Domingo, 28 de noviembre de 2010

Muchos ya conocemos la historia de Bel?n, el ni?o nacido en un pesebre o posada, en medio de los animales del establo, custodiado por Mar?a y Jos?. Para eso basta con leer los relatos de Mateo y de Lucas (Mateo 1 y Lucas 2). Pero le toc? a Juan narrar este acontecimiento desde una perspectiva bastante abstracta, iniciando su evangelio con la c?lebre frase: En el principio era el Verbo. El griego del Nuevo Testamento nos anuncia que en ese comienzo de todas las cosas era el Logos.

Quiz?s la primera pregunta que nos viene a la mente es ?cu?l principio? Pues si hablamos de un ser eterno, suponemos que no ha tenido ni principio ni fin. No obstante, el mismo Jesucristo se aparece en visi?n a Juan - cuando ?ste escribiera el Apocalipsis - y se define a s? mismo como el Alfa y el Omega, el Principio y el Fin. Entonces pareciera haber un principio, pero no necesariamente temporal, desde la ?ptica de un Dios que est? fuera del tiempo. Por cierto, es Juan en su evangelio, quien dijo: ... el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Hemos de entender que se trata del principio de todas las cosas posibles, as? como del Alfa y del Principio desde nuestra perspectiva temporal. De igual forma Jesucristo es la Omega y el Fin de todas las cosas, en el sentido del cierre de la historia humana, en donde ?l es el fin como finalidad, y no solamente como t?rmino.

Es l?gico suponerlo as?, por cuanto un Dios eterno e inmutable no puede tener origen ni final, de manera que cuanto declara de S? mismo lo hace para nuestro beneficio y entendimiento. Por supuesto, con Agust?n repetimos: no en el tiempo, sino con tiempo, cre? Dios los cielos y la tierra. Esto es, Dios hizo al tiempo, pero no se somete al tiempo. La ?nica excepci?n que hizo al respecto estuvo relacionada con el nacimiento de Jes?s, pues ...aquel Verbo fue hecho carne, y habit? entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unig?nito del Padre), lleno de gracia y de verdad (Juan 1: 14). Es en esta dimensi?n de la historia, dentro de la esfera del espacio tiempo, que podemos hablar de principio y fin. Y es gracias al concepto del tiempo que podemos advertir que Dios escapa a esta dimensi?n y est? en la eternidad, por lo cual es llamado el Eterno. De all? que el escritor b?blico iniciara su evangelio con el verso que dice que en el principio de todas las cosas ya era el Verbo.

El nacimiento de Jes?s presupone la irrupci?n del Dios en la historia humana. Es el Deus ex machina que se hace presente, la presencia sobrenatural de lo divino en medio de la mortal humanidad. Pero Juan no se queda en el pesebre, d?ndonos los pormenores de la alabanza hecha por los reyes del Oriente, ni tampoco nos menciona el anuncio de la buena nueva angelical a los pastores. Ahora la narraci?n es, como hab?amos dicho, desde otro plano desplazado a los terrenos de la abstracci?n. Hace p?blico el conocimiento de que a trav?s de Jes?s fueron hechas todas las cosas, y promueve algo todav?a de mayor envergadura, la idea de que sin ?l, nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

Juan ha identificado a ese ni?o que naciera en Bel?n como al Verbo de Dios (que era con Dios y que era Dios). El Logos dibuja la imagen de la raz?n, de la l?gica, del entendimiento. A trav?s de ?l podemos asir las cosas, el universo mismo. Pero este Logos no est? contaminado como nuestros logos, nuestras l?gicas o lenguas. No, este es el Logos de Dios o Dios mismo, puro, sin mancha, como conven?a a un Cordero que satisficiera la necesidad de la expiaci?n que vino a hacer por su pueblo.

El nacimiento de Jes?s evoca el germen de la vida, el reto?o de la esperanza, la aparici?n de nuestra paz. ?Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres! (Lucas 2: 14). Pero ese ni?o que naciera en el establo se hizo hombre. Cuando empez? su ministerio cumpli? lo que las profec?as dec?an de ?l, de manera que muri? por el pueblo (Juan 11).? Pero ese Cordero de Dios tambi?n es el Sumo Sacerdote: ?Porque tal sumo sacerdote nos conven?a: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho m?s sublime que los cielos; ?que no tiene necesidad cada d?a, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreci?ndose a s? mismo (Hebreos 7: 26, 27).

El nacimiento de Jes?s fue profetizado en muchas ocasiones por los profetas del Antiguo Testamento. Quiz?s Isa?as es quien mejor declara su advenimiento, en una descripci?n puntual y po?tica: ??Qui?n ha cre?do a nuestro anuncio???y sobre qui?n se ha manifestado el brazo de Jehov?? ?Subir? cual renuevo delante de ?l, y como ra?z de tierra seca; no hay parecer en ?l, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos. Despreciado y desechado entre los hombres, var?n de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de ?l el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.?Ciertamente llev? ?l nuestras enfermedades, y sufri? nuestros dolores;?y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas ?l herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre ?l, y por su llaga fuimos nosotros curados.?Todos nosotros nos descarriamos como ovejas,?cada cual se apart? por su camino; mas Jehov? carg? en ?l el pecado de todos nosotros. Angustiado ?l, y afligido, no abri? su boca; como cordero fue llevado al matadero;?y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeci?, y no abri? su boca. Por c?rcel y por juicio fue quitado; y su generaci?n, ?qui?n la contar?? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes,?y por la rebeli?n de mi pueblo fue herido. Y se dispuso con los imp?os su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo enga?o en su boca. Con todo eso, Jehov? quiso quebrantarlo, sujet?ndole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiaci?n por el pecado, ver? linaje, vivir? por largos d?as, y la voluntad de Jehov? ser? en su mano prosperada. Ver? el fruto de la aflicci?n de su alma, y quedar? satisfecho; por su conocimiento justificar? mi siervo justo a muchos, y llevar? las iniquidades de ellos. Por tanto, yo le dar? parte con los grandes, y con los fuertes repartir? despojos; por cuanto derram? su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores,?habiendo ?l llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores (Isa?as 53).

Observemos las negritas: Jesucristo fue herido por la rebeli?n del pueblo de Dios, no por toda la humanidad. Por su conocimiento justificar? a muchos, llevando sus iniquidades (las de los muchos, no las de toda la humanidad). Una vez m?s, el Dios soberano habla a trav?s del nacimiento de Jes?s, de su prop?sito, de su env?o a la tierra, de su misi?n consumada. La navidad no es para celebrarla en org?as de champagne y regalos, no ha de concebirse como el culto conjunto a las divinidades paganas que se representaban por la fertilidad del pino, ?rbol siempre verde, a?n en los inviernos. La navidad rememora el nacimiento de Jes?s que vino a cumplir el prop?sito del Cordero Pascual, para dar su vida en rescate por muchos. Todo lo que adorna a esta menci?n b?blica tiene su connotaci?n pagana bastante conocida.

El nacimiento de Jes?s nos conven?a, pues Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos (Hebreos? 9: 27), pues con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados. La maravilla de este sacrificio es que donde hay remisi?n de pecados, no hay m?s ofrenda por ?l, porque Dios ha prometido que nunca m?s se acordar? de nuestras transgresiones.? Un Dios que olvida los pecados de su pueblo, porque ha quedado satisfecho con el sacrificio de su Hijo, solamente disciplina a aquellos que ama, correcci?n de la que todos sus hijos hemos sido participantes. Ese flagelo, azote o vapuleo, al que somos sometidos por el Padre de los esp?ritus, nos permite vida, nos prodiga un fruto apacible de justicia al haber sido ejercitado en ello.

El nacimiento de Jes?s nos trae a la memoria todos estos hechos ac? mencionados. La Biblia nunca nos sugiere celebrar el cumplea?os de Jesucristo, ni colocar un ?rbol al estilo de los paganos que conmemoraban a su diosa de la fertilidad. Pero a los pueblos les encantan las tradiciones, y la iglesia est? minada por el mundo. Pablo advert?a a los G?latas insensatos que se dejaran de estar guardando los d?as, los meses, los tiempos y los a?os. Quiera ese Jes?s nacido en la historia que su conseja valga para nosotros.

La popularidad de la navidad convertida en melodrama se encuentra alejada del prop?sito avizorado por Isa?as en su cap?tulo 53, o por Juan en el primer cap?tulo de su evangelio. Por eso es urgente que cada creyente tenga un cambio de mentalidad respecto a la concepci?n extra?a del nacimiento del redentor. Conocer que Jes?s vino a morir por su pueblo, que dio su vida en rescate por muchos, que ver? linaje y quedar? satisfecho, es el sentido subyacente del nacimiento de Jes?s.

C?sar Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 17:43
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