Domingo, 14 de noviembre de 2010

?Porque decimos que a Abraham le fue contada la fe por justicia...para que fuese padre de todos los creyentes no circuncidados, a fin de que tambi?n a ellos la fe les sea contada por justicia...que tambi?n siguen las pisadas de la fe que tuvo nuestro padre Abraham antes de ser circuncidado (Romanos 4: 9-12). El beneficio que recibi? Abraham, nosotros tambi?n podemos recibirlo. El hecho de que caminemos en la fe de Abraham, supone que podamos ser bendecidos con esa cualidad de obediencia que exige ese andar con Dios. La fe genera frutos en la vida de los que la poseen. Quiz?s el primero de ellos es que ella nos capacita para hacer cosas. No se trata de caminar sobre los pasos de Abraham, un pecador com?n como cualquiera de nosotros. Se trata de marchar sobre los senderos de su fe. Es muy sencillo: una vez que la gracia de la fe ha anidado en el coraz?n del creyente, ?ste queda resucitado y capacitado para la realizaci?n de cualquier deber requerido por Dios. Recordemos que hemos pasado de muerte a vida, que andando muertos en nuestros delitos y pecados, se nos ha dado la verdadera existencia. Y ?sta ha sido a trav?s de la fe, pero todo en un mismo paquete, pues que la fe es un regalo de Dios, ya que no es de todos la fe. De manera que ese nuevo nacimiento operado en nosotros supone que hemos resucitado hacia la habilidad y capacidad por y para la fe.

Existe la oraci?n de fe. Ese es otro fruto de la actividad mencionada. He peleado la batalla de la fe, dec?a Pablo. Por fe andamos, no por vista. Tomad el escudo de la fe, es su recomendaci?n, para apagar los dardos de fuego lanzados por el maligno. Esos dardos, en ocasiones, son los malos pensamientos, los recuerdos de los errores que han marcado nuestra conciencia. ?Nuestro enemigo nos muestra el acta de los decretos que nos era contraria, que ahora intenta exhibir de nuevo. De all? que se nos recomienda examinarnos a nosotros mismos, para verificar d?nde estamos. As? sabremos si aquella acta con los decretos que nos era contraria fue clavada en la cruz del calvario. Porque por medio de la fe oramos, trabajamos y luchamos; de all? que har? maravillas en los que la ejercitan. Quiz?s una de sus bondades m?s esenciales es la comprensi?n del perd?n absoluto de Dios, asunto que los demonios no desean que entendamos, por cuanto a ellos no les ha sido otorgado.

La fe siempre produce frutos, por eso se nos ha recomendado examinarnos, de manera que verifiquemos el producto que ella genera. ?Pero una petici?n hecha a Jes?s mueve nuestra imaginaci?n por caminos semejantes. A ?l se le dijo: aum?ntanos la fe. Su respuesta fue dada en la comparaci?n que hiciera entre el grano de mostaza, una de las semillas m?s peque?as, y nuestra capacidad para creer. Tambi?n recordamos cuando un hombre le dijo: creo, ayuda a mi incredulidad. ?Sabemos que en la lengua griega del Nuevo Testamento existen dos vocablos semejantes para el concepto palabra, pero con una diferencia particular. Se trata de logos y rema. En el texto de Pablo en el que se nos anuncia que la fe viene por el o?r, la palabra de Dios, el griego dice que viene por el o?r el rema de Cristo. Este t?rmino implica una palabra espec?fica. Suena l?gico, pues que es la palabra diciente, es la palabra que fluye. Una persona puede leer -en el sentido del logos- toda la Escritura, pero puede tener sus ojos cegados para la comprensi?n. No obstante, cuando se le abre a ?l la palabra espec?fica y diciente de Cristo esa persona comprender?.

En ese contexto la fe viene por el o?r la palabra de Dios. Un hecho es cierto, que si hemos cre?do, Cristo vive en nosotros por fe. De all? que nuestro cuerpo est? muerto por causa del pecado, pero el esp?ritu vive por causa de la justicia. Es bien cierto que nuestro cuerpo f?sico no ha muerto en el sentido m?dico, pero en el figurado lo consideramos fenecido al pecado. Es tambi?n cierto que estamos vivos, resucitados, habilitados para nuestros deberes. El Esp?ritu que ahora habita en nosotros es puro, sin m?cula, y nos anhela celosamente.

Sabemos que en el creyente se produce una lucha interna. Est? en ?l la vieja naturaleza que se resiste ante el Esp?ritu; pero entendemos que este Esp?ritu tambi?n rechaza ser humillado por ese viejo coraz?n. En esa batalla el Esp?ritu de Dios puede resultar contristado -esa es la figura usada por la Escritura. Estas dos naturalezas se oponen entre s? y nosotros, como un tercero, quedamos aturdidos. Estamos seguros de la vida, pero padecemos por la enemistad del mundo.

Trabajamos, comemos, batallamos, hacemos cualquier actividad en el mundo. No hemos sido sacados de ?l, sino que ese es nuestro teatro de operaciones. A veces nos equivocamos en la apreciaci?n del mundo como concepto: creemos que los bares, los prost?bulos, las salas de pornograf?a, las drogas, el crimen, las pasiones desordenadas, las herej?as, las palabras deshonestas, las maledicencias, y un gran etc?tera, es el mundo o parte de su concepto. Eso no es mentira, pero no completa la definici?n. Tambi?n lo es la universidad, el liceo o la escuela; el estadio de f?tbol, el local comercial, estar en un parque. Alrededor nuestro habitan millares de personas sin Cristo, tal vez como sus enemigos conscientes, tal vez desconociendo que lo odian. Pero estamos rodeados de mundo en cada espacio y en cada tiempo de nuestra existencia. Esa realidad inminente batalla contra nuestra fe y la apaga.

Si visitamos a las iglesias contempor?neas, tenemos que llegar a la conclusi?n de que cuando all? asistimos, tambi?n acudimos al mundo. Pareciera ser que hay una continuidad mundana en cada acto de nuestra vida, de manera que urge separarnos, para dejarlo de amar. No am?is al mundo, ni las cosas que est?n en el mundo, es el designio b?blico. En este contexto la fe toma un lugar prominente, pues a trav?s de ella puedo trepar para buscar el ox?geno que existe fuera del agua, en los aires. Porque la fe presupone una serie de acciones semejantes a los pasos dados por Abraham. El ha sido considerado nuestro padre, no por sangre geneal?gica, sino porque se convirti? en un patr?n de conducta a imitar. Abraham crey? a Dios, y le fue contado por justicia. El vivi? antes de que la ley fuera dada a su pueblo prometido, y camin? con Dios.

Cuando unos jud?os, escribas y fariseos, le dijeron a Jes?s que Abraham era su padre, Cristo les respondi?: No, si fuerais hijos de Abraham, las obras de Abraham har?ais. Por eso no importa la sangre, el cuerpo, los genes. Lo que es relevante en terrenos de la fe es haber nacido del Esp?ritu, haber sido engendrado por Dios. Pero como Abraham fue llamado el padre de la fe, nosotros somos sus herederos en esa promesa que le fue dada a ?l: en Isaac te ser? llamada descendencia. Ya no tenemos que probar geneal?gicamente nuestra pertenencia a un clan, a una familia. Ahora se nos ha dicho que Dios nos ha amado con un grande amor, para que podamos ser llamados hijos de Dios. Se nos ha conferido al Esp?ritu de Cristo para que podamos clamar Abba Padre.

Quiz?s las dos piernas de la fe sean la palabra y la oraci?n. Todo relacionado con el verbo, pero no solamente por asuntos de ret?rica, sino porque Cristo es el Verbo hecho carne. Por la palabra creemos haber sido constituido el universo. Dios dijo y se hizo. De esta forma, el ser humano es la ?nica criatura de la que se dice es imagen y semejanza con su Creador. No sabemos a ciencia cierta en que se fundamenta dicha imagen y semejanza, pero nos ha sido conferido el acto de hablar. Los animales no elaboran discursos, aunque s? lo pueden hacer los ?ngeles. De manera que no podemos aventurarnos en decir que el soplo de aliento en el barro formado fuera la capacidad ling??stica. No obstante, Dios es uno que habla. Desde el Principio se le conocen sus discursos: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza.

Ahora estamos doblemente hechos: biol?gicamente en el G?nesis, espiritualmente desde que se operara en nosotros el nuevo nacimiento. Mediante la palabra revelada podemos escuchar el verbo de Cristo. Mediante la oraci?n podemos declarar nuestra confianza en sus promesas. Esas son las dos piernas que dan balance a nuestro andar, para seguir los pasos de Abraham. Las obras de Abraham har?ais, dijo el Se?or. ?Cu?les fueron sus obras? Examinemos la Biblia para encontrarlas.

1) Vete de tu tierra y de tu parentela, le dijo Dios. Y Abraham as? lo hizo. A?n siendo un id?latra, Dios le habl? y ?l obedeci?. Dej? sus ?dolos atr?s, se fue de la casa de su padre. No estuvo poniendo condiciones a Dios acerca de sus familiares y amigos. No. Simplemente escuch? la voz que le hablara a ?l solo. Por eso el Se?or dijo: cualquiera que quiera ser mi disc?pulo, debe olvidarse de su padre, madre, hijos, casas y tierras. Debe negarse incluso a s? mismo, tomar su cruz y seguirme. Eso presupone dejar a un lado el mundo y su concepto, lo cual no es tarea f?cil. No obstante, al echar a andar como primer paso de obediencia se encuentra el auxilio de la Providencia.? Dios le dijo despu?s: no temas, Abraham. Yo soy tu escudo.

2) En Romanos 4:18 leemos que Abraham crey? en esperanza, contra toda esperanza. ?Esto recuerda la fe de Job: aunque ?l me matare, en ?l esperar?. O las palabras de Habacuc: Aunque la higuera no florezca, ni las vacas den leche? Al entender la gracia que nos ha sido dada, al comprender que hemos sido llamados de las tinieblas a la luz, no por obras nuestras, sino por su amor admirable, entonces encontramos la suficiente humildad para poder confiar en su absoluto poder. Es asunto del Fara?n el preguntar ?Y qui?n es Jehov?, para que le obedezca?? Nuestro asunto es creer en obediencia que ?l har? conforme a su poder y a su voluntad. ?Que hace grandes cosas que nosotros no entendemos. Que todo lo que quiso ha hecho, y har? conforme lo ha ideado.

3) Sabemos de la gran prueba por la que tuvo que confrontar su fe. Se le pidi? el sacrificio de Isaac. Eso es m?s que el sacrificio de un hijo, es tan terrible como el olvido de la promesa. A este hombre se le hab?a prometido descendencia, ya estaba viejo y Sara su mujer estaba entrada en a?os. Por fin les hab?a nacido el muchacho ofrecido, muy a pesar de la duda que tuviera antes la que se habr?a de convertir en madre. Sin embargo, ahora el siguiente paso era olvidarse de esa promesa a trav?s del sacrificio de su hijo. Por supuesto que all? hay todo un simulacro simb?lico con el Cordero Pascual. En el intento de Abraham por cumplir el mandato de Dios, un acto de obediencia inigualable, sublime, fue provisto con la fe necesaria para proferir su breve discurso: el Se?or se proveer? de cordero. El Dios de toda providencia se provey? de cordero y quiso demostrarnos a trav?s del dolor de aquel hombre, lo que para ?l significar?a tambi?n el sacrificio de su Hijo. Ahora el Se?or nos ha provisto el Cordero. Hay un paralelismo entre la exigencia hecha a Abraham y el acto de la cruz. Ambos padres concurrieron al sacrificio. Abraham corri? con la suerte de que se le detuviera su mano, y nosotros con la suerte de que a Dios nadie se la detuvo. La mansedumbre de Isaac, el muchacho, preguntando d?nde estaba el cordero para el sacrificio, es semejante a la mansedumbre de Cristo cuando voluntariamente puso su vida por su pueblo.? Y todo eso es parte de lo que envuelve la vida de Abraham.

Pedro dijo en una oportunidad que cada creyente ha obtenido esta preciosa fe. No es una fe camuflada, o falsificada. Simplemente es preciosa. Jesucristo es nuestro proveedor de fe. Es a trav?s de esa fe implantada en nosotros, como pueblo elegido, que se nos capacita para continuar en los pasos de Abraham. No hay un camino secundario para la felicidad, sino que sus pasos han sido marcados en la Escritura para que los caminemos. Esas son las obras de Abraham que hemos de hacer, seg?n lo recomend? Jes?s a los escribas y fariseos. El camino de la gracia, hacia el reino de gloria, para alcanzar el reposo de Dios, est? impregnado de la esperanza implantada en nosotros. Las monta?as del mundo pueden ser echadas a un lado con un acto de fe. Escuchar a Dios -a trav?s de la palabra escrita- , clamar por la v?a de la oraci?n, permitir?n que esa certeza de lo que se espera, esa convicci?n de lo que todav?a no vemos, sea un hecho. Las consecuencias subjetivas del don de la fe son grandiosas. Cada quien tiene que vivirlas, pues las experiencias pueden ser contadas, pero no transferidas. ?Acaso el peque?o David se enfrent? al gigante Goliat en sus propias fuerzas? ?No fue un acto de fe lo que le condujo al enfrentamiento? ?No dijo: yo voy a ti en el nombre del Se?or? Lo mismo sucedi? con los amigos de Daniel: He aqu? nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librar?. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado (Daniel 3:17-18).

La fe es un don de Dios, y no es de todos la fe. Pero una vez impartida a nosotros, una vez incubada, ella nos anima con los resultados de la providencia del Se?or. Porque Dios es un Dios de providencia, quien se goza en sorprender a sus elegidos con las d?divas m?s inesperadas, por el puro afecto de su voluntad. Pues si no escatim? ni a su propio hijo, ?c?mo no nos dar? con ?l tambi?n todas las cosas?

C?sar Paredes

[email protected]

destino.blogcindario soberania de dios

?

?


Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 13:41
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios