Mi?rcoles, 10 de noviembre de 2010

El hecho de que Dios predestine presupone que a?n los actos consumados en tiempo y espacio est?n previstos y delineados desde los siglos. Y esto ha de decirse en base a la pasi?n del amor de Dios. Pues que al Eterno se le atribuyen su benevolencia, su prop?sito y determinaci?n de dirigir, bendecir y salvar a Su pueblo. Ese es el objeto principal de la predestinaci?n y pre-ordenaci?n desde los siglos. El amor de Dios se manifiesta desde el centro del placer su propia voluntad, sin miramientos a la parte externa de esa raz?n, sin miramientos al objeto amado.

En otros t?rminos, que Dios quiso, por puro afecto, amar a Su pueblo que escogi? para hacerlo el objeto de su benepl?cito. De all? que no pudo basar su amor en la diversidad de razones que nosotros usamos para demostrar nuestro placer a nuestros seres queridos. Porque cuando amamos, lo hacemos en base a las caracter?sticas de ese otro amado: si es familiar, si es el c?nyuge, si es la pareja, si muestra simpat?a, gratitud, afecto. En el caso del Creador, no considera a sus elegidos en ellos mismos, pues que todos ellos son culpables, pecadores contaminados, enemigos y aborrecedores de lo bueno. De all? que su amor vaya ligado en pareja a su gracia.

Dios se ha complacido en amar a su pueblo. En esa complacencia genera beneficios de bendiciones temporales y eternas.? Estos atributos suyos son absolutamente libres en el sentido de que no dependen de nuestros atributos o caracter?sticas. Si fuese de otro modo, entonces ser?a un amor interruptus, itinerante, accidentado. Si Dios mirase a nuestro pecado, entonces nos aborrecer?a. Por eso Juan escribi? en su Primera Carta, Cap?tulo 3: Mirad cual amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios.

Cuando tomamos conciencia del inmerecido regalo de su gracia y amor, pues que la gracia se da por necesidad del amor, y el amor no se puede dar si no existiese su gracia para con sus amados, comprenderemos que desde nuestra perspectiva de objetos creados por el Alfarero hemos tenido suerte. As? ha sido traducido Efesios 1:11, en la Versi?n Reina Valera anterior a 1960: En ?l asimismo tuvimos suerte, habiendo sido escogidos por el puro afecto de su voluntad.

El odio de Dios implica la negaci?n de su benevolencia, o la resoluci?n de no dar su gracia a una parte de la humanidad. Aunque haga llover sobre justos e injustos, esa lluvia de gracia que provee la vida eterna no ha sido extendida a ese grupo que rechaza. Es por eso que la Escritura afirma varias veces: a Jacob am?, m?s a Esa? aborrec?. En algunas traducciones el vocablo es m?s expl?cito y m?s cercano a su ?timo original: a Esa? odi?. Esto pudiera sorprender a muchos, escuchar que Dios odia a ciertas personas, y por cierto a muchas. Pero est? en su Palabra, en muchos textos.

La causa de ese odio de Dios no es solamente fundamentada en el hecho mismo de que las personas pecaminosas no merecen su amor, sino que descansa tambi?n en su soberano prop?sito y en su libertad de escogencia. Porque Dios es libre y soberano para hacer lo que le place, como elaborar un vaso para honra y otro para verg?enza y destrucci?n. De no ser El libre, estar?a obligado a sus criaturas para manifestarle equidad a cada una de ellas.? De manera que Dios manifiesta una positiva voluntad de castigar y destruir a los pecadores que ?l encuentra reprobados.

Jerome Zanchius, 1516 ?1590, fue el gran reformador italiano. ?En uno de sus escritos, La Doctrina de la Absoluta Predestinaci?n Establecida y Afirmada, sostiene que el t?rmino elecci?n aparecido en la Biblia conlleva varios significados. 1- Una acci?n voluntaria y libre de parte de Dios para redimir, de la humanidad y de entre todos los pueblos, a las personas que ?l ha querido escoger para tal fin. 2- Una acci?n de gracia y de poder del Esp?ritu Santo, por medio de la cual hace visible y separa a Sus elegidos del mundo, mediante una llamada eficaz. De all? el texto encontrado en Juan 15: 19: Porque yo los he escogido a ustedes del mundo, el mundo los odia a ustedes. 3- En ocasiones la Escritura se refiere a Dios tomando a una naci?n entera, a una determinada comunidad o cuerpo de hombres, mediante un pacto externo con ?l, para darles ciertas ventajas en cuanto a la revelaci?n, a Su palabra escrita, al rol de sus creencias y pr?cticas, mientras que por contraste deja a otras naciones sin esos cuidados.? El ejemplo m?s claro se demuestra en la naci?n jud?a, que ha sido llamada electa, porque hacia ella fueron manifiestos los designios de Dios (Deuteronomio 7:6). De esos elegidos dentro de este contexto, no todos son necesariamente elegidos para salvaci?n.? As? se cumple tambi?n hoy d?a, cuando en palabras de Juan se recoge: Estaban con nosotros, pero no eran de nosotros (1 Juan 2:19). 4- La elecci?n para reprobaci?n implica el dejar a cierta parte de la humanidad para recibir el justo merecimiento de sus cr?menes, de manera que se muestre la gloria de su poder. De tal forma, Dios rechaza el garantizar a algunas naciones la luz del evangelio revelado. Esto podr?a ser nombrado como un tipo de reprobaci?n nacional, si bien no significa que cada individuo o persona que viva en esas naciones debe ser inevitablemente reprobado.

Asimismo, contin?a Zanchius, el Conocimiento Previo de Dios sobre sus criaturas (Presciencia) supone que ?l conoce, desde toda la eternidad, tanto lo que ?l mismo ir?a a hacer como lo que sus criaturas har?an. Todo ello, por supuesto, debido a su decreto para que tal cosa sucediera.? Esa presciencia suya es absolutamente universal, se extiende a todos los seres que ?l cre?, o que vayan a existir, as? como a todas sus acciones que ellos hayan hecho, o que vayan a hacer, sean buenas o malas, sean naturales, civiles o morales. Sin embargo, la palabra presciencia tambi?n denota un sentido especial cuando se refiere a sus elegidos.? Porque Jehov? conoce el camino de los justos, mas la senda de los malos perecer? (Salmo 1:6); Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen (Juan 10:27); Pero el fundamento de Dios est? firme, teniendo este sello: Conoce el Se?or a los que son suyos; y: Ap?rtese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo (2 Timoteo 2:19); Porque a los que antes conoci?, tambi?n los predestin? para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que ?l sea el primog?nito entre muchos hermanos (Romanos 8:29); elegidos seg?n la presciencia de Dios Padre en santificaci?n del Esp?ritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sean multiplicadas (1 Pedro 1:2).? Este conocimiento est? conectado con el favor y aprobaci?n de su gracia y amor.

Ya conocemos que Ad?n conoci? a Eva, en el sentido de que se uni? a ella. Sabemos tambi?n que Jos? no conoci? a Mar?a, hasta que se uni? a ella, si bien ya era su esposa y la conduc?a en un asno para que pariera el ni?o. Tambi?n sabemos que Jesucristo, quien es Dios mismo y por lo tanto Omnisciente, dir? en el d?a final: ap?rtense de m?, nunca os conoc?.? De esta forma queda demostrado que el conocer b?blico conlleva la connotaci?n de tener comuni?n con. Ese conocer de Dios implica una sustancia diferente al conocimiento intelectual: presupone una relaci?n ?ntima y eterna.

Cuando Dios predestina significa que hace, de su parte y de su propio motivo, un acto que en consecuencia implica una pre-ordenaci?n y determinaci?n del d?nde, del cu?ndo, del c?mo y del para qui?n de cada cosa que ser? dada, tanto como el fin y la finalidad de la misma.? En otros t?rminos, cobra sentido el texto de Jesucristo cuando dijera: a?n los cabellos de vuestra cabeza est?n todos contados, y no cae un pajarillo a tierra sin la voluntad de vuestro Padre. Todos los seres, dice Zanchius, desde el m?s alto ?ngel, hasta el m?s bajo reptil, o hasta la m?nima part?cula at?mica, son objeto del eterno decreto de Dios y de su Providencia. Pero una cosa es la preordenaci?n que incluye a la materia inanimada, a los animales y las mol?culas, as? como a todos los ?ngeles y hombres, y otra cosa es la predestinaci?n que ha de verse en su manifestaci?n para con los hombres a salvaci?n.

Y es que el conocimiento previo de Dios no es emp?rico sino per se. Dios no necesita experimentar en el sujeto-objeto para conocer, sino que ha pre-ordenado todo cuanto acontece para que se pueda llevar a cabo su voluntad, en una forma completa y absoluta. Como dice Gordon Clark, en su libro Predestination, esa ser?a la forma para que se produzca el principio de inevitabilidad. En otros t?rminos, Goliath no pod?a matar a David, no porque no tuviera las fuerzas o las destrezas f?sicas suficientes y mayores a las del enemigo israelita, sino porque Samuel hab?a ungido a David como rey de Israel. El decreto de Dios mediante el cual su profeta ungiera como rey a su siervo imped?a que Goliath diera muerte a su contrincante. Un decreto de Dios en un sentido genera el principio de inevitabilidad en el otro. Si Jes?s estaba pre ordenado para ser el Cordero de sacrificio en la cruz, entonces era imposible que Satan?s lo matase bajo el edicto de Herodes, con la matanza de los ni?os. Era imposible, adem?s, que Jes?s no quisiese ofrecerse voluntariamente a dar su vida y a volverla a tomar. Si no hubiera tal preordinaci?n de cada circunstancia de tiempo, lugar y modo, entonces no habr?a inevitabilidad y reinar?a el caos. ?Qu? habr?a pasado si Judas hubiese cambiado de opini?n y no traicionara a su Maestro? ??Qu? pasar?a con nuestro destino si Dios dejara en manos de nuestra voluble voluntad el decidir seguir de coraz?n a Jesucristo?

Todo esto que se ha dicho tiene como prop?sito el intentar sustentar, una vez m?s, que Dios es soberano. Que estamos en sus manos, que cualquiera cosa que hagamos es porque as? ha sido pre-ordenado. Pero que en su soberana voluntad ha querido que sus hijos seamos fieles, hagamos su voluntad de buena gana, clamemos para que no seamos metidos en tentaci?n y para que nos libre del mal. Tambi?n se nos ha dicho velad y orad para que no entr?is en tentaci?n. Estas ?rdenes no contradicen lo antes expuesto, al contrario: lo exalta. Pues que cuando un padre lleva de la mano a su hijo de cuatro a?os para que cruce una avenida donde los carros trafican a gran velocidad, lo hace para prevenirle de accidente. Sin embargo, aunque el padre lo tenga de su mano, el ni?o tambi?n camina. As? nosotros somos sostenidos por su mano eterna y benevolente, pero somos exhortados a caminar. ?En eso no hay contradicci?n, sino complementaci?n. El querer hacer la voluntad de Dios no presupone el que si no quisi?ramos, su voluntad no se cumple. Lo que presupone es estar en sinton?a con El, como el vibrar de la cuerda de la guitarra cuando est? afinada. Aun Pedro, cuando no hizo la voluntad de Dios -en el sentido de que le fuera fiel testigo- y neg? al Se?or, y daba maldiciones, all? mismo tambi?n hizo la voluntad de Dios anunciada por Cristo. Recordemos que Jes?s rog? para que a Pedro no le fallara la fe, no rog? para que Pedro no cayera en el pecado de la negaci?n. Sabemos que a Jes?s el Padre siempre le oye (asimismo lo ha afirmado ?l), de manera que fue o?do en su oraci?n. Pero Pedro cay?, lo cual significa que esa era la voluntad de Dios. Al mismo tiempo sabemos que a Pedro no le fall? la fe, pues cuando mir? a Jes?s experiment? el arrepentimiento con dolor. He all? la fe de Pedro, por la cual Jes?s or?.

Hay que revisar de nuevo la oraci?n recomendada por Jesucristo, el Padrenuestro. All? se nos ense?a a pedir al Padre lo siguiente: no nos metas en tentaci?n, sino l?branos del mal.

C?sar Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 9:34
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