Jueves, 08 de julio de 2010

Grande es el misterio de la piedad en la cual Dios se manifest? en la carne, pues el Verbo se hizo carne y habit? entre nosotros, al mismo tiempo que fue justificado en el Esp?ritu, quien en numerosas ocasiones dio testimonio de su presencia, y no s?lo cuando el Padre dijera este es mi hijo amado, en quien tengo complacencia, metamorfizado en la figura de una paloma.? Asimismo, fue visto por los ?ngeles, quienes en mir?adas han sido testigos presenciales de su ministerio en la tierra, as? como de su actividad en los cielos. De igual forma fue predicado a las gentes (los gentiles), a las muchedumbres que no le esperaban ni le conoc?an, por lo cual fue tambi?n cre?do en el mundo y recibido arriba en la gloria (v?ase 1 de Timoteo 3:16).? Curiosamente, en el libro escrito por Juan, en cap?tulo 3, verso 16, leemos de ese misterio manifestado a los hombres: porque de tal manera am? Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unig?nito, para que todo aquel que en ?l cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Son dos textos para no olvidar, con f?cil recordatorio num?rico: 1 Timoteo 3:16 y Juan 3:16. Ambos andan en equivalencia contextual.

Una de las funciones de la iglesia en la tierra es declarar ese misterio de la piedad. Lo misterioso en la Biblia implica que permanece oculto, escondido, no revelado. Pero Dios quiso llevar piedad a la vida de los hombres, de manera que ?stos tengan tambi?n de esa piedad para compartir unos con otros, a trav?s de la conjunci?n de la iglesia. Ese misterio se anuncia desde centurias, al proclamarse que Dios ha sido manifestado en la carne, justificado tambi?n en el Esp?ritu (Juan 1:14). Ese Verbo divino se hizo carne y vino a vivir entre nosotros, al menos por un tiempo en la historia humana, aunque nos dej? su Esp?ritu para acompa?arnos hasta su pr?xima venida. De all? que se cumpla su otra promesa de estar con nosotros todos los d?as hasta el fin del mundo. A pesar de que los ?ngeles no ca?dos han estado involucrados en su ministerio desde muy temprano, y a pesar de que ellos desean mirar dentro de esas cosas, la salvaci?n y bondad o piedad ofrecida fue solamente para la humanidad, y nunca para los ?ngeles ca?dos. De all? que sigue cobrando sentido la frase de Pablo: grande es el misterio de la piedad.

Ese misterio entre las gentes no es otro que Cristo en nosotros. Es el Emmanuel anunciado desde el Antiguo Testamento, el Dios con nosotros.? Pues que en Cristo habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad. Eso es parte del misterio revelado, ya que ese conocimiento no fue alcanzado por sabidur?a humana alguna, pues estaba oculto.? De esta forma nosotros, los que creemos en su nombre, estamos completos en ?l en tanto es cabeza de todo principado y potestad. Eso suena extra?o, pues llegamos a pensar que Cristo no tiene nada que ver con los gobernantes de la tierra, y ciertamente eso es parte del misterio que se revela a nosotros. Ahora podemos entender que esos buenos o malos gobernantes cumplen el prop?sito para el cual la providencia divina los ha colocado a lo largo del desarrollo de la historia. El que se espante con esta aseveraci?n solamente deber?a recordar la historia de la crucifixi?n de Jes?s: ese evento cruel y b?rbaro establecido por el Imperio Romano, solicitado por el poder pol?tico religioso jud?o, el cual dec?a que no ten?an m?s rey que al C?sar, invocando de Pilato el pronto ajusticiamiento del Mes?as. Muy a pesar de que los actores desarrollaron la obra de manera voluntaria y placentera, su gui?n hab?a sido escrito desde los siglos, anunciado miles de a?os antes por los profetas, con lujo de detalles y con una posibilidad de cumplimiento que deja imp?vido al que quiere averiguar sinceramente la verdad. De manera que ese mismo Dios que organiz? el sacrificio de su Hijo es el que ha organizado los acontecimientos de la historia. As? se nos anuncia a Cristo como cabeza de todo principado y potestad.

Pero el misterio de la piedad no se detiene en esos eventos asombrosos, sino que contin?a obrando en nosotros una poderosa transformaci?n. Se nos dice que estando muertos en pecados, se nos dio vida juntamente con Cristo, siendo absolutamente perdonados todos nuestros errores o pecados. En una frase muy po?tica, Pablo expone a los tesalonicenses lo que se extiende a todo aquel que se beneficia de este misterio revelado: el acta de nuestros decretos que nos era contraria fue anulada, ha sido quitada de en medio y clavada en la cruz. Pero el actor de esta gloriosa extensi?n de semejante favor fue Cristo mismo, con su muerte vicaria en la cruz.

El misterio sigue presente por cuanto se anuncia que despoj? a los principados y a las potestades (del mal) y los exhibi? p?blicamente, triunfando sobre ellos en la cruz (Colosenses 2).? La gran comisi?n dada a los ap?stoles hizo posible que se empezara a predicar a los gentiles, las gentes del mundo no jud?o.? Y ese ministerio dado por Jes?s a Pablo es parte del misterio revelado, que los gentiles ser?an coherederos de la promesa (Efesios 3), pero esa gracia a?n no ha terminado, de manera que el misterio revelado contin?a activo en nuestros d?as. Muy a pesar de que no todos creyeron, s? lo hicieron muchos, como est? escrito, los que fueron ordenados para vida eterna, de lo cual tambi?n se infiere que creer?n los que est?n ordenados para tal fin. Otro aspecto del misterio era que el evangelio en s? mismo es locura para muchos Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios.?Pues est? escrito:?Destruir? la sabidur?a de los sabios y desechar? el entendimiento de los entendidos (1 Corintios 1:18-19).? De igual forma, para otros Cristo es tropezadero, mas para los llamados Cristo es poder de Dios, y sabidur?a de Dios (verso 24 del libro citado).

Cuando poco antes de ser crucificado Jes?s or? al Padre enfatizando que no ped?a por el mundo sino solamente por los que les hab?an sido dados, y por los que hab?an de creer por la palabra de ellos, tambi?n pidi? que fuera glorificado al lado del Padre con la misma gloria que ten?a junto a ?l antes de que el mundo fuese (Juan 17).? Esa oraci?n fue contestada, pues Jes?s ascendi? a los cielos y fue recibido arriba (Hechos 1:9-11 y Marcos 16:19). ?En s?ntesis, este misterio de la piedad sigue siendo grande y contin?a vigente entre nosotros: Dios sigue interviniendo en el mundo de los pecadores, la gracia divina es ofrecida por medio de tal intervenci?n.

C?sar Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 21:17
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