Jueves, 12 de agosto de 2010

La ley es laque nos lleva a la esclavitud, por lo cual busca siempre satisfacer el ego ante la norma. Existe una regla subyacente en las mentes humanas, la delm?rito.? Esta manera de percibir elmundo, la realidad y la vida misma nos sumerge en un inconsciente dispuesto a complacer esa estructura. La salvaci?n, decimos, se gana, se merece. Hay que decirle a Dios que s?, que s? queremos ser salvos, que s? aceptamos el trabajo de la cruz. De esa forma el m?rito se pone de manifiesto, y Dios no sabe nada hasta que conoce nuestra voluntad. Es posible que la conozca desde antes de la fundaci?n del mundo, pero siempre habr? de tomar en cuenta nuestra decisi?n. Esa visi?n la tenemos presente desde nuestro estrecho ?ngulo de percepci?n teol?gica.

La Biblia nos ense?a que las cosas son distintas. Dios es quien preordena a?n nuestros actos m?s insignificantes. Entonces clamamos:??pero es que acaso somos unos robots??No lo somos, pero s? respondemos a la cadena de est?mulos que nos llevan a tomar decisiones, para bien o para mal nuestro. La pregunta contin?a:??Por qu?, pues, Dios inculpa? Pues ?qui?n ha resistido a su voluntad?

La naturaleza humana est? absolutamente inhabilitada para recibir el don de Dios por s? sola. El hombre de la mano seca -en el relato del evangelio- no pod?a extender la mano hasta que recibi? la orden sanadora de Jes?s:?extiende tu mano.? Tampoco pudo negarse a hacerlo, simplemente a su comando vino la obediencia. Asimismo la Escritura nos educa en que?estamos muertos en delitos y pecados, de esta forma no podemos -si quisi?ramos- acudir al llamado general del evangelio. No podemos salir de nuestras tumbas hasta que no recibamos la orden que Jes?s le diera a L?zaro:?ven fuera?o?sal fuera. Pero la ley contin?a en nosotros como un recuerdo, para hacernos sentir esclavos y prisioneros de sus c?rceles.??Recibisteis el Esp?ritu por las obras de la ley, o por el o?r con fe?,?inquiere Pablo a los G?latas, seducidos de nuevo a pensar en los trabajos forzados de la norma. La libertad a la que fuimos llamados y con la que fuimos invocados sufre traspi?s en nuestras mentes acostumbradas a la pesadez del deber ser. Buscamos un m?rito oculto en nuestro recuerdo para presentarlo ante nuestro pr?jimo, para exigir de ?l el suyo, para apoyarnos en su garant?a ante Dios. Pero de nuevo la Escritura es muy clara: ?As? Abraham crey? a Dios, y le fue contado por justicia. Sabed, por tanto, que los que son de fe, ?stos son hijos de Abraham. Y la Escritura, previendo que Dios hab?a de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti ser?n benditas todas las naciones. De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham?(G?latas 3). A?n los santos del Antiguo Testamento recibieron la vida espiritual a trav?s de la fe, nunca a trav?s de obra alguna. Es cierto que ten?an a la ley como haya, pero esto era para enrostrarles su fracaso en cumplirla, para acentuar su pecado. De all? que el sacerdote hac?a limpieza de pecados en la simbolog?a del sacrificio ofrecido que preanunciaba el del Cordero a venir. Y esa ley no qued? abolida con la venida de Cristo, simplemente ?l vino a cumplirla y no quiso eliminarla. Solamente que nosotros ahora somos llamados a una libertad diferente, la que aquellos no tuvieron. Esa es la libertad en Cristo, saber que su sacrificio fue hecho de una vez y para siempre, sin que tengamos que acudir ante el sacerdote a llevar palominos o corderos para inmolar, sin que estemos sujetos a la rigidez de la norma vetero-testamentaria. Ahora estamos sujetos a la norma del amor y del control del Esp?ritu. ?

La carta a los G?latas en su cap?tulo 5 resume la esclavitud que se debe a la ley y a las obras, en contraste con la libertad propuesta por la gracia y la fe. Todo aquel que intenta estar justificado por alg?n tipo de obra rechaza la justificaci?n por la fe. Las obras (que no las de la ley) son consecuencia de la fe, nunca son su causa. La esclavitud se vincula con el esfuerzo de tratar de ser justificados por las obras de la ley, sin que sea la?sola fe?la que nos justifique. En cambio, la libertad se manifiesta al ser justificados solamente por la fe en Jesucristo.? La obra de Cristo s?lo aprovecha para los que tienen fe en ?l, y de nada aprovecha a los que conf?an en la ley. Esto es un argumento muy objetivo expuesto por Pablo a los G?latas:?De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justific?is; de la gracia hab?is ca?do?(Cap?tulo 5verso 4). Caer de la gracia es ir a la esclavitud, denegar de la libertad en Cristo, rechazar el prop?sito para el que fuimos llamados:??Y conocer?is la verdad y la verdad os har? libres??Jes?s les respondi?: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo s? queda para siempre.?As? que, si el Hijo os libertare, ser?is verdaderamente libres?(Juan 8). Jes?s fue muy claro al resaltar que la ley y la fe son excluyentes para los efectos de la salvaci?n, de all? que en la Biblia aparezcan los textos?no es de todos la fe?y?la fe es un don de Dios.

Estos dos conceptos excluyentes (ley y fe) son tambi?n complementarios en otro contexto:?Hermanos m?os, ?de qu? aprovechar? si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ?Podr? la fe salvarle??Estas palabras de Santiago no pueden ser una contradicci?n a las palabras de Jes?s o de Pablo, simplemente son un complemento, ya que la fe no puede ser un abstracto. Es imposible para alguien creer y dedicarse a hacer una vida imp?a, una vida fuera de la norma moral del evangelio (que no es otra que la norma del amor). Los demonios, asegura Santiago, tambi?n creen en Dios, y nos llevan ventaja porque le temen. Sin embargo, la fe salvadora no les es dada a los demonios, muy a pesar de que ellos?creen y tiemblan.? De la misma manera, por v?a en contrario, la fe en abstracto no salva. Salva la fe puesta en Jesucristo y su expiaci?n, a trav?s de nuestro nuevo nacimiento, pues Jesucristo es el autor y consumador de la fe, el que lleva a buenas obras:?Y si un hermano o una hermana est?n desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada d?a,?y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ?de qu? aprovecha??As? tambi?n la fe, si no tiene obras, es muerta en s? misma?(Santiago 2). La clave para evitar la confusi?n entre la fe y las obras est? en entender que las obras solas son en s? mismas obra muerta, no salvan, no redimen. De igual forma, la fe sin obras est? muerta. Solamente una fe que produce obras vivas es la fe salv?fica, aquella fe que se muestra a trav?s de sus obras. La prueba m?xima de que las obras no salvan es lo que Santiago contin?a diciendo en el verso 18:?Pero alguno dir?:?T? tienes fe, y yo tengo obras,?mostrando ac? a las dos separadas la una de la otra, a lo que el ap?stol agrega:?Mu?strame tu fe sin tus obras, y yo?te mostrar? mi fe por mis obras.??

La fe en Jesucristo deja ver obras limpias como consecuencia. El ladr?n en la cruz, salvado en el ?ltimo momento de su vida, no tuvo tiempo para muchas buenas obras, y sin embargo fue salvo. Pero su buena obra mostrada fue el claro arrepentimiento ante el Mes?as crucificado, el reconocimiento que le dio como Se?or, el entendimiento de que volver?a en su reino, el temor mostrado a Dios, la admisi?n del castigo merecido por su culpa, el reconocimiento de que Cristo era inocente (el Cordero de Dios), la confesi?n p?blica de que Jes?s era el Se?or. Un breve instante al lado de Jesucristo le bast? para producir la obra necesaria que mostraba su fe en el Salvador. De esa forma le fue dicho que ese mismo d?a estar?a con Jes?s en el para?so.

?La fe verdadera es una gracia activa que obra por amor a Dios y a nuestros hermanos. Esa fe la tienen solamente los que por el Esp?ritu aguardan la esperanza de justicia.?Los judaizantes de entonces intentaban hacer volver a los creyentes hacia las rutinas de la ley. Quer?an que incluyeran en esa nueva fe las antiguas normas ritualistas de?hagas esto y?no hagas lo otro?para que vivieran una fe m?s productiva. El ap?stol les escribe diciendo que eso es volver a la esclavitud de la ley y por consiguiente es caer de la gracia. A la fe no hay que agregarle nada m?s, pues ella basta por s? sola, simplemente ella producir? sus propios frutos, o sus propias buenas obras ya preparadas de antemano para que andemos en ellas.?Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;?no por obras, para que nadie se glor?e.?Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jes?s para buenas obras, las cuales Dios prepar? de antemano para que anduvi?semos en ellas (Efesios 2:8-10). ?As? tambi?n a?n en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia.?Y si por gracia, ya no es por obras;?de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra?(romanos 11:5.6).

La ley implica?yo hago?y el arminianismo?yo recibo, yo decido; yo quiero, por lo cual Dios me acepta.?La ley es hermana de los que rechazan la soberan?a de Dios. Est? demostrado en las Escrituras que la salvaci?n no se logra por obras, sino que las buenas obras se suceden como consecuencia natural de la vida en contacto con Jesucristo. Una obra es una construcci?n, una demostraci?n de habilidad, una autor?a. La fe es la completa confianza en la persona de Jesucristo, es la total dependencia en el poder sobrenatural de Dios para controlar nuestro destino. La fe implica una relaci?n de confianza con nuestro salvador y mal pudiera alguien que entienda bien a Cristo suponer que su relaci?n con ?l se debe a que su voluntad as? lo quiso. Nuestra voluntad est? muerta en delitos y pecados, nada puede lograr si no es vencida su desgana. Es por eso que se enfatiza con m?ltiples met?foras la idea de que no podemos ir a ?l si primero el Padre que envi? a Jesucristo? no nos enviare. Es un c?rculo cerrado: Cristo no rechaza a quienes van a ?l, pero nadie puede ir a ?l si el Padre no lo env?a primero hacia Cristo. Y nadie puede ir al Padre sino a trav?s de Cristo. Eso est? escrito con mucho ?nfasis a trav?s de la Biblia, y en especial en el evangelio de Juan, cuando recoge las palabras de Jes?s hablando con muchos de sus disc?pulos (Juan cap?tulo 6). Esa palabra les pareci?dura de o?r, lo mismo que les parece a los arminianos hoy d?a. A ?stos ciertamente -en palabras de Arminio- les persuade el sentimiento de repugnancia hacia la soberan?a de Dios predestinando a los hombres. En ello se vuelven torcedores de la Escritura y fuerzan los textos a decir lo que los textos nunca dicen.

Cristo es el gran libertador de la esclavitud del pecado. Pablo les encarece a los G?latas que permanezcan firmes en cuanto a la fe proclamada por ?l. De igual manera se los dice a los Corintios:?vigilad, estad firmes en la fe; sed valientes y esforzaos. Este sentimiento se encuentra tambi?n en su carta a los Filipenses y a los Tesalonicenses.?Tomar de nuevo el yugo de la esclavitud con el cual los judaizantes del momento quer?an atraparlos, implicar?a volver a la c?rcel de la ley. ?Para qu? regresar al yugo de una esclavitud que una religi?n trae? La libertad del Esp?ritu nos asegura que Dios es soberano y ha hecho como quiso desde los siglos. Andemos seguros y confiados en esa voluntad eterna e inmutable. Finalizo con las palabras de Pedro a los l?deres de Jerusal?n, narradas en los Hechos de los ap?stoles, cap?tulo 15:?Ahora, pues, ?por qu? pon?is a prueba a Dios, colocando sobre el cuello de los disc?pulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar??De igual manera nadie puede llevar el yugo de Arminio y sentirse libre, el yugo de alcanzar con nuestra cooperaci?n la salvaci?n y mantenerla con nosotros hasta el ?ltimo momento de nuestras vidas, de tal forma que no la perdamos. Ese es realmente un cargamento mucho m?s pesado que el de los judaizantes, por lo imposible de la osad?a pregonada. Ciertamente asumir unos rituales judaicos es mucho m?s sencillo que presuponer que el hombre en su estado natural tiene capacidad para asumir semejante compromiso con Dios. A esa esclavitud arminiana se le a?ade la angustia de perder la salvaci?n cada vez que pecamos. Para ello en la sabidur?a del mundo algunas iglesias han provisto que una vez bautizados la salvaci?n no se pierde. El bautismo es un mandato de hacer un acto simb?lico, pero no substancial para la salvaci?n. Eso podr?a ser tomado como un fruto m?s de la salvaci?n, pero nunca como un signo inequ?voco de la misma. Por otro lado, el ladr?n de la cruz que fue salvado por Jesucristo nunca se bautiz?. ?Habr? perdido su salvaci?n? Sabemos que no. La justicia de las obras legales y la justificaci?n por la fe no pueden coexistir. Cuando una persona supone que ?l coopera con la gracia para alcanzar la salvaci?n est? mezclando obras con fe, anteponiendo la carreta al caballo y de nada le sirve. Las palabras oportunas del Mes?as a ese tipo de gente fueron las siguientes:??Esto os ofende??(Juan 6).

C?sar Paredes

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