Lunes, 22 de noviembre de 2010

Este es el t?tulo de un serm?n franc?s encontrado en la Red. Su autor, Philippe Hubinon, nos relata que estamos pr?ximos a la celebraci?n de los 500 a?os de la Reforma Protestante. No obstante, a pesar de las denuncias hechas por el monje Mart?n Lutero el 31 de Octubre de 1517, clavando sus 95 tesis en la puerta de la iglesia del castillo de Wittenberg, la Iglesia Cat?lica contin?a con sus mismos desv?os.

La historia no puede dudar el gran empuje del siglo XVI, bajo la ?gida de esa Reforma que sacudi? los cimientos de las artes, las ciencias y las humanidades en general. En el plano teol?gico, se descubri? la Biblia, d?ndosele la publicaci?n y traducci?n necesaria al libro de los libros. Pero ni en forma ni en fondo, nada ha cambiado. La presi?n cat?lica romana contin?a sobre aquellos que se atreven a creer solamente en la Escritura, la Sola Scriptura. Para ellos lo m?s importante es la tradici?n, las resoluciones de sus s?nodos, las promulgaciones de sus concilios.

Lo m?s lamentable es que muchas iglesias protestantes hoy d?a parecen desconocer sus or?genes. Algunos sostienen que lo mejor es mantener una actitud ecum?nica, dejando cualquier pol?mica a un lado, para evitar las querellas. El autor del serm?n dijo algo muy interesante al respecto: Por la memoria de aquellos que perdieron la vida por causa de la defensa de la verdad, por los que padecieron la tortura bajo la persecuci?n hecha por la Contrarreforma, por la presi?n de la conciencia y por el Esp?ritu de Dios, es necesario seguir defendiendo la verdad.

No se trata de dejar a un lado las viejas querellas, pues que nosotros no somos los que hemos torturado, perseguido, asesinado a los que han militado en la mentira. Simplemente nos llama el deber de se?alar lo equivocado del hecho de rendirle culto a los santos, lo in?til y sacr?lego de la oraci?n a los muertos y por los muertos. ?Se trata de denunciar que no podemos estar sujetos a la primac?a papal, o a la infalibilidad de la Iglesia Romana; se trata de proclamar lo err?tico de la transubstanciaci?n (la presencia de Cristo en la eucarist?a). No puede llamarse a todo esto viejas querellas. Seguimos diciendo que el purgatorio es una mentira, la confesi?n en el confesionario es contraria a la Escritura, que la Biblia es superior a la tradici?n de la Iglesia. Continuamos rechazando a los libros ap?crifos, a la inmaculada concepci?n, a la asunci?n de Mar?a. Argumentamos que no hay tal Reina del Cielo, que el infierno es un lugar real anunciado por Jesucristo.

Esas viejas querellas siguen siendo nuevas. ?Qu? pensar?a Marie Durand, prisionera durante 38 a?os, como una bestia en el castillo de Constanza, por mantener su fe en Jesucristo? ?Qu? pensar?an los m?rtires generados por la persecuci?n hecha por la Santa Inquisici?n? Jean Hus, el gran reformador Checo, fue quemado vivo en una hoguera por defender sus ideas. Ciertamente, la atm?sfera de ecumenismo no puede borrar el testimonio de la historia protestante. Una galer?a de testigos que muestran su martirio sufrido, muchos colgados, otros quemados vivos, asesinados, echados en prisi?n, torturados, enterrados vivos, ahogados, jam?s se plantear?a un tratado ecum?nico.

Los protestantes ecum?nicos est?n clamando a viva voz que esos m?rtires predecesores nuestros murieron por nada, fueron torturados y vejados en vano.? Miles de personas tuvieron que emigrar a muchos pa?ses, para escapar de la persecuci?n romana. Nuestro deber descansa en continuar la denuncia, en prolongar la pr?dica. Esa otra iglesia no ha cambiado, sigue en sus viejas herej?as.

G?latas 1: 6 - 12 nos dice lo siguiente: Estoy maravillado de que tan pronto os hay?is alejado del que os llam? por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente.? No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas si aun nosotros, o un ?ngel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Pues, ?busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ?O trato de agradar a los hombres? Pues si todav?a agradara a los hombres, no ser?a siervo de Cristo. Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por m?, no es seg?n hombre; pues yo ni lo recib? ni lo aprend? de hombre alguno, sino por revelaci?n de Jesucristo. ?

No queremos m?s amenazas, m?s miedos, m?s martirio. Sin embargo, estas cosas vendr?n necesariamente siempre que no pactemos con las herej?as. Es necesario tener memoria por el bien de las iglesias, de los pa?ses, de las comunidades. La situaci?n no ha cambiado, por eso el combate de la fe est? siempre actualizado. Los errores contin?an intactos, y la sutileza de Roma es m?s aguda. ?Ahora nuestro patio est? minado por la droga mortal del Arminianismo y su regreso a Roma. Si ahora no se nos tortura o no se nos mata tan abiertamente, los errores doctrinales contin?an vigentes. De all? la necesidad del combate por la fe, para evitar que se perturbe y se pervierta el evangelio de Cristo.

Nosotros no merecemos el perd?n de Dios, simplemente lo obtenemos gratuitamente. Nunca hizo falta comprar bulas papales para salir del infierno. No es necesario rogarle a un ?dolo que no puede o?r; no tenemos otro mediador entre Dios y los hombres, sino a Jesucristo hombre. Esas verdades permanecen a?n cinco siglos despu?s de la Reforma, pero aquellas mentiras contin?an vigentes, paralelas, buscando pervertir y perturbar el evangelio de Cristo. Es por eso que la Reforma no se ha acabado. Mientras haya doctrinas que se alejen de la palabra de Dios, el esp?ritu de combate levantado por el Esp?ritu en el siglo XVI continuar? lanzando su se?al de alarma.

Los que hemos comprendido el vital papel de la Reforma continuamos con el v?vido deseo que tuvieron aquellos que fueron motivados por la declaraci?n de la verdad. La raz?n por la cual a?n combatimos por la verdad radica en que el mismo Esp?ritu, que movi? a aquellos h?roes de la fe en la historia, es el que nos mueve a nosotros. ?El evangelio de Cristo no es una oferta que la gente puede tomar por 60 d?as, para devolver el producto si no le funciona. La llamada hecha en el libro del Apocalipsis, en el contexto expresado, es: ...o? otra voz del cielo, que dec?a: salid de ella, pueblo m?o, para que no se?is part?cipes de sus pecados, ni recib?is parte de sus plagas. Pareciera que tenemos que salir no s?lo de Babilonia o de Roma, sino ahora de las hijas de Roma.

El llamado sigue vigente, la enfermedad contin?a activa. No podemos quedarnos en un show continuado, de domingo a domingo, con actores acostumbrados a presentaciones amenas. El compromiso con el evangelio es de lucha, y ?sta no es sino espiritual. Las consecuencias pueden plantearse tambi?n en un terreno f?sico, pero el silencio o la mirada desviada no califica para la esperanza. Por eso, una vez m?s, la Reforma no se ha acabado.

C?sar Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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