Mi?rcoles, 15 de diciembre de 2010

Pablo intenta expresar el problema que se suscita en el creyente con su naturaleza pecaminosa, junto al nuevo nacimiento producido en ?l. Para ello se vale de la analog?a de la ley, no solamente de la de Mois?s, sino a?n de la civil. Menciona al matrimonio, ?que es una regulaci?n tanto civil como mosaica, para ilustrar la atadura que ejerce la norma jur?dica o moral a los que est?n bajo el contrato. Como toda la carta, en este cap?tulo tambi?n se dirige a los hermanos, a los creyentes que conforman el cuerpo de Cristo. Asegura que hemos muerto a la ley para que se opere en nosotros la libertad de su ligamen, a fin de pertenecer a otro, en nuestro caso a Jesucristo.

Esta analog?a del matrimonio le ha servido al ap?stol para expresar la manera como hemos sido desatados de la ley que nos gobernaba. Ahora estamos atados a otra nueva normativa, la del Esp?ritu, a fin de que llevemos fruto para Dios. De inmediato, el autor de la carta pasa a referirse a los momentos en que est?bamos en la carne (sark?s), bajo el dominio de las pasiones pecaminosas que por la ley obraban en nosotros frutos para muerte. ?Cu?l ley?, nos preguntamos. Puede ser muy bien la ley del pecado, la ley de Mois?s, la ley de Dios escrita en los corazones. En el cap?tulo 3 de la carta a los romanos, versos 12 al 16, Pablo escribe:? Porque todos los que sin ley han pecado, sin ley tambi?n perecer?n; y todos los que bajo la ley han pecado, por la ley ser?n juzgados; porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley ser?n justificados. ?Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, ?stos, aunque no tengan ley, son ley para s? mismos, mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acus?ndoles o defendi?ndoles sus razonamientos, en el d?a en que Dios juzgar? por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio.

Uno de los grandes problemas de haber introducido la ley ha sido para que se evidencie el error. Donde no hay ley, no se inculpa de pecado (Romanos 5:13). Pero como hemos visto, a?n los que no tienen ley (la ley de Mois?s) su conciencia ha venido a ser ley para ellos mismos. Sin embargo, cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos (Santiago 2: 10). De manera que a?n los que por su conciencia hacen algo malo, ya se han hecho culpables de todo lo que ella les ordena. Y es Pablo quien nos aclara: ??Mas la Escritura lo encerr? todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes (G?latas 3: 22).

En este encierro o celada que Dios ha hecho al hombre, Jesucristo ha venido a ser la promesa cumplida para la liberaci?n de la esclavitud de la ley del pueblo de Dios. Un pueblo escogido desde antes de la fundaci?n del mundo (Efesios 1: 4-11), para ser libre de la maldici?n de la ley. Pero ?qu? sucede en nuestra vida cotidiana, a pesar de esta libertad en Cristo? Simplemente continuamos con las dos naturalezas en pugna: la contaminada con la ca?da de Ad?n, y la implantada por el Esp?ritu de Cristo. Esas dos voluntades se oponen entre s? y no hacemos a veces lo que queremos.? Cuando la ley de Dios (la implantada por el Esp?ritu) me indica que no haga algo indebido, otra ley, la de mis miembros o de mi carne (el sark?s heredado de Ad?n) me lleva a hacer lo que no quiero, sino lo que aborrezco.? No obstante, esta realidad me permite valorar que el mandamiento de Dios es bueno. De igual forma comprendo que el pecado que mora en m? ejecuta toda la obra mala que no quiero hacer. Pues seg?n el hombre interior, me deleito en la ley de Dios. En este punto vale resaltar que el hombre que todav?a no ha sido regenerado no podr?a jam?s decir lo que el ap?stol dijo acerca del hombre interior, que se deleita en la ley de Dios. Por lo tanto, esto refleja que el ap?stol est? hablando de ?l mismo, en el momento en que era creyente en Jesucristo. ?A pesar de que con su mente quer?a agradar al Se?or, con la naturaleza pecaminosa que mora en ?l es llevado cautivo a la ley del pecado de sus miembros.

Algunos sostienen que Pablo habla solamente del hombre imp?o, en el cual no habita el Esp?ritu de Cristo, pero eso se invalida en el hecho de que el imp?o no puede querer agradar a Dios ni deleitar a Dios seg?n su hombre interior.? El sacrificio de los imp?os es abominaci?n a Jehov?;?mas la oraci?n de los rectos es su gozo. Abominaci?n es a Jehov? el camino del imp?o;?mas ?l ama al que sigue justicia (Proverbios 15: 8-9). Estos textos demuestran claramente que es imposible para un imp?o deleitarse en el hombre interior en Dios, como fuera el caso de Pablo. Esto corrobora, adem?s, que Pablo estaba hablando tanto de lo que le suced?a a ?l como lo que le sucede a cada creyente. Por supuesto, la Biblia est? repleta de textos semejantes referentes a la enemistad entre Dios y los r?probos, que jam?s se van a deleitar en el Creador.

En el cap?tulo 4 de Romanos, Pablo ha tratado de demostrar que desde Abraham Dios ha estado justificando al hombre por fe, sin obras de la ley. Por eso en el cap?tulo 7 expone el prop?sito de la ley, exaltar el pecado en nosotros, bajo el mandamiento de hacer y no hacer. Pero el creyente ha muerto al pecado (Romanos 6:2) y ha muerto a la ley (Romanos 7:4), por lo tanto ha sido liberado del pecado y es libre de la ley. Ha sido justificado del pecado (Romanos 6:7) y desligado de la ley (Romanos 7:6). ?La situaci?n cr?tica lleva al ap?stol a clamar por su miseria, pues estas dos aguas se? mueven en corrientes opuestas y generan v?rtigo espiritual. Finalmente da gracias a Dios por Jesucristo, quien le puede librar de ese cuerpo de muerte, pues el triunfo del creyente en la lucha contra el pecado depende de la asistencia divina y no de sus propias intenciones, ni de sus propios recursos.

La palabra traducida como carnal describe al hombre en t?rminos de su distancia de Dios y de su debilidad frente a la tentaci?n. Es el sentido teol?gico ?tico caracter?stico del t?rmino en muchos pasajes en los escritos paulinos ( 7:5). Indica la naturaleza humana com?n sin pensar en los recursos de la gracia. En ciertos contextos describe al creyente desfavorablemente con respecto a su inmadurez y ego?smo (1 Corintios 3:1). Aqu? carnal indica que mientras sigue la existencia f?sica del cristiano hay algo dentro de ?l que se resiste a someterse plenamente y continuamente a la ley de Dios. ?Si bien es cierto que en Romanos 8:9 Pablo usar? el t?rmino carne para caracterizar la vida del inconverso, ?pues que el creyente no est? en la carne (8:9), ?el sentido de lo carnal (sark?s) es distinto en el cap?tulo 7. Ac? es la naturaleza pecaminosa humana la que batalla dentro del ap?stol, para que no alcance lo que se propone. El cristiano verdadero sirve involuntariamente a ese amo odiado, pero no puede sacudirse la cadena humillante hasta que lo rescata su Amigo poderoso y la gracia de lo alto (Henry, M. (2003). Comentario de la Biblia Matthew Henry en un tomo. (883). Miami: Editorial Unilit.). ?El mal remanente de su coraz?n es un estorbo real y humillante para que sirva a Dios como lo hacen los ?ngeles y los esp?ritus de los justos perfeccionados.

El ap?stol no quiso decir que los hombres no sean responsables de rendir cuentas de sus pecados, sino que por la lucha de la carne contra el Esp?ritu, ?l no pod?a cumplir como suger?a el Esp?ritu. De igual forma, por la eficaz oposici?n del Esp?ritu, no pod?a hacer aquello a lo cual la carne lo impel?a.

Esta situaci?n interior en el ap?stol es una clara radiograf?a de lo que sucede en la naturaleza nueva del creyente. Ciertamente hay mucha diferencia con aquellos que se sienten c?modos con las seducciones de su propia concupiscencia. El creyente de la iglesia de Corinto, el que fuera entregado a Satan?s para muerte de su carne (sark?s) a fin de que su esp?ritu viviera en el d?a postrero, hab?a cedido en su voluntad dando rienda suelta a la manifestaci?n externa de su pecado interior. Pero ?l tambi?n fue liberado por la libre gracia de Dios, ofrecida en Cristo Jes?s, como bien dijera Pablo al final del cap?tulo 7. Dentro de la econom?a divina, se ha querido que el creyente sufra este estado de combate interno, para que comprendamos el estado de miseria del cual nos salva la gracia de Dios. De esta forma, la gran lecci?n es que no confiemos jam?s en nosotros mismos, en nuestras fuerzas atra?das por la vieja naturaleza, sino en la gracia de Jesucristo.

C?sar Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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