Mi?rcoles, 08 de diciembre de 2010

Uno de los textos más conocidos de la Biblia es el encontrado en el evangelio de Juan, capítulo 3, verso 16. Las masas que desfilan por los templos han memorizado sus palabras, para recordarlas en tiempo de evangelización. Esa porción de la Escritura nos pincela a un Dios amoroso que sacrifica a su Hijo Unigénito, para dar vida espiritual a la humanidad. El resultado de esa proposición dada por el Espíritu queda en manos de la raza humana, frustrando una vez más al Dios soberano que según sus palabras todo lo que quiso ha hecho (Salmo 115: 3).

La contrariedad se manifiesta por el impedimento de los planes de Dios. Entonces contemplamos de un lado, a un Dios que se dice inmutable, eterno, todopoderoso, omnisciente, planificador, ordenado, y por el otro lado a unas criaturas que son por definición débiles, inseguras, malignas, muertas en delitos y pecados, amadoras de lo malo, aborrecedoras de lo bueno, que odian a Dios. En estos dos frentes se entabla una lucha, en donde por curiosas circunstancias teológicas inexplicables y caprichosas el Dios es vencido quedando furioso, triste, o tal vez un poco irritado por tan pública derrota. Y es que si no todos los seres humanos han sido alcanzados para esta salvación tan grande propiciada por el Hijo, entonces el fracaso ha sido enorme. De nuevo, aún su palabra se desbarata: Nuestro Dios está en los cielos, todo lo que quiso ha hecho (Salmo 115: 3).

El texto que nos ocupa dice de la siguiente manera: Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Sin embargo, el texto inmediato dice lo siguiente: Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.  Si Dios ama tanto al mundo (en el entendido de que se refiere a todas las personas en particular), y si Cristo vino a salvar al mundo (a todos y a cada uno en particular), y el Hijo no vino para condenar al mundo (a todos y a cada uno distributivamente), vemos que existen muchos elementos que anuncian una broma, una mala jugada profética, o tal vez un quebradero de cabeza.

En este sendero los caminos se bifurcan, y unos sostienen en sus elucubraciones que Dios se jugó un espacio de gracia neutra, o de gracia libre, o de justo medio, para que sus enemigos que son como los supuestos zombis, espiritualmente muertos de verdad, decidan aferrarse por voluntad propia y libre arbitrio a la tabla de salvación del evangelio (Luis de Molina se adhiere a esta tesis de la gracia neutra). De ser esto cierto, la inquietud anterior sigue vigente, pues ¿qué ha pasado con aquellos que ya habían sido condenados al infierno eterno, mucho antes de que Jesús viniese a esta tierra? Pero hay más, pues Lucas 2: 34 dice lo siguiente: He aquí, éste está puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel, y para señal que será contradicha. Al parecer muchos irían a caer, a tropezar en esta roca, y muchos irían a ser desmenuzados por ese Mesías anunciado. Por otro lado, la gran mayoría de la raza humana ha muerto sin haber escuchado el anuncio del evangelio. Entonces algo sucede con esa tesis de que Dios realmente amó al mundo como una totalidad de personas.

Y acá no estamos discutiendo si los muertos tienen la potestad de resucitarse a sí mismos con esa ayuda neutra de la gracia, de la que muchos hablan de sus propios artificios. Simplemente partimos del presupuesto de que Dios amó tanto al mundo, que dio a su Hijo para que el mundo fuese salvo por Él. De nuevo la inquietud: ¿Qué ha pasado con esos que son puestos para tropiezo? ¿Qué ha pasado con los que murieron condenados antes de la manifestación de ese supuesto amor por todo el mundo? ¿Qué pasó con Judas, el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese? ¿Fue dejado Judas al azar de su propia voluntad? ¿Qué tal si Judas se hubiese acogido a esa gracia neutra y decide no traicionar a su maestro?, ¿no invalidaría su actitud la posibilidad de la salvación misma, ya que Jesucristo no hubiera sido la propiciación por nuestros pecados?

Otros sostienen, en cambio, que el vocablo todos conlleva un sentido distinto de acuerdo al contexto en que aparece. No siempre que aparece es distributivo para cada elemento de su referencia, sino que puede ser también un todos colectivo. Por ejemplo, si decimos Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado (Lucas 2: 1), ¿significa realmente que cada ciudadano del mundo de entonces fue empadronado? Acá la restricción semántica se refiere al mundo del Imperio Romano. Cuando Jesús dijo en Juan 8: 26, Muchas cosas tengo que decir y juzgar de vosotros; pero el que me envió es verdadero; y yo, lo que he oído de él, esto hablo al mundo, ¿se está refiriendo al mundo en su totalidad distributiva, o en forma colectiva? Sabemos que apenas algunos judíos le escucharon, y que hablaba en parábolas para que no le entendieran. O tal vez este otro texto puede ayudarnos a comprender la restricción semántica del término mundo, de acuerdo a su contexto de aparición: Pero los fariseos dijeron entre sí: Ya veis que no conseguís nada. Mirad, el mundo se va tras él (Juan 12: 19). ¿A cuál mundo se refiere este texto? ¿Se ha ido todo el mundo tras Jesús, con cada uno de sus habitantes?

Existe el mundo como concepto. Por eso se nos habla de que el mundo entero está bajo el maligno (Primera de Juan 5: 19), a pesar de que los creyentes no estamos bajo el poder del maligno. No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo.  Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él ( Primera de Juan 2: 15). ¿Cómo es posible que el Padre amara tanto al mundo y al mismo tiempo el Padre nos prohibió a nosotros amarlo de la misma forma? ¿O es que acaso se refiere el contexto a dos tipos de mundo? Ciertamente, Dios ama el orden, pues no es Dios de confusión.

En resumen, que el texto memorizado de Juan 3: 16 debería continuarse con el subsiguiente, que nos anuncia que Jesucristo no vino a condenar al mundo, sino a salvarlo. De manera lógica entendemos que, si mundo se refiere a cada uno de los habitantes del planeta, en el sentido distributivo del término,  eso no ha sido cierto en modo alguno, y Dios ha quedado frustrado. Pero comprendemos por el resto de las Escrituras que el sentido del vocablo mundo es colectivo, restrictivo, pues que Jesús oró, según relata Juan 17, por los que el Padre le había dado, y no oró, no pidió, por el mundo. ¿Por cuál mundo no pidió Jesús? Ciertamente, pidió por los de Juan 3: 16 y 17, pero no rogó por los que son cabras, cizaña o simiente de la serpiente.

La promesa del evangelio no es universal, sino que es para el pueblo escogido de Dios. Jesucristo es la propiciación de los pecados de su pueblo. El propiciatorio del Antiguo Testamento consistía en una lámina de oro que tapaba el Arca. Esta Arca de la Alianza contenía los libros de la ley dada por Dios a Moisés, y esos libros nos acusaban, por lo cual estábamos bajo su maldición. El propiciatorio separaba esa maldición del pueblo por el que se hacían sacrificios. Como Jesucristo es el sacrificio por excelencia para acabar con la maldición de la ley, para separarnos de la ira de Dios, entonces entendemos que el evangelio es la promesa hecha para la salvación del pueblo de Dios. Cristo murió por nuestros pecados de acuerdo a las Escrituras (1 Corintios 15:3), por lo cual  debemos acudir a esas Escrituras para descifrar su significado. En Isaías 53: 4-6 encontramos algunas respuestas pertinentes: Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.

El evangelio incluye la muerte, el sepulcro y la resurrección de Cristo. Pero esto no queda allí, sino que asegura y exige la salvación de todos aquellos que fueron representados por Cristo en la cruz. El que no toda la humanidad  haya estado representada en la cruz por Jesucristo se prueba por los argumentos antes esgrimidos, por el hecho notorio de que no todos son salvos, de que muchos son los llamados (y no todos) sino pocos los escogidos (dentro de los muchos llamados).

Veamos, para finalizar estos otros textos. Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas (Juan 10: 11); así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas. También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor (Juan 10: 15, 16); Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano (Juan 10: 27, 28). De manera que no todos los hombres del mundo son ovejas de Cristo. Muchos que todavía no oyen su voz, pero que son de las ovejas que no están aún en el redil, la escucharán y formarán parte del rebaño (Juan 10: 16). En el primer libro de la Biblia, el Génesis, con la gran promesa del capítulo 3, verso 15, se destaca que hay dos grupos opuestos desde el inicio de la humanidad: Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar. Dos simientes se levantan: la de la mujer, la cual es Cristo con sus creyentes, y la de la serpiente, con todos los incrédulos del mundo. Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira (Juan 8: 44). De esta forma, los que abogan por la salvación de toda la humanidad en forma colectiva, los que niegan la propiciación de Jesucristo por Su pueblo, los que extienden esta propiciación a cada elemento de la raza humana, se están oponiendo a los textos de las Escrituras que dicen todo lo contrario. Esto hace sospechar que mienten como el padre de mentira, lo cual los hace uno con él. El que estén en las iglesias haciéndose pasar por ovejas, pero sin ser llamados por Cristo, no les da el derecho a torcer los textos de la Biblia. De allí el anuncio a las verdaderas ovejas del rebaño: salid de ella, pueblo mío. No puede haber comunión entre Cristo y Belial, de manera que no podemos decirles bienvenido a quien no traiga la doctrina de Cristo (1 Juan 5).

Si todavía existiere la duda, bastaría con mirar Romanos 9, cuando Pablo enfatizó que los gemelos, hijos de una misma madre y de un mismo padre, no habían aún hecho ni bien ni mal, fueron escogidos desde antes para hacer notorias las riquezas de la gracia de Dios, así como las riquezas de la ira suya. En este asunto, no depende de nosotros, ni del que quiere - como si hubiere alguien que quisiere - sino que el propósito permanece por el que elige. Ese es el Dios soberano presentado por las Escrituras, que no ha amado a todo el mundo en forma distributiva, sino a lo suyo, a los suyos, a aquellos por los cuales vino.

Pero hay gente que se avergüenza de presentar a este Dios como el revelado en las Escrituras. Y no hay otro Dios, y fuera de Él no hay quien salve, ni hay quien de su mano libre. De manera que el mensaje es escuchado y seguido solamente por las ovejas. Los otros, los de la otra simiente, podrán incluso ser llamados, pero nunca han sido escogidos. ¡Grande es el misterio de la piedad!

César Paredes

[email protected]

destino.blogcindario.com

 


Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 13:05
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios