam?s, por lo que la condenaci?n de muchos ha dependido de una mala decisi?n. Sin embargo, para evitar malas interpretaciones, para especificar a la iglesia, para que los escogidos tuviesen firmeza en su doctrina, Jes?s continu? la oraci?n y agreg? en forma muy espec?fica: no te ruego por el mundo. Con esta declaraci?n puso en jaque toda expiaci?n universal, puso en entredicho a los profetas del falso dios, del otro evangelio, el del camino ancho que lleva a la perdici?n.

Jes?s no ruega por el mundo, no lo hizo y no lo har?. Vino a rescatar a su pueblo, a los que el Padre le dio, porque eran del Padre (Juan 17). Todo acto de inclusi?n en la lista del libro de la vida es una falsificaci?n. Creyeron los que estaban ordenados para vida eterna; la bestia la adoraron aquellos cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida desde la fundaci?n del mundo.? A Jacob am?, mas a Esa? aborrec?. Dios levant? a Fara?n y endureci? su coraz?n para mostrar a trav?s de ?l su poder y su gloria. El Eterno est? en los cielos, y todo lo que quiso ha hecho. No hay quien detenga su mano, ni quien de su mano libre. No hay quien le diga, ?epa!, qu? haces. Ese Dios es realmente todopoderoso y soberano.

Hay locuras en el mundo, abundantes desviaciones teol?gicas. Hay quienes sostienen que el Dios soberano hizo un decreto ordenando el libre albedr?o. Es decir, dentro de la soberan?a de Dios, ?l quiso decretar la libre escogencia por parte de los humanos. Esa es la soluci?n ecl?ctica propuesta por muchos, pero que no es nada nueva, pues viene antes de Jacobo Arminio, o de su inspirador el jesuita Luis Molina. Desde la ?poca de los semipelagianos ya se hablaba del decreto del libre albedr?o. ?No fue esa la idea vendida por Satan?s al hombre en el huerto del Ed?n? S?, por cierto. Ustedes pueden escoger comer del ?rbol del conocimiento del bien y del mal. Eso fue la libre escogencia, y eso lo ense?an los te?logos hoy d?a. Pero resulta que la Biblia dice que el Cordero de Dios estaba preparado e inmolado desde antes de la fundaci?n del mundo (Primera de Pedro 1: 20). Entonces no hubo libertad de la voluntad en los primeros hombres, pues Dios s? que ha sido un Dios con prop?sito. Todo lo que quiso ha hecho, y ya ten?a preparado su plan, incluyendo a su Hijo como cordero expiatorio, e incluyendo a quienes vendr?a a rescatar. Cuando el Esp?ritu dice a trav?s de Pablo en Romanos 9, a Jacob am?, enfatiza que ese amor surgi? mucho antes de que Jacob hiciera bien o mal, para que el prop?sito se mantuviese por la elecci?n y por el que llama, y no por las obras. Lo mismo dice de su hermano gemelo, el de la misma masa, pero en otro contexto: a Esa? aborrec?. Tambi?n fue preparado como vaso de ira para el d?a de la ira, con el prop?sito de exaltar la gloria de Dios, y eso no tuvo que ver con las malas obras de Esa?, pues no hab?an a?n hecho ni bien ni mal y Dios ya hab?a decretado su destino: uno para vida eterna,? otro para condenaci?n eterna.

Esto echa por tierra la concepci?n err?nea de los amantes de la expiaci?n universal de Cristo. Pablo no argument? sobre la justicia o injusticia de Dios, sino que se limit? a decir que qui?nes ?ramos nosotros para altercar con Dios. Que nosotros somos como una vasija de barro en manos del Alfarero. Por supuesto que esa respuesta irrita a las mentes naturales, acostumbradas a la inclusi?n a las buenas fiestas. Pero Dios no cambia por muy irritadas que est?n sus criaturas. ?l solamente busca su gloria, y no quiere d?rsela a otro, ni dar su alabanza a esculturas. Cualquier otro dios es un usurpador de su gloria, por lo tanto est? descalificado y destinado al fracaso. Los seguidores de esos dioses son como id?latras, pues que Cristo es el Verbo de Dios.

No me elegisteis vosotros a m?, sino que yo os eleg? a vosotros. Nadie puede venir a m?, a menos que el Padre que me envi? no le trajere. Todo lo que el Padre me da, vendr? a m?, y el que a m? viene, no le echo fuera. Muchos de sus disc?pulos se retiraron bajo el argumento de que esa era una palabra dura. Argumentaron que si a ellos les parec?a dura, entonces nadie la podr?a o?r. Asimismo, hoy d?a, muchos de sus disc?pulos siguen argumentando que esta es una palabra dura y han decretado que no se debe o?r. Por eso la han erradicado de las iglesias, de las congregaciones. Incluso hay denominaciones eclesi?sticas de doble fondo: por internet sostienen la doctrina de la soberan?a de Dios, pero dentro de sus salas vive el dios de la inclusi?n, bondadoso, bonach?n, en el tr?mite de construir un camino ancho. Y aunque pretendan tener celo del evangelio, ?ste es conforme a falta de entendimiento.

La gente busca pros?litos, temerosos de Dios (Hechos 10: 22).? Muchos venden una expiaci?n barata, econ?mica, al alcance de las masas. Pero oigan lo que Jesucristo dijo de los que buscaban tales pros?litos: ?Ay de vosotros, escribas y fariseos, hip?critas! porque recorr?is mar y tierra para hacer un pros?lito, y una vez hecho, le hac?is dos veces m?s hijo del infierno que vosotros (Mateo 23: 15).? ?Y qu? dijo Pablo de los que tienen celo de Dios? ?Sirve acaso de algo el tener pasi?n por Dios conforme a otro evangelio? Porque yo les doy testimonio que tienen celo de Dios, mas no conforme a ciencia (Romanos 10: 2). Entonces la ciencia o el conocimiento de la doctrina de Dios conviene aprenderla, pues tal parece ser que ella nos conduce a la vida eterna. Finalizo con este maravilloso texto para los beneficiarios de su gracia: Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Se?or Jesucristo, que nos bendijo con toda bendici?n espiritual en los lugares celestiales en Cristo,? seg?n nos escogi? en ?l antes de la fundaci?n del mundo, ?para que fu?semos santos y sin mancha delante de ?l,? en amor habi?ndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, seg?n el puro afecto de su voluntad,? para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, ?en quien tenemos redenci?n por su sangre, el perd?n de pecados?seg?n las riquezas de su gracia, ?que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabidur?a e inteligencia,? d?ndonos a conocer el misterio de su voluntad, seg?n su benepl?cito, el cual se hab?a propuesto en s? mismo,? de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensaci?n del cumplimiento de los tiempos, as? las que est?n en los cielos, como las que est?n en la tierra.? En ?l asimismo tuvimos herencia (suerte), habiendo sido predestinados conforme al prop?sito del que hace todas las cosas seg?n el designio de su voluntad, a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esper?bamos en Cristo (Efesios 1).

C?sar Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 14:36
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