S?bado, 10 de abril de 2010

Es posible que David sea el autor de este poema clásico hebreo, recogido por el canon de la Biblia. Ciertas palabras claves, como pestilencia, habitar en lugares secretos, trampas, terror nocturno, flecha, recurren en otros cantos poéticos del pastor y rey de Israel.  Asimismo, la manera como Dios habla en el canto se asemeja a otras formas encontradas en otros salmos que sí son auténticamente davídicos. Sin embargo, lo más importante no es que sea de David, sino que es un canto inspirado, valorado dentro del libro de los Salmos bajo las reglas establecidas en la colección de obras aceptadas como válidas en el Antiguo Testamento, y que se ha convertido en un clásico de la poesía semítica, aclamado incluso en la iglesia a través de los siglos.

Podemos observar también un lenguaje de estilo militar, apropiado para un rey de la época: refugio, fortaleza, escudo, abrigo, baluarte, flecha, pestilencia, ejércitos de miles caídos.  Existen otros elementos de lenguaje muy importantes en la ilustración que el poeta hace de la persona protegida por el Altísimo. La sombra del Omnipotente es el refugio por excelencia donde se puede esconder el hijo de Dios. La palabra hebrea usada para refugio es mahseh, y significa refugio del peligro. El lazo del cazador es una figura que ejemplifica y ornamenta la idea pertinaz del enemigo que construye trampas. Ese cazador va a aparecer en el Nuevo Testamento tentando a Jesús en aquel monte donde se le pidió que se lanzara, como prueba de que realmente era el Hijo de Dios, pues según lo escrito en este salmo, Dios enviaría a sus ángeles para que su pie no tropezara en piedras.

El canto del salmista se debe en parte a que él ha encontrado en Dios todo lo que necesitaba, de manera que no podía hacer nada menos que recomendar a los demás a hacer lo mismo.  Lo que él había conseguido en esa confianza depositada en su Dios como su protector, en su vida espiritual protegida por la gracia divina, resguardado de las tentaciones de Satanás -en la figura del cazador que construye trampas o lazos-, y abrigado, cubierto, custodiado de la destrucción del pecado, que es como una peste destructora, pasa a ser ahora lo que el poeta desea compartir con sus lectores, con sus oidores, con sus hermanos de fe, anunciándoles que no hay razón alguna para temer al enemigo. Por otro lado, existían razones históricas concretas, objetivas, por las cuales se cantaba de esa manera. Recordemos la peste enviada a Israel como castigo por un pecado específico de David, peste de la cual el rey había salido liberado; hagamos memoria también de las múltiples batallas que tanto David como otros líderes militares de Israel habían librado, saliendo airosos. Existía, por ello, una referencia objetiva, basada en fenómenos observables que habían influido en las emociones personales del poeta. Sólo que aparte de esa referencia concreta, el cantor desea entretejer una relación espiritual que supone tan real como primordial.

No importa lo que suceda, el creyente no será dañado, pues como expresara Pablo posteriormente, a los que aman a Dios, todas las cosas ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados (Romanos 8). El salmo se inicia de la siguiente manera: El que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente. Morar supone residir, vivir, ser parte de un poblado determinado. Hay una gran diferencia entre dos tipos de moradores reseñados en Las Escrituras. En Apocalipsis 3:10 se menciona una prueba que Dios enviará para los que moran en la tierra. Acá no se trata de que sea ningún pecado el hecho de que vivamos en este planeta, pero se hace clara referencia a la morada en la tierra, a los que tienen su corazón en este mundo.  Unos textos de la Biblia señalan que nosotros estamos pero no somos del mundo, que Jesús rogó por sus escogidos, pero no rogó por el mundo (Juan 17), que la amistad con el mundo es enemistad para con Dios. De manera que hay una clara diferencia establecida entre habitar, morar, residir, ser parte de, ser un adjunto del mundo, y ser un morador bajo la sombra del Omnipotente. No es lo mismo ser un adjunto del Altísimo que ser un morador de este mundo. De allí la promesa con que se inicia este canto: el que habita al abrigo del Altísimo…morará bajo la sombra del Omnipotente.  Después de eso vienen solamente buenas consecuencias: Jehová se convierte en esperanza, castillo, mi Dios, el librador, escudo. 

También aparece una figura metamórfica en la que se ve a Dios con sus plumas, como un ave que protege a sus crías.  El lazo del cazador era exactamente la trampa colocada para cazar aves en la antigüedad hebrea. De manera que su correlato es eficaz, una sombra protectora de las plumas del gran ave que acude a refugiar a sus crías para que no caigan en la emboscada de ir a buscar el alimento en ese lazo.  Esa era la intención del cazador, cebar al ave con alimento hasta que quedara enredada en la celada tendida de la cual no podría liberarse.  Ese alimento ofrecido era un fraude, un timo, una estafa, un montaje, una trama. Un engaño bajo el encubierto del provecho de algo. Era el acto de emboscar y mentir generando un ataque por sorpresa, un ataque sin prevención, como quien asesina en una emboscada. En ocasiones, el enemigo de las almas actúa incriminando a alguien de un falso cargo, pues él es el Acusador de los hermanos. Eso también es una trampa, un montaje, ya que el acta de los decretos que nos era contraria fue clavada en la cruz, como dijera también Pablo. Intentamos ir a resolver esa acusación y nos enredamos en esos lazos. ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica (Romanos 8). Y son falsos los cargos por cuanto ya hemos sido absueltos.

Otra gran promesa en este salmo es que miraremos la recompensa de los impíos. Parte de esa retribución es que caerán mil o diez mil a nuestro lado, pero a nosotros no nos alcanzará el daño. Y la razón se fundamenta en el hecho de haber puesto a Jehová por nuestra habitación. De esta forma pisaremos sobre el león y el áspid, hollaremos al cachorro del león, y al dragón.  Satanás ha sido señalado como el rugiente león que anda buscando a quien devorar; también es mostrado como la serpiente antigua o el dragón. Entonces la protección recibida del Altísimo se hace suficiente para hollar, pisar fuerte, al cazador mismo. Resistid al diablo, y de vosotros huirá

El salmo llega a su final con las palabras directas de Dios. Ya no es el poeta el que canta, ya no es una primera persona o una segunda persona que interviene, sino el mismo Señor hablando en forma directa a través del profeta: Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré; le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre. Me invocará y yo le responderé; con él estaré yo en la angustia; lo libraré y le glorificaré. Lo saciaré de larga vida y le mostraré mi salvación.  Esa intervención de Dios en primera persona hablando en este salmo da a entender la importancia que Él mismo le da a este canto, la relevancia del mensaje que desea dejar claramente establecido para sus hijos. Porque habitar y morar presupone una continua relación estrecha con el Señor. Yo no podría morar en una región determinada si no tengo contacto como residente continuo en ese lugar. Cuando se allana la morada de alguien, por un asunto judicial, se acude a su domicilio. La morada pertenece al individuo, como una parte de su patrimonio, y poco importa que sea o no el propietario o el que está alquilado, o el que sencillamente está viviendo gratuitamente en un determinado espacio o lugar. De allí que existe el delito de morada, que es cometido por la persona que sin habitar en ella, entra o se mantiene en morada ajena contra la voluntad de su ocupante. Por eso la morada implica un acto voluntario de residencia. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer (Juan 15).  Nada se puede hacer separado de Cristo. Todo se puede vencer morando bajo la sombra del Omnipotente.

Podemos resumir ahora el contenido general de este Salmo 91. Trata de la dicha del creyente, de su defensa segura, del refugio eterno. Se habla de una protección constante contra los acechos del enemigo, de un cuidado providencial especial del Todopoderoso, del Altísimo, de Jehová, de Dios (usando cuatro de sus nombres).  El terror nocturno, las amenazas del día, la peste asoladora, se mantendrán lejos del protegido bajo la morada de los ángeles, y bien fuera del alcance de los enemigos.  Pero recordemos que eso se logra cuando se mantiene una comunión íntima con Dios, una comunión de morada. Por algo el salmista utiliza los pronombres personales mío, mi Dios, para mostrar a un Dios cercano. No se trata de un Dios conceptual, teológico, alejado, de una fuerza impersonal. Simplemente es el mismo Padre del Nuevo Testamento, que el poeta lo percibía como su Dios. Ahora Jesús nos ha llamado amigos, y ha pasado a ser nuestro hermano. Ese es el llamado a la comunión permanente, de la morada en Él. Recordemos que somos extranjeros en este mundo, que nuestra ciudadanía está en los cielos, pero que antes de que lleguemos a esas moradas eternas tenemos la opción de hacer del Altísimo nuestra habitación. Por algo en otro texto se escribió: Dichoso el hombre que en Ti confía.

César Paredes

 


Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 12:36
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