Lunes, 09 de agosto de 2010

?En muchas mitolog?as se habla de una ciudad celestial a la cual hay que llegar a trav?s del trance amargo de la muerte. Se menciona a viajeros que llegan a orillas de un r?o -el R?o de la Muerte-, escuchando sus nombres mencionados como cuando se pasa la lista escolar, por parte de los habitantes de esa Ciudad Celestial quienes reflejan la dicha en sus rostros, y est?n vestidos con t?nicas inmaculadas.? Dejando a un lado la pesada carga que se ha llevado por el mundo, el viajero de la vida se zambulle en el r?o -o lo atraviesa en una barca- sintiendo el amargo del agua que poco a poco se va haciendo dulce al llegar a la otra orilla. Las variantes van de acuerdo a la cultura de los pueblos, pero el esquema estructural del relato es siempre muy parecido. Ya en el lado de la Ciudad los viajeros pueden comer del ?rbol de la Vida y disfrutar de sus hermosos jardines y arboledas.

La Biblia no escapa a la visi?n optimista del m?s all?, pues su mensaje central es precisamente el rescate que Dios hace de los viajeros del mundo para que puedan entrar a la dicha eterna. El problema teol?gico central radica en el hecho consumado del pecado humano, la desobediencia del hombre a su Creador, a sus mandatos, debido a la imposibilidad de la naturaleza contaminada de la raza de Ad?n, que no quiere ni puede sujetarse a Dios.? A pesar de ese impedimento se hace posible el arribo a la Ciudad Celestial, gracias al favor inmerecido -gracia plena- que hemos recibido del Padre de las luces. De la misma manera, hay un trago amargo que sorber para poder llegar al otro lado de la orilla, pero una vez soportado su sabor se torna dulce y nos damos cuenta de que era necesario morir para poder nacer a esa nueva realidad.

Pero la Biblia presenta tambi?n al Dios de los milagros, al que tiene siempre la otra opci?n que maravilla.? Se puede dar el caso de personas que no gustar?n la muerte, sino que estando vivos durante la segunda venida de Cristo ser?n transformadas en un abrir y cerrar de ojos, para que sus cuerpos mortales se vistan de inmortalidad. De esta forma es seguro que no todos los santos morir?n, aunque todos ser?n cambiados. Ciertamente, la muerte genera dolor y su perspectiva es sombr?a; sin embargo, a trav?s de su malestar podemos avizorar la seguridad de la fe y la certeza de nuestra esperanza.? De esta forma, estamos seguros de que nuestros cuerpos no yacer?n para siempre en la tumba, sino que tambi?n ser?n transformados por el Se?or de lo imposible. Las Escrituras nos ense?an que si el vivir es Cristo y el morir es ganancia ello implica que al partir de este mundo estaremos en el esp?ritu inmediatamente presentes al Se?or. Nuestros cuerpos ser?an transformados en el d?a de su venida, cuando todos los muertos en Cristo resucitar?n para la permanencia corp?rea en el lugar que nos corresponda.

El pecado genera la muerte, pero ese aguij?n es quitado por Cristo, quien hizo expiaci?n por el pecado. La muerte puede sorprender al creyente, pero nunca podr? retenerlo en su poder. Pablo clamaba en su carta a los Corintios: ?D?nde est?, oh muerte, tu aguij?n? ?D?nde, oh sepulcro, tu victoria? (1 Corintios 15:55). Bajo estas preguntas analizaba que el aguij?n (la espuela) de la muerte era el pecado y el poder del pecado era la ley. Pero Cristo cumpli? a cabalidad con la ley y no tuvo pecado, por lo cual venci? la muerte.? La resurrecci?n de Cristo es nuestra garant?a de que nuestros cuerpos tambi?n ser?n transformados. Por eso Pablo agrega: Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Se?or Jesucristo (1 Corintios 15:57).

Nuestros cuerpos resucitados ser?n ?espirituales? y retendr?n la sustancia de nuestra identidad personal. Jes?s dijo a sus disc?pulos: Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un esp?ritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo (Lucas 24:39). Son cuerpos normales pero con capacidad espiritual, lo cual implica que podr?n traspasar muros, moverse de un sitio a otro sin las limitaciones actuales que imponen las leyes f?sicas. Son cuerpos de otra dimensi?n, pero que mantendr?n nuestra identidad, como la mantuvo Jes?s. Esta promesa es para los creyentes, pues Pablo mismo aclara: Porque por ah? andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo;?el fin de los cuales ser? perdici?n, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su verg?enza; que s?lo piensan en lo terrenal. Este grupo contrasta con el de los creyentes, de quienes se dice que su ciudadan?a est? en los cielos (Filipenses 3:20-21) el cual transformar? el cuerpo de la humillaci?n nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede tambi?n sujetar a s? mismo todas las cosas.

La sangre y la carne no pueden heredar la vida espiritual, por lo cual se hace necesario que lo corruptible (este cuerpo que cargamos ahora) se vista de inmortalidad. Lo que las mitolog?as presupon?an como un hecho para el com?n de los mortales, y que daban por sentado que se dar?a al pasar a esa otra orilla del r?o, ahora es explicado como el misterio que se ha revelado a la iglesia. Sorbida es la muerte con victoria (1 Corintios 15) dijo Pablo. Pero el profeta Isa?as ya lo hab?a anunciado siglos antes: Destruir? a la muerte para siempre?y enjugar? Jehov? el Se?or toda l?grima de todos los rostros; y quitar? la afrenta de su pueblo de toda la tierra; porque Jehov? lo ha dicho.? Pablo anuncia el cumplimiento de esta profec?a de Isa?as, pues si el antiguo profeta hablaba en futuro ahora el ap?stol habla en pret?rito, como algo ya hecho. El autor del libro de Hebreos tambi?n interviene hablando sobre el tema: As? que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, ?l tambi?n particip? de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que ten?a el imperio de la muerte, esto es, al diablo y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.

Lo que las mitolog?as del mundo no anunciaron ni hablaron fue que el imperio de la muerte ha existido gracias al pecado contra el Creador, que ha habido un pr?ncipe que la gobierna cuyo nombre es Sat?n. Pero ahora todo esto es develado y revelado en el Nuevo Testamento. De esta forma, el emperador de la muerte ha sido destruido para beneficio de todos cuantos son acogidos en el sacrificio expiatorio del Hijo de Dios. Por eso es que se puede decir que la muerte ha sido sorbida. Por eso se puede clamar a viva voz pregunt?ndole a la muerte d?nde est? su aguij?n. Y la raz?n dicha una vez m?s es porque el acta de los decretos que nos era contraria fue anulada y clavada en la cruz de Cristo. El triunfo de Satan?s sobre el hombre ocurri? en el Ed?n, lo que hizo que la ley de Dios estuviese de parte de Satan?s al imponer la muerte sobre el hombre. Con la liberaci?n por la v?a de la muerte y resurrecci?n de Jesucristo, el aguij?n y la victoria de la muerte han terminado. No se habla de sepulcros en el clamor de Pablo, como si dijera oh sepulcro, sino de muerte, por lo cual dice: oh muerte. Con esto se da a entender que la victoria ha ido m?s all? del sepulcro, ha ido sobre y contra la muerte misma.

La fuerza del poder legal contra la transgresi?n de la norma de Dios se lo da la muerte como castigo, pues cuando el hombre transgrede la ley, la muerte obtiene su poder legal. De all? que se hable de la ley como la potencia del pecado. Sin la ley el pecado no ser?a percibido ni imputado (Romanos 3:20; 4:15; 5:13). Por la ley se hace m?s clara la voluntad de Dios, pero se hace igualmente m?s gravoso el pecado, por cuanto nadie puede cumplirla. El pueblo de Cristo ya no est? ?bajo la ley? (Romanos 6:14) sino bajo la gracia, lo que trae como consecuencia la victoria sobre la muerte. Debemos entender que la victoria de ninguna manera se ha debido a nosotros. Lo que la muerte y el Hades (el sepulcro) hab?an pretendido ganar, les ha sido confiscado por el poder de Cristo resucitado. El llamado es a estar firmes y constantes, sin desviarnos de la doctrina de la resurrecci?n, sabiendo que nuestro trabajo en el Se?or no es en vano.

A las personas que les toque cruzar el r?o -siguiendo las met?foras de los pueblos- se les recuerda que el sorbo amargo de la muerte es apenas un instante seguido por el sonido de la bienvenida dada a los santos al entrar en el gozo de su Se?or. Ese es el mensaje de esperanza de la Escritura, la resurrecci?n de Cristo en la cual reposa la resurrecci?n de los santos (los elegidos, los separados del mundo). Desde ahora podemos clamar con Pablo d?nde est? oh muerte tu aguij?n, d?nde oh sepulcro tu victoria. La espuela de la muerte ha sido quitada y la victoria del sepulcro derrotada. Ya ese estrecho espacio no nos contiene porque ?

el vivir es Cristo pero el morir es ganancia, y como Pablo estamos en estrecho, sabiendo que el partir y estar con Cristo es much?simo mejor.

C?sar Paredes

[email protected]

destino.blogcindario soberania de Dios

?


Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 12:53
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios