S?bado, 13 de noviembre de 2010

Existe un pacto de vida que no se predica igualmente a todos, y que entre aqu?llos a quienes se predica no siempre encuentra la misma recepci?n. All? se descubre la profunda maravilla del juicio divino. De la masa com?n de la humanidad algunos deben ser los predestinados para salvaci?n, pero otros para destrucci?n.

Esto nos deja perplejos, ya que nuestra salvaci?n fluye de la fuente de la misericordia de Dios, para nuestro m?s placentero beneficio. La perplejidad surge por cuanto El no ha adoptado a toda la promiscua masa humana hacia la esperanza de la salvaci?n, sino que da a unos lo que niega a otros.

En este tiempo hay un remanente de acuerdo a la elecci?n de gracia, de tal manera que no es por obras, se?al? Pablo. ?Este hecho nos quita el miedo mientras andamos en medio de tantos peligros y trampas, en los conflictos mortales, pues que el Padre ha prometido cuidar a los que son suyos.

Con todo lo revelado, tambi?n existe lo no mostrado a los hombres. De all? el peligro inminente de querer penetrar en la m?s profunda sabidur?a divina, sin tener el debido cuidado, a la manera del m?s inveterado intruso. Se hace posible por esta v?a quedar encerrado en un laberinto sin salida, y no ser?a razonable que el hombre pudiera escrutar sin impunidad aquellas cosas que Dios ha determinado que est?n escondidas en ?l mismo.

Recordemos la pregunta que Dios le hiciera a Job: ?D?nde estabas t?, cuando Yo creaba el mundo?? Estamos caminando en un camino de fe, y por esa ruta deber?amos continuar. Si ese camino nos conduce al palacio del Rey -como dec?a Agust?n de Hipona- all? encontraremos todos los tesoros escondidos. El mismo Se?or les dijo a sus disc?pulos que ten?a muchas cosas que decirles, pero que sab?a que todav?a no pod?an soportarlas. Por lo tanto, se hace menester que crezcamos, que nuestros corazones se tornen capaces de comprender aquellas cosas que de momento nos parecen imposibles de entendimiento.

Al estar anclados en el precepto de la palabra de Dios, como ?nica fuente de revelaci?n -Sola Scriptura -, seremos preservados por ella de cualquier presunci?n. Resultar?a obvio que cuando lleguemos al l?mite propuesto por la Escritura misma, el continuar m?s all? no ser?a otra cosa que caminar por senderos obscuros, intrincados y abstrusos: la verdadera teodicea. En palabras de Calvino, no nos avergoncemos de ser un poco ignorantes en aquellas cosas en que es noble serlo (Institutas). Muchos han apurado el camino hacia su ruina por salirse del canon trazado por la palabra de Dios.

La Escritura es la gran escuela del Esp?ritu Santo, acotaba el c?lebre Reformador Calvino. El nos ense?a todo lo que sea necesario conocer, todo lo que traiga beneficio a nuestro esp?ritu. Si la predestinaci?n ha sido declarada en la Palabra, entonces nosotros no debemos callarla. Sin embargo, hay cosas -como bien apuntara Pedro- que son dif?ciles de entender, que tambi?n los indoctos e inconstantes tuercen.

Las cosas secretas pertenecen a Jehov?, pero las reveladas a nosotros y a nuestros hijos, afirm? Mois?s. Poco importa que las personas profanas no entiendan, o se mofen de estos conceptos. Si eso nos preocupara tendr?amos que olvidarnos de la fe. Sin embargo, debemos recordar que esa gente siempre ha encontrado la manera de ironizar y ridiculizar los conceptos de la teolog?a cristiana. Por ejemplo, en cuanto a la Trinidad la contemplan como un concepto inviable para la mente humana. De igual forma el acto de la creaci?n en seis d?as pareciera ser rid?culo en la inteligencia no regenerada. Pero esos desatinos no pueden frenar al creyente en cuanto a su fe, en cuanto a la proclamaci?n de su creencia.

En otros t?rminos, no es solamente el asunto de la predestinaci?n lo que parece abstruso, sino muchos otros conceptos derivados de la teolog?a b?blica. ?A cu?l imp?o le interesa la concepci?n sobrenatural de Jes?s, en el vientre de Mar?a, a no ser para hacer burla y chiste? Incluso, mucha gente en tiempos apost?licos acus? a Pablo de predicar un evangelio liberal, el de hagamos males para que nos vengan bienes, por aquello de que donde abund? el pecado, sobreabund? la gracia. Los saduceos son otro claro ejemplo de personas que contrariaron en otro gran tema de nuestra teolog?a. Ellos no cre?an en la resurrecci?n. Pero eso no fren? ni a Jesucristo, ni a los ap?stoles, ni a las primeras iglesias, de proclamar que Jes?s es la resurrecci?n y la vida, ni a L?zaro para salir de su tumba.

En resumen, que Dios en su soberan?a hace siempre como quiere. Todo lo que est? en el cielo es de ?l, pero todo lo que existe ac? abajo tambi?n le pertenece. De all? que haya preparado de la misma masa unos vasos para honra y otros para deshonra. Nadie le puede discutir su moral, pues que eso es su atributo personal. Nuestros juicios hacia ?l est?n contaminados con nuestra ignorancia, por no poder penetrar en sus profundidades, pero tambi?n est?n salpicados de la err?tica manera de razonar, por la vieja enemistad entre la carne y el Esp?ritu. Siempre parece bueno recordar que el Fara?n jam?s se quej? de haber sido endurecido por Dios, aunque siempre protestaba ante Mois?s por las plagas enviadas. Tampoco Judas vivi? discutiendo con el Se?or, a quien ten?a a su lado, el porqu? ?l ten?a que ser el traidor. El rey Acab no parece haberse molestado de su itinerante impiedad, quien a pesar de sus arrepentimientos era llevado como nube por el viento hacia su perdici?n.

Solamente se observa en los supuestos miembros de la iglesia, la denuncia contra esta doctrina ense?ada por el Esp?ritu Santo. Muchos tropiezan en ella, por lo que recomiendan no anunciarla, aunque ellos quieren seguir en la fiesta con la m?sica que trajeron para su diversi?n. Estos nos recuerdan a aquellos disc?pulos que se acercaron a Jes?s para escucharle sus ense?anzas, pero al examinar lo que el Se?or les dec?a dijeron que era una dura palabra. No contentos con emitir su opini?n generalizaron su falacia, pues de inmediato exclamaron: ?qui?n la puede o?r? ?De manera que si a ellos les pareci? dura, nadie ten?a el derecho de o?rla, ni de entenderla. Concluyeron con una falacia de generalizaci?n apresurada, al igual que hoy d?a hace mucha gente dentro de las iglesias, procurando que nadie m?s oiga la palabra que a ellos les ha parecido dura de recibir.

Jesucristo nunca se preocup? por la cantidad, sino que hablaba de manada peque?a. En aquella ocasi?n tambi?n se volte? a los doce (que eran realmente once, pues Judas era del maligno) y les pregunt?: ?quer?is vosotros iros tambi?n? ?(Juan 6:67), pero nunca cambi? su discurso con miras a ser m?s simp?tico ante las masas. Fue inflexible con su mensaje, pues que ?l era el mensaje mismo, pues sabemos que dijo en forma categ?rica: nadie viene al Padre, sino por m?. Las razones de su elecci?n se deben tanto a su amor como al placer de su voluntad. Aunque no se nos den m?s razones, ?lo revelado ser?a suficiente para habitar confiados por su decisi?n eterna. Jesucristo nos ha dicho que gobierna sin dejar nada al azar, que cuida hasta de los p?jaros cuando caen a tierra de acuerdo a la voluntad del Padre, pero quedamos perplejos cuando leemos que nuestros cabellos est?n todos contados. Pero lo que le da la paz a unos, sirve de mofa a otros.

Alguien sabiamente dijo que si nos hubiera escogido en base a nuestras obras, nadie ser?a salvo. Su escogencia la hizo desde antes de la fundaci?n del mundo, para que nadie se glor?e en su presencia con el arrebato de las obras. Las puertas del cielo se nos abren, no por m?rito nuestro, sino por gracia inmerecida. Las mismas puertas se cierran a aquellos que son objeto de su justo e irreprensible juicio. ?Hay injusticia en Dios? En ninguna manera (Romanos 9).

C?sar Paredes

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